miércoles, 1 de marzo de 2017

SOBRE LOS SACRIFICIOS || Abraham | Cultura | EL PAÍS

Abraham | Cultura | EL PAÍS

Abraham

El último libro de Gustavo Martín Garzo sobre el sacrificio de Isaac es instructivo, deleitable e iluminador





El escritor Gustavo Martín Garzo, hoy miércoles, en un hotel de Madrid.

El escritor Gustavo Martín Garzo, hoy miércoles, en un hotel de Madrid. 




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Hay libros que instruyen; otros, que además deleitan; pero, entre todos ellos, quizás los más raros y valiosos, son los que “iluminan” al lector con sus “revelaciones”, los que arrojan una nueva luz sobre lo oculto. Encienden la chispa de nuestra inteligencia dando pábulo a la interrogación y liberándonos del yermo de nuestras respuestas. Pues bien, instructivo, deleitable e iluminador es el último libro de Gustavo Martín Garzo, No hay amor en la muerte (Destino), donde afronta el misterio más insidioso del Antiguo Testamento: el del fallido asesinato inmolador de Abraham perpetrado contra su primogénito Isaac. Aparte de a la víctima, que quedó amoscada de por vida, este horrísono crimen en ciernes se carga sobre nuestras espaldas como una insoportable losa, pues sentimos que de alguna manera nos concierne.
Aunque sea muy difícilmente justificable este parricidio en grado de tentativa, y poco creíble que lo propiciase Yahvé, el único dios existente, según Abraham, lo que agravaba la condena, extendiéndola a toda la humanidad, no han sido pocos los exégetas y pensadores que históricamente se han visto involucrados en tratar de desentrañar el misterio. Por ser reciente, es muy interesante la síntesis que al respecto ha escrito Félix de Azúa en un texto tiulado El ascenso del monte Moria, incluido en el libro colectivo Las imágenes de la Biblia (Círculo de Lectores), pero Gustavo Martín Garzo opta por otra vía: la de, por una parte, sacar toda la punta literaria posible a ese incomparable venero narrativo que es el Antiguo Testamento, pero, por otra, la de ir cebando el cruento enigma, manteniéndonos en vilo, desde el principio hasta el final.
Planteada esta historia de forma coral, Martín Garzo articula su relato mediante signos gráficos diagonales, como los que se usan para separar versos, lo que subraya el alto voltaje poético del texto, que está muy impregnado del bellísimo tono lírico de El cantar de los cantares; esto es: de la melodiosa y muy libre forma de expresarse de las voces femeninas. Pero todo esto sin que se quiebre nunca el absorbente ritmo de la trama narrativa. Por lo demás, aunque no lo llegue a plantear explícitamente, parece como si el sacrificio de Isaac por parte de Abraham a instancias de Yahvé hiciera de indeclinable pendant del que Dios padre impuso a su hijo Cristo, condenado a muerte, martirizado y ejecutado de la manera más degradante.


'El sacrificio de Isaac', de Caravaggio (1603).'El sacrificio de Isaac', de Caravaggio (1603). CORDON PRESS


Hay, desde luego, mucha tela que cortar en relación con estos parricidios sacrificales, que, por otra parte, no han cesado en nuestra sociedad secularizada, como lo supo advertir, en toda su gravedad simbólica, Sigmund Freud. De todas formas, sin meterse en estos berenjenales psicológicos, como buen mago literario, Martín Garzo se sabe guardar en la manga el as de su interpretación del conflicto paterno-filial, no sin dejarlo de mostrar al principio, aunque desvelándolo solo por completo al final. Porque de lo que trata todo su relato es del crucial “silencio del padre”, simultáneamente fuente del desamparo y de la libertad humanos. En este sentido, así se lo hace expresar a Isaac cuando traiciona a su primogénito Esaú en favor de Jacob: “…Debes aprender a vivir sin si amor, le dije a mi hijo en mi pensamiento/…traicionar es dejar ir, dar opción a los que amamos de que se aparten de nuestro lado/librarles de la terrible herencia de nuestros sueños”. De manera que, contradiciendo en parte el título de su libro, sí que hay virtualmente amor hasta en la muerte, pues, en efecto, a veces, nos morimos y matamos por amor…

LETRAS EN SU TIEMPO || Del “infantilismo” de Juan Ramón Jiménez, al “esencial” Ortega | Cultura | EL PAÍS

Del “infantilismo” de Juan Ramón Jiménez, al “esencial” Ortega | Cultura | EL PAÍS

Del “infantilismo” de Juan Ramón Jiménez, al “esencial” Ortega

Publicadas unas conversaciones inéditas de Francisco Ayala, de 1970, sobre escritores y literatura



El escritor Francisco Ayala y el periodista Miguel Fernández-Braso, en un banco en la calle Alcalá, de Madrid, en 1970.



