SIN ESTAMPILLA (diario del pensamiento) © [4]
By Víctor Norberto Cerasale Morteo®
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Carmen Conde Sedemiuqse Esquimedes
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Querido Willy: 1967 fue un año trágico para mi persona, pero eso ya lo sabes, casi estuviste para verlo… sabes también que los años anteriores habían sido catastróficos… eso ya te lo conté, necesitaba contártelo, necesitaba que alguien supiera mi realidad, necesitaba compartir mis tragedias que venían arrastrándose desde siempre… saberse despreciado te impone una carga brutal que, en principio, no logras entender, no sabes de dónde procede, hasta que te das cuenta que representas una molestia para un padre que no ha logrado resolver sus propias ecuaciones, y para una madre sustituta que vive atrapada en conflictos que tampoco ha conseguido resolver, le dicen madrastra, pero es algo más truculento que eso… cuando la madre sustituta no logra ocupar su espacio, el hueco lo padece el supuesto hijo que vino a alterar el espacio consecuente… cuando me cayó la ficha de que en realidad la molestia era yo, comencé a buscar los caminos para irme, pero en aquel fatídico 1968 todo estaba tan confuso que, a decir verdad, no lograba descubrir dónde estaba parado, vivía al día… me había visto obligado a crecer rápido, a madurar de golpe, pero sin ayuda la vida era un laberinto… allí, en 1968, nos conocimos en los pasillos de la Escuela Normal de Profesores… enseñabas el idioma inglés y eras un aporte necesario a un futuro pendiente y desconocido… también hacías las veces de preceptor, y también cumplías con otros roles múltiples que atravesaban la administración, como sea, eras parte del paisaje, ya por esa época lo eras… éramos jóvenes y aceptábamos la vida tal cual se nos proponía, a veces aceptando las circunstancias, a veces regañándolas, muchas otras padeciéndolas… curiosamente, un puente se estableció inmediatamente entre nosotros… y desde allí en más estuviste presente en la mayoría de mis estados de zozobra… desde allí en más estuviste para acompañarme en mis días difíciles, que eran todos, que eran siempre, que eran en todos los momentos, eran insoportablemente constantes… el acompañamiento se extendió ininterrumpidamente hasta 1998, en que los hechos de los otros me empujaron al abismo, un abismo que resultó ser mi salvación en el último instante… pero eso no es de lo que quiero hablarte…
En 1968, nuestras caminatas comenzaban ya entrada la noche, desde la calle Urquiza y Moreno, y se extendían por varios kilómetros hasta José María Moreno y Rivadavia… nos deteníamos a compartir una pizza… seguida de largas tertulias… luego, te ibas para tu Belgrano, y yo lo hacía para mi angustiante Villa Celina… una y otra vez, ese rito se volvió repetido, casi como de culto, constante, los viernes, a veces entresemana… necesitábamos decirnos muchas cosas de aquello que nos acuciaba en la soledad de las responsabilidades… por aquel entonces se podía caminar por las noches, y no faltaban ocasiones en que nos aventurábamos en extensos viajes en tren… a La Plata… a Gonnet… a la ciudad de los niños… al Tigre… en aquellos años, esos viajes eran algo así como visitar el mundo lejano y desconocido de las incertidumbres imprecisas… adonde fuese que pudiésemos compartir nuestras soledades y nuestros silencios… 1968 se hizo largo… fue interminable mi primer año para intentar ser maestro normal nacional, y fue interminable tu sexto año como profesor reconocido por tu pertenencia… muchas cosas sucedieron en ese 1968… exámenes impuestos a un ritmo de dos por día… estudiar a luz de las velas allá en aquel lejano barrio General Paz, que me demandaba un par de horas de viaje para ir, y otro tanto para volver, sin perder de vista que muchas veces me volvía caminando para tratar de demorar, lo más posible, la estancia en un lugar que se sentía hostil, insoportable… había que subir cinco pisos por escaleras amplias que siempre desplegaban malos recuerdos… cuando no había luz, tampoco