lunes, 24 de noviembre de 2025

Gente independiente Halldór Laxness

https://letrascorsarias.com/tienda/narrativa/gente-independiente/ “Apunté al corazón del público y por accidente le di en el estómago”, dijo el norteamericano Upton Sinclair sobre su novela La jungla, una pormenorizada descripción de las condiciones inhumanas de los trabajadores de la industria cárnica del Chicago de principios del siglo XX. Seguramente hay algo que une a todos los escritores que desde la ficción han puesto el foco ahí, en la pobreza y el desamparo de la clase trabajadora. Ese algo no es el estilo literario. Tenemos el naturalismo viviseccionista de Émile Zola, el periodismo cercano de James Agee, la memoria europea de John Berger, la medida humana de John Steinbeck, algo parecido al costumbrismo de Delibes, la húmeda frialdad de Alan Sillitoe, el distanciamiento de Bertolt Brecht. Las áridas fantasmagorías de Juan Rulfo. Les une, por una parte, el deseo de revelación de una realidad que tiende a permanecer no oculta sino ocultada, reprimida. Nombran lo que se esconde bajo la alfombra o lo que nunca ve la luz porque opera en las tripas mismas del sistema: algunos se mueven en el terreno de la injusticia social, otros nos transmiten la depredación del hombre por el hombre, la futilidad de los deseos y la cadena que lleva de la carencia material a la carencia emocional. Hay muchos escritores y escritoras trabajando hoy mismo sobre esto, no porque sea un tema que regresa: no puede regresar lo que nunca se fue. Y el tema es: ¿Puede la vida depararnos algo más que sufrimiento? No sabemos dónde apuntó el islandés Halldór Laxness cuando escribió Gente independiente, pero nos ha impactado de lleno su lectura. Publicada en dos volúmenes a mediados de los años treinta, nos cuenta la historia de Bjartur Sumarhús, quien, después de trabajar durante años las tierras de otros, compra unos campos que en la aldea consideran malditos para construir allí su propia granja. Y cuidar allí de su familia y sus ovejas, no necesariamente en ese orden. “Estaba dispuesto a ser dueño de su tierra hasta el final, las tierras en las que había vivido con sus ovejas, donde había vivido por sus ovejas, donde había vivido para sus ovejas, donde había vivido de sus ovejas. Y un buen día, cuando él hubiera muerto igual que sus ovejas, su hijo único tendría que hacerse cargo del estandarte del campesino de los valles y cargaría sobre sus hombros la cultura rural, y así sucesivamente hasta tiempos futuros, dentro de otro millar de años”, escribe Laxness en un párrafo que describe muy bien a su personaje. Bjartur vive en la fe de la independencia. Es un personaje trágico lleno de coraje que trabaja dieciséis horas al día, que come poco y duerme menos, pero que obtiene una especie de sustento espiritual de las leyendas y los mitos de los héroes islandeses de las sagas antiguas, “donde en los espacios entre las líneas pusieron hilos de oro con piedras preciosas engarzadas”. Laxness consigue algo extraordinario: su escritura inspirada en los episodios heroicos medievales dota de una épica, palpable en cada frase, a una vida atada de una manera inexorable a la monotonía de lo terrenal. El paso de las estaciones, las enfermedades de las ovejas, la vida familiar. Todo tiene un carácter cíclico, ritual, y de ese conocimiento extrae el protagonista su fuerza para hacer frente a lo imposible, a la dureza de su trabajo y su propósito. Y también de ahí extrae la novela su carácter hipnótico y su capacidad para persistir en la memoria lectora. Bjartur se nos presenta como alguien que intenta hacer frente a fuerzas que escapan a su control y, aún así, persevera, porque parece que tal vez pudiera conseguirlo aunque juega con las cartas marcadas. La complejidad de los personajes hace que no te puedas separar de esta novela: los mira lo suficientemente de cerca para comprender sus deseos más íntimos, pero desde la distancia justa para que afloren el humor y la reflexión moral. Y luego está lo telúrico. Rulfo dijo en alguna entrevista que este libro había sido una referencia para construir su universo. Rosa, la primera mujer de Bjartur, permanece en la casa. Afuera llueve: “Poco después empezó a llover; al principio y por un buen rato, de forma ligera, pero el cielo estaba encapotado y al poco la lluvia aumentó y se hizo más densa, es la lluvia de otoño que llena el mundo de su macizo rumor, un rumor que en su desolación recuerda a una infinita cascada detrás del mundo, cubre todo el cielo con su grisura, cae como pesadumbre sobre la aldea en su fuerza de frío horror insensible, monocorde y átono, igual igual sobre toda la comarca, sobre