domingo, 15 de diciembre de 2019

Reportaje: Literatura a todo volumen, la industria editorial se la juega con el audiolibro | EL PAÍS Semanal

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El audiolibro alza la voz

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En las sociedades modernas de prisa y ruido, los índices de lectura se tambalean. La industria editorial buscaba un remedio que aunara eficacia y seducción. Y lo ha encontrado. El audiolibro ha llegado para quedarse. Es la lectura que se escucha. El sonido que se lee.

Entrevista: Chimamanda Ngozi Adichie: “No estaba en mis planes ser un icono feminista” | EL PAÍS Semanal

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Chimamanda Ngozi Adichie: “No estaba en mis planes ser un icono feminista”

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Pero es en lo que se ha convertido. Conquistó la fama con su charla“Todos deberíamos ser feministas”. Y sigue ejerciendo como celebrada escritora que vive entre su Nigeria natal y Estados Unidos. En esta conversación reflexiona sobre la deriva de su figura pública y cuestiones como la raza, la identidad, la evolución del MeToo, la relación con los hombres y el poder de las mujeres en el siglo XXI.

Columna: Rosa Montero: A la calle | EL PAÍS Semanal

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Rosa Montero
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A LA CALLE

Columna: Javier Marías: Dos décadas de antipatía | EL PAÍS Semanal

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Javier MaríasJavier Marías

DOS DÉCADAS DE ANTIPATÍA

Columna: Manuel Rivas: ¿De dónde viene el fuego? | EL PAÍS Semanal

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Manuel Rivas
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¿DE DÓNDE VIENE EL FUEGO?

Columna: Almudena Grandes: La calidad del aire | EL PAÍS Semanal

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Almudena Grandes
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LA CALIDAD DEL AIRE

Las ONG’s, ante el muro de la innovación | Innovación | EL PAÍS Retina

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El tercer sector llega tarde a la revolución digital, aunque algunas organizaciones, como es el caso de Unicef, han conseguido transformarse y sirven de ejemplo para aquellas más rezagadas

El 5G, un posible riesgo para los ‘hombres del tiempo’ | Innovación | EL PAÍS Retina

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La Organización Meteorológica Mundial estima que la señal del 5G podría causar interferencias en la información que registran los satélites meteorológicos. Esto afectaría a la fiabilidad de las predicciones meteorológicas.

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Las historias distópicas son hoy muy numerosas y bien recibidas por los moradores de esta construcción que ha crecido tan desmesuradamente en los últimos tiempos

Las decisiones basadas en inteligencia artificial no saben (o no quieren) abordar la discapacidad | Tendencias | EL PAÍS Retina

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Mientras se busca solución para lo sesgos más populares, como los que afectan a raza y género, las personas con discapacidad se ven afectadas por un problema de difícil solución

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A medida que el clima cambia, los agricultores tienen que adaptar sus cultivos y utilizar la tecnología para poder seguir alimentando al planeta.

El Pequeño Nicolás: “Me mandaron a un colegio donde todos eran ricos menos yo. Me dije: ‘Tengo que tener ese nivel de vida” | EL PAÍS Semanal

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El Pequeño Nicolás vuelve a ser noticia. Esta es la crónica del encuentro con un buscavidas que quiso ser famoso a cualquier precio.

Reportaje: Teruel: la rebelión de la España vacía | EL PAÍS Semanal

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Teruel, ni muda ni vacía

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Son pocos, pero se les escucha cada vez más alto y claro. Y ahora tienen además a un representante en el Congreso de los Diputados. Recorremos una tierra llena de historias de ingenio, pasión y éxito.

Entrevista: Emma Becker: “Los hombres que pagan por sexo tienen miedo de las mujeres” | EL PAÍS Semanal

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La novela La maison ha sido uno de los bombazos literarios del año en Francia. Su autora, de 31 años, afirma que pasó dos como prostituta en burdeles de Berlín. Dice que lo hizo por voluntad propia y porque buscaba tema para un libro. Siempre quiso conocer el “contexto” en que una mujer decide “alquilar su cuerpo”. La obra ha provocado un enorme revuelo mientras el debate sobre la legalización o la abolición de la prostitución sigue vigente en nuestra sociedad.

Columna: Javier Cercas: Los canallas de las buenas causas | EL PAÍS Semanal

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Javier Cercas
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LOS CANALLAS DE LAS BUENAS CAUSAS

Columna: Leila Guerriero: Licuadas | EL PAÍS Semanal

Columna: Leila Guerriero: Licuadas | EL PAÍS Semanal

Leila Guerriero
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LICUADAS

Columna: Un olvido recordado | EL PAÍS Semanal

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Javier Marías
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UN OLVIDO RECORDADO

Columna: Rosa Montero: Nido o condena | EL PAÍS Semanal

Columna: Rosa Montero: Nido o condena | EL PAÍS Semanal

Rosa Montero
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NIDO O CONDENA

La cumbre del clima finaliza fracturada por las desigualdades entre países / Noticias / SINC

La cumbre del clima finaliza fracturada por las desigualdades entre países / Noticias / SINC

SINC - Servicio de información y noticias científicas



La cumbre del clima finaliza fracturada por las desigualdades entre países



La ciencia lo ha repetido alto y claro: solo nos quedan 10 años para reducir la concentración de COy evitar la hecatombe climática. Pero a las puertas de esta década crucial, los países no han logrado unir fuerzas para frenar de manera urgente la crisis climática. La COP25 termina con una débil llamada a la ambición y deja para 2020 la parte más conflictiva de sus deberes: la regulación de los mercados de carbono.