había agua… luego abrir la puerta del departamento 80 en el quinto piso, y comenzar a sufrir agresiones de todo tipo… para repetir lo mismo al día siguiente, y al día siguiente, y al día siguiente… el año 1968 no pasó rápido… fue un año que costó mucho, pero logré sortearlo sin llevarme ninguna materia, con buenas calificaciones, bien considerado por profesores y compañeros… cuando me dolía el alma, me refugiaba en el museo, una y otra vez… cuando me sacudía el tiempo, me ocultaba en la biblioteca y siempre encontraba dónde sumergirme para pasar desapercibido… aquel, fue el año donde aparecí en el coro estable, todavía tenía voz, todavía cantaba, todavía tenía ganas, me afloraba la voluntad de hacer… eran muchas las actividades que me permitían huir de la debacle de una familia inexistente… por aquellos años, todo se mentía, todo se ocultaba, ya había aprendido que los humanos son demasiado peligrosos cuando uno es claro y transparente, se hace difícil sobrevivir… todavía estaba atrapado por cierta inocencia y muchas cosas se mostraban como amenazas para un tremendo estado de indefensión… venía de cachetazos que eran la mínima expresión de los inconformismos ultrajantes… venía de la violencia familiar incontenible, que se repetía sin cesar… venía de meses de no pronunciar palabra… trabajaba desde los trece años, así que la vida se repartía en días cortados donde el rito era la pizza de algún lugar conocido… en Avenida Corrientes y Talcahuano… o en Lavalle y Suipacha… todo servía para huir… para escapar de la incomprensión… cosas muy jodidas sucedían en Villa Celina, así es que necesitaba estar lejos para minimizar la oportunidad de la catástrofe… las marcas estaban en el alma, pero se veían en la piel… moretones, heridas, no le importaban a nadie… si osabas denunciar a alguien, todo se te volvía en contra, y había peores castigos, no había derechos del niño, y nadie velaba por las adolescencias… podría decirse que la violencia extrema marcó mi niñez, del mismo modo que se prolongó a la adolescencia, bien entrada ella… con el tiempo, había logrado entender que lo que dolía no eran los golpes, sino el desprecio… había odio en aquella mujer… había impotencia en mi padre… sentirse aborrecido es algo que puede apabullarte… mucho más cuando te das cuenta… pero algo me había guiado para colocarme la vara muy alta, tanto que estaba distante de tanta miseria humana… al final, los golpes no me hacían mella…
Conversábamos, vaya que lo hacíamos… encontrarnos nos producía alegría… sabernos vivos era descubrir que habíamos superado el día anterior, y que teníamos la oportunidad de enfrentar un día nuevo… las historias de ambos se cruzaban mágicamente y había coincidencias que parecían no ser de este mundo… de alguna forma nos enfrentábamos a un espejo donde lo que se reflejaba, era diferente a la percepción que teníamos de nosotros mismos… de alguna forma, habíamos descubierto un lado distinto para mirarnos…
1969 llegó como el último año del magisterio… otro año difícil… otro año intenso… fue un año de muchos desencuentros, donde la soledad me fue enseñando a despegarme de los problemas, a mirar la necesidad o no de enfrentarlos, donde el silencio fue mucho más que un refugio, me sentía tan lejos de lo humano que comencé a seguir el camino del mi mismo extraviado, para irme descubriendo de a poco… lentamente… despacio… fui aprendiendo a no apresurarme… fui aprendiendo a no correr detrás de los impulsos de otros humanos envueltos en sus propias catástrofes, fui aprendiendo a tomar distancia de las imposiciones de los otros, de las demandas de los otros, de las voluntades que no se traducían en esfuerzos consecuentes… ya en aquel año, me quedaba claro que los humanos dicen una cosa y hacen otra distinta… ya en aquel año había descubierto que las personas se refugian detrás de mentiras, a efectos de no tener que enfrentarse con ellos mismos… ya, en aquel fatídico año, había descubierto que todos engañan a todos para intentar mantenerse en supuestos estados de cordura, mostrándose