El escritor Francisco Ayala y el periodista Miguel Fernández-Braso, en un banco en la calle Alcalá, de Madrid, en 1970. 



"Ramón Gómez de la Serna es uno de los escritores más importantes de la literatura mundial. En el orden personal nunca pude entenderme con él. Sentía una extraña antipatía". “El Azañaescritor estuvo eclipsado por su carácter hosco, y por su carrera de político". "La Segunda Guerra Mundial fue una vergüenza nacional para Francia. Le ganaron la guerra otros, pero creó el mito de la resistencia". Quien habla a pecho descubierto de grandes autores y acontecimientos de la primera mitad del siglo XX es una voz autorizada. Francisco Ayala (Granada, 1906- Madrid, 2009), novelista, ensayista, traductor, sociólogo, exiliado en 1939, retornado poco a poco en los sesenta, miembro de la Real Academia, premio Cervantes en 1991, premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1998…
Ayala tuvo más de un siglo de vida portentosa de la que ahora se pueden conocer muchas anécdotas y reflexiones hondas gracias a Una conversación literaria (Madrid, 1970), el libro que acaba de publicar la Fundación Francisco Ayala. El volumen recoge las muchas horas de entrevista inédita que dio Ayala, a comienzos de aquel año, al entonces periodista cultural Miguel Fernández-Braso, hoy galerista y escritor.
Los motivos de que hayan transcurrido 46 años hasta que este libro ha emergido son varios. "Ayala había empezado su vuelta a España y no era lo suficientemente conocido, quizás por eso no encontramos editor", declara a EL PAÍS Fernández-Braso (Villanueva del Arzobispo, Jaén, 1940). "Luego pasó el tiempo, él publicaba y parecía que no era necesario dar esto a la luz". Hasta que en 2015 Fernández-Braso donó una copia de la transcripción a la fundación. "Nos dimos cuenta de que el libro tenía actualidad". Así ocurre con sus comentarios sobre la política, "que es el reino, no de lo ideal, sino de lo posible", dice Ayala. "Los que propugnan utopías suelen traer males mayores".
La historia de Una conversación literaria había tenido su comienzo en junio de 1969, cuando Fernández-Braso entrevistó al autor de Tragicomedia de un hombre sin espíritu —el primer libro de Ayala, de 1925 para el periódico Pueblo. "Yo intentaba sacar a flote a escritores que, por razones políticas, no tenían presencia en los medios. No fue fácil, porque él estaba considerado un rojo terrible, cuando era lo contrario, un hombre liberal y nada sectario". El propio Ayala asevera en el libro: "Mi intención era reincorporarme a la vida española, sin que significara ningún ajuste de cuentas, ni claudicación por mi parte". De aquella entrevista para Pueblo, en la que ambos congeniaron, surgió la idea de un largo desarrollo que hilvanara recuerdos y personalidades. "Quedamos varios días en Madrid, en la casa que él había comprado. Eran conversaciones relajadas, sin cuestionario previo. Ayala tenía una enorme capacidad de improvisación, hablaba de cualquier tema gracias a su cultura secular".

La tertulia del Pombo

En esas páginas, con lenguaje ágil, se asiste a la tertulia del Café Pombo, un día en que un mendigo vomita sangre mientras un macabro Gómez de la Serna pide que aparezcan monosabios con arena para limpiar, como en los toros; o vemos a las juventudes hitlerianas impidiendo el paso al público a una conferencia de Ayala en Berlín.
De las amistades con la Generación del 27, a la que se sentía más cercano, pasa a las críticas de mitos como Hemingway y su Por quién doblan las campanas: "Una novela que ve a España y a los españoles como un espectáculo, es una españolada". Sobre un autor exiliado, como él, pero que persistió en contar la Guerra Civil, Ramón J. Sender, no le duelen prendas al decir que su obra es "muy desigual, con aciertos, fracasos, trivialidades y torpezas increíbles". De los muchos autores que humaniza, Ortega es a quien muestra más admiración: "Un filósofo que representa un momento esencial en el decurso de la historia española", y un renovador de la lengua castellana.  También elogia al "experimentador Delibes". "Cada vez que se pone a escribir, se plantea un problema nuevo y lo aborda con originalidad", afirma.
Con Juan Ramón Jiménez la relación fue más complicada. Ayala recuerda el epigrama que le dedicó el Nobel: "Le conozco desde chico, le enseñé yo a leer; a escribir no, porque nunca supo". A lo que el granadino respondió: "Quien no asume la responsabilidad de su propia vida, y se recluye en el infantilismo, por muchas dotes poéticas que tenga, no alcanza la profundidad de la gran poesía". Sin embargo, Ayala prefiere no mostrarse muy duro en sus opiniones sobre otros porque "el juez más severo suele ser el mismo sujeto, la propia conciencia".