Eva Rodríguez Nieto | Adeline Marcos |  | 15 diciembre 2019 14:05
<p>Miembros del Friday For Future manifestándose el viernes ante la COP25. / SINC</p>
Miembros del Friday For Future manifestándose el viernes ante la COP25. / SINC
La COP25 no empezó con buen pie –pasando de mano en mano hasta llegar a España– y no ha terminado mejor. Desde el viernes por la tarde, día que tendría que haber culminado la cumbre, la decisión final no ha dejado de posponerse para intentar alcanzar un acuerdo que refuerce la ambición y que termine de regular los mecanismos de mercado en el Acuerdo de París –la primera resolución universal por el clima–, entre otros aspectos.
La mayoría de los países prefería un no-acuerdo antes que un mal-acuerdo. Y así ha sido
Tras una prórroga de casi dos días, que convierte a esta cumbre en la más larga en sus 25 años de historia, el consenso total entre los 196 países reunidos estas dos semanas en Madrid para terminar de poner en marcha el Acuerdo de París, finalmente no ha sido posible del todo.
La mayoría de los países prefería un no-acuerdo antes que un mal-acuerdo. Y así ha sido. Ya lo había advertido Andrés Landerretche, coordinador de la presidencia de la COP25, en una rueda de prensa el sábado por la tarde: “Si no hay consenso, no hay consenso”.
Sin embargo, de Madrid sale un documento llamado Chile-Madrid Tiempo de Actuar que, tras largas e ininterrumpidas horas de negociaciones, ha quedado en un débil equilibrio para intentar satisfacer a todos en términos de ambición. En este acuerdo, que no incluye el artículo 6 sobre los mercados de carbono, se sientan las bases para que en 2020 los países presenten compromisos de reducción de emisiones (NDCs, por sus siglas en inglés) más ambiciosos para responder a la emergencia climática.
Marcada por las diferencias entre naciones e intereses dispares, la COP25, presidida por Chile y que ha contado con la ayuda de España para minimizar los conflictos de las últimas horas de negociación esta madrugada, se ha quedado a medio camino de conseguir lo que quería: el desarrollo del artículo 6 del Acuerdo de París que pretende regular los intercambios de unidades de carbono.

El artículo 6, a diciembre de 2020

La próxima COP26, que se celebrará en Glasgow (Reino Unido), tendrá que asumir el reto de cerrar lo que Madrid no ha conseguido en un año clave para la puesta en marcha del Acuerdo de París. Los países de la Unión Europea y Japón, entre otros, se han mostrado “profundamente decepcionados” en el plenario final de esta COP25 por la incapacidad colectiva de llegar a una solución en esta cuestión tan importante.
La ausencia de normas en este artículo no impide que el Acuerdo de París funcione y que las partes tengan mercados de carbono internacionales
Brasil, que pretende utilizar sus antiguos créditos de carbono, ha declarado que el país ha invertido muchas energías en estos últimos años y “es muy frustrante no estar en condiciones de llegar a un acuerdo final”. Pero considera que “el vaso está medio lleno” y se compromete a seguir debatiendo esta cuestión.
“Llevamos 25 años hablando de cambio climático con certezas cada vez más contundentes de responsabilidad humana, pero todavía no hemos logrado superar de alguna forma esta división que impone la economía y los intereses”, declara a Sinc Inés Camilloni, científica en el Centro de Investigación del Mar y la Atmósfera de la Universidad de Buenos Aires y autora de informes del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC).
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Las delegaciones de los países durante las últimas horas de la cumbre. / UNclimatechange
A esto se suman las responsabilidades históricas que siempre están presentes y que no han dejado de aparecer durante esta COP25. En este sentido, ha sorprendido la aparición de países del Este, como la República Checa y Polonia con unas reivindicaciones un poco antiguas, desfasadas.
Los mercados son una importante herramienta para acelerar las reducciones de emisiones, pero se necesitan normas multilaterales robustas 
“A la hora de actuar hoy creo que ya no deberían tener peso”, lamenta Camilloni. La ciencia ha hablado: con los objetivos iniciales del Acuerdo de París la temperatura media del planeta alcanzará los 3,2 ºC, muy por encima del límite de 1,5 ºC establecido por la comunidad científica.
“No lo hemos conseguido esta vez, pero hemos avanzado. Destacar que hay flexibilidad más que nunca por parte de los grupos y esperamos que este clima se acompañe hasta Glasgow para garantizar la adaptación y mitigación”, ha manifestado la delegación de Costa Rica en el plenario celebrado esta mañana.
La mayoría de los Estados miembro han señalado que, a pesar de no haber llegado al consenso, sí se ha logrado un mayor conocimiento técnico de lo que implica este artículo 6. Además, “la ausencia de normas en este artículo no impide que el Acuerdo de París funcione y que las partes tengan mercados de carbono internacionales y que se relacionen”, han señalado esta mañana desde la UE.
En 2020, los mercados deberán quedar regulados ya que son una importante herramienta para acelerar las reducciones de emisiones de dióxido de carbono, pero se necesitan normas multilaterales robustas para evitar la doble contabilidad, asegurar la integridad ambiental y proteger los derechos humanos.
“Hay habido muchos vacíos en Madrid y va a tocar en la COP26 trabajarlo en Glasgow”, apunta a Sinc Óscar Rodas, responsable de cambio climático de WWF en Paraguay. Las últimas horas de la COP25 han permitido que el artículo 6 quede lo más cerrado posible para volver a trabajar en ello en Glasgow.
Sin embargo, la falta de consenso en al artículo 6 no impide que la COP25 haya tenido éxito en otros aspectos. “El dejar el éxito de esta COP solamente en el que se lleguen a adoptar decisiones en el artículo 6 es una visión muy pobre de lo que es un proceso multilateral”, recoge a Sinc María José Sanz, directora del Basque Centre for Climate Change (BC3).

