sábado, 21 de octubre de 2017

NOTICIA A LECTORES, SEGUIDORES, BUSCADORES Y AMIGOS DE CONEXIONES ETÉREAS

el dispensador dice: desde el domingo 22 de octubre hasta el domingo 29 de octubre el blog "el dispensador" no se actualizará... razones personales me obligan a "desaparecer" por un lapso, motivado ello en que debo someterme a una cirugía que luego demandará un largo tiempo de recuperación. Espero encontrarlos al regreso, en alguna ocasión, alguna vez, o siempre. Les dejo un abrazo de eternidades compartidas. Gracias por acompañarme en esta aventura de las letras, las ideas, las reflexiones, y sobre todo, las experiencias que van dejando huellas en nuestro espíritu. Valga un AMÉN por todos nosotros. OCTUBRE 21, 2017.-

ORACIONES AL VIENTO ▲ Thuk Je Che Tibet - Inicio

Thuk Je Che Tibet - Inicio

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el dispensador dice: quien no lo ha vivido, no sabe de qué se trata... puede parecer algo intrascendente... puede parecer un desvío de la mente... puede parecer un desvarío en lo tangente... puede entender que se trata de la ignorancia de la pobreza de otras gentes... puede pensar que son analfabetos de sentimientos atrapados en rutinas... no pocos ven a los religiosos como estúpidos y atrasados, envueltos en un Dios que los mantiene relegados, sometidos y esclavos... pero sucede que la FE integra el alma a un cosmos donde no hay lados planos, donde los relieves tienen aristas no aptas para descuidados, y luego, más allá de los tiempos respirables, la FE contiene la llave para acceder a los "mañanas necesarios", que siempre son únicos, individuales y que no pueden ser compartidos más allá de un cuento o de un relato, porque pertenecen a lo más íntimo de cada ser encarnado...

no todas las alturas son iguales, algunas sintonizan devenires infernales, mientras que otras elevan a los espíritus que se derraman a raudales... los fríos ahuyentan a los temerarios que buscan aventuras de instantáneas de egos y vanidades, ya que alcanzar una cima, cualquiera sea ella, demanda esfuerzo para llegar, pero indefectiblemente exige descender para regresar a ser mortal... algunos descienden con el orgullo fulgurante... los menos comprenden que no hay gloria en el silencio y la distancia, como tampoco la hay en la soledad y el oportunismo deshonesto... 

llegas a la cima y no encuentras a Dios... pocos saben que está allí, acompañándolos, pero su presencia es un sentimiento sólo revelado por la FE, no por creencia alguna...

sales de la cima y sabes que Dios camina a tu lado, una extraña sensación de reconocimiento mutuo, de sintonía celestial donde el yo se encuentra con su igual... simplemente bajas sabiendo que hay una mano que te mantiene asido a "algo" que no puede ser descrito con palabras... sólo bajas portando una consciencia que entiende que la dignidad es "ser uno mismo" y ninguna otra cosa... que el alma es el reflejo del aura ondeante y no más que eso... que el espíritu es el contenedor del karma que marca pasados omitidos u otros olvidados, pero que permanece como estampa, adherido y adosado... 

quien no lo ha vivido... no sabe de qué se trata...

las banderas de oración están colgadas por todas partes, en parajes imposibles, en comarcas inaccesibles... y te encuentras con piras de piedras en equilibrio que no se caen ni ante terremotos ni antes sismos... y de pronto el viento trae sonidos de oraciones de otros peregrinos, que emergen de las propias banderas, de palabras o de viajeros distintos transformados en sonidos... la FE de los otros se respira, siempre y cuando tengas sensibilidad para absorber los sentidos... que no haya piedras en tu mochila... y que el pensamiento esté abierto a ser mecido como marea del ideario del eterno extendido...

