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Ayer, 5 de noviembre, se falló el 44.º Premio Herralde de Novela. El jurado, compuesto por Fernando Pelayo (librero al frente de +Bernat, en Barcelona), Gonzalo Pontón Gijón, Marta Sanz, Juan Pablo Villalobos y la editora Silvia Sesé, concedió el premio a Querida Sharik, de Margarita García Robayo, una novela que hace de la conversación epistolar una forma de pensamiento y la convierte en un territorio literario de enorme originalidad. La obra llegará a librerías a partir del 12 de noviembre, tanto en Latinoamérica como en España.
La narradora es una mujer del Caribe colombiano que un día, casi como un juego, decide hacerse un test genético que rastrea su ancestralidad. En paralelo, planea unas vacaciones con sus hijos, pero su exmarido le cambia los planes y se ve obligada a viajar sola. Allí, se embarca en una suerte de correspondencia que convoca una historia familiar hecha de afectos, silencios, humor feroz, pequeñas y enormes derrotas y herencias que nadie recuerda haber aceptado.
En palabras de Gonzalo Pontón Gijón, es una novela que reúne «las inquietudes de nuestro tiempo en una obra de estilo preciso y ensamblaje perfecto».
Mientras tanto, aquí podéis leer una entrevista con la autora en la que nos habla de su libro y nos cuenta cómo fue la experiencia de recibir el premio. Sin más preámbulos, os dejamos con ella:
¿Cuál fue el punto de partida de Querida Sharik?
El punto de partida fue un test genético que decidí hacerme para investigar mi linaje. ¿Por qué? Porque se lo regalaron a una amiga por su cumpleaños y me dio curiosidad, y porque estaba en promoción, en fin, supongo que me sedujo lo fácil que era acceder a una información que hasta hacía poco no estaba tan a la mano. El resultado que arrojó el test ubicó a mi primer ancestro por línea materna en Angola. La única opción de que alguien de Angola llegara al Caribe colombiano es el comercio de esclavos. Me pregunté qué sabría de su porvenir esa mujer una vez embarcada en ese buque y me dieron ganas de contárselo, es decir, de fabular ese destino y ese linaje a través de las cartas. Es una ficción, por supuesto, pero existe gracias a un punto de partida cierto: un test que constata que mi origen está allá.
¿Qué papel tiene la autoficción en tu obra?
La autoficción es una palabra con muy mala prensa, todos le huimos a esa categoría. En general no me siento cómoda con las categorías literarias porque pienso que condicionan los textos, tanto en su fase de producción como de consumo. Pero el procedimiento que sugiere la autoficción plantea algo que me interesa: el uso de material propio, cercano, vital (no necesariamente real) para construir ficciones. En todo caso, lo que más me importa de esta palabra es la segunda parte del término: la ficción que se elabora a partir de ese material.
¿En qué tradición literaria te enmarcas?
No lo tengo muy claro. Quizá porque lo que más disfruto de la escritura es zambullirme en formas no del todo definidas. Cuando empiezo a escribir no sé qué nombre terminará teniendo ese texto: novela, ensayo, crónica o qué. Pero más allá de lo técnico me siento parte de los escritores que han intentado contar su tiempo y su geografía (Latinoamérica y el Caribe, en mi caso) desde perspectivas más que realistas, desromantizadas.
¿Cómo fue el proceso de elección de ilustración de cubierta de Querida Sharik?
Hubo varias opciones, pero esta nos convenció porque, en definitiva, las cartas hablan de un desgarro, de una dislocación, de un desenraizamiento. El árbol arrancado de la tierra, saliendo de cuadro como quien se lo lleva a la fuerza, es una imagen que me resulta elocuente y precisa.
Y, por último, ¿cómo te enteraste de que habías ganado el Premio Herralde de Novela? ¿Qué significa este premio para ti?
Me llamó Silvia, era muy temprano en Buenos Aires y me costó reaccionar de inmediato, pero una vez entendí lo que me estaba diciendo me emocioné mucho. Habría gritado, pero no pude porque mis hijos dormían. Fuera de chiste, para mí este premio representa un lugar de prestigio en el que siempre quise estar. Este es un oficio solitario, no digo nada nuevo, y estos estímulos son espaldarazos que se agradecen y se valoran porque te permiten detenerte para tomar impulso y seguir en marcha.