NI PROPAGANDA, NI NOSTALGIA

Ayala, en los años setenta. FUNDACIÓN FRANCISCO AYALA

De sus horas de conversación con Ayala, Miguel Fernández-Braso recuerda que, pese a su apoyo a la República, el autor de Los usurpadores huyó de los textos de propaganda. "Yo tengo un respeto tan grande a la literatura que, cuando escribo, nunca miento. Y le llamo mentir a decir lo que no pienso", declara Ayala.
Tampoco quiso cobijarse en el recuerdo de la patria perdida tras exiliarse en 1939. "Cuando salí del país, pensé: vamos a seguir viviendo. No he tenido nostalgia. Muchos exiliados han estado lloriqueando por España". Ayala consideraba que su marcha fue beneficiosa porque "en los países donde vivió nunca le faltaron colaboraciones, traducciones, y estaba su labor como docente", explica Fernández-Braso. Estaba convencido de que si se hubiese quedado en España, no habría podido hacer nada de eso.

LETRAS EN LLAMAS || Juan Rulfo: Un siglo del mexicano que capturó el páramo del alma | Cultura | EL PAÍS

Juan Rulfo: Un siglo del mexicano que capturó el páramo del alma | Cultura | EL PAÍS

Un siglo del mexicano que capturó el páramo del alma

Se inician en Madrid las conmemoraciones a ambos lados del Atlántico del centenario de Juan Rulfo







Autorretrato tomado en el Nevado de Toluca hacia 1940, obra del escritor y fotógrafo mexicano Juan Rulfo. En el vídeo, el documental que su hijo prepara por su centenario.



“Para Juan Rulfo siempre sobraban las palabras”. Eduardo Becerra, profesor de literatura hispanoamericana de la Universidad Autónoma de Madrid, recuerda el misterio de la exigua obra del mexicano. “Una vez incluso confesó que no tiró Pedro Paramo al fuego solo porque se lo impidieron. Yo creo que, si por él fuera, habría dejado solo las ocho primeras páginas”. El próximo 16 de mayo hará un siglo del nacimiento de Juan Rulfo, amo de una literatura seca y terrosa, reflejo del México del que se apropió para sus historias (o cuya escritura preludió el México de hoy), y ayer en Casa América en Madrid se presentaron los actos de conmemoración del centenario del escritor, que incluyen charlas, coloquios y exposiciones a ambos lados del Atlántico.




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El Pedro Páramo (que apenas supera las cien páginas), el libro de relatos El llano en llamas, y ese esbozo que fue El gallo de oro, le valieron y bastaron a Rulfo para alcanzar un lugar preeminente en la historia de la literatura. "Era un escritor extremadamente exigente con su obra. Reescribía, cortaba, rehacía", explicó Ramón Reverté, director editorial de RM, la casa que este año sacará al mercado hasta 11 libros sobre todas las caras del mexicano. “Además de una edición económica de sus libros, sacaremos un libro de tapa dura con toda su obra, una biografía, un libro con sus fotografías, ensayos sobre su escritura y escritos del propio Rulfo sobre Arquitectura, sus lecturas, o los pueblos indígenas".


Las obras de Rulfo, editadas por RM.Las obras de Rulfo, editadas por RM.







Además de las ediciones y reediciones, toda una serie de charlas y exposiciones acompañarán la cita y se prolongarán hasta finales de año. "Desde la universidad, queremos poner en perspectiva la aportación literaria de Rulfo", explicaba Margarita Alfaro, vicedirectora de la Autónoma, universidad que organizará diversas charlas. En los coloquios, que comenzarán el 22 de marzo, participarán Jorge Edwards, Manuel Vilas, Ronaldo Menéndez o Javier Azpeitia, entre otros. Ayer, como pistoletazo de salida, en casa América se proyectó Los confines, película de Mitl Valdez basada en El llano en llamas.