de repente, el viento crea un remolino, y éste se llena de oraciones de distintas fuentes, inscriptas en papeles de destino definido... y al rozarte sientes qué dice cada contenido, percibiendo que la FE es mucho más que un sentimiento definido... indescriptible... intraducible... más allá de lo que la consciencia puede haberte dicho... fíjate que no necesita de altares ni de templos definidos... demanda aire, cielo abierto, y azules congelados por lo helado del camino... laderas escarpadas para aquel que entiende las bendiciones como una salpicadura de lo divino... 

quien no lo ha vivido... no sabe la diferencia entre sendero y destino...

la oración te eleva desprendiéndote del ego sostenido... y cuando vuelas, sólo hay cielo para encontrarte y ser tú mismo. OCTUBRE 21, 2017.-
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EL REGRESO A "UTOPÍA" | La subversión por la belleza | Babelia | EL PAÍS

La subversión por la belleza | Babelia | EL PAÍS

IDA Y VUELTA

La subversión por la belleza

La creencia insensata en el progreso ilimitado parecía la única forma de racionalidad. La realidad rescata del ridículo a los viejos utopistas



Tarjeta de afiliado de William Morris a la Federación Democrática en 1883.

Tarjeta de afiliado de William Morris a la Federación Democrática en 1883. 