Así se escucha a la ciencia

La adopción del acuerdo Chile-Madrid Tiempo de Actuar manifiesta la “urgente necesidad” de que las nuevas contribuciones determinadas a nivel nacional (NDCs) que deberán presentarse a lo largo de 2020 salven la brecha existente en las actuales con respecto al objetivo de París y así evitar un aumento de temperatura superior a 1,5 ºC. 
Los países deberán presentar compromisos climáticos antes de la próxima cumbre del clima de Glasgow para que Naciones Unidas pueda elaborar un Informe de Síntesis previo a la COP26 que indique dónde estamos respecto al objetivo del Acuerdo de París de mantener la temperatura del planeta por debajo de 1,5 ºC. Más de 80 países ya se han comprometido a presentar el próximo año NDCs más ambiciosos.
“El mandato es claro: los países tenemos que presentar contribuciones nacionales más ambiciosas que las actuales en 2020, es importante responder a las demandas de la gente y de la ciencia, y comprometernos a hacer más y más rápido”, ha indicado la ministra para la Transición Ecológica en funciones, Teresa Ribera.
El documento aprobado este domingo reconoce justamente que las medidas adoptadas para abordar el cambio climático son más eficaces si se basan en la mejor ciencia disponible y si se reevalúan continuamente a la luz de nuevos hallazgos.
La voz de la ciencia es cada vez más escuchada, pero no necesariamente termina siendo tenida en cuenta en el momento de las decisiones
Los países también han querido reconocer el papel del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) en el suministro de aportes de evidencia científica para reforzar la respuesta mundial a la amenaza del cambio climático, “en el contexto del desarrollo sostenible y los esfuerzos para erradicar la pobreza”, consta el acuerdo.
“Hay que acelerar la reducción de emisiones lo más posible porque cuanto más alejemos las evaluaciones en el tiempo, nuestra oportunidad de corregir nuestras acciones en base a lo que la ciencia dice va a ser menor. Y la ciencia ha hablado y ha sido categórica y se ha reafirmado en sus conclusiones”, manifiesta Rodas.
Para la científica del IPCC Inés Camilloni, que trabaja en la generación de escenarios futuros en Sudamérica y en la evaluación de sus impactos, ha habido un fuerte protagonismo del IPCC y de la ciencia en general con los mensajes generados desde el sector científico sobre la efectiva emergencia de tomar medidas ambiciosas para reducir las emisiones.
“Creo que la voz de la ciencia es cada vez más escuchada pero no necesariamente termina siendo tenida en cuenta en el momento de las decisiones. Está cada vez más presente en los distintos ámbitos de las COP”, subraya la argentina. En este sentido, muchos científicos se muestran pesimistas ante la inacción política dados los resultados científicos.
“Tenemos que dejar de quejarnos y empezar a colaborar entre nosotros, para hacer una ciencia que sirva también para poner encima de la mesa las soluciones, que no son fáciles. Tenemos que trabajar con los economistas, con los antropólogos, con sociólogos, con psicólogos… No solamente es cuestión de decir que el clima va a cambiar”, indica Sanz.  
Greenpeace
Los ecologistas de Greenpeace colgaron estos paneles el viernes a las puertas de la COP25. / SINC

El valor de la naturaleza en la cumbre

El documento Chile-Madrid Tiempo de Actuar subraya además la contribución esencial de la naturaleza para abordar la crisis climática y sus impactos, así como la necesidad de abordar la pérdida de biodiversidad y el cambio climático de manera integrada para ayudar a cumplir el objetivo de 1,5 ºC.
“Las soluciones basadas en la naturaleza son hacia las que tenemos que apuntar porque son las más económicas, las que más se vinculan con las poblaciones vulnerables y son las que el planeta necesita”, declara a Sinc Manuel Marcelo Jaramillo, director general de la Fundación Vida Silvestre de Argentina.
Estas soluciones cada vez más presentes confirman que la Tierra necesita que la recuperemos y la conservemos “para que siga prestándonos los servicios ambientales que nos ha prestado siempre y de esa forma evitar los efectos negativos del cambio climático”, recuerda Marcelo Jaramillo.
“Lo que muestra la ciencia es que si en los próximos 10 años no reducimos drásticamente las emisiones y generamos sumideros (no alcanza solo con reducir, también hay que remover dióxido de carbono de la atmósfera) no es posible alcanzar el objetivo planteado en París. Mientras estemos a tiempo de reducir y actuar, todavía hay algo de optimismo”, añade Camilloni.
En el acuerdo alcanzado hoy en Madrid también se da un especial protagonismo al vínculo entre los océanos y los usos del suelo con el cambio climático, como respuesta a los informes especiales del IPCC publicados durante 2019. En junio 2020 se celebrará un diálogo de océanos y otro sobre usos del suelo.
Aunque durante el plenario estos dos puntos han sido cuestión de debate por la oposición de Brasil de aprobarlos, finalmente han salido adelante gracias al apoyo de Costa Rica, Belice, Australia, Noruega, Tuvalu, la UE, Islas Marshall, España, entre otros.
La Tierra necesita que la recuperemos y la conservemos para que siga prestándonos los servicios ambientales que nos ha prestado siempre
“Son recursos fundamentales y el IPCC ha enviado un mensaje muy firme sobre la relación de los océanos y uso de la tierra con el cambio climático”, ha destacado la ministra española durante la celebración del plenario.