En los coloquios, que comenzarán el 22 de marzo, participarán Jorge Edwards, Manuel Vilas, Ronaldo Menéndez o Javier Azpeitia

Desde julio a septiembre podrá verse una muestra bibliográfica en la Biblioteca Nacional, y la efeméride la completarán una ópera que se estrenará en Zúrich sobre Pedro Páramo y una muestra fotográfica en el museo de Puebla, en México. Allí podrá verse la otra cara del artista, el Rulfo fotógrafo. Un hombre que, como con las palabras, "tomaba pocas, pero muy certeras", según explico Reverté.
Pocas palabras. Las justas. Las suficientes. Una literatura adelgazada y esencial cuyo autor, fallecido en 1986, cumpliría 100 años ahora y que desde su México primigenio logró, en palabras de la profesora Alfaro, "abordar el patrimonio de las letras universales".

VIDA SIN DUEÑO || “Ahora ya no combatimos a Stalin; combatimos la banalidad” | Cultura | EL PAÍS

“Ahora ya no combatimos a Stalin; combatimos la banalidad” | Cultura | EL PAÍS



“Ahora ya no combatimos a Stalin; combatimos la banalidad”

El pintor peruano, entre los grandes artistas latinoamericanos del siglo XX, publica su autobiografía 'La vida sin dueño'



El pintor peruano Fernando de Szyszlo y su esposa Lila Yábar.

El pintor peruano Fernando de Szyszlo y su esposa Lila Yábar.  EFE



Fernando de Szyszlo tiene los ojos tristes de los indios, su cara es una mezcla de veredas e islotes; el tiempo lo ha marcado con un pincel implacable y en su autobiografía, que acaba de aparecer (La vida sin dueño, Taurus)están el amor, el dolor, la amistad y el compromiso político. El arte, la poesía y la vida. El dolor por la pérdida temprana de un hijo, el descubrimiento (reiterado) del amor. La fascinación por Proust, por Borges, por el arte. Él es uno de los grandes artistas latinoamericanos del siglo XX, en la estela de Tamayo, Matta u Obregón. De ellos habla también en este libro. Fietta Jarque, periodista que trabajó años en EL PAÍS, donde colabora, le ayudó a Szyszlo a poner el libro en el orden que tiene. “Y lo ha hecho”, dice el artista, “con inteligencia y sutileza”.



Szyszlo tiene 91 años. Es hijo de peruana y de polaco. A este lo expulsó de Europa el viento nazi. En la escuela a Szyszlo y a sus compañeros le ponían el himno de Falange, iba a misa. Su padre lo retiró de esos males. Es agnóstico; nunca dejó de protestar, en su país y fuera. Es un progresista desengañado de Cuba, de la izquierda cegata. Pero no es un reaccionario. Es, tan solo, un hombre que despertó muy pronto de los sueños de posguerra. París fue su destino en los años 40. Ahí se hizo uno de los grandes artistas peruanos. Ese periodo de su vida le dejó dos herencias: sus amigos André Breton, Octavio Paz. Y el eco de la metralla de la segunda guerra mundial. Por París, por América Latina y por el estado del mundo orientamos esta conversación que se hizo por teléfono, él está en Perú. Iba a venir para presentar el libro y para Arco, donde estuvo su obra. “Pero son 91 años, poca broma con los viajes”.
Pregunta. Muchos golpes y contragolpes en el Perú de su tiempo.
Respuesta. Y en América Latina. La desaparición del poder de los militares tiene un enorme valor para nosotros. En Perú hay todavía doce generales en prisión. Ya no están en Argentina, ni en Chile, ni en Uruguay. Haber probado que esos generales se enriquecieron con el poder, que todos tenían millones de dólares en el extranjero, que Pinochet, tan atildado patriota, tenía cuentas en Washington…, todo eso ha sido una vacuna contra las dictaduras militares.
P. ¿Y es una vacuna para siempre?
R. ¡Ojalá! La desaparición de Chávez ha sido importante para todo el movimiento populista de América Latina, aunque ahí sigue Maduro aun prendido al poder.
P. ¿Lo que está pasando en Estados Unidos y en parte de Europa es tan inquietante como aquello?
R. Me aterra. Trump es una persona irresponsable, engreída, que nunca ha peleado en una guerra ni por sus principios. Principios que no existen y por tanto todos los demás somos más vulnerables que él. Pero Estados Unidos es más grande que eso. La Corte Suprema, las universidades…, todo eso constituye fuertes inquebrantables contra este tipo de personas.
P. Dice su amigo Mario Vargas Llosa, comentando en EL PAÍS su libro, que usted volvió de París a Perú a gritar ahí su propia manera de ver el país, y que su lucha tiene que ver con el Perú de hoy. ¿De veras ha cambiado su país?
R. Sin duda. Se nota en la clase media peruana, pero falta mucho por hacer. Todavía hay mucha demagogia. Ahora tratan de hacer un museo precolombino a cuarenta kilómetros de Lima... Llegarán autobuses con turistas. La gente marginal tardaría horas en llegar. Contra eso luchamos. Queremos un museo en el centro de Lima que muestre lo que era Perú antes del virreinato peruano, los que inventaron ese desdén por la raza indígena. Ser indígena en Perú significó pertenecer a un estatus inferior.
P. Dice que nunca se comprometió políticamente, pero siempre tuvo causas…


