https://www.anagrama-ed.es/libro/nuevos-cuadernos-anagrama/bukele-el-rey-desnudo/9788433948861/NCA_100
«El monopolio para hablarle al pueblo lo tenían los medios de comunicación; ahora, con las redes sociales, realmente el político o el funcionario puede hablarle a toda la población sin pasar por ese filtro», afirmó recientemente Nayib Bukele, el actual presidente de El Salvador, en una entrevista en el canal del youtuber español TheGrefg.
https://www.youtube.com/watch?v=8T6atCMAVfE
Este video, publicado hace apenas unas semanas, no es algo inusual en la forma de comunicarse de Bukele: el 24 de noviembre de 2021 se publicó en su página oficial un video titulado «#BitcoinCity», en el que el político compartía la propuesta de propagar el bitcoin por el mundo y hacer de El Salvador el primer país en utilizar la moneda prometida y convertirlo, así, en la «Alejandría Bitcoin» del mundo. Conocedor de cómo puede llegar a más población y de los mecanismos de propagación mediática, Bukele ha practicado un preciso sistema de comunicación política a costa de aplicar censura a la libertad de expresión en el país centroamericano.
https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-57512089
Un gran ejemplo es un libro que sirve de testigo. O de rastro. En Bukele, el rey desnudo Óscar Martínez narra desde el exilio la deriva autoritaria del político: «dejémonos de rodeos: yo considero a Bukele un dictador». En un sistema democrático, un periodista podría investigar y argumentar esa posición sin temer por su vida, pero Martínez tuvo que hacerlo dejando atrás su país, después de dirigir el medio salvadoreño más atacado por el presidente, El Faro.
https://beta.elfaro.net/
Pero ¿qué relación hay entre esos vídeos de YouTube y la pérdida de libertad de expresión en El Salvador? Martínez sostiene que con la formalización de nuevas estrategias comunicativas como estas, Bukele ha controlado cada vez con más precisión el mensaje: evita a los periodistas y sus preguntas, comunica sin contraste ni verificación, construye un relato único, y de esta manera reduce el pluralismo informativo y erosiona el debate público. A la vez, estos contenidos entran en la lógica del algoritmo de las redes sociales y, en muchas ocasiones, señala también, se amplifican con recursos estatales. Los medios críticos, como el que el autor dirige, quedan deslegitimados y etiquetados como «enemigos» o «traidores», aumentando así la autocensura de los pocos periodistas que no han tenido que escapar: el miedo al hostigamiento controla el fluir de la información. El discurso libre queda reemplazado por el discurso hegemónico.
Más allá de repasar la deriva autoritaria del mandatario y sus varias facetas (el «Bukele todopoderoso», el «internacional», el «ridículo», el «cruel» y el «distractor»), Martínez traza la huella de la transformación del discurso del político comparando tuits que el propio Bukele escribió antes de la presidencia y después de hacerse con el poder. En 2013, cuando era alcalde de la izquierda en el distrito de Nuevo Cuscatlán, dijo en Facebook: «Si nuestra política es mala, imaginenla [sic] si no existieran periodistas. ¿Vieron que importantes son? ¡Felicidades a los periodistas en su día!»; sin embargo, en 2020, cuando ya era presidente, escribió en sus redes que los periodistas «son intocables. No se les puede criticar, ni cuestionar, no han sido electos por nadie, pero tienen fuero. [...] Quieren que la libertad de expresión sea solo para ellos».
Las maneras de desmantelar la libertad de expresión son múltiples, pero todas tienen un punto en común: la deriva autoritaria de quien las ejerce.
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