domingo, 19 de enero de 2025

Totalmente a favor de la crítica

A la buena crítica le adjudicamos la audacia de la exploración y la serenidad de la cartografía. El arte lo hacen los individuos, cada cual hace el arte que le es dado hacer: la conversión en lenguaje de una manera intransferible de relacionarse con el mundo. “El arte creador, hacedor de criaturas, no se dirige a nadie ni a lugar alguno conocido; podría decirse que la creación no va a ninguna parte, sino que… viene, viene de muy lejos y muy dentro hasta alcanzar una superficie real”, escribía el pintor Ramón Gaya en esa especie de manifiesto esencialista y nietzschesiano titulado Naturalidad del arte (Y artificialidad de la crítica). Gaya describe al crítico como un perito, alguien que clasifica, etiqueta y, en último término, sanciona y abona el terreno del que luego se nutre la Historia del Arte, a la que considera un ejercicio de fosilización, una disciplina que convertiría así los errores críticos del pasado en certezas inamovibles y que dificulta e impide el contacto verdadero con el verdadero arte. Una visión idealista del hecho artístico –que sitúa al margen de la sociedad e incluso de sus propios creadores, algo así como una inmanencia humana relacionada con lo sagrado– que deja fuera casi todo lo que entendemos hoy por cultura. No pretendemos refutar a Gaya en cincuenta líneas, pero nosotros, que pertenecemos a una tradición más bastarda, sí valoramos la figura del crítico como alguien que puede expandir la obra en el proceso de relacionarla con otras, de situarla sobre la red del tejido social en cuyo contexto se produce, encontrar puntos de ruptura en el lenguaje, mirar en los márgenes de las corrientes predominantes. Porque aunque el arte sea algo individual –y por eso nunca una IA podrá hacer arte sino pastiche–, nace de un magma común y relacionar lo uno y lo otro puede ser la tarea más relevante del crítico. Puede que la crítica tenga un origen artificial, algo de labor de segunda mano, que a veces afronte peripecias como aquella frase atribuida a Zappa que decía que “escribir sobre música es como bailar sobre arquitectura”. Pero nos sigue pareciendo útil y es posible que, en este momento, necesaria. Sobre todo en esta época en la que el mainstream amenaza con devorarlo todo a su paso. Estas reflexiones vienen a cuenta de la lectura de Futuromanía, el nuevo libro del crítico Simon Reynolds, que funciona como espejo de su Retromanía, en el que abordaba aquello que su colega Mark Fisher, citando a Berardi, definió como “la lenta cancelación del futuro”: el fenómeno nostálgico de retroalimentación con el pasado en un panorama de carencia de imaginación aplicada a nuevos mundos posibles. Reynolds reúne aquí artículos publicados sobre música electrónica y consigue darle al volumen una unidad que va desde una genealogía de rupturas posibilitadas por los descubrimientos tecnológicos hasta una inmersión en la estética de corrientes minoritarias que terminan marcando estilos y confluencias alrededor de nuevos sonidos. Brian Eno entrando a un estudio donde trabajaba David Bowie agitando el single de I feel love de Donna Summer, producido por Giorgio Moroder y Pete Bellote, como la piedra angular de la nueva música bailable a finales de los setenta. Una historia del Auto-Tune. La música dentro de las películas de la ciencia ficción y también de las novelas. El crítico como alguien que busca reconstruir procesos que podrían haber pasado inadvertidos, que lanza hipótesis y utiliza las herramientas del periodismo y del historiador para contrastarlas, alguien que nos conduce por paisajes que desconocíamos y nos hace, tal vez, comprender algo que tal vez sólo habíamos intuido. Y si escribe bien, ya aplaudimos. Es el caso. Nos gustaría más tiempo y más lugar para la crítica, aunque sea a costa del espacio que ocupa la reseña como género de intercambio básico entre lo que genera la industria editorial y los lectores. Mientras, encontramos la crítica en algunos libros. Por suerte, nos dedicamos a vender libros como este y, por suerte, puedes comprarlo aquí. Futuromanía, libro de la semana. Y, de repente, Marta Sanz De repente del todo no, porque esto lleva tiempo programado: hoy, viernes, a las 19:30h, acompañada por Fabio de la Flor. Pero el libro que la trae de nuevo hasta la librería tiene mucho que ver con algo apuntado más arriba: ¿desde qué condiciones se escribe?, ¿cuál es la posición de una escritora española dentro del sistema simbólico?, ¿qué significa el éxito?, ¿a cambio de qué se consigue algo que se le parezca un poco? Gaya define al artista como una especie de medium a través del cuál se manifiesta el arte, alguien que se sacrifica por todos. Leyendo Los íntimosnos damos cuenta de cómo ese sacrificio actúa sobre los cuerpos de quienes pretenden dedicarle a la literatura toda su energía. Marta ya había trabajado sobre ese campo en obras como Lección de anatomía y aquí enseña lo que se ocultaba bajo aquella punta del iceberg: el trabajo que va más allá del manuscrito, la exposición constante, todas las contradicciones, las del sistema y las propias. “Me sigue dando vergüenza ser escritora. Contarlo. Quizá por eso escribo: para indagar en las razones de lo que nos da vergüenza. Me digo: hay que atreverse a contar lo difícil. Todo aquello que no te deja en una posición precisamente simpática. Eso. Ahí”. “Contar lo difícil” podría haber sido perfectamente el título de esta carta de hoy. Nos parece un libro de una honestidad brutal, una manera de exponer la piel más fina que le queda después de curtirla tanto desde que publicara su primera novela, allá por los noventa. En una lectura superficial podría pasar por una sucesión de apuntes diarísticos para regodeo de cotillas y mitómanos, pero contiene toda esa profundidad de los ensayos literarios de Marta: una manera de no renunciar a lo irrenunciable. Lo que pasa en Corsarias Lo de Marta Sanz pasa en Cosarias, esta tarde. Mañana, sábado, a las 19h, nuestra primera cita con Juan Mayorga. Creemos que el dramaturgo no necesita mucha presentación, es un lujo tenerle aquí para compartir con él ese renovado libro editado por La Uña Rota, la recopilación de sus obras teatrales desde finales de los ochenta hasta 2014. Le acompañan Zoe Martín –autora de una tesis doctoral sobre su teatro titulada Imaginación, memoria y mayéutica– y su editor, Carlos Rod. No perdérselo. El miércoles, 22, a las 19:30h, viene Matías Candeira con Un Dios con el estómago vacío, un libro de relatos que está consiguiendo un montón de lectores. Un ejemplo: Enrique Vila-Matas: “Hace ya tiempo que Candeira busca caminos entre las líneas. A veces esprinta como en este libro, donde da un golpe sobre la mesa y revela su genio”. Conversa con Paqui Noguerol. Y el jueves, Manuel Rivas regresa con Detrás del cielo, una novela negra que leyendo la sipnosis se nos antoja como un espejo de La caza, aquella película protagonizada por sudorosos cazadores con bigotillo, pero en Galicia. Esta semana la leemos con profunidad y te contamos más. Le acompaña nuestro especialista noir de cabecera, Javier Sánchez Zapatero. Bueno, y esto es todo en esta vuelta a la escritura de las cosas de la librería. Novedades tenemos, estamos subiendo a la web ahora mismo unas cuantas y ya las tienes bien colocadas en nuestras mesas, por si nos vemos por aquí. Te mandamos un abrazo hasta la semana que viene.

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