Simone Weil dice que una de las necesidades vitales de las personas de clase trabajadora es la belleza. Sin belleza en la vida cotidiana y en los procesos mismos y en los resultados del trabajo no hay justicia social. No sé si Weil llegó a conocer los escritos y las obras materiales de William Morris, pero de un modo u otro le llegó su influencia, en parte porque el movimiento de vindicación del trabajo artesanal y de búsqueda de la educación y la justicia que Morris y los amigos de su círculo iniciaron se extendió por toda Europa, en parte también porque su sensibilidad personal está empapada del mismo espíritu que alentaba en Weil, y que ya se había manifestado mucho antes en la obra de William Blake y en la de Thoreau: un rechazo de los poderes destructivos y esclavizadores desatados por el industrialismo; una defensa no tanto de paraísos retrógrados anteriores a la Revolución Industrial, sino de formas de relación personal con el trabajo, la vida comunitaria y la naturaleza que equivalían a una forma radicalmente alternativa de economía y de desarrollo. Hasta hace no mucho, figuras como William Blake, Thoreau, John Ruskin, William Morris, Weil eran contempladas con una condescendencia despectiva. Una ortodoxia a la vez capitalista y marxista proponía que el único progreso posible, bien hacia el socialismo o hacia la plenitud del libre mercado, era el crecimiento industrial, o lo que se llamaba en lenguaje marxista el desarrollo de las fuerzas productivas. La creencia insensata en el progreso ilimitado parecía la única forma posible de racionalidad.
La obstinada realidad vuelve actuales y rescata del ridícu­lo a los viejos utopistas, los que avisaban de que el emponzoñamiento de los ríos y la destrucción de los árboles y de los delicados ecosistemas humanos de las ciudades eran algo más que pecados contra la sensibilidad estética de personas ilusas, cuando no rastros de sentimentalismo pequeñoburgués. Los mismos humos de carbón y de gasolina que oscurecen los mármoles de las estatuas envenenan con micropartículas hasta los últimos reductos de los tejidos pulmonares y provocan cánceres y enfermedades respiratorias. Tormentas tropicales más destructoras que nunca y fuegos que arrasan bosques en este otoño con temperaturas de verano y desierto no son una advertencia de lo que puede venir, sino la prueba de lo que ya ha llegado y se agrava a mucha más velocidad de la que nadie imaginó.
Morris sabía que la destrucción y la fealdad no eran hechos accesorios, sino elementos tan centrales de la injusticia como la brutalidad del trabajo en las fábricas y el sometimiento de los obreros a un sistema de producción en el que a nadie le estaba permitido disfrutar del resultado de su esfuerzo, y por tanto del sentimiento de la propia dignidad y de la posibilidad de la alegría. Discípulo de John Ruskin, Morris contraponía la labor soberana y sabia del artesano a la monotonía humillante del trabajo proletario en la fábrica, que convertía al ser humano en un accesorio de la máquina.
Morris sabía que la destrucción y la fealdad no eran hechos accesorios, sino elementos tan centrales de la injusticia como la brutalidad del trabajo en las fábricas
Construir objetos bellos y útiles o participar en su creación es una fuente segura de felicidad; también vivir en lo posible rodeado de ellos. La visión utópica de William Morris tiene un anclaje práctico en lo diario y lo cotidiano de la vida. Lo útil de verdad siempre es bello. Lo superfluo, lo confuso, lo pesadamente ornamental ofenden a la vista y entorpecen la vida, y llenan el mundo de objetos innecesarios cuya única razón de existir es el sostenimiento de la producción en masa y la opulencia de los poderosos. “Bello es lo que el tiempo no hace vulgar”, decía nuestro Juan Ramón Jiménez, que tiene mucho del esteticismo humanista y social de William Morris, de su sentido del trabajo gustoso, el que ennoblece el espíritu y mejora la vida común.
A diferencia del iluminado teórico, que dice una cosa y suele hacer la contraria, el visionario práctico a la manera de Thoreau y William Morris predica con el ejemplo. Thoreau se complacía en sus vuelos románticos de contemplación, pero también se esforzaba en perfeccionar los lápices que fabricaba su familia y se dedicaba a un oficio tan exigente de precisiones como el de agrimensor, y tomaba datos exactos sobre las fechas de floración de las plantas, las pulgadas de nieve caídas cada invierno, el espesor de la capa de hielo en el lago Concord. El ejemplo persuasivo con el que predicó Morris muchos años fue el de los objetos cotidianos que ideaba y producía, los que comercializaba en su propia empresa, los que encargaba a otros o ayudaba a difundir: telas, papeles pintados, azulejos, vidrieras, muebles, tipografías, libros enteros, editados con un máximo de claridad y belleza, como los panfletos que empezó a escribir y a imprimir cuando comprendió que su activismo práctico no sería efectivo sin un valeroso activismo político.
No hay nada que no sea singular y memorable en la exposición sobre William Morris recién abierta en la Juan March: pero a mí casi lo que más me conmueve es esa vitrina dedicada a sus folletos de propaganda socialista, con sus ilustraciones de soles radiantes, de campos fértiles, de trabajadores, hombres y mujeres, protegidos por alegorías clasicistas de la Libertad y la Justicia, exaltados en la defensa del sufragio universal, la jornada de ocho horas, la educación para todos. Las consignas de emancipación están escritas con una tipografía admirable. Un mismo impulso abarca la vindicación de la igualdad entre los sexos, la del trabajo digno, la de los bosques preservados para el disfrute de todos. “No creo en el arte para unos pocos, igual que no creo en la libertad ni en la educación para unos pocos”, escribió Morris. No se me ocurre una mejor declaración ética y estética.
La belleza y la racionalidad pueden contagiarse, igual que se contagian la fealdad y el trastorno. El ejemplo de William Morris se extiende a la Secesión Vienesa de principios del siglo XX y de ahí a la Bauhaus, al modernismo catalán, a las audacias visuales y formales de Lloyd Wright en Estados Unidos. La exposición en sí misma incorpora en la práctica el espíritu de William Morris, además de mostrarlo: en la bella austeridad de las tarimas de madera, en los dinteles de las salas, en la limpieza y la claridad del espacio. Al visitarla ingresa uno en un paréntesis de serenidad y aprendizaje deslumbrado que es un consuelo en estos tiempos de encono estéril, sin esperanza ni belleza.
‘William Morris y compañía’. Fundación Juan March. Madrid. Hasta el 21 de enero de 2018.