Otros avances de la COP25

En la COP25 los negociadores han acordado también un nuevo Plan de Acción de Género –que las organizaciones valoran positivamente– que permitirá desarrollar medidas para dar respuesta al efecto desigual del cambio climático en mujeres y niñas, y a promover su papel como agentes del cambio en este proceso hacia un mundo libre de emisiones.
Este nuevo Plan, que estará vigente hasta el año 2025 –cuando se tendrá que revisar–, pretende lograr más participación de las mujeres en la negociación internacional, y asegurarles un papel activo en la toma de decisión a nivel nacional.
Aunque en la COP25 no se ha establecido un nuevo mecanismo de financiación para daños y perjuicios, sí se ha acordado dar directrices al Fondo Verde para que amplíe su ámbito de financiación, y que, aparte de dirigirse a mitigación y adaptación, por primera vez destine recursos para las pérdidas y daños que sufren los países más vulnerables y afectados por los impactos de los fenómenos climáticos extremos.
También nace la Red de Santiago que permitirá catalizar asistencia técnica de organizaciones y expertos a estos países vulnerables, mejorando de este modo su capacidad de respuesta a los efectos del calentamiento. Esta era una de las cuestiones más demandadas por los pequeños estados insulares que sufren de manera más directa los impactos más severos del cambio climático.
Una vez finaliza la COP25, los países seguirán, hasta la próxima cita, con sus planes para luchar contra el cambio climático, con la presión cada vez mayor de la ciencia y la sociedad. Como recordó esta semana el astronauta Luca Parmitano desde la Estación Espacial Internacional, la mayor fragilidad de la Tierra es el ser humano. “Nosotros somos los elementos más frágiles porque la vida en la Tierra seguirá sin nosotros. Tenemos que ser buenos comandantes”.


El mayor éxito: la cumbre social

Durante estos 15 días se ha celebrado una cumbre alternativa que ha mostrado la implicación de la sociedad en la lucha contra la emergencia climática. Las discusiones han demostrado que en el centro de la respuesta a esta crisis deben estar las personas y su futuro. El texto presentado recoge, por ello, que la transición hacia un mundo libre de emisiones debe ser justa.
Miles de personas han formado parte de la cumbre social por el clima, lo que ha permitido seguir tejiendo la red social ante las consecuencias del cambio climático y ejercer mayor presión a las decisiones políticas que debían de tomarse. 
“Un logro de esta COP es que ha tenido mucha influencia en los sectores ajenos a la negociación, como el sector privado. Ha habido declaraciones del sector privado muy importantes. También ha habido un giro en la sociedad esencial. Yo creo que esta COP la importancia que tiene es esa, y hay que reconocérsela”, concluye a Sinc María José Sanz.

La estación espacial internacional capta destellos de rayos gamma y ‘elfos’ / Noticias / SINC

La estación espacial internacional capta destellos de rayos gamma y ‘elfos’ / Noticias / SINC

SINC - Servicio de información y noticias científicas



La Universidad de Valencia participa en el estudio

La estación espacial internacional capta destellos de rayos gamma y ‘elfos’



En octubre de 2018, durante una tormenta eléctrica sobre el mar de las Molucas (Indonesia), se produjeron simultáneamente dos violentos fenómenos atmosféricos: un estallido de rayos gamma terrestre y un enorme anillo de luz conocido como ‘elfo’. Justo en ese momento pasaba por encima la estación espacial internacional y registró la relación de los dos fenómenos. Los datos se publican ahora en la revista Science.



