lunes, 26 de enero de 2026

Río de las congojas Libertad Demitrópulos

https://letrascorsarias.com/tienda/narrativa/rio-de-las-congojas/ Andamos como cada semana, cada día, eligiendo libros, programando encuentros, moviendo sillas, haciendo todo lo que se puede hacer por pintar un paisaje vivo en el que a la gente lectora le apetezca entrar y formar parte. A eso nos dedicamos básicamente quienes estamos en el negocio de lo que se ha dado en llamar librerías independientes, a definir y defender una idea de la cultura que nada tiene que ver con lo masivo ni con lo impersonal ni con lo que pida en cada momento el algoritmo de turno. Con lo fácil, en definitiva. Y como no es fácil, pues es difícil. Sucede que las dificultades nos las quedamos para nosotros, que tampoco nadie nos pidió que nos metiéramos en este comercio de los libros –que ofrece excesivo trabajo y magros beneficios– y que aquí se viene ya llorado de casa. Calculas que entre lo que tú ofreces y lo que crees que la gente lectora de tu ciudad desea o necesita, y si haces las cosas bien y con cariño, se puede llegar a un equilibrio y conseguir que un negocio se mantenga, crear desde lo pequeño un espacio para la cultura y sacar adelante una librería en la que a nosotros nos gustaría entrar. Y en eso estamos muchos. El anuncio esta semana del cierre de Tipos Infames, en Madrid, podemos interpretarlo como ese pájaro que actúa de avanzada en las minas para detectar gases tóxicos. Una librería surgida en plena crisis (2010), un proyecto consolidado y reconocido –Premio Librería Cultural en 2021–, que demostró que podía funcionar aquí un modelo de espacio que, desde la centralidad del libro, se abría a la conversación y al encuentro. Y habiendo conseguido convertir todo eso en referencia, cierra principalmente porque el precio de su alquiler no deja de subir. Y tal vez Malasaña y Madrid sean la Gran Mina, pero lo que es seguro es que metidos en esa mina estamos todos. Ya pasó también con Traficantes en Madrid, 80 Mundos en Alicante o aquí mismo con La Galatea, sin ir más lejos, casos similares. Las librerías hemos conseguido sobrevivir a todo aquello de que el libro iba a desaparecer porque ya el libro electrónico –americanos, os recibimos con alegría– lo hacía inútil y medio simplón. También a los grandes supermercados online, tan serviciales ellos pero tan incapacitados para lo que se ofrece aquí: una relación de tú a tú, algo personal que de momento no alcanza a ofrecer ningún algoritmo. Está por ver si podemos sobrevivir en solitario al hecho consumado de obtener el máximo beneficio del suelo construido, esa idea extractiva sobre las ciudades que las está convirtiendo en seres invertebrados, uniformes y blandos, indefensas ante operaciones que siempre ofrecen beneficio para pocos y escasez para todos. Y ya no es que cierre una librería u otra, un comercio tradicional u otro, es una tendencia general sobre la que quizá llegamos tarde para reflexionar. Lo de Tipos Infames refleja la fragilidad de todo esto, cómo un trabajo serio durante años puede desaparecer de un plumazo. Sólo podemos mandar un fuerte abrazo a esos libreros porque imaginamos –sentimos– perfectamente su impotencia, el coste personal de la presión constante de no tener margen para el error. El libro de la semana Sigamos con los libros, los libros nos necesitan tanto como nosotros a ellos. Río de las congojas, de la argentina Libertad Demitrópulos, por ejemplo, no alcanzó reconocimiento en el momento de su publicación, a principios de los ochenta. Fue Ricardo Piglia quien la reeditó a finales de los noventa, poniéndola además a la altura de Zama, de Antonio Di Benedetto, y de El entenado, de Juan José Saer. Juntas, formarían una especie de trilogía sobre la reconstrucción de la memoria de la conquista y colonización del Río de la Plata. Las tres comparten la idea de la desmitificación de la crónica de Indias, de la conquista como progreso, de dar voz al otro. Demitrópulos se definía como “una escritora solitaria”. “No se puede salir tan trabajosamente de las garras de la muerte para caer ligeramente en los brazos de la vanidad”, dijo al recoger el Premio Boris Vian por la reedición de su novela en 1997. Murió al año siguiente. Había nacido en Ledesma, una pequeña localidad dominada por una industria azucarera, una especie de Poisonville –Cosecha roja– que sufrió la llamada ‘Noche del apagón’: en el verano de 1976, se cortó la luz y la dictadura militar –con el de la empresa– secuestró a cuatrocientas personas, de las que medio centenar permanecen hoy desaparecidas. Su hermana Olga, maestra rural, pasó seis meses en un centro de detención. “Conviene que guardemos a nuestros muertos y su fuerza, no sea que alguna