sábado, 7 de febrero de 2026

Meseta Luis Bustos

https://letrascorsarias.com/tienda/comic/meseta/ José Val del Omar filmó en 1961 un cortometraje titulado Fuego en Castilla, uno de los ejemplos más representativos de un trabajo que él definía como cinegrafía: una escritura visual que parte de la escultura imaginera barroca española e incorpora capas de efectos visuales e imágenes descontextualizadas para componer un relato que se dirige más hacia una esencia poética que a lo narrativo. Rostros santos desencajados, ramas de árboles pelados como nervios que crepitan hacia lo alto, veladuras y círculos hipnóticos. Un punto de encuentro entre lo extático, la condición trágica y la oscuridad de las pinturas negras de Goya. En una década en la que la propaganda franquista iba a virar el color del país hacia el azul mar y el amarillo playa, Val del Omar pinta ese retablo castellano de una negrura rotunda. En los títulos de crédito del inicio de la película, el cineasta juega con el lenguaje –entre lo preciso y lo evocador– para definir su obra. Leemos: “Ensayo sonámbulo de visión táctil en la noche de un mundo palpable” y “TactilVisión del páramo del espanto”. Si nos quedamos con las palabras sonámbulo, noche, páramo y espanto, estamos ya en condiciones de entrar en Meseta, el nuevo cómic de Luis Bustos. Aparte de por la muy digna adaptación de Fariña al tebeo, a Bustos le conocerás como dibujante de la serie García –escrita por Santiago García–, la historia de ese agente secreto con trazas de superhéroe, servidor del régimen, que resucita tras cincuenta años durmiendo en una cámara secreta bajo el Valle de los Caídos. O por la brillantísima Puertadeluz, donde traslada todo el universo de las distopías inmobiliarias de J.G. Ballard a una de esas ciudades fantasma surgidas en la periferia –muy periferia– de Madrid cuando en los despachos de urbanismo siempre era la hora feliz. Bustos como un observador de las tensiones que se convierten en fracturas sociales y las lleva hasta sus últimas consecuencias gracias a las benditas herramientas de los géneros, un gran instinto narrador, una capacidad para atrapar las escenas de acción y un abrazarse al blanco y negro contrastado como un credo estético. Meseta es un cómic de Serie B sobre la España B que durante tantos años fue la España A y no se resigna a no volver a serlo. Barcelona. Noche. Ahí tienes a Ramón, policía retirado que –chándal, filete con patatas fritas, pimientos de Padrón y un par de rayas para el camino– se tiene a sí mismo por emprendedor por ser chófer de BlaBlaCar. Es una noche un poco especial: han asesinado a un ministro y se ha declarado un toque de queda. Pero Ramón tiene contactos y un mapa de carreteras secundarias en la cabeza, así que en su coche se montan Pablo y Viri para viajar a Madrid. Hasta ahí lo normal dentro de lo excepcional. Luego ocurren más cosas que tienen que ver con lo soterrado, con lo que se resiste a permanecer sepultado, con la necrocultura: una logia conspiradora que quiere invocar sacrificialmente a un ente taurino que cambie de verdad las cosas en el país. Lo sectario como algo secreto, oscuro, donde se toman decisiones trascendentales que pretenden imponerse como definitivas: células compuestas por ese conglomerado de grandes fortunas, tenencia de tierras y religión. Las posesiones, en definitiva. Elementos que esperan tiempos en el que se les devuelva lo que creen legítimamente suyo: el poder, el privilegio, el control sobre vidas y mentes. Esa estética Val del Omar encaja en ese límite de lo sagrado con lo terrorífico. Hemos recordado aquella novela de Matt Ruff titulada Territorio Lovecraft, en la que la energía del racismo en la Norteamérica del Cinturón de la Biblia hacía emerger arcanas deidades hambrientas de sangre. Bustos juega con el contenido simbólico y vuelve a deslizar el presente hacia el terreno de la distopía y el espanto, pasándolo por el espejo deformante de la Serie B.

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