miércoles, 10 de marzo de 2021

CONVERSACIONES ESTÚPIDAS© [3] By Víctor Norberto Cerasale Morteo®

CONVERSACIONES ESTÚPIDAS© [3] By Víctor Norberto Cerasale Morteo® Es necesario asegurarse la memoria genuina de dónde proviene el “uno mismo”, no omitir cuáles son las raíces, cuál es la piedra fundacional del cada quien… de otra forma, no puedes olvidar de dónde vienes… porque tu hora cero es una convergencia de circunstancias donde la luz se manifiesta en tu “ser” que luego se dilucidará en un destino perfectamente definido para ser atravesado por la vida… en la hora cero se manifiesta la idea que te trajo, mientras que tú eres portador de un motivo, para el cual fuiste imbuido con al menos un don y con al menos un talento, donde don y talento te permitirán dar testimonio del motivo que expresarás en el tiempo concedido para atravesar un espacio donde se grabará la estela de aquella idea original a la que perteneces… Tú eres la idea que te trajo y traes el motivo que debes manifestar en un lapso definido, concedido… parece que se tratase de mucho tiempo en un espacio definido, pero en verdad no es más que un destello en la eternidad, un destello que no logra traducirse siquiera como un segundo, una centésima de segundo, o una milésima de segundo… algo que te parecerá extenso, a veces tedioso, a veces insoportable, y a veces aguantable, y otras veces tendrá momentos que no querrás que se terminen nunca… de eso se trata, la sucesión de ecuaciones que debes resolver mientras la vida te atraviesa… de algunas ecuaciones sólo obtendrás preguntas, y las respuestas serán escasas, mientras que algunas de ellas que des por buenas, verás con el tiempo que se tornarán cuestionables y hasta que te generarán dudas, las suficientes como para que te replantees lo aseverado exponiéndote a un recomenzar que hará que te reinventes una y otra vez para ocupar aquel espacio que te fue concedido… Llegué a la Tierra en el Hospital Juan Fernández de la ciudad de Buenos Aires… ¿por qué allí?, pues porque sí, así estaría escrito… mis padres vivían en el Barrio de Flores, también en la ciudad de Buenos Aires, a escasos metros de la plaza (Flores), en la calle Bacacay… una esquina que se convertiría en recuerdo rápidamente, con la muerte de mi madre… una muerte que jamás pude superar y que es una carga en el espíritu… llegar y que se vaya tu fuente es algo que no se puede resolver, es una pregunta sin respuesta, es una ecuación que jamás se podrá despejar y que viajará contigo, siempre, en cada instante, en cada momento, que será una carga invisible con entidad propia o bien, algo que estará presente donde quiera que vayas, porque reconoces un sentido de pertenencia que no se borra de manera alguna… en los albores de los años cincuenta coexistían tres ejes de estancia de aquellos padres… la casa de la calle Bacacay en el barrio de Flores, una casa en Chapadmalal a unos veinticinco kilómetros de Mar del Plata, en la panza de la provincia de Buenos Aires, y un campo de largas distancias en las sierras bajas de Colonia Hinojo, cerca de Azul (37 kilómetros), a quince kilómetros de la ciudad de Olavarría, en el medio de la provincia de Buenos Aires, a 335 kilómetros de la Capital Federal… en aquel entonces, todo quedaba lejos… las distancias eran el doble de lo que se veía… Los primeros años fueron una licuadora de vivencias… sin madre, con tías… mucho tiempo en Colonia Hinojo, escaso en Bacacay y también escaso en Chapadmalal… mucho llanto para ninguna solución, sensación de indefensión, consigna de soledad y sobre todo, aprendizaje del valor de los silencios… vaya que costó… en el campo las distancias eran enormes, tierras de la víbora de la cruz, temible… zorros… y más… adultos en sus cosas, y el aprender a sobrevivir, como se puede… aprendes… duele pero lo haces… una de mis tías pintaba bosques como los que había en la finca… con el tiempo aprendería que no eran pinturas sino ventanas… El campo carecía de electricidad, así es que las noches comenzaban tempranas y se hacían interminables… como te digo, las distancias eran un factor común hacia donde se mirase… cincuenta mil hectáreas hacían de los horizontes algo determinante… por entonces comencé a admirar las distancias y la necesidad de tener un horizonte distante… por