amables cuando, en realidad, están atrapados en sus propios naufragios… 1969 fue el último año del magisterio, sí, y fue el primer año de la universidad de Buenos Aires, todo junto… pasaban cosas a mi alrededor… pasaban muchas cosas a mi alrededor y necesitaba estar alerta las 24 horas al día… ese mismo año vi claudicar a mi amigo del alma, Horacio, Horacio José González, allá en el Colegio Militar… eso me revoleó por el aire, lo guardé en mi espíritu, y me propuse seguir adelante a pesar de la debacle… su muerte cambió mi vida y la de muchos otros… de alguna forma me marcó… de alguna forma me señaló… de alguna forma me quebró… de alguna forma me sacó, me empujó, y el empellón me tiró hacia un futuro desconocido…
El ciclo de 1969 se cerró con un título genuino, el primero de mi historia, o quizás el segundo de ella misma… así es que 1970 me encontró trabajando en, al menos, dos frentes simultáneos… ya como maestro normal nacional, quinto grado, sexto grado, allá en Mataderos, el barrio que me había acurrucado entre tanto desmadre… y vendiendo espacios de publicidad para revistas especializadas en medicina y odontología… también me encontró metido en la universidad… también me descubrió observando la debacle político militar de una Argentina sin rumbo aparente… y en los albores, me descubrió desprendiéndome de un amor que iba por las suyas, que amenazaba con quejarse de muchas cosas, algunas justificadas, otras no tanto, vaya uno a saber lo que el siente el otro, vaya uno a saber lo que piensa el otro, vaya uno a saber lo que el otro ve con sus ojos, vaya uno a saber qué es lo que el otro entiende de lo que uno dice, de lo que uno hace, hay incompatibilidades que se insinúan, pero no son explícitas sino que permanecen ocultas en el ser mismo, alientan las dudas y ponen en tela de juicio cualquier posibilidad de un mañana incierto, cada quien se juega por lo que acepta, por lo que cree, por lo que admite, y en definitiva, por lo que es capaz de resolver… ella aducía estados de ahogo… ella aducía no tener libertades suficientes… necesitaba un cielo sin techo… así es que dispuso de todo junto, pero sin mi persona, desatar es sólo el primer paso… ya estaba acostumbrado a perder, así es que ya había aprendido a tomar distancia, del mismo modo que había aprendido a huir de aquello donde no encajaba, donde no me sentía cómodo, había comenzado mi vida perdiendo a mi madre, ¿qué más?, ¿qué puede ser peor que perder a una madre amada?, ¿qué puede ser peor que te quiten las pocas cosas que amas?, tú mismo lo sufriste en carne propia, perdiendo a la tuya… me había caído la ficha de que estaba solo, y que debía enfrentar todo lo que me propusiera, siempre y cuando quisiera salir adelante… ¿adelante?, sí, Villa Celina era un incordio, había que buscar cómo escaparse… tú estabas allí, siempre presente… en cada giro de mi vida, te encontraba, y no había nadie más alrededor… los tíos que decían protegerme, sólo me usaban, y en la práctica, se trataba de tíos postizos, con sus propios intereses… la familia de mi padre era casi desconocida, había estado una vez, dos veces, tres veces, pero entre ellos no había certidumbre… no más que hijos de una misma madre, pero no había afectos entre ellos, eran conocidos desconocidos… los amigos de mi madre sustituta, aparecían y desaparecían, venían por oleadas… algunos habían sido militares británicos, así como otros habían pertenecido al servicio de inteligencia británico durante la segunda guerra mundial, pero sucedía que yo ya me sentía identificado con los alemanes, que eran los enemigos… ellos, otros alemanes del Volga, habían querido salvarme de la debacle, pero habían fracasado… ellos habían querido comprarme, pero por algún raro cuestionamiento, mi padre se había negado, seguramente porque necesitaba que le sirviera de chivo expiatorio de todos sus males… una alemana se había casado con un inglés, no se soportaban, pero estaban juntos de cara a los demás, imaginate, enemigos juntos, en la misma cama… como sea, me sentía, en aquel año, parte