AL MARGEN DEL OLVIDO ©
By Víctor Norberto Cerasale Morteo®
[MEMORIAS RECURRENTES - 11]
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Carmen Conde Sedemiuqse Esquimedes
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La civilización humana se caracteriza por ser disruptiva, no actualmente, sino desde siempre… el “siempre” hace referencia hasta donde se tenga memoria, por consiguiente, el lapso abarca unos diez mil años, no más… cuando la memoria se apaga, es imposible determinar si el “siempre” es continuo o no, todo pareciera indicar que no, pero sólo se trata de una suposición, por lo tanto, la evidencia pareciera ser limitada, al menos eso dirán los que suelen negar todo lo que se les cruza… todo esto da a suponer, entonces, que cada humano intenta alterar la realidad de los otros para mejorar la propia, o bien, intenta modificar el curso de las circunstancias a efectos de alcanzar ciertos bienestares que le acomoden la vida, pero para ello, para modificar el curso de las circunstancias, debe ejercer o producir daños en las realidades ajenas, sin medir consecuencias, sino simplemente para obtener algún beneficio, aun cuando este sea pequeño… parece una tontera, pero no lo es… en el orden cultural de la civilización humana, ordenar o creer ordenar la vida de alguien, supone generar alteraciones en la vida de los demás… alteraciones que podrán traducirse en daños o no, pero que seguramente le afectarán su realidad, de alguna forma, de alguna manera, de manera terminante, o bien, de manera parcial… de hecho, cada generación humana que llega a la Tierra, trae consigo sus propias disrupciones… dichas disrupciones siempre se chocan con las disrupciones de los otros, lo cual genera un desorden cósmico en las relaciones humanas, donde unos consiguen beneficios a costillas de los otros, o bien, donde unos producen daños sin considerar las consecuencias de sus actos, o bien, donde ciertos hechos ejercen anomalías de magnitud inconmensurable en la vida de los demás, hechos que nunca serán tenidos en cuenta, y que obligarán a las partes a hacerse cargo de las consecuencias producidas, sea para el bien de uno o de unos pocos, sea para el mal de los muchos… por cierto, los beneficios aparentes siempre resultan escasos… por cierto, los daños reales siempre resultan ser importantes para aquellos que se vieron afectados… para los beneficiados, sus logros serán naturales y propios de la cultura de la competencia en la que fueron educados… para los damnificados, será la asunción de la condición de víctimas de un modelo que se sustenta en la destrucción del prójimo…
La disrupción produce una anomalía atemporal que se prolonga en el tiempo, dando lugar a una paradoja que suele afectar a las personas… donde, quien genera la disrupción, suele ser el victimario… donde, quien se ve afectado por la disrupción, suele ser la víctima… siendo que nadie asume la magnitud de la disrupción, mucho menos mide sus consecuencias, dedicándose sólo a focalizarse en los beneficios, o en los daños consecuentes, según se trate del victimario, o según se trate de la víctima… en general, la conducta humana del victimario no repara en los daños, por lo tanto, hace foco en las utilidades y por algún mecanismo propio de lo que lleva adentro de su esencia, siempre va por más, siempre aumenta la apuesta, olvida rápidamente la disrupción en sí misma, y tampoco repara en cómo esta se produjo… mientras tanto, las víctimas van quedando por el camino, sin atinar a hacer otra cosa que no sea sobrevivir, o atenerse a las consecuencias… así es que el mundo humano, desde la noche de los tiempos, contiene a una porción de victimarios que van por la vida llevándose todo por delante, al tiempo que hay una inmedible porción de víctimas que van quedando por el camino sin que nadie les dé una mano, sin que el estado garantice sus derechos, sin que alguien se dedique a asistir a los despojados, a los atropellados, a los arrasados, a los destruidos, justamente, porque el sistema que se sustenta en la destrucción del otro, no ha contemplado la significancia de las consecuencias… y ese mismo mundo humano, naturaliza que esto es así y que no puede ser de otra forma, repitiendo entonces las disrupciones y sus eternas consecuencias… ante todo, es necesario dar gracias al cielo, ya que todos los daños producidos, parecieran no llegar al cosmos contiguo, limitándose a lo humano… mientras los humanos se destruyen entre sí, el universo conserva su curso, y nada parece alterarse, lo cual representa una garantía de que, en lo inmediato, todo seguirá igual que ayer, igual que antes de ayer… queda claro, entonces, que existe una memoria de la disrupción, que para unos pocos funciona como señal de triunfo, éxito, o similar, y para los muchos restantes, representa una versión infinitesimal de daños…
No es lo único…