El pintor peruano Fernando de Szyszlo (i) junto a los escritores Octavio Paz, Damián Bayón, Mario Vargas Llosa y Guillermo Cabrera Infante (de izq. a dcha.)

El pintor peruano Fernando de Szyszlo (i) junto a los escritores Octavio Paz, Damián Bayón, Mario Vargas Llosa y Guillermo Cabrera Infante (de izq. a dcha.)  EFE



R. Creo que toda mi generación fue muy leal destruyendo falsas ideas de realezas y linajes. Como Unamuno, siempre he creído que la única manera de ser universal es ser local, buscar las raíces, buscar hacia adentro, no hacia fuera. La tragedia de América Latina es que con la independencia nos volvieron coloniales. Antes de la independencia los artistas no se sometieron a los grabados copiados sino que mostraron su herencia inca. La basura, la imitación, la falsedad, vino con las repúblicas. Todos querían pintar como los españoles, como los franceses. Quedaba pésimo y con medio siglo de retraso.
P. ¿Afectó a su manera de entender el arte su encuentro con Breton y los surrealistas?
R. Nunca tuve influencia de la pintura surrealista; mi manera de pensar el arte fue estructurada por el pensamiento surrealista. Creo que la explicación del surrealismo sobre la creación artística es la explicación más válida y más perenne. Mi pintura era abstracta en un comienzo. Ahora tiene mucho de surrealista por la libertad de la mezcla de la perspectiva con la pintura plana.
P. Conoció a Breton. ¿No fue demasiado pope?
R. Toda la filosofía, toda la psiquiatría, está metida en el pensamiento de Breton… Fijar la meta del surrealismo en fotografiar los sueños, lo que intentó Dalí, hizo trastabillar toda la idea de la libertad que tenía el surrealismo. Los pintores surrealistas son presurrealistas. Para mí los grandes pintores surrealistas son De Chirico, Duchamp y Joan Miró. Pintores de antes del surrealismo pero que encarnan el surrealismo mejor que nadie.
P. Paz es figura principal en su libro.
R. Con el paso de los años he pensado en el tiempo que gastó Octavio, ese monstruo de cultura, en combatir las estupideces del estalinismo y los dogmatismos políticos en vez de escribir muchos más libros como El arco y la lira. Paz y Breton se sacrificaron en la pelea contra Stalin. Octavio recibió una enorme cantidad de insultos por defender la democracia, la igualdad y el respeto.
P. Pero era una lucha inevitable, ¿no?
R. Era inevitable. Y ahora ya no combatimos a Stalin sino la banalidad en la que vivimos. Creo que en Woodstock y en el París del 68 se inició la debacle de nuestra civilización por un tiempo. Ahí se empezó a banalizar el arte. Yo me quejaba mucho de lo que llaman ahora arte contemporáneo, pero me doy cuenta de que es el producto del mundo en el que vivimos, que ha negado el amor, el sexo; lo ha banalizado, vulgarizado, desprestigiado. Le ha quitado importancia. El amor y el sexo se han vuelto una especie de gimnasias pasajeras, sin ningún compromiso y sin ningún recuerdo. El mundo en el que vivimos en este momento es un mundo terrible.
P. ¿Cree que esa banalización también ha tenido consecuencias en la política, o proviene de la política?
R. Imagino que la desilusión de las ilusiones por la Unión Soviética o Cuba ha traído una mirada hacia el otro lado, una mirada hacia el vacío, hacia algo totalmente hedonista, pero sin consecuencias, sin gravedad.
P. En el libro hay dolor y autobiografía. ¿De qué le ha curado?
R. Quizá me ha servido para intentar sacarme sentimientos de culpa en mi relación con Blanca [Varela, gran poeta, su primera mujer], con mi padre…, y para reconocer a compañeros de generación en Perú y a personas como Paz… Y por supuesto me ha permitido mostrar mi dolor por la muerte de mi hijo Lorenzo. Me produjo una profunda confusión la muerte de este muchacho tan dotado. Tener que enterrar a un hijo es un escándalo intolerable, digo en el libro.

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