de un paisaje al que no parecía pertenecer, o quizás sí… mi afinidad con la Alemania arrasada era ininteligible, pero los sueños recurrentes me evidenciaban que yo había estado allí, combatiendo, formando parte de la Luftwaffe, de alguna forma había aprendido a volar aviones… ya, en aquel año, me reconocía derribado, muerto en combate… ya en aquel año, había visitado mi tumba reciente, había visto mi propia lápida, había estado parado en mi propio lugar, en mi propia tierra, esa que sentía en los sentimientos… ya en aquel año, había visto otras cosas de mi pasado lejano, allá en Alemania… pero eso no hay que contarlo, nadie lo entendería, nadie recuerda sus vidas pasadas, ya que eso sería síntoma de locura, y ya, en 1963, me habían señalado como loco precoz, allí me había dado cuenta que lo era, y que no quería ser como los demás, me habían mandado a trabajar para sacarme cosas imprudentes de mi cabeza, ¿cómo este idiota va pensar en vidas pasadas?… “te dije que este chico nos traería problemas”, alguien le decía mi padre… me sentía cómodo siendo lo que decían de mi… imaginate, loco, era un orgullo, me habían quitado la sonrisa, pero no me quitarían mi locura, por nada del mundo… decidí ser un loco reconocido por mi mismo, sin tener que explicarle a los demás lo que sentía, lo que soñaba, lo que formaba parte de mi realidad… me había dado cuenta, no tenía que darle explicaciones a nadie, porque nadie lo entendería… la gente no está dispuesta a aceptar todo aquello que la excede, así es que de eso, no se habla… cuando la lógica supera lo intuitivo, sólo hay que dejarse llevar… era una consigna, lo sigue siendo…
En 1970 sabía todo lo que no quería ser… tenía plena consciencia de lo que no quería ser… sabía y reconocía mis fortalezas, y sabía y reconocía mis debilidades… me habían dicho que los humanos entienden lo que quieren, y vaya si lo hacen… los humanos no aceptan nada que les modifique el escenario que ellos mismos se diseñan… los humanos no admiten algo que les cambie sus creencias… los humanos son lo que hay dentro de ellos mismos, no pueden ser otra cosa, pero ni ellos lo saben, tampoco lo reconocen… vienen a vivir y gastan sus días como mejor les place… muchos, se van sin haber vivido, ya en aquella época, eso era cotidiano…
Como recordarás, me propuse crecer y ser yo mismo, te lo dije… despegarme de los avatares de Villa Celina… poco a poco fui encontrando cómo desprenderme… descubrí, entonces, que no había ataduras, porque no había vínculos que justificasen seguir allá… se había hecho evidente que no me querían, que nunca me habían querido, y que finalmente, representaba una molestia mayúscula… mi tiempo comenzó a debatirse entre Avenida Gaona 1312, la calle Añasco, y viajes cada vez menos ocasionales para ver aquella gente que recitaba y repetía que era su hijo… cada vez había más distancia, éramos extraños, no había puentes, nunca había habido puentes… me había acostumbrado tanto a rebuscármelas que había encontrado el modo de sobrevivir, sin ayudas… ese mismo año apareció alguien que me acompañaría por largos y tediosos años… ese mismo año apareció gente que no era de mi agrado, pero que formaba parte del paisaje… a estas alturas, recordarás, ya había aprendido todo lo que no se debía hacer, ya había aprendido todo lo que no quería hacer, ya había descubierto lo que no quería ser, reconocía todos los “no”, pero seguía manteniendo ese humor “inglés” que siempre me caracterizó… me reía sin reírme… me sonreía mediante muecas… y de alguna forma, siempre encontrábamos la manera de encontrarnos… en aquellos años las pertenencias funcionaban distinto que ahora… en aquellos años las lealtades funcionaban diferente a como lo hacen hoy día… en aquellos años los vínculos se asumían sin vueltas, o simplemente no los había… te aseguro que nuestra amistad estaba sólida… sé que sentías lo mismo… compartíamos amigos comunes y, de alguna forma, todos componíamos una gran familia rejuntada, dispersa, que provenía de diferentes lugares para conformar un mismo paisaje… raro