la aplastada hierba del pantanal, sobre el lago cubierto de sombras, los pedregales gris metálico, cae negra como la pez sobre la granja, vedando toda perspectiva. Y el desesperado murmullo penetra por todas las rendijas de la casa, desciende como una losa sobre los oídos, confunde lejos y cerca como una historia sin ventura tomada de la vida misma, sin ritmo ni melodía, tan solo indomable en su extensión y su amplitud abrumadoras. Y aquí reposaba la pequeña casa con una mujer con mal de corazón, en el abismo del rumoroso mar de lluvia”. La vida de Laxness da para otra carta. Nacido en 1902 en la granja de la que tomaría su apellido, escribía febrilmente desde niño. Quería ser escritor, un escritor europeo. Publicó su primera novela a los diecisiete años. Viajó por el mundo. A finales de los veinte supuso que podría hacer fortuna en Hollywood vendiendo guiones. Hizo uno para que lo protagonizara Greta Garbo. Fracasó. Vivió el Crack del 29 y, según su biógrafo, le impactó cómo aquella mezcla de pobreza y felices veinte se convirtió en pobreza a secas en el país de las ilusiones. Volvió a Islandia y decidió escribir en su idioma. Ganó el Nobel en 1955. Murió en febrero de 1998. Gente independiente se publica ahora por primera vez en traducción directa del islandés al castellano, en un trabajazo de Enrique Bernárdez Sánchís para Trotalibros. https://letrascorsarias.com/tienda/ Lo que pasa en Corsarias Ya está aquí la última semana de noviembre, más o menos. Esta tarde viene Carolina Yuste, a la que tal vez hayas visto en el cine más que en los libros: sus interpretaciones en Carmen y Lola y La infiltrada le han valido ya dos premios Goya. Toda mi violencia es tuya contiene toda esa energía que muestra en la pantalla, una novela que ha sido calificada como “filosófica-choni” sobre cómo fue crecer en Badahó al principio de los dosmiles entre botellones, exhibiciones de cilindrada, amigas, novios tóxicos y un deseo de florecer tan frágil como irrenunciable. La Jara baila, la única manera que tiene de que todas las contradicciones y las puertas cerradas no se le hagan bola en lo más profundo del estómago. Y Carolina le da voz a esa angustia juvenil. Conversa con Olalla Sánchez. Mañana sábado, a las 19h, cita con Daniel Calles Sánchez, que presenta Luces de emergencia, un libro de relatos al que se ha referido como “un lobo enjaulado” que enseña los colmillos ante los abusos que sufre la clase trabajadora. El autor salmantino lleva a la literatura su experiencia como trabajador social y con sus cuentos compone un mapa desde el que explorar temas como la explotación y la pobreza pero también la dignidad y la solidaridad. Le acompaña Celia Corral Cañas. El lunes vuelve Alberto Santamaría con De las cosas pálidas, un poemario en el que “siempre parece que es domingo por la tarde en un polígono industrial a las afueras de una ciudad pequeña”. Alberto siempre ha explorado esos paisajes –físicos y mentales– que parece que nadie ve, esas afueras, y esa condición de lo que se muestra desvanecido está en el centro del poemario. Bajo la idea de “estar es todo”, su escritura conecta con la necesidad de habitar en el presente –que ya va pasando de líquido a gaseoso– y desde ahí comprender nuestras acciones. Conversa con Rosa Benéitez. Martes. La argentina Ana María Shua está considerara una de las grandes maestras de la minificción y en su nuevo libro se acerca al cuerpo como objeto de reflexión y creación, el lugar donde confluyen la vida, la enfermedad y la muerte. “Me he lanzado a escribir sobre la enfermedad como quien escribe libros de aventuras”, ha dicho. La literatura como forma de revelar lo que a veces la medicina no puede registrar: la experiencia subjetiva de la vulnerabilidad. Shua conversa sobre El cuerpo roto con Paqui Noguerol. El miércoles vuelve a ser día sociológico con nuestros amigos de SOCyL. Isaac Rosa lleva algún tiempo profundizando en cómo los aspectos que tenemos por más íntimos se vuelven cada vez más permeables a lo que un clásico llamaría “los elementos”: las condiciones sociovitales del turbocapitalismo, menudas elementas están hechas. La idea del hogar como espacio de protección en Lugar seguro, del amor zarandeado en Feliz final. En su nueva novela, Las buenas noches, dormir se ha convertido en un objeto de deseo. Como ha dicho sobre el libro Jesús Carrasco, “el insomnio de cada uno es un problema de todos”. Le acompaña Ángel Martín. Semanita completa. Ya el próximo viernes viene Yu Hua, uno de los grandes escritores chinos contemporáneos, y el sábado sesión infantil con la gran Eugenia Manzanera.

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