En efecto, las disrupciones se ven acompañadas por un despliegue de “cancelaciones” donde unos pocos victimarios, mueven las circunstancias de los demás de modo de poder quitarlos del medio para que no molesten en el objetivo que se oculta detrás de sus intencionalidades… desde luego, esos victimarios andan por la vida ataviados con máscaras que esconden sus rostros, así como portan disfraces que deforman lo que hay en sus cuerpos, siendo que algunos de ellos emplean palabras embaucantes de potenciales desprevenidos… desde luego, esos mismos victimarios proceden de acuerdo con sus segundas intenciones, donde se esconde el lado oscuro de su esencia, una esencia que viene con ellos desde siempre… entonces, proceden engañando al prójimo, apelando a la mentira como excusa para evitar hacerse cargo de algo, y además, utilizando el escapismo para no tener que comprometerse con nada de lo que le rodea… de esa forma parecen mantenerse aislados y a salvo… haciendo uso, para ello, de la cancelación del otro, para lo cual emplearán recursos tales como la destrucción del prójimo, el atropellamiento de los demás, el desplazamiento hacia los laterales del propio camino, o simplemente la negación, utilizando argumentos que ocultan el desprecio pero que descalifican al otro, reduciéndolo a despojos… ello restará significancia al otro ser, sacándolo del espacio propio que puede colocar en peligro al ego del victimario… tanto la disrupción como la cancelación, forman parte de las actitudes que forman el ego de esos mismos victimarios que viven justificándose en la competencia que los habilita a cualquier fin para lograr lo que pretenden… dado que los contenidos del ego reducen significativamente los contenidos del alma, es necesario construir “ego” para no tener remordimientos luego de la destrucción del otro… de hecho, ver llorar a la víctima no produce ninguna conmoción… de hecho, ver muerta a la víctima, no conmueve el amperímetro del victimario… dicho viento inescrupuloso, proporciona suficiente energía como para hacer lo que sea necesario para cumplir con las pretensiones del ego… así como hay un plan para aumentar la apuesta, siempre hay algo para envidiarle al prójimo, algo que mueve al ego a no escatimar esfuerzos por destrozar a cualquier cosa que se interponga en el camino trazado… al no haber alma, el ego está libre de cualquier culpa… al no haber consciencia, todo es pasible de ser justificado mediante palabras huecas… al no haber espíritu, el sufrimiento posible se disipa de tal manera que no se siente nada, por lo tanto, no hay desasosiego, y al no haberlo, tampoco hay inquietud, y al no haberlo, ni siquiera asoma un eventual dosis de arrepentimiento, justamente, porque al haber un vacío en el alma, el ego asume una densidad insoportable… entonces, no hay pesar, ni tampoco desazón… más aún, hay satisfacción por el hecho consumado… hay un dejo de satisfacción triunfalista en la que el victimario se regocija…
Queda claro entonces que la civilización humana conocida (como tal) se autosustenta en el falso criterio de la competencia, y que esta utiliza la disrupción, así como la cancelación, para justificarse a sí misma… al menos, para justificar las acciones de los victimarios, que siempre encuentran protección adecuada en el funcionamiento del sistema global que, a su vez, encuentra explicación en la destrucción del débil, del que no se dio cuenta a tiempo, del que no reparó en su condición de víctima potencial… de hecho, hay sociedades humanas construidas sobre el daño ejercido sobre los otros… de hecho, esas mismas sociedades humanas, apelan a argumentos estúpidos para explicar lo inexplicable y reflejarse en el espejo de la soberbia… de hecho, dicha conducta se ampara en los considerandos del imperio vigente, cuyas garantías están diseñadas para sostener la impunidad de los pocos, y asegurar el desamparo de los muchos… según lo expuesto, y de acuerdo al modelo de la competencia exacerbada, para las víctimas no hay derechos… y las consecuencias paradojales están a la vista de quien las quiera ver, la civilización humana involuciona principios y valores, la civilización humana es retrógrada tecnológicamente hablando, la civilización humana muestra personas en guerra con ellas mismas, que van por la vida repartiendo culpas, esgrimiendo reclamos, y construyendo la nada misma sobre los cadáveres de cualquiera que se les cruce… la realidad enseña un mundo contradictorio donde todo lo que está mal, se vende como bueno, y donde todo lo que está bien, se vende como estúpido… desde luego, las paradojas terminan siendo, siempre, propiedad de las víctimas, que en sus supuestos escudos de armas, sólo ostentan derrotas infringidas por y desde la destrucción que se justifica en la competencia… desde que se tiene memoria, desde que la civilización tiene memoria, el error de la competencia se repite una y otra vez, por lo tanto, se reiteran las disrupciones tanto como las cancelaciones, y todo lo que ello conlleva, que no es otra cosa que hacer daño por el daño mismo…