Les pedres de l'infern ▲ Narcís Monturiol se convierte en héroe de cómic | Cataluña | EL PAÍS

Narcís Monturiol se convierte en héroe de cómic | Cataluña | EL PAÍS

Narcís Monturiol se convierte en héroe de cómic

El inventor del submarino protagoniza la aventura fantástica ‘Les pedres de l'infern’

Viñetas del álbum 'Narcís Monturiol i les pedres de l'infern'.

Viñetas del álbum 'Narcís Monturiol i les pedres de l'infern'





Ojo Tintin, Corto Maltés, Roco Vargas y otros aventureros del cómic, llega... Narcís Monturiol.
¿Monturiol?, ¿héroe de historieta? Efectivamente, el científico, ingeniero, socialista utópico y pionero de la navegación submarina catalán, es el insólito protagonista del álbum Narcís Monturiol i les pedres de l'infern (Males Herbes, 2017), de Sebastià Roig (guión) y Toni Benages i Gallard (dibujo), una aventura de corte fantástico que transcurre en su mayor parte en Cadaqués.
La historia, que parece que tendrá continuidad, arranca en el Londres victoriano con un siniestro plan que ha de servir para que Inglaterra asegure su posción como potencia mundial consiguiendo un ejército imbatible capaz de sofocar cualquier rebelión en su vasto imperio colonial. En dicho plan, fundamentado en las máquinas de vapor, el esoterismo y unas piedras mágicas (las del título), intervienen los malos de la función: un almirante británico, un explorador canalla y un inquietante fakir indio.
Las imágenes (las viñetas) nos llevan a continuación ya a la Costa Brava y a Cadaqués, donde comienzan a suceder hechos misteriosos e inquietantes. Monturiol, a la sazón en el pueblo interesandose por las posibilidades que ofrece el mar, pero según los habitantes del lugar un “somiatruites” y un “socialsta esbojarrat” que se esconde del Gobierno (todo lo cual tiene mucho de cierto), se ve involucrado en los acontecimientos.
Le acompañarán en la aventura una atractiva joven con fama de bruja (Sabana), un forzudo (Congre)y un adolescente (Diri), un canónico trío de apoyo del héroe que recuerda a los de El Capitán Trueno o El Jabato.
La aventura discurre por los cauces temáticos clásicos del género, con algunos apuntes de steampunk (tecnología retrofuturista y magia), pero es muy original que transcurra en escenarios de la Costa Brava y, por supuesto, que el personaje central sea Monturiol. Un Monturiol con las características barba y patillas, levita, chaleco y corbata, pero con revólver al cinto.
Las aventuras de Indiana Jones y las novelas de Julio Verne son otras influencias que se perciben en el relato, que incluye escenas en el Cap de Creus y su faro.
Los que quieran ver aparecer el Ictineo, el submarino invención de Monturiol, tendrán que aguardar hasta el epílogo de la historia, cuando el inventor regresa a las aguas de Cadaqués con su criatura. Pero a cambio, Benages i Gallard nos ofrecen una extravagante creación del genio: un barco que va por tierra, similar a la barcaza tirada por 22 mulas del capitán Henry/ John Huston en El hombre de una tierra salvaje.

RESTAURADORES || Los cirujanos del Prado | Cultura | EL PAÍS

Los cirujanos del Prado | Cultura | EL PAÍS

Los cirujanos del Prado

La Cátedra del museo pormenoriza el trabajo del Taller de Restauración, considerado el más importante del mundo



La restauradora del Prado María Álvarez y el responsable del taller del museo, Enrique Quintana, ante un cuadro de Jusepe Leonardo.

La restauradora del Prado María Álvarez y el responsable del taller del museo, Enrique Quintana, ante un cuadro de Jusepe Leonardo. 





