miércoles, 18 de marzo de 2026

Jürgen Habermas, el filósofo que creía en el diálogo Por Javier Correa Román e Irene Gómez-Olano

Jürgen Habermas, el filósofo que creía en el diálogo Pocos filósofos contemporáneos han ejercido una influencia tan amplia como Jürgen Habermas. Su obra ha contribuido decisivamente a renovar la teoría crítica, la filosofía política y la reflexión sobre la democracia. Frente al escepticismo que marcó buena parte del pensamiento europeo tras los eventos del siglo XX, Habermas defendió la posibilidad de reconstruir el proyecto democrático a partir de una concepción del diálogo, la argumentación y la deliberación pública como fundamentos de la vida social. Por Javier Correa Román e Irene Gómez-Olano Publicado el 16 de marzo de 2026 https://filco.es/jurgen-habermas-10-claves/?utm_medium=email&utm_source_platform=ePigeon&utm_source=Newsletter%20-%20Filco 10 claves esenciales del pensamiento que Habermas nos deja Sus casi 97 años de vida han sido esenciales para la historia de la filosofía. Frente al escepticismo que marcó buena parte del pensamiento europeo tras los eventos del siglo XX, Habermas defendió la posibilidad de reconstruir el proyecto democrático a partir de una concepción del diálogo, la argumentación y la deliberación pública como fundamentos de la vida social. Recorremos el pensamiento del filósofo alemán, que nació en junio de 1929 y murió el pasado sábado 14 de marzo. 1 El shock por el horror nazi Vivió la Segunda Guerra Mundial siendo adolescente. Años más tarde describió a su padre como un simpatizante nazi. Él mismo participó un tiempo en el Jungvolk, las Juventudes Hitlerianas. Con dieciséis años, Alemania fue derrotada y comenzaron a hacerse públicos los numerosos crímenes del nazismo. Habermas dice de la revelación del horror ocurrido en los campos de concentración que fue un auténtico shock político y ético. Conocer Auschwitz supuso una transformación moral duradera de la cultura política alemana, sostuvo. 2 Heredero crítico de la Escuela de Frankfurt Se formó intelectualmente en el entorno de la Escuela de Frankfurt. Recogió muchas de sus preocupaciones, pero su proyecto filosófico introduce cambios en el enfoque de la Escuela. Él considera que la primera generación de Frankfurt fue demasiado lejos en su crítica de la razón. A su juicio, identificar la razón con dominación conduce a un callejón sin salida teórico: si toda racionalidad es sospechosa, también lo sería la propia crítica social. Su propuesta: reconstruir el potencial emancipador de la racionalidad, distinguiendo distintos tipos de razón. 3 El trabajo y la interacción En la filosofía de Habermas hay dos conceptos que le sirven para desarrollar su teoría de la acción comunicativa, el núcleo de su pensamiento: trabajo e interacción, dos formas básicas de acción humana. El trabajo es la actividad mediante la cual los seres humanos transformamos la naturaleza para satisfacer nuestras necesidades. Con interacción se refiere a las relaciones entre los sujetos mediadas por el lenguaje. El trabajo se vincula con el interés técnico por controlar la naturaleza, mientras que la interacción se vincula con el entendimiento. 4 La importancia del espacio público El concepto de «espacio público» en Habermas representa el ideal de una esfera de discusión libre entre ciudadanos, donde se puede formar una opinión pública racional. En su pensamiento, la legitimidad de las leyes dependerá de que hayan sido sometidas a un debate público de estas características. 5 El conocimiento y tres tipos de interés Habermas propone que todo conocimiento está vinculado a nuestros intereses humanos fundamentales. Distingue tres intereses cognoscitivos, que orientan distintos tipos de hacer científico: el interés técnico, propio de las ciencias empíricas, que buscan explicar fenómenos y controlar procesos naturales mediante leyes generales; el interés práctico, de las ciencias históricas y hermenéuticas, que trata de comprender el significado de las acciones humanas y las tradiciones culturales; y el interés emancipatorio, que orienta un conocimiento destinado a revelar las estructuras de dominación y promover la autonomía de los sujetos. 