La memoria recurrente impide que las personas aprendan de sus propios errores, y al mismo tiempo, impiden que la sociedad se de cuenta de que dichos errores la mantienen estancada, reiterando acciones que sólo enseñan parálisis…
Muchos creen que ir a la Luna es un avance significativo, pues no lo es cuando un tercio de la humanidad padece hambre… y el resto de la humanidad lucha por sobrevivir en un contexto hostil que se parece al mundo de los dinosaurios…
Muchos creen que estar en un país con grandes edificios representa un triunfo de la ingeniería, o de la arquitectura, o de ambas, pero sólo enseña la desidia de aquellos que no tienen remordimientos por los despojados que el mismo sistema fabrica todos los días, asegurando que la pobreza crezca y se disemine… los hechos demuestran que los poderosos son los menos, al tiempo que demuestran que la mayoría está a merced de su suerte…
Muchos creen que el poder representa lo más elaborado del modelo humano, donde unos pocos dominan a todos los demás, según sus antojos, pero el poder, en la práctica diaria, sólo enseña que está atrapado en la memoria recurrente que arroja un error implacable, donde un puñado de imbéciles siempre produce daños en la mayoría indefensa…
La memoria recurrente dista de construir equidad, por lo tanto, fabrica inequidad y la desparrama, para asegurarse la continuidad de los inescrupulosos, que son quienes alimentan el modelo… entonces, el mundo está construido sobre la corrupción, velada o explícita, donde encuentra su propia justificación… entonces, se trata de una civilización diseñada como una máquina de impedir las certezas de sus propios componentes, alentando sólo a aquellos que son depredadores de cualquier cosa que se les cruce…
Al no haber manuales, al no haber guías genuinas, al no haber prospectos de vida, el humano llega a la Tierra desprovisto de enseñanzas básicas, entonces se atiene a lo que le cuentan los que llegaron antes que él… aprende que su memoria sólo construye recuerdos de un pasado relativamente cercano, el propio… alguien le dice lo que no debe hacer si es que quiere evitarse problemas, pero cada uno lo hace según lo que le dicta la experiencia… alguien le cuenta sobre las “experiencias” de sus propios antepasados, algo que representará un cuento donde se relatan catástrofes o triunfos puntuales, pero dónde nunca se sabrá qué pasó antes de la supuesta derrota, o bien, antes del supuesto triunfo, esto es, qué condujo al éxito que vieron los demás, o quizás, qué hizo que la circunstancia se tradujera en un fracaso, según lo que entienden esos mismos demás, u otros… como sea, éxito o fracaso, será la interpretación de los otros la que hará prevalecer la reflexión de cada sujeto… lo que los demás asumieron según sus respectivas perspectivas, el instante en que el hecho se produjo, o tal vez, según se lo contaron, replicándose la historia luego de un boca a boca donde cada quien le agrega sus propias interpretaciones disruptivas… léase, se trata de una distorsión elaborada sobre otra distorsión, que será comprendida de forma distorsionada por aquel que no vivió la circunstancia… léase, se trata de una disrupción alcanzada luego de numerosas otras disrupciones que distorsionaron la realidad de alguien, o la realidad de muchos, o tal vez, la realidad de casi todos… donde ese alguien, esos muchos, o los supuestos casi todos, debieron ser cancelados en sus libertades, en sus derechos, en sus objetivos, en sus deseos, en sus ilusiones, en sus ideas, en sus iniciativas, en sus comodidades, en sus bienestares, o incluso, en sus pretensiones, para favorecer la instalación de las conductas disruptivas… conductas disruptivas mejoradas según el consumidor y sus contenidos, en su propia esencia… que procederá según los dictados de su instinto para poder sobrevivir en un mundo que resulta desfavorable desde el preciso instante en que se nace, o bien, que razonará según lo que entienda de cada circunstancia a efectos de poder sortear el lado adverso que le propone ese mismo mundo… algo que indefectiblemente lo conducirá a repetir el error que cometieron todos y cada uno de sus predecesores, no por impericia, no por negligencia, sino porque así pudo aprenderlo de lo que vio, o de lo que le contaron, o de lo que pudo escuchar de pares, o de lo que le relataron los medios, o lo que resultó condicionado por la propia experiencia… como sea, el error conducirá a un error equivalente al anterior, cuyo resultado reflejará aquella disrupción seguida de aquella otra cancelación… por ende, la disrupción resulta en una contradicción matemática… por ende, la cancelación da como resultado otra contradicción matemática distinta a la anterior, generando un desorden humanitario en todos los involucrados directa o indirectamente…