pero real… el viento arremolinado nos había reunido en algún rincón del cosmos ignoto… todo eso, ya lo sabes, pero necesitaba recordártelo, para que sepas que no he perdido dimensión de aquellos tiempos… de alguna forma, sé que te contaron otra historia, del mismo modo que sé que deformaron los hechos para fabricar otro cuento sobre mi persona, pero como ves, como puedes apreciar, nunca perdí mis raíces, y siempre tuve muy claro de dónde vengo, lo que he sido, y sobre todo, quiénes hemos sido, ambos… nada me nubló la vista, nada me cambió, y nunca dejé de ser quien era… pruebas al canto, los que fabricaron la historia a la medida de sus conveniencias, se apropiaron de todo, mis esfuerzos, mi voluntad, mis bienes, mis comodidades, mis cuentas bancarias, mis hechos, mis pensamientos, mis ideas, mis escritos, mis derechos, les dieron un giro y crearon una historia a medida de sus miserias, sin embargo, el que se quedó sin nada fui yo, el se quedó sin techo fui yo, el que durmió a la intemperie fui yo, el que se vio obligado a comenzar de cero a los cincuenta fui yo… curiosamente, querido amigo, pudieron con mis cosas, pero no pudieron conmigo, ya que me reinventé y me volví a sembrar, para seguir dando frutos a mejores personas… cuando sé es genuino, uno no cambia la esencia, ahora que has cruzado el umbral, ya lo sabes… te habrás dado cuenta… te habrá caído la ficha del volumen de la mentira… todo lo que te contaron desde 1998 en adelante, fue una descarada mentira…
Allá en los albores de los setenta comenzaste a viajar, comenzaste a volver en busca de tus raíces, regresaste a Gran Bretaña, regresaste a Irlanda, regresaste a tu Escocia… caminaste Europa por donde se te ocurrió… una vez, dos veces, tres veces, cuatro veces, cinco veces… podría decirse que te llenaste de Europa… la caminaste metro a metro… recuerdo mirar y admirar cada una de las fotos de tus viajes… recuerdo acompañarte en tus partidas… recuerdo asistirte en tus regresos… eran otros años… aquellos viajes fueron un dramático agregado de valor… aprendiste la significancia de aquellos espacios, y tuviste la oportunidad de recorrer los espacios donde se había desarrollado la segunda guerra mundial, que siempre nos daba vuelta en nuestras cabezas… te sirvió para afianzar recuerdos… te sirvió para entender a los otros en sus hechos… incluyendo las significancias de la guerra en el norte de África, donde había estado tu tío paterno… todo te deslumbró, pero continuaste con tus pasos, con tu vida habitual, regresando siempre a una vida sencilla y humilde en aquel departamento que supiste conseguir en la Avenida Paseo Colón, arriba… al mil… ya no recuerdo ni qué departamento, ni qué piso, todo se me ha ido olvidando, del mismo modo que la vida se me ha ido escurriendo…
Conociste mis hechos de aquel fatídico 1973… un año en que me vi envuelto en varios errores de apreciación, pero así era yo, decidido… estuviste presente en los cimientos del departamento de la calle Cramer y Jorge Newbery… estuviste en San José de Flores, en mi casamiento… estuviste en aquella decisión de dar un cambio a mis labores, comenzando a trabajar en un ala menor de la industria de los medicamentos… en aquel año, jugaba simultáneas porque ya estaba acostumbrado a perder… me caía, tropezaba, me paraba, veía lo que se me había roto, miraba mis lastimaduras, evaluaba mis heridas, y regresaba a la batalla… el rito era tan repetido que estaba asumido con total naturalidad… había naturalizado las derrotas… venía de años de tantas tragedias acumuladas, que poco y nada era lo que me hacía mella… recordarás que mi madre sustituta se había hecho la ofendida y no quiso estar presente en mi casamiento, pero sí estuvo durante unos minutos, sacando fotos para su colección de desgracias, aprendí que ella las sembraba… estaba tan lejos de ella, estaba tan lejos de mi padre, que me permití recordarles que nada nos unía, que nada nos vinculaba, que los papeles no sirven para justificar ni las herencias, ni las descendencias, mucho menos los hechos y las labores, sé que no me entendieron… aquel año, tomé varias decisiones erradas, pero las tengo asumidas por el contexto que me rodeaba, por las guerras de las que venía, por lo que ya me había marcado… soy consciente que siempre estuviste presente, eso no se me ha perdido de vista… recuerdo perfectamente algunas cosas que te pedí en privado… recuerdo tus respuestas oportunas… nada nos separaba, todo nos unía, lo tengo muy claro…