SINC |  | 12 diciembre 2019 12:00
<p>Tormenta vista desde la estación espacial internacional. / ESA/NASA</p>
Tormenta vista desde la estación espacial internacional. / ESA/NASA
Cuando el 10 de octubre de 2018 la estación espacial internacional (ISS) sobrevolaba Indonesia captó sobre el mar de las Molucas, entre las islas de Sulawesi y Halmahera, un potente rayo luminoso en el interior de una nube de tormenta.
Se han observado simultáneamente dos violentos fenómenos atmosféricos: un estallido de rayos gamma terrestre y un enorme anillo de luz conocido como ‘elfo’ 
Enseguida los instrumentos de la nave observaron que, tras el destello, en cuestión de milisegundos, se producían a la vez un estallido de radiación gamma y un brillante anillo de luz ultravioleta y visible conocido como ‘elfo’.
Esta semana un equipo de investigadores de la Universidad de Valencia(UV), la Universidad Técnica de Dinamarca, la Universidad de Bergen (Noruega) y el Instituto Nacional de Astrofísica italiano publican en Sciencelos resultados de aquellas dos observaciones, que ahora se han podido relacionar.
“Hemos encontrado la asociación entre los llamados terrestrial gamma ray flashes (TGF), sin duda los fenómenos más violentos de la atmósfera de la Tierra, con los transiente luminous events (TLE, efectos luminosos transitorios que además de elfos incluyen otros eventos como ‘duentes’ con forma de zanahoria y chorros azules), observados tanto en el óptico como, por primera vez, en el ultravioleta”, destaca Víctor Reglero, director del Laboratorio de Procesamiento de Imágenes de la UV y coautor del trabajo.
mapa
Localización del evento TGF (posición más probable en el punto blanco y con probabilidades del 68% y 95% en las líneas circundantes) observado el 10 de octubre de 2018 en el mar de las Molucas (Indonesia). La órbita de la ISS se muestra mediante la curva amarilla, y el punto rojo marca su posición en el momento de inicio del TGF a las 13: 01: 33.100080 UTC. La cruz roja es un rayo coincidente detectado por la red mundial WWLLN de localización de rayos. / Torsten Neubert et al. / Science
Los TGF son descargas de alta energía X y gamma de muy corta duración (0,001 segundos) y muy escasos (se detectan uno o dos diariamente, frente a los rayos normales que se encuentran entre uno y cuatro millones por día). Por su parte, los elfos son anillos que expanden ondas de emisión ultravioleta y óptica en la ionosfera por encima de las tormentas.
Hasta el momento existían teorías que indicaban su correlación, basadas en observaciones desde satélites o desde la Tierra, pero no de forma simultánea como se ha comprobado ahora.
La ayuda del instrumento ASIM
Establecer su conexión en el espacio y en el tiempo ha sido posible, además de a estar en el momento y lugar oportunos, a contar con el monitor de interacciones atmósfera-espacio (ASIM), un instrumento que cubre gran parte del espectro electromagnético, desde el óptico a los rayos gamma y la radiación ultravioleta.
Sus datos muestran que el destello de rayos gamma terrestre o TGF fue generado por campos eléctricos muy intensos producidos justo antes de que apareciera un rayo en el interior de las nubes de tormenta.
El rayo también lanzó un pulso electromagnético que, a su vez, indujo la emisión ultravioleta del 'elfo', visible desde el espacio con su característica forma de disco de radiación que se expande y llega hasta la ionosfera.
Según los autores, estos resultados ayudan a comprender mejor el proceso por el cual los destellos de rayos gamma terrestres se generan a partir de tormentas eléctricas, y su conexión con fenómenos electromagnéticos de la capa atmosférica superior.
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Escenario propuesto: un potente rayo dentro de la nube (IC, intra-cloud) genera el destello de rayos gamma terrestre (TGF) y un pulso electromagnético (EMP). Este pulso activa la expansión de ondas ultravioletas en la ionosfera inferior (elve o elfo). El instrumento ASIM capta las emisiones del TGF y la radiación ultravioleta desde la estación espacial internacional. La zona gris es el suelo. / Torsten Neubert et al./Science
“La correlación no es solo temporal, también lo es en la posición de los eventos en la atmósfera, que hemos podido ver gracias al sistema de imagen gamma desarrollado por los equipos de la UV y el INTA”, destaca Reglero, quien afirma que estos fenómenos “son nuevos y poco conocidos, pero muestran los aspectos más violentos de la atmósfera terrestre y tienen un impacto potencial en el circuito eléctrico global de la Tierra”.
El instrumento ASIM, creado por la Agencia Espacial Europea (ESA) y la NASA, opera desde hace un año y medio desde la ISS. Fue desarrollado por la Universidad de Valencia, la Universidad Técnica de Dinamarca y la Universidad de Bergen. Con su puesta en marcha se pretendía detectar los TGF, y este estudio es un ejemplo de cómo lo ha conseguido.
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Monitor de interacciones atmósfera-espacio (ASIM) operando en el módulo del laboratorio europeo Columbus de la ISS. / NASA
Referencia bibliográfica:
T. Neubert et al. “A terrestrial gamma-ray flash and ionospheric ultraviolet emissions powered by lightning”. Science, diciembre de 2019. 10.1126/science.aax3872 (2019). 
El estudio también se ha presentado esta semana en el congreso de la Unión Americana de Geofísica (AGU) que se celebra estos días en San Francisco (EE UU).

Estudian, por primera vez, el “aura viviente” individual que nos rodea - INVDES

Estudian, por primera vez, el “aura viviente” individual que nos rodea - INVDES

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Estudian, por primera vez, el “aura viviente” individual que nos rodea