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El Taller de Restauración del Prado se creó al calor del museo, hace casi 200 años y, salvo los años de posguerra, ha gozado de un prestigio internacional que desde la ampliación de Moneo no ha dejado de crecer. Su responsable, Enrique Quintana, no duda en asegurar que el departamento que él coordina es el más importante del mundo en su especialidad por la preparación de los 30 profesionales que lo componen y porque disponen de los medios más punteros para cuidar de las 8.250 pinturas que integran la colección.
Como reconocimiento a ese trabajo, el Prado inauguró el jueves la Cátedra de 2017, dedicada por primera vez al propio museo, con una conferencia magistral de la restauradora María Álvarez-Garcillán sobre la historia y los materiales de una pintura. Cada jueves, hasta el 30 de noviembre, en el Auditorio de la pinacoteca se hablará de los grandes hitos que ha protagonizado el Taller a lo largo de su historia.
La sección de restauración de marcos se encuentra en el subsuelo del edificio. Allí se accede después de descender por una docena de peldaños y atravesar un laberinto de pasillos. Allí, marcos antiguos de enormes dimensiones se alternan con otros de mediano y pequeño tamaño. Algunos conservan escasas huellas de su antiguo esplendor y otros parecen haber sido fabricados el día anterior por el deslumbrante brillo de su dorado.
El espacio es el reino de la restauradora María Álvarez-Garcillán, vinculada al museo desde 1985 y protagonista directa de la evolución del Taller. Junto a ella, Enrique Quintana explica que la existencia de este subdepartamento está más que justificado porque el Prado es uno de los pocos museos de todo el mundo que posee más marcos que obras. “Este es un taller de pintura y tenemos 8.250 entre la colección permanente y lo que se guarda en los almacenes”, asegura Quintana. “Con Carlos III se unificaron las molduras y los lienzos fueron desprendidos de los marcos con los que habían venido. Ahora la tendencia es otra, lo cual no quiere decir que las telas vayan a ser reconocidas”.
Cuando se les pregunta tanto a Quintana como a Álvarez-Garcillán sobre las causas por las que el Taller de Restauración del Prado está considerado como uno de los mejores del mundo, el coordinador del Taller precisa que no es uno de los mejores, sino el mejor. “Curiosamente, el Louvre no tiene taller propio. Tiene que encargar las reparaciones en talleres ajenos. Hay otros grandes que sí lo tienen (Metropolitan, Rijksmuseum, National Gallery), pero no son tan completos como el nuestro”.
La importancia del Taller se remonta a sus orígenes. “Siempre contó con un equipo más o menos numeroso de especialistas. Salvo altibajos, como los años de la posguerra, cuando no había dinero para nada, el nivel se ha mantenido. Si buscamos un punto de inflexión”, prosigue Quintana, “señalaría el año 1984, cuando el restaurador del Metropolitan John Brealey vino al Prado para restaurar Las Meninas. Él enseñó otra forma nueva de aproximarnos a la pintura. Su regla básica era: no se toca nada que no se conozca. Nosotros somos como médicos de familia y tenemos que escuchar al paciente. Las obras hablan, nos mandan mensajes y, si como ocurre en el Prado, conocemos a fondo al paciente, esa comunicación está garantizada”.

CINCO HITOS EN LA HISTORIA DEL TALLER

El vino de la fiesta de San Martín, de Pieter Brueghel el Viejo.
La Oración en el huerto con el donante Luis I de Orleans. Colart de Laon, 1405 - 1408.
La adoración de los Magos de El Bosco (hacia 1494).
La Inmaculada Concepción de los Venerables, de Murillo (hacia 1678).
La boda, de Goya. Cartón para tapíz (1792).
El segundo punto de inflexión para el coordinador del equipo se produjo con la ampliación que Moneo realizó sobre el antiguo edificio de Villanueva con Miguel Zugaza como director. “A partir de ese momento dispusimos del espacio que necesitábamos. Las sucesivas direcciones, pero Zugaza en especial, se empeñaron siempre en dar relevancia al Taller y hoy puedo decir que no nos falta de nada. No hay ninguna nueva máquina que, si es necesaria, no se encuentre aquí. Sin pecar de arrogancia, puedo asegurar que los mejores profesionales están en este museo. Por eso, además de las obras nuestras que lo necesiten, nos ocupamos de pinturas que vienen de fuera. Por poner un ejemplo, le cito la Dánaede Tiziano, de la Wellington Collection, que realizó Elisa Mora. Descubrimos que existían tres versiones y que esta era una de ellas”.
De manera habitual llegan al taller peticiones de restauración desde Francia, Inglaterra o Estados Unidos. “Aceptamos cuando la petición tiene que ver con una exposición en curso o a largo plazo. Solo nos relacionamos con instituciones, no con particulares”.
Pero al margen de los prestigiosos encargos internacionales, la misión principal del taller es cuidar de sus propios cuadros. María Álvarez-Garcillán explica que cada cuadro tiene una atención personalizada. “Conocemos perfectamente la vida de cada uno de los cuadros. Su situación y su ubicación. Los que lo necesitan tienen análisis clínicos, diagnósticos y tratamientos. También hacemos medicina preventiva con el control de cada detalle y con las limpiezas periódicas que cada uno de ellos necesitan”.

