https://filco.es/diccionario-simone-weil/?utm_medium=email&utm_source_platform=ePigeon&utm_source=Newsletter%20-%20Filco
«La desgracia es anónima, priva a sus víctimas de su personalidad
y las convierte en cosas. Es indiferente, y el hielo de esta indiferencia es un frío
metálico que hiela todo lo que toca hasta las profundidades de las almas».
Simone Weil, «El amor a Dios y la desdicha» (Pensamientos desordenados)
La influencia de Simone Weil no ha dejado de crecer en las décadas posteriores a su muerte. Su pensamiento conjuga rigor filosófico, sensibilidad mística y compromiso ético-político.
1 Arraigo
Para Weil, tener arraigo «quizá sea la necesidad más importante y desconocida del alma humana». A analizar esta necesidad dedicó su libro Echar raíces, escrito en 1943. Murió ese mismo año y la obra fue publicada en 1949 por Albert Camus. Pero ¿qué ha de entenderse por «echar raíces»? En el pensamiento de Weil, echar raíces es pertenecer a una comunidad viva, que tiene un pasado rico, con una tradición que impulsa, a la vez que anda hacia un horizonte compartido. El arraigo se produce cuando participamos en una comunidad. Arraigamos cuando participamos aquí y ahora en las comunidades utópicas que luchamos por construir. El desarraigo, por el contrario, es la condición de ser una planta destallada. Y esta es, según la filosofía de Weil, de las condiciones más dolorosas que podemos experimentar.
2 Atención
Decimos que estamos prestando atención cuando no nos dejamos distraer por accidentes banales de nuestro alrededor o pensamientos intrusivos de nuestro interior. En la filosofía de Weil, la atención es todo lo contrario: no es una sobrepresencia del yo (que hace el esfuerzo por estar presente), sino que es un vaciamiento del yo, una disposición total que implica un vaciamiento de sí mismo. Para Weil, la atención es suspender nuestro pensamiento discursivo, salir de nuestros bucles narrativos y de nuestro yo verborreico. La atención es abrirse completamente a la realidad. Prestar atención es retirarnos para dejar espacio a la verdad. De ahí la célebre frase que escribió en sus cuadernos: «La atención es la forma más rara y pura de la generosidad».
3 Belleza
En su pensamiento, la belleza no es meramente un concepto estético, es también un concepto ontológico (que explica la realidad) y espiritual (que nos compone en tanto individuos). La belleza es un señuelo de Dios para atraernos a Él. Es una manifestación sensible (de nuestro mundo, terrenal) de lo absoluto (de lo que está más allá, lo infinito). La belleza se contempla, pero ya sabemos lo que quiere decir en su pensamiento contemplar algo, prestarle atención. Si prestamos atención a la belleza, no es para invadir con nuestro ego el cuadro y analizarlo desde nuestras formas discursivas; es para vaciarnos y dejarnos arrastrar por lo trascendente, por Dios, por lo sobrenatural que se esconde en esa maravilla que contemplamos.
4 Contradicción y conocimiento
Lejos de considerarla un obstáculo para el conocimiento, Weil vio en la contradicción una vía privilegiada hacia la verdad. Para ella, las contradicciones no son meros errores lógicos, sino indicios de una realidad que trasciende las categorías del pensamiento discursivo. Cuando algo es contradictorio no es que estemos «conociéndolo mal»; estamos topándonos con la verdadera realidad. Cuando el pensamiento choca con paradojas irresolubles, no debe evadirlas. Debemos habitar la contradicción sin pretender resolverla prematuramente.
5 «Descreación» y desdicha
Con el neologismo «descreación», Weil designa el movimiento inverso a la creación: si Dios, por amor, se retiró de sí mismo para dar espacio a una realidad distinta de Él, el ser humano debe, en reciprocidad, retirarse de sí mismo, «descrearse», para permitir que Dios ocupe nuevamente ese espacio. La «descreación» no implica autodestrucción, sino una renuncia al «yo» como centro. Nosotros estamos, pero estamos vacíos, somos puro espacio para que entre el mundo y la verdad. Es un desapego radical que supone consentir la propia finitud y vulnerabilidad.
La desdicha (malheur) constituye en el pensamiento de Weil una experiencia límite que revela la condición humana en toda su crudeza. No es simplemente sufrimiento o dolor, sino una experiencia de desarraigo total que afecta simultáneamente las dimensiones física, psíquica y social del ser humano. Es un estado donde confluyen el dolor físico, la angustia del alma y la degradación social.
6 Fuerza
El análisis de Weil de la fuerza es una de sus aportaciones más originales a la filosofía política. En su ensayo La Ilíada o el poema de la fuerza, desarrolla una fenomenología de la fuerza que revela sus efectos sobre quien la ejerce y sobre quien la padece. La «cosificación» afecta no solo a la víctima, sino también al verdugo: quien ejerce la fuerza queda atrapado en la ilusión de no estar sometido a la necesidad, de poder trascender la condición humana. La fuerza, para Weil, no es simplemente poder físico o político. Es una dinámica metafísica que estructura las relaciones humanas cuando estas no están iluminadas por el amor sobrenatural.
7 Gravedad y gracia
La gravedad y la gracia representan las dos fuerzas fundamentales que operan en el alma humana. La gravedad es la tendencia natural del ser humano hacia el egocentrismo, la búsqueda de equilibrio y el poder. La gracia, en contraste, es la fuerza sobrenatural que desciende desde lo alto y que, contrariando las leyes de la gravedad espiritual, eleva el alma hacia Dios. La gravedad se manifiesta en numerosos fenómenos de la vida interior: en la tendencia a devolver mal por mal, en la búsqueda de compensaciones por el sufrimiento, en la proyección de nuestros deseos sobre la realidad. Opera según una lógica de necesidad y causalidad. La gracia, al contrario, introduce la lógica del don gratuito, del amor desinteresado. Para Weil, superar la ley de la gravedad espiritual no es posible mediante un esfuerzo de voluntad, pues este esfuerzo pertenece al ámbito de la gravedad. Solo la acción de la gracia puede elevarnos por encima de nuestra condición natural.
No hay comentarios:
Publicar un comentario