entonces no me gustaba la ciudad de Buenos Aires ya que me hacía sentir acorralado, con los años me gustaría cada vez menos, pero eso se repetiría a lo largo de mi vida… no puedo vivir entre edificios, necesito campo abierto y horizonte lejano… en 1954 ya sabía que el mañana quedaba sólo por delante, y que hacia allá había que ir… no quedaba otro remedio… también sabía que el futuro estaba escrito en alguna parte de un mal llamado libro de la vida, pero también sabía que había sido inscripto en el árbol de la vida, y que ello significaba hacerle honor a ambas cosas… la vida concedida debía ser honrada… la vida concedida debe ser honrada a cada paso, a cada centímetro, a cada metro, siempre… las cosas pesan cuando vas tomando consciencia que la mayoría de los seres humanos no conceden valor a sus propias vidas, que están aquí por otra idea, que los motivos que los mueven son otros, y que sus talentos sólo importan si son negocio, un negocio que sirve para producir dinero de todos los colores… de lo contrario te califican como estúpido, como idiota, o como delirante… aprendes a vivir con ello… para ellos no hay tribu, no hay sociedad, hay un impulso hacia el sobrevivir a como sea, entonces transitan sus vidas como en la edad de piedra, a los garrotazos… atropellando para evitar ser atropellados… negando para evitar ser negados… burlando para evitar ser burlados… allí donde comienzan a mentirle al prójimo, comienzan a mentirse a sí mismo, y una mentira trae a la próxima, y ésa acarrea otra, creándose una sucesión de mentiras que van dando forma a eso que le llaman vida… luego de diez mentiras multiplicadas por otras diez cada una, ya nadie recuerda cuál fue la primera, nadie recuerda cuál era la verdad, si es que alguna vez hubo alguna… sumergirse en una sucesión de mentiras aleja al espíritu de la verdad tangible, y lo introduce en un túnel de tinieblas donde el ego se vuelve supremo y donde el alma se va diluyendo hasta apagarse… cuando el alma se apaga los ojos te hacen creer que ves, cuando en verdad las percepciones llegan tan deformadas que se tornan aberrantes… Sí, tuve una niñez de mierda, algo que anunciaba una juventud equivalente y después una carga de errores y hechos infelices… uno va aprendiendo de los errores, eso enseña a encarar el pronto recomenzar, el empezar de cero, el comenzar con las manos vacías hasta la próxima frustración… Debo reconocer que los ángeles son medulares en el paso que sigue, en el día siguiente, pero sobre todo, en saber que ellos (ángeles) están siempre un paso por delante, cubriéndote tus costados y también la espalda… entonces, aprendí a ver con los ojos del alma, a sabiendas que los ojos del cuerpo proporcionan una visión deformada que resta perspectiva y que, en general, conducen al error de apreciación… ¿cómo ver con el alma?, pues es una tarea de aprendizaje que lleva su tiempo… primero debes entender que ciertas pinturas no son tales sino que se trata de ventanas a una dimensión contigua… si lo entiendes, tienes el primer indicio de por dónde escapar de la miseria humana, o bien cómo huir de la estupidez humana… tanto la miseria humana como la estupidez humana hacen de la vida algo peligroso… demasiado… ya que nunca sabes cuándo te saldrán con un domingo siete… con algo inesperado… con una mentira multiplicada o con una verdad a medias… todo eso desgasta, consume y a veces demanda excesos de voluntad para superar las coyunturas… Aprendes a construir tu huerto, a amar su tierra, a cuidar los surcos, a proteger las semillas, pero en lo íntimo sabes que aquellos que recitan la palabra “amar”, algún día vendrán a secuestrar el huerto, a apoderarse de sus contenidos, pero además, a expulsarte aduciendo razones de propiedad… pobres idiotas… no se dan cuenta que naces sin nada y mueres sin llevarte nada… y que lo que queda aquí con propietarios de circunstancia, en verdad no pertenece más que la Tierra misma, ya que la Tierra es un ser vivo cuyo espacio se concede por un instante que es menos que un destello… aunque parezcan años, esos años son nada, y sólo significan la capacidad o la incapacidad para despejar la ecuación que te ha propuesto el destino… todo lo demás, no es más que lo demás…

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