Lo llaman exposoma, y los científicos apenas si están empezando a conocerlo. Está siempre con nosotros, a nuestro alrededor, acompándonos a donde quiera que vayamos. Se trata de una nube de compuestos químicos, microorganismos y otros elementos que se arremolinan a nuestro alrededor, rodeándonos por completo. Y de forma personalizada, de modo que todos los exposomas son diferentes, como una especie de “auras vivientes” que van con nosotros a todas partes.
Ahora, un equipo de genetistas de la Universidad de Stanford ha comenzado a estudiar el exposoma humano, y sus hallazgos acaban de publicarse en la revista Cell.
Hasta el momento, explica Michael Snyder, que ha liderado la investigación “se han estudiado cosas como la contaminación del aire a gran escala, pero nadie había medido las exposiciones biológicas y químicas a nivel personal. Nadie sabe realmente cómo de amplia es la exposición humana a su entorno, o qué tipo de cosas puede haber allí”.
Para averiguarlo, Snyder y su equipo diseñaron un pequeño dispositivo de monitorización del aire, del tamaño de una baraja de cartas. Y durante dos años enteros, 15 voluntarios usaron de forma intermitente estas unidades atadas a sus brazos, desde donde absorbían continuamente pequeñas cantidades de aire de sus órbitas personales y el ambiente que los rodeaba. Algunos participantes usaron el monitor durante una semana, otros durante un mes.
Después, cada pequeña cosa inhalada por el dispositivo (bacterias, virus, productos químicos, hongos y cualquier otro tipo de partículas) se extrajo para la secuenciación de ADN y ARN, con lo que se elaboró un perfil químico, que se catalogó en una base de datos personalizada.
El propio Snyder no dudó en llevar uno de los dispositivos durante casi los dos años completos. Y al final, tras cerca de 70 mil millones de lecturas, los investigadores lograron acumular una cantidad asombrosa de datos sobre los habitantes de su propio exposoma.
“Nuestro equipo -explica Chao Jiang, uno de los miembros del equipo- había reunido previamente diferentes bases de datos de bacterias, virus y hongos, pero para descifrar completamente nuestras exposiciones ambientales, creamos una base de datos de dominio múltiple que cubría más de 40,000 especies”.
Nuestra propia “nube”
Durante el tiempo que duró el estudio, los participantes se movieron en aproximadamente 50 lugares diferentes del área de la Bahía de San Francisco, pero incluso cuando vivían en el mismo entorno, sus exposomas eran completamente distintos.
“Resulta que, incluso a distancias muy cortas, obtuvimos diferentes perfiles de exposición o firmas- afirma Snyder-. La conclusión es que todos tenemos nuestra propia nube de microbioma que recogemos y expulsamos continuamente a nuestro alrededor”.
Por supuesto, los elementos que contiene el exposoma de cada persona es variable, e incluye numerosos rastros de su propia nube microbiana, además de cosas como los hongos y partículas que cada uno ha recopilado de su entorno inmediato de mascotas, productos químicos, plantas, etc. .
La gran cantidad de datos reveladores obtenidos durante la investigación demuestra que podemos aprender mucho estudiando nuestras “auras vivientes”, y los investigadores opinan que si la tecnología fuera más accesible, podrían fabricarse de forma masiva disppsitivos individuales que terminarían siendo importantes herramientas de diagnóstico.
“Ahora queremos monitorizar más gente en más ambientes -asegura Snyder-. Y también queremos simplificar la tecnología, idealmente hasta el punto de que todos puedan medir sus propias exposiciones personales, tal vez con algo como un reloj inteligente capaz de detectar el exposoma”.
En definitiva, los científicos creen que nos encontramos al principio de una nueva era de transformación de la salud, una que no solo se fijará en lo que hay dentro de nuestros cuerpos, sino también en lo que hay a su alrededor, su complejo y cambiante exposoma personal.
“Durante años -concluye Snyder- hemos estado secuenciando los genomas de las personas, analizando su sangre y orina, así como los microbios del interior del cuerpo para comprender cómo todo eso afectaba a la salud”.
Y ha llegado la hora de fijarse también en la nube viviente que nos rodea y que siempre nos acompaña.
Fuente: abc.es/ciencia

Bienvenidos a la Patagonia, la fábrica mundial de dinosaurios - INVDES

Bienvenidos a la Patagonia, la fábrica mundial de dinosaurios - INVDES

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Bienvenidos a la Patagonia, la fábrica mundial de dinosaurios


Un paisaje marciano. Un desierto rojizo de sierras y mesetas junto a un lago que se esfuma en el horizonte. Dinosaurios. Restos de ellos por todas partes. Fósiles de todos los tipos de vida que existieron en la Tierra hace millones de años. Un ecosistema completo petrificado.
En el camino hacia ese pasado se cruzan, veloces, zorros y ñandúes. Velan por los viajeros los santos paganos en improvisados altares de palos y piedras repletos de ofrendas y escupen fuego en el medio de la nada las imponentes instalaciones de extracción de gas y petróleo. Por momentos parece el paisaje de la película Mad Max. Este es el aspecto de la zona del lago Los Barreales, en Neuquén, en la Patagonia argentina, una provincia en el límite con Chile, a más de 980 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires. El símil cinematográfico tiene sentido al considerar que hace 100 millones de años Argentina y Namibia (escenario del film) eran parte de un mismo continente.
Las huellas del pasado aparecen a cada paso en la región que guarda la mayor colección paleontológica de Sudamérica. Allí existe una ventana al pasado cretácico que puede visitarse todo el año, aunque se recomienda hacerlo durante el verano argentino, en enero y febrero, cuando el clima cálido del sur propicia el turismo al aire libre. Esa ventana se llama Proyecto Dino, a 90 kilómetros de la capital homónima de Neuquén. Un campamento científico abierto al público con el apoyo de fondos públicos y privados (Universidad Nacional del Comahue y petroleras) que acaba de levantar sus persianas luego de cinco años de cierre por conflictos con la comunidad indígena y de financiación. Aquí se han hallado más de treinta tipos nuevos de dinosaurios, con 1.500 piezas de fósiles de vertebrados y más de 400 restos de vegetales de entre 90 y 100 millones de años de antigüedad. Y siguen encontrándose. “Esta es una fábrica de dinosaurios”, ironiza su histriónico director, el geólogo y paleontólogo Jorge Calvo.
Las condiciones geológicas y geográficas de la Patagonia facilitan los innumerables hallazgos, entre los que destacan dos de las especies más grandes en la historia del planeta: el carnívoro cazador Giganotosaurus carolinii (de entre doce y trece metros de largo y casi siete toneladas) y el herbívoro Futalognkosaurus dukei (de unos treinta y cuatro metros y de hasta cincuenta toneladas). El primero vivió hace 97 millones de años y supera en tamaño al popular Tyrannosaurus rex. Fue hallado en 1993 en un pueblo a pocos kilómetros, llamado El Chocón, por Rubén Carolini, un mecánico aficionado a la paleontología que como todos los lugareños trabajaba en la hidroeléctrica estatal. Una vez privatizada (en 1992) empujó al paro a cientos de trabajadores obligando a la comunidad a reinventarse. Pasó de tener 5.000 habitantes en los años setenta a menos de cincuenta el año que cerró la empresa, según el censo oficial.
El año siguiente se estrenó Parque jurásico y, aunque todavía hoy no alcanza los 1.000 residentes, la sensación de los locales es que los dinosaurios salvaron al pueblo. “Ahí creció de nuevo la población. Los huesos estaban en un salón de un club hasta que se empezó a reformar el museo de El Chocón, el antiguo taller mecánico de Hidronor donde trabajaba Carolini. Esa es la historia del comienzo de la paleontología en esta zona. Ahí resurgió el pueblo”, resume Calvo, radicado en la provincia desde 1987 y testigo de la metamorfosis. Desde entonces, todos los pueblos de la región anhelan su museo paleontológico. Ya hay cinco con muestras importantes y tres en surgimiento. Dentro depoco tiempo habrá 1 por cada 28.000 habitantes. Todos sobre dinosaurios. “Está lleno”, resume el científico.
Quien en realidad encontró el Giganoto fue una campesina, pero quien se quedó con el nombre y la estatua a lo Indiana Jones fue el mecánico. “Ella encontró el fósil custodiando a una chiva que se le escapó, fue a buscarla caminando y lo encontró”. A partir de ahí se inició la cadena de alertas que acabó en el protagonismo de Carolini por haber sido quien informó a la Universidad Nacional del Comahue. Gracias a ellos se supo que el carnívoro más grande encontrado hasta el momento mundo era un superpredador capaz de comerse a inmensos herbívoros que lo triplicaban en tamaño. Eso se debía no tanto a su ferocidad como a su oportunismo: los saurópodos (herbívoros de cuello largo) eran muy lentos. El Giganoto, con un cráneo de casi dos metros de largo y con el fémur más largo que la tibia, tampoco conseguía mucha velocidad. De modo que por más amenazante que pareciera, un pequeño y audaz reptil podía evadirlo sin problemas.
Más temible era el Megaraptor, un pariente más feroz aunque menos conocido que el protagonista de Parque Jurásico. La diferencia fundamental radica en el modo de conseguir sus presas. Según Calvo, el primero era cazador y el segundo carroñero, aunque esto último es aún motivo de controversia. Lo seguro es que ambos eran tiranos. Deberían compartir prefijo, pero la hipótesis inicial acerca de la ubicación de la primera garra encontrada asignó al Giganoto a una familia que no le correspondía. “El paleontólogo que lo encontró vio que era parecida a la del Velociraptor de Parque Jurásico y la ubicó en el pie. Dijo ‘este es Mega-raptor’ porque era más grande, pero acá en la excavación del Futalognkosaurus encontramos la misma garra asociada a la mano. Completa, articulada. Entonces descubrimos que el Megaraptor no tenía la garra en el pie sino en la mano, así que ya no podía ser un raptor. Después se descubrió un cráneo y supimos que fue un pariente del Tyrannosaurus rex, que usaba los brazos porque era el arma más mortal que tenía. El nombre no se puede cambiar, ya quedó, pero la realidad es que no es un raptor sino una especie nueva de tiranosaurio”, aclara Calvo. El hallazgo del esqueleto casi completo con el cráneo incluido, en 2003, fue un hecho inédito en el estudio de esa especie. “Megaraptor era porque tenía una garra grande y filosa, que llegaba hasta los 50 centímetros sumando los huesos y el estuche”, explica el paleontólogo, convencido de que este animal, de hasta ocho metros de largo, mataba a sus presas desgarrándolas.
