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Siempre he escrito poesía cuando no tenía nada, cuando la lógica dictaría afanarse en cosas más productivas, cuando el tiempo es una soga que aprieta el cuello y el aire no llena los pulmones sino que los encharca. La habitación de las ahogadas surgió como una Venus de entre las aguas de mi melancolía, fue escrito en noches de mal dormir, en medio de ese desorden que provoca no tener nada que hacer y no poder disfrutar de esa liberación de las obligaciones porque no es elegida. Noches de silencio y ansiedad, que para mí son sinónimos, pues a todo lo que me da miedo le precede un silencio opaco; noches en las que los objetos parecen zumbar, también incómodos; noches durante las que la promesa del amanecer es lejana y resulta tibia; noches en las que solo una plegaria a la belleza puede aquietarte.
Encuentro una extraña calma en las metáforas, un modo de estar completamente desnuda sin que me de vergüenza, y La habitación de las ahogadas es desnudez contra la vergüenza, una desnudez idealizada, como cantada entre la espuma del mar de Creta, un mar que no he visto jamás con mis propios ojos, ni en el que me he bañado, un mar, como el Egeo, el Jónico o el Adriático, que solamente he conocido a través de la poesía, mares que he podido interpretar a partir de las metáforas con que fueron escritos, que es como he experimentado casi todas las cosas hermosas, leyéndolas antes, imaginándolas guiada por voces que las han cantado con amor o con desprecio. Llegará el día en que me sumerja en esas aguas y será exactamente como me lo habían contado, tal cual lo había imaginado
Todo en mi vida ha de estar escrito previamente, cada paso es un canto que ha sido narrado y que se opone a la inercia para hacerse real. La habitación de las ahogadas fue escrito así, en horas turbias en las que se imagina un paraíso y se recuerda un infierno, con lenguaje de profecía y voluntad de oposición a la molicie, con la creencia infantil de estar creando un futuro real y un pasado mítico que me hiciera hermosa. Nunca se existe más intensamente ni se invoca con más potencia la verdad que escribiendo poesía. Estos poemas son, sobre todas las cosas, verdad. La verdad más intensa que escribiré nunca, la declaración jurada de todos mis miedos, deseos, anhelos y maldades, un diario de fantasías asistido por Safo, Erinia, Práxila, Corina, Adrienne Rich, Jorie Graham, María Sánchez o Chelsea Wolfe. En mares míticos, en ecos de otras y en mi propia escritura existo como mujer y como poeta; mientras no los abandone, viviré para siempre.
En Madrid, a 18 de marzo de 2025.
«He llegado al fin de las metáforas. / Y las niñas aplauden desde lejos mientras llueve sobre mi tumba.»
La habitación de las ahogadas se publicó por primera vez en 2017 de la mano de Harpo Libro . Ahora la recuperamos en La Bella Varsovia, en una nueva edición que ha pasado por un profundo proceso de reescritura por parte de su autora y de Elena Medel, su editora. Confiesa Alana que los años le han permitido retormarlo desde otro lugar: «es imposible escribir de la misma manera, las cosas han cambiado. Creo que ahora se coloca mejor, aunque conserva todo lo pulsivo».