vez nuestros enemigos los desentierren y se los lleven consigo”, dice el fragmento del poeta griego Yannis Ritsos con el que se abre la novela, una alusión nada velada a la necesidad de memoria y justicia, la congoja de los indefensos ante los vaivenes de la historia. Río de las congojas dialoga con el presente desde el pasado, la fundación de Santa Fe, al pie del río Paraná. Demitrópulos juega con las convenciones de la novela histórica, pero no le interesa la reconstrucción minuciosa, sino recrear la esencia de un momento e imaginar la voz de quienes quedaron ocultos en las narraciones oficiales, en los relatos solidificados: Los mestizos –Blas de Acuña, enviado por el conquistador Juan de Garay a luchar contra los indios es empecinado conservador de la memoria– y las mujeres, especialmente María Muratore, una suerte de heroína salida del tiempo y del mito. Luchadora, movida por el amor, educada para las armas y la sensibilidad. La novela tiene algo cíclico y mucho de hipnótico. La narración de rompe en distintas voces y utiliza un lenguaje con la sonoridad del castellano antiguo, un lenguaje todavía por estrenar en esa zona de frontera donde nada es fijo. “Los españoles vinieron a desencantar la tierra”, dice Blas en un momento, cuando no entiende las matanzas, la guerra continua, el todo esto para qué. Demitrópulos, de alguna manera, la reencanta, tomando como protagonista al río. El río que devora sus márgenes, dueño de una textura que esconde voces fantasmales, el territorio a través del que llega todo. A ratos tragedia griega, novela picaresca, histórica, hasta folletinesca si me apuras. No hay descanso, todo duele. Se construye aquí una nueva mitología alrededor de María Muratore, la muertita, que inaugura una tradición de mujeres narradoras que van a transmitir esa figura de generación en generación: mujeres astutas, valientes, complejas. Esa operación con el lenguaje la convierte en una novela fascinante, de la que detectamos rastros en la obra, por ejemplo, de Gabriela Cabezón Cámara o en Selva Almada. Editada aquí por Las afueras, te invitamos a redescubrirla. Lo que pasa en Corsarias Esto va a quedar largo hoy, pero vamos con la agenda. Iba a pasar que hoy venía Celso Castro, pero se ha tenido que aplazar el encuentro por problemas del autor con el transporte. Si no has leído su última novela, El gran ensueño, aprovechamos el momento para recomendártela. Está en el trío finalista del premio Finestres de narrativa y podríamos decir que contiene vacíos –el amor, la aceptación, los vínculos familiares– que su narrador va llenando con espirales de palabras, un torrente verbal que se desmitifica a sí mismo, con una de las miradas más agudas, despiadadas y emocionantes sobre ese núcleo termodinámico que es la familia. Si disfrutaste con Eider Rodríguez o Aurora Venturini, esta novela te está esperando. Trataremos de agendar el encuentro con Celso lo antes posible. Mañana, sábado, regresa Luis Ramos de la Torre, 19h, con su nuevo poemario, que vuelve sobre la idea de desenterrar la historia de las víctimas. “Las tres secciones que componen Abrir la tierra suman perspectivas, hechos y lugares para mostrar la historia de la desobediencia, de la respuesta ante el terror oficial. Para golpear el silencio que, cebado con la vergüenza, el estigma y la miseria, ha logrado que esos acontecimientos y esas vidas permanezcan invisibilizadas”, ha escrito Alberto García-Terresa. Conversa con Pablo Malmierca y María Ángeles Pérez López. “¿Se puede, acaso, escribir ensayo desde el género lírico?, se puede, ¡y esta es la prueba!”, escribía Luna Miguel sobre Tiempo profundo, el nuevo libro de la poeta Ana Gorría, al que también califica como “ensayismo mágico”. Gorría ha moldeado uno de esos libros híbridos y extraños que tanto nos gustan: el archivo fotográfico familiar, la memoria novelada, los perfiles de artistas, la teoría y la práctica. Todo confluye hacia la idea de “cómo registrar la vida de lo que se ama, cómo elegir un túmulo de momentos, de instantáneas, que preserven lo que de mí hay en nosotros”. Es el miércoles, día 28, y la acompaña María Ángeles Pérez López. También sobre los caminos de la memoria escribe Inés Martín Rodrigo en Otra versión de ti, que convierte en thriller psicológico una declaración de amor a la madre y a la pareja. “Este libro es un afilado y conmovedor viaje de palabras al centro del recuerdo y del corazón. Una novela sobre el amor y sus zozobras; amor a la madre, a la amada, a esta vida tan hermosa y tan terrible”, ha dicho Rosa Montero. Viene el jueves y conversa con Charo Alonso. Y el próximo fin de semana cerraremos el mes con Jon Bilbao y la poeta María García Díaz. Te contamos.

No hay comentarios: