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Suponemos que ha llegado el momento de darnos cuenta de que internet ya no es algo a lo que se accede mediante un módem con un chirriante tono de llamada –o con cada vez más sofisticadas, rápidas y caras conexiones–, como si llamaras a internet igual que hacía Enjuto Mojamuto. En su último éxito, la canción Internet, Jordi Ganchitos lo canta así: “Con Internet Explorer te puedes meter / en una cosa que se llama World Wide Web / World Wide Web / surfea en la red / puedes ver fotografías o leer / incluso puedes enviar cartas por mail / sé que es difícil de comprender”. El estribillo da cuenta de aquella inocencia vivida a finales de los noventa, cuando se empezó a escuchar la frase ahora con internet…: “Qué maravilla / qué futuro tan esperanzador / qué diversión / con el internet”. Cuando todavía pensábamos que aquello era una herramienta más para la vida y no la vida misma.
Este fin de semana se estrena en cines Backrooms, una película de Kane Parsons –@kanepixels, nacido en 2005–, producida por la prestigiosa A24 y ambientada en un universo nacido, criado y reproducido plenamente en internet. Es una peli de terror que sucede en inquietantes espacios tipo oficinas o centros comerciales que han sido despojados por completo de gente. Algo familiar y a la vez extraño, laberintos que no parecen tener fin y que van más allá de la experiencia humana. La película antes había tomado forma como cortos en YouTube adaptando un creepypasta –narraciones populares, generalmente anónimas y muchas veces derivadas de otras obras– que a su vez partía de una foto subida por un usuario desconocido en el foro 4chan. Todo un lore.
No nos resulta extraña esta escalofriante idea. Hace unos meses nos hicimos caquita con un cuento de Mark Samuels titulado Maniquíes en aspectos de terror, escrito en 2003 e incluido en su libro La era del futuro degradado. Un arquitecto que trabaja frente a un edificio de veintitrés plantas y ve día a día cómo va quedando a oscuras y deshabitado. “Con los ojos de la mente vi los espacios abandonados y silenciosos del edificio, las oficinas vacías, el laberinto de gélidos pasillos. La desocupación de la torre contrastaba en gran medida con la bulliciosa metrópolis que la rodeaba, con calles llenas de gente desplazándose como colonias de insectos”, escribe. Y entra, claro.
El 4 de mayo de 2026, el cómico Xavi Daura –la mitad del dúo Venga Monjas– estrena un nuevo formato en YouTube titulado El Lore de Hoy, con Miguel Noguera de invitado. Lo que parece una conversación más con sus micros y sus tazas deriva hacia el concepto de backroom y los dos emprenden un viaje en coche hacia un hotel donde Xavi había descubierto un sótano vacío que remite a esa estética de lo desolado. Llegan, recorren, de fondo suena la música de El resplandor. Se les ocurre allí que podrían ir a hablar de esto al programa Toni Rovira y Tú, dirigido por el showman catalán, un magazine nocturno que funciona como un reservorio del underground estilo cabaretero. Allí, entre bambalinas, todo vira hacia lo espiritual, hacia el más allá y lo fantasmagórico. Cuando ellos van, Toni vuelve. Pero el camino está andado y el camino es plenamente va de internet a la realidad y parece que es todo una misma cosa: podcast -> documental -> peli de terror.
“En internet, todos los caminos –si uno los transita lo suficiente– conducen a la magia.”, escribe Valentina Tanni en Estéticas liminares, el libro que nos ha tenido toda la semana enganchados a conceptos como vaporware, dramacore, backroom, ASMR, lo memético, lo viral y lo de pensar que el mundo es una tarta. Su tesis principal es que la cultura nacida en internet es una especie de universo paralelo que afecta a lo que hemos entendido siempre por realidad, que contiene toda la energía en fuga de una generación que a fuerza de no encajar en las mecánicas cada vez más borrosas de lo real está consiguiendo enrarecer, perturbar, la realidad misma. Ese umbral entre lo virtual y lo real ha crecido hasta el punto de no ser distinguible.
Tanni es historiadora del arte y curadora y ya había publicado en España el libro Memestética. Aquí hace una arqueología de movimientos estéticos que, como la edad de un perro, parecen recientes pero son ya historia de una época “que avanza mientras vamos y venimos entre la distracción y la desesperación”. Desde la nostalgia por recuerdos de recuerdos, la marca de las interfaces, la plasmación de ensoñaciones, traumas y pesadillas.