La segunda joya del campamento es el Futalognkosaurus dukei, hallado en 2007. Es uno de los herbívoros más grandes del planeta y vivió hace unos 90 millones de años. Medía entre 34 y 36 metros de largo, pesaba cerca de 80 toneladas (el equivalente a la suma de 40 elefantes) y tenía la cadera más grande hasta ahora conocida, de 2,55 metros de ancho. Su colosal esqueleto es, además, uno de los más completos encontrados, con el 70% de las piezas rescatadas. Calvo relata su hallazgo como si fuese Sherlock Holmes. “Es como el trabajo de un perito forense, la pregunta es quién lo mató y por qué”. Esas son las intrigas con las que el paleontólogo sostiene la atención en el recorrido. Con ese anzuelo invita a los turistas a poner manos a la obra en una cuadrícula fértil en la que, asegura, algunos visitantes han encontrado fósiles. Si esa es la experiencia que se busca, los turistas pueden alojarse en una de las casillas rodantes del campamento de Proyecto Dino por entre 100 y 300 dólares por persona (unos 90 a 270 euros) y sentirse paleontólogos por unos días. Guiados por profesionales, recorren las zonas de los hallazgos, participan de excavaciones, se les permite preparar fósiles y visitar el laboratorio. Duermen, trabajan y comen como los jóvenes científicos que allí residen, lejos de cualquier comodidad hotelera.
Huellas, huevos y ‘dragones’
Las excavaciones de Futalognko abrieron el portal al Cretácico. El geólogo y paleontólogo que trabaja allí desde hace 20 años todavía se asombra. “Cuando empezamos a sacar el dinosaurio vimos las plantas, los peces, los cocodrilos, las tortugas, las cáscaras de huevo. Se trataba de un ecosistema. Es único en el mundo. Encontrar un ecosistema fósil es rarísimo”. Todo parece extraordinario en la geología neuquina. “El año pasado le dimos nombre a un reptil volador. Argentinadraco se llama, que significa dragón argentino. Todo el tiempo descubrís cosas. Especies nuevas permanentemente porque está todo ahí. Están las plantas, las hojas preservadas, geodas. Tenemos una familia de 5 cocodrilitos juntos. Probablemente hayan muerto sepultados en una crecida de agua, tipo Pompeya o en un alud. Son casos excepcionales de muertes en grupo”.
Más frecuentes, según los expertos, son las huellas. Verlas desde cerca, sin embargo, provoca una fascinación atípica. Parecen frescas, como si el animal hubiera huido minutos antes. Se ven tan nítidas que los turistas tienden a creer que son falsas. Calvo despeja por qué no lo son. “Esto era una zona de lagunas donde el animal iba a tomar agua y dejaba la marca en el barro arcilloso. La huella se seca con el sol y se endurece. Cuando hay inundación, el agua no la rompe, la tapa con sedimento y se preserva. Si es una inundación lenta, no la erosiona. Arriba de las huellas había 1.000 metros de roca tapándolas. Esos 1.000 metros desaparecieron, se erosionaron y quedaron a la vista”. Las que están en la zona del lago Los Barreales fueron descubiertas en 1991 y datan de hace unos 100 millones de años. Por los característicos 3 dedos y su gran tamaño, se cree que son de megaraptor. “La huella habla de la vida que tenía el animal. Cómo caminaba, cómo se movía, si era una persecución, si fue al agua. El hueso te dice qué especie de dinosaurio era. Nada más. Cómo vivía, qué hacía ahí, lo dicen las huellas”, explica el científico. También hay pisadas de herbívoros que pueden verse ‘en negativo’, sobresaliendo por debajo del corte rocoso. El paleontólogo se para debajo de ellas para entender lo que se está viendo. “Ves la silueta de la huella en la roca. Son de herbívoros. Ellos no dejan pisadas en detalle como los carnívoros. Dejan pozos, como un elefante”.
A pocos pasos, se muestran restos originales de cáscaras de huevos (de 5 milímetros de espesor) que pertenecieron a un pterosaurio, un antepasado de las aves. En la zona se practicaba una suerte de crianza solidaria. “La primera madre ponía el nido y después iban todas al mismo lugar. Se creaban centros de nidificación y entre todas cuidaban los huevos porque si estaban aislados, no los podían ver y ellas mismas los podían pisar. Eran animales que tenían la cabeza a 10 metros de altura. Además supuestamente no tenían razonamiento, no sabemos”, duda Calvo dispuesto a dejarse sorprender por el avance científico.
El gas de Vaca Muerta
A 22 kilómetros de Proyecto Dino está Añelo, la capital latinoamericana del fracking (fracturación hidráulica). El circuito de Proyecto Dino también incluye a la gallina argentina de los huevos de oro. Un furor de origen prehistórico. “Todos hablan de Vaca Muerta, pero nadie sabe qué es”, sentencia Calvo parado junto a una escala geológica. A 7.000 metros bajo sus pies está Vaca Muerta; el segundo yacimiento de gas más importante del mundo y el cuarto en petróleo. Como geólogo, también instruye sobre el origen de ese combustible fósil. “El mar entraba a la cuenca neuquina, depositaba el sedimento, las algas y los microorganismos y se transformaba todo en protopetróleo. Se llama roca madre y es el origen del petróleo”. Debido a la presión sale por los poros y las grietas y sube a formaciones superiores, a 2000 metros, de donde lo extraen las petroleras. Calvo recoge una pequeña botella de vidrio con un líquido ocre. Lo destapa y lo acerca a los turistas para que puedan sentir el inconfundible olor a combustible. “Este petróleo es de acá”, presenta. El ‘oro negro’ no siempre es negro. “Puede ser de distinto color, hasta transparente. Cuanto más oscuro, más rico es porque más subproductos derivados tenés. Cuanto más claro, más destilado, menos cosas se pueden hacer”, distingue.
El petróleo de las capas superiores se acabó. Con el fracking intentan exprimir la roca madre. “Ponen líneas donde destruyen la roca y la bombardean con agua y arena a mucha presión. Así, el petróleo empieza inyectarse en los otros pozos para sacarlo a superficie”, detalla Calvo, quien desestima el daño medioambiental. “Está a 2.600 metros. No hay agua potable ahí. La que se usa para extraer el petróleo es mínima, las ciudades usan más. Este agua se vuelve a usar en otros pozos y cuando ya no funciona más, queda adentro y se sella”. Pero el esplendor energético todavía no se palpa en las ciudades ni los pueblos de Neuquén. Con la angustiosa experiencia de la hidroeléctrica, la comunidad desconfía de las industrias extractivas. Temen que los dinosaurios no puedan salvarlos siempre. Calvo lo reconoce a pesar de haber contado desde el inicio con el aporte de las petroleras para sus proyectos paleontológicos. “Neuquén debería ser como Abu Dabi, Arabia Saudita o Emiratos Árabes, pero acá el petróleo no deja nada. Pareciera que todo se va a Buenos Aires. A la ciencia no llega nada. Cuando se acabe todo el petróleo y el gas se van a acordar de los dinosaurios y va a ser tarde”.
Fuente: elpais.com