6 Teoría de la acción comunicativa Su gran obra es Teoría de la acción comunicativa, que publica en tres tomos. En ella se pregunta qué hacemos cuando hablamos. Según la historia de la filosofía, hablamos porque queremos conseguir algo. Habermas señala que esa respuesta captura solo la mitad del fenómeno. Para él, existe un tipo de acción lingüística distinta que él llama «acción comunicativa», cuyo objetivo es el entendimiento entre los hablantes. Y a partir de esta idea, Habermas levanta su arquitectura teórica, la que se construye sobre la distinción que separa el mundo de la vida del sistema. El mundo de la vida es el horizonte de fondo desde el que los sujetos nos movemos sin cuestionarlo. El sistema designa los ámbitos de la vida social que, en el proceso de modernización, se han vuelto autónomos respecto al entendimiento lingüístico y funcionan mediante medios propios: el dinero, el poder. El problema surge cuando estos sistemas rebasan sus fronteras y colonizan el mundo de la vida. 7 La razón comunicativa La Teoría de la acción comunicativa tiene una consecuencia clave que lo separa de sus maestros de Frankfurt. Para estos, la razón instrumental había terminado por contaminar toda la razón. Según su visión, la Ilustración se había devorado a sí misma. Habermas rechaza ese pesimismo total porque cree que descansa en un error filosófico: la Escuela de Frankfurt ha identificado razón con razón instrumental. La razón que descubre Habermas, la razón comunicativa, la que opera en el entendimiento lingüístico, no está colonizada. En todo caso está amenazada, pero sigue siendo una reserva normativa real desde la que es posible articular la crítica. Por eso, Habermas sostiene que la tarea no es abandonar la razón, sino reconstruirla desde sus raíces en la práctica comunicativa cotidiana. 8 La ética discursiva Habermas aborda la pregunta sobre cómo es posible la moral en una sociedad moderna, una sociedad que ha perdido la unidad religiosa y metafísica que durante siglos proporcionó el fundamento de las normas. De ese vacío han surgido dos respuestas dominantes y Habermas rechaza ambas. La primera es el relativismo: si no hay fundamento universal, cada cultura, grupo o individuo tiene sus propios valores y no hay manera racional de arbitrar entre ellos. La segunda es el dogmatismo moral: la insistencia en que sí existe un contenido sustantivo universalmente válido que hay que imponer como fundamento de la convivencia. Habermas propone una tercera vía: la ética discursiva. Su punto de partida es que la validez moral no puede derivarse de ningún contenido previo al diálogo, pero tampoco disolverse en preferencias subjetivas porque en el lenguaje orientado al entendimiento están ya presupuestas condiciones que tienen alcance normativo. 9 Derecho y democracia deliberativa En su libro Facticidad y validez, plantea esta pregunta: ¿por qué obedecemos las leyes? En el dilema derecho-democracia, el filósofo propone que ninguno es anterior al otro. Los derechos individuales son la condición de posibilidad de la deliberación democrática (sin libertad de expresión, de asociación, sin igualdad jurídica no hay discurso político legítimo), pero a su vez solo cobran contenido concreto a través de la deliberación democrática misma. No hay un catálogo de derechos que pueda fijarse para siempre al margen de la práctica política. Su interpretación, su extensión, sus límites son siempre objeto de disputa en el espacio público. Esto es lo que Habermas llama democracia deliberativa. 10 Filósofo público Desde los años 90 del siglo XX, Habermas se convirtió en una voz pública que interviene en los debates políticos y culturales. Su toma de posición contra la reunificación alemana acelerada en 1990, su defensa de una identidad posnacional europea fundada en la solidaridad cívica y no en el etnos, su llamada a una «sociedad postsecular» que aprenda a traducir las razones religiosas al lenguaje público sin expulsarlas de la esfera política; todo esto le convirtió en una figura intelectual que encarna el ideal que predicaba, el del ciudadano que razona en público y rinde cuentas de sus argumentos.

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