Ante ello, la disrupción obliga a repetir el error…
Ante ello, la cancelación condiciona a la existencia y la conduce a reiterar el error…
La sucesión de errores es un círculo vicioso del que, el propio ser humano, parece incapaz de salir… se mira el ombligo, pero sólo descubre que este tiene pelusa… inmediatamente se distrae, y retoma el curso de los acontecimientos que lo llevaron a su propia tragedia…
La tragedia se desplaza desde la menor magnitud de un error, hasta alcanzar la peor magnitud de un error superador… léase, va desde una simple incomodidad, hasta alcanzar el rango de una verdadera tragedia… donde, desde luego, el error nunca será considerado como tal, repartiéndose las culpas en otras espaldas, en variadas circunstancias, y hasta en las distracciones del mismo Dios, que no reparó en la salvación de uno porque estaba ocupado con los otros… y de ese modo se escribirá la historia… y de ese mismo modo se contará la historia, y la misma será asumida y dada por válida…
El ser humano ha dado por bueno que depender de un teléfono es gratificante… para ello se ha apoyado en el mundo ficticio e impersonal de las redes sociales… redes sociales todo se oculta tras una pantalla, redes sociales donde todo se deforma según las intenciones del manipulador de turno, redes sociales donde la belleza se esconde tras un engaño, redes sociales donde la mentira suele ser de culto, redes sociales donde muchos llegan con su vida hipotecada, redes sociales donde muchos aparecen con una historia ficticia que no se condice con la realidad de nadie, pero que sirve para embaucar al desprevenido… por lo tanto, una vez más, queda el ser, atrapado en el error disruptivo que le propone el imperio vigente a través de sus agentes de manipulación… un imperio fragmentado que coloniza el alma para proponer la exaltación de los egos… un imperio que secuestra el alma a cambio de la sobre exposición de los egos… un imperio que propone comodidades a pocos e incomodidades para muchos… un imperio que alienta bienestares para pocos e limitaciones para muchos… un imperio que atrapa mediante cuentas bancarias e hipotecas, créditos y deudas… un imperio que evita la vivienda personal y la coloca como un futuro posible sólo para quien disponga del dinero suficiente, siendo que para ello, deberá sortear los laberintos de la competencia… en dicho paisaje de desvalidos y desposeídos, de despojados y secuestrados, la telefonía da forma a un laberinto donde todos quedan atrapados y sometidos a un sistema cada vez más aberrante, propio de mentes desquiciadas, propio de seres sin alma… algo naturalizado por casi todos, que parten de la premisa que vivir es lo que te permiten desde el propio imperio, un algo intangible que nadie sabe bien dónde está, ni dónde queda, ni qué hace, ni cómo lo hace, aceptando que hay reyes que lo interpretan, o bien, admitiendo que hay políticos que representan los intereses de un puñado de inescrupulosos con rostro de “yo no fui”, que estando escondidos en alguna parte, se han apropiado del planeta y de todos y cada uno de sus recursos, para disponer de bienestares que nadie puede imaginar desde su propio ruido interior… por consiguiente, después de la remanida perorata, queda en claro que la disrupción es el único camino posible para un humano que necesita sobrevivir, y para ello, apelará a la cancelación de los otros, afectos de no ver restado su espacio…
Aparecen, entonces, numerosas dudas… ¿para qué se nace?... ¿para qué integrarse?... ¿para qué permanecer?... ¿a qué se viene?... y algunos descubren que es necesario tomar distancia de la disrupción… y muchos se reconocen como víctimas de la cancelación, entonces se ven obligados a huir para el lado contrario… van hacia el silencio o se encaminan hacia la soledad… corren hacia el aislamiento proponiéndose una suerte de ostracismo inducido… a la distancia miran el mundo y se perciben a salvo de algo que se ve dantesco… de pronto, quizás, tal vez, comienzan a darse cuenta que dentro de ellos, de cada uno de ellos, hay respuestas en las que no habían reparado antes… reconocen que hay un valor en la propia alma… reconocen que hay mucho valor en el propio espíritu… descubren que la consciencia es algo que no se comparte con nadie, y que es propia e intocable… justo cuando comienzan a darse cuenta, saben que es hora de irse, pero también entienden que, esa distancia que se propusieron a ellos mismos, fue la misma que les justificó el haber nacido… y ese detalle, ese ínfimo detalle, no tiene precio… se han dado cuenta que se han liberado de la memoria recurrente que los tenía atrapados…
AL MARGEN DEL OLVIDO ©
By Víctor Norberto Cerasale Morteo®
[MEMORIAS RECURRENTES - 11]
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