Nos ha parecido muy esclarecedor toda la parte que dedica a las vibes: cómo la atmósfera, la emoción, el sentir, se convierten en el centro sobre el que gravita toda la creación y recepción de estos productos artísticos, que por otra parte han perdido su estatus de genialidad autoral y de exposición institucionalizada en museos. Llevamos tiempo documentando y hablando entre nosotros sobre la creciente tendencia a hablar de libros en redes desde lo emocional, libros que quedan definidos en los cuatro adjetivos que caben en un reel y que apelan a la identificación con los personajes, a la sintonía personal, a cómo afecta la historia y cómo encaja en los estados de ánimo. Aquí encontramos respuestas y hacia ahí parece ir todo: Spotify está comprando derechos de catálogos musicales para que cada usuario pueda adaptar con inteligencia artificial los éxitos de sus artistas favoritos a cada momento personal, canciones a medida, un paso más allá de esas listas tipo “Energía” o “Relax”.
Tanni escribe con precisión de historiadora y auténtico afán divulgador, así que la ensalada anglosajona de términos y conceptos queda muy bien aliñada. Y añade también muchos comentarios de foros y de YouTube que contextualizan y aterrizan los contenidos en lo que en realidad son: hechos en internet para internet. Quizá la gran brecha generacional esté ahí: entre quienes vieron nacer internet como algo a lo que se accedía desde la realidad y quienes viven permanentemente en ese umbral que no hay que hacer esfuerzo por cruzar.
Lo que pasa en Corsarias
Ahora que la casita de los conciertos de Bad Bunny parece estar contribuyendo decisivamente a solventar el problema de la vivienda en Madrid, nos visita esta tarde Hans Laguna. Desde comienzos de los dos mil ha publicado cinco discos, es productor y músico de directo en la banda de Nacho Vegas y está desarrollando una crítica musical desde el pensamiento y la sociología, sus dos pasiones académicas. Fue notable su libro sobre la figura de Julio Iglesias y ahora presenta Yo siendo yo, un valioso ensayo sobre el tema de la autenticidad en el cambiante marcado del culto a la personalidad del mundo del pop contemporáneo. Conversa con Mariano Acosta.
El martes viene Elaine Vilar Madruga, de quien recodarás el feroz y oscuro El cielo de la selva. Su nueva novela es La piel hembra, donde nos vuelve a guiar por ese universo fantástico e inquietante que cuestiona conceptos como la identidad, la memoria, la fe, la patria y la muerte. Premisa: “Todas las mujeres de un pueblo perdido en las montañas experimentan una extraña calentura y, una noche, sintiéndose llamadas por dios, se escapan de sus casas y sus maridos para regresar a la mañana siguiente recubiertas de un polvo dorado y embarazadas. Todas arman ser la madre del nuevo mesías”. La acompaña Marina Capasso.
Este corazón que sangra es el libro más reciente de Servando Rocha, que llega el miércoles para hablarnos de su investigación sobre la relación entre William S. Burroughs y Kiki, un joven español de la calle que marcaría la vida del escritor maldito. Tánger, años cincuenta. Servando vuelve a destilar literariamente todo ese proceso en el que se encuentra como pez en el agua: reconstruir voces que nunca fueron escuchadas a través de documentos, recuerdos y las pequeñas historias que la vida posa en los lugares. Conversa con Guillermo Granado.
El jueves recibimos a Ana Garriga y Carmen Urbita, a las que conocerás por su podcast Las hijas de Felipe. Puede resultar insólito que las historias que ocurrían entre los muros de los conventos de los siglos XVI y XVII hayan arrastrado a un público enorme y que llena teatros. “Todo lo que nos pasa, ya le pasó a una monja del Barroco” es la idea que late tras su trabajo: traer al presente de una manera informal una sabiduría –intelectual, social y afectiva– que había quedado sepultada por venir de donde venía: por mujeres, por monjas, por antiguas. Se conocieron estudiando literatura en la Universidad de Brown y ahora han llevado al formato libro todo ese universo en Instrucción de novicias. Las acompaña Mariano Acosta.