LA OTRA AMÉRICA || ‘Ukamau y ké’, un retorno a la amistad, al cambio social y las raíces del hip hop andino | Cultura | EL PAÍS

‘Ukamau y ké’, un retorno a la amistad, al cambio social y las raíces del hip hop andino | Cultura | EL PAÍS

‘Ukamau y ké’, un retorno a la amistad, al cambio social y las raíces del hip hop andino

El director Andrés Ramírez presenta un documental sobre la vida del fallecido rapero aimara Abraham Bojórquez

Fotograma de 'Ukumau y ké'.

Fotograma de 'Ukumau y ké'.





De la felicidad a la tristeza existen apenas unos minutos de diferencia. Primero se puede ver al rapero boliviano Abraham Bojórquez, líder y vocalista de la banda de hip hop Ukamau y ké (así es y qué), como telonero de la banda Bersuit Vergarabat en 2008. El cantante oriundo de La Paz se ve exaltado ante las miles de personas frente al escenario. Esa noche interpretó una versión en aimara de uno de los éxitos de la agrupación argentina. Gustavo Cordera, el entonces vocalista, despide a Bojórquez con un abrazo efusivo. En la siguiente imagen solo hay llanto y desconsuelo. Menos de un año después, el espíritu de quien fuera considerado el pionero del hip hop andino y aimara ha pasado a la otra vida.
Así presenta el director ecuatoriano y amigo íntimo de Bojórquez, Andrés Ramírez, el documental Ukamau y ké. Un filme que trata de saldar las cuentas pendientes y revisar la amistad de ambos, además de abordar las convicciones del rapero boliviano desde el activismo musical como herramienta social. El director inició con el proyecto en 2012. Cinco años fueron necesarios para terminar la producción, colectando fondos, endeudándose y poniendo de su propio bolsillo. La película tuvo dos presentaciones especiales en La Paz, Bolivia, y ahora se prepara para encontrar su camino en festivales y citas cinematográficas en el extranjero.
Bojórquez falleció en 2009, a sus 27 años, atropellado en la caótica urbe de El Alto. Fue difícil para Ramírez no poder asistir a su funeral. El realizador ecuatoriano cuenta que se sentía en deuda con su amigo por no haber estado cerca el día de su entierro. Narrativamente la película da la sensación de que existe un vacío, algo inconcluso respecto a la vida del rapero boliviano y las personas que lo conocieron.
Volver a hablar de Bojórquez y su obra fue para muchas personas, según el realizador, un catalizador que les permitió expresar sentimientos que quedaron pendientes. “Creo que en definitiva es un compromiso para seguir adelante. Con Abraham existían profundos compromisos, sociales y políticos y espirituales también, con nuestra gente, con su música. Lo que el hablaba en su música era eso, un compromiso con su pueblo”, explica Ramírez vía telefónica.
Bojórquez, huérfano de madre y al cuidado de un padre alcoholico, sobrevivió en la calle. Fue llevado a sus 11 años a São Paulo para trabajar en un taller de costura en condiciones de casi esclavitud, según explicó él mismo en varias entrevistas. Fue ahí donde entró al mundo del hip hop, gracias a los jóvenes de las favelas. El rapero boliviano, aparte de Bersuit Vergarabat, compartió escenario con Manu Chao. En 2006 publicó su disco debut, Para la raza, que hacía énfasis en el uso de sonidos propios de Bolivia, mezclados con bajos de jazz y su lírica rebelde reivindicando el orgullo de su ascendencia aimara. “Hay que estar orgullosos de ser hijos de pollera [vestido utilizado por las mujeres mestizas], de ser hijos de mineros, de campesinos, de fabriles, soy orgulloso de eso. Cuando me dicen indio, me siento orgulloso, porque eso es Bolivia, nada más. Hay que sacar la raza adelante”, afirmaba Bojórquez en una entrevista.