Lo que vino después no fue otra cosa que la vida misma, la tuya, la mía… nos vimos envueltos en la vorágine…
La vida, como habrás visto, nos va cambiando… no nos cambia el rostro, como tampoco nos cambia el cuerpo, no nos agrega manos, no nos agrega brazos, no nos agrega piernas… siempre respondemos al mismo hígado y al mismo corazón… siempre respiramos con los mismos pulmones… siempre tenemos los mismos intestinos, el mismo estómago, el mismo esófago… pero las circunstancias nos cambian el alma, a veces la mejoran, a veces la empeoran… los hechos propios y los hechos de los otros, modifican el espíritu, y le generan giros dimensionales que te modifican la perspectiva… luego, hay una toma de consciencia que se va adaptando a lo que se transita… quiere decir que todo ello cambia los contenidos de la esencia… quiere decir que se suma al karma que se arrastra… el tiempo es una sensación ficticia promovida por el tránsito por la vida, pero ese tiempo se rompe y te cambia, pero ese tiempo se quiebra y te modifica, te cambia la manera de entender, como te modifica la manera de asumir lo que te toca… así es que cada quien se va adaptando, podría decirse que se va moldeando a los hechos en los que te toca respirar… vas dejando de ser quien eras, para transformarte, para convertirte en otra persona, incluida en el mismo cuerpo… dicho de otra forma, los golpes que recibes te van cambiando la manera en que enfrentas las cosas… hay cosas que dejas de aceptar… hay cosas que dejas de soportar… hay cosas que dejas de admitir… hay cosas que te molestan con mayor frecuencia… aprendes a decir que no, así como aprendes a esquivar las batallas, justamente, porque caes en la cuenta que ciertas guerras, es mejor no pelearlas, porque uno mismo prioriza la paz que contiene el alma, la propia… entiendes que no puedes discutir con necios… entiendes que no puedes evitar que los demás se escuden tras mentiras… entiendes que no puedes obligar a nadie a que no engañe a otros… así es que, simplemente, aprendes a irte de los momentos que te molestan… uno va asumiendo, progresivamente, el sentido de oportunidad… cuándo es posible permanecer, y cuándo es necesario partir con rumbo desconocido…
¿Sabes?, he perdido la cuenta de las veces que me fui con las manos vacías, dejando todo atrás… fuiste testigo de muchas de dichas ocasiones…
¿Sabes?, te vi repetir la rutina por años… aquellos alumnos eran distintos seres humanos… en ellos, todavía había humanismos suficientes… muchos te rodearon y muchos te acariciaron… lo merecías… honraste tu profesión docente…
¿Sabes?, la amistad auténtica es algo que trasciende el tiempo… está por fuera de las personas, pero al mismo tiempo es un lazo que nace en el alma de cada ser humano, y alcanza a otro ser humano que siente lo mismo… lo cultivamos, honramos la amistad que nos convocaba…
Como habrás visto, aquello que pareció cortarse en 1998, nunca lo hizo… al llegar allá, te habrás dado cuenta que todo estaba intacto… al llegar allá, habrás visto cuán grande fueron las mentiras, pero eso, querido Willy, ya no tiene importancia… la paz que hay en mi interior, es señal de que ya te diste cuenta…
Te fuiste el 31 de diciembre de 2022… ¿qué agregar?... ¿qué decir?... me queda en la consciencia que, entre nosotros, todo fue dicho, que no hizo falta aclarar nada… lo que dijeron los demás sobre mi persona, corre por cuenta de ellos… lo que nos ha unido, jamás se quebró… irse, es descubrirse existente… ahora lo sabes…
SIN ESTAMPILLA (diario del pensamiento) © [4]
By Víctor Norberto Cerasale Morteo®
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