Un gran esfuerzo de búsqueda

El documental funciona, explica Ramírez, como un referente para que las personas que no conocieron a Bojórquez puedan descubrir su obra. El director da un toque de atención a las autoridades bolivianas del área cultural, ya que no apoyaron al proyecto en ninguna de sus etapas. Ahora, les pide colaboración para distribuir y difundir el documental. “Es una suerte de documento histórico. Abraham es un patrimonio de Bolivia, fue un líder nato, con una energía muy especial, alguien que trascendió el tiempo, que supo encaminar su color, su historia, para hacer algo por los demás. Ese es el camino de la película”, precisa el también rapero ecuatoriano.
La película también se apoya en el basto archivo que existe de entrevistas e intervenciones que Bojórquez realizó en vida. Para Ramírez fue un gran esfuerzo poder acceder a todos esos materiales. A sus grabaciones propias, le añadió videos proporcionados por familiares, conocidos y por el centro cultural Wayna Tambo, una institución que frecuentaba el rapero paceño. “El indicio fue saber que ya había un material audiovisual en el mundo. Se podía ordenarlo, recuperarlo. Fue una locura de cinco años”, agrega el director.
Ramírez considera que el discurso de Bojórquez está más vigente que nunca. En tiempos de Donald Trump, supremacía entre razas e intolerancia, la idea de levantar la voz, reivindicar la interculturalidad y defender las diferencias de las personas es un mensaje que él siempre sostenía. “Es una visión que él tenía [Bojórquez]. Daba un mensaje que reta a muchos en el poder, e incluso a muchas practicas cotidianas que no nos permiten avanzar hacia una sociedad más justa. Lo que podemos hacer a través del hip hop es amplificar las voces, hacerlas llegar a mayores lugares y seguir creyendo que podemos cambiar las cosas”, finaliza.

Fotorrelato: Ocho libros de esta semana | Babelia | EL PAÍS | ELOGIO DEL CIENTIFICISMO

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Ocho libros de esta semana

Ocho libros de esta semana

Juan Cárdenas, Ted Lewis y José María Merino, entre los autores reseñados

Cuidado con los crédulos "Todo puede falsificarse”, dice Mario Bunge, porque “los crédulos son más que los escépticos”. Por eso, lejos de sentir como un insulto que le llamen cientifista, este filósofo de 97 lúcidos años lo reivindica y elogia en este compendio de artículos de diversos autores recopilados por Gabriel Andrade. “Tiene una pésima reputación entre teólogos y literatos, pero es la actitud normal de los científicos”. Que el cientifismo necesita ser reivindicado lo confirma el diccionario de la RAE, que lo define, en primera acepción, como “Teoría según la cual los únicos conocimientos válidos son los que se adquieren mediante las ciencias positivas”. Y, como segunda, “Tendencia a dar excesivo valor a las nociones científicas o pretendidamente científicas”. Bunge, sin embargo, define el cientifismo como “la adopción del enfoque científico para el estudio tanto de la naturaleza como de la sociedad”. Por ANTONIO CALVO ROYIr a noticia