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La abuela de Lea Ypi, la autora de Libre, hablaba de la dignidad como una cualidad que toda persona puede llegar a poseer gracias a su capacidad de decidir moralmente. Y es que, a diferencia de los animales, guiados por el instinto, el ser humano puede actuar según principios, lo que le otorga dicha dignidad.
Ypi recuerda a su abuela con cariño: fue ella la única que no cuestionó la decisión de su nieta de abandonar Albania para ir a Italia a estudiar Filosofía. Muchos años más tarde, Ypi escribe Indignidad, un libro épico e íntimo a partes iguales que repasa su historia familiar a la vez que describe un viaje extraordinario que va del desvanecimiento de la aristocracia otomana a la creación de la Grecia y la Albania modernas. El germen de esta escritura fue su abuela. O, más exactamente, una fotografía suya.
Un buen día, Lea Ypi recibió un mensaje de un amigo diciéndole que una foto de su abuela se había viralizado en Facebook. Ypi fue a comprobarlo y descubrió un retrato de sus abuelos que no había visto nunca, publicado, además, por alguien que ella no conocía. La foto retrata a Leman y Asllan Ypi, en dos tumbonas. Es invierno de 1941 y se encuentran en las Dolomitas; es su luna de miel y Europa está en guerra. Fue entonces cuando Ypi recordó cómo su abuela hablaba de aquel período como el mejor momento de su vida. ¿Qué clase de persona puede decir que el invierno de 1941 fue la mejor época de su vida?, se pregunta la autora.
Todas las fotos abren heridas; también preguntas. Ante aquel retrato proyectado en la pantalla del ordenador, con cientos de comentarios de desconocidos en Facebook, Ypi se preguntó por el legado de alguien que ya está muerto y no puede explicarse, ni justificarse, ni contar su historia, ni armar su propio legado. ¿Quién hablará en su nombre? ¿Quién tiene la autoridad para explicar la historia de una vida?
Es a partir de esta duda que Ypi rellenó un formulario para poder acceder a información sobre su familia en el archivo del Servicio Secreto Albano en Tirana, con la idea de encontrar la verdad sobre la vida de su abuela y reconstruir el significado de su dignidad. Al embarcarse en este viaje, se abrieron todavía más preguntas de las que se cerraron, lo que la llevó a más archivos, no solo en Albania, sino en Grecia, Italia, Francia y el Reino Unido. De esta forma, el libro que se había prometido escribir se convirtió también en un testigo de los límites de los documentos de entidades públicas y en una interrogación sobre el modo en que uno debe complementar la información que puede encontrar en ellos: ¿cómo llegar a los sitios a los que el archivo no llega? ¿No son, de hecho, los archivos, el resultado de una determinada ideología y propaganda? ¿Qué puede hacer un investigador para acercarse a ellos con la autenticidad que no tienen?
Para Ypi, escribir se convirtió entonces en combinar la investigación histórica con todos los mundos que quedan perdidos en ella, la materia que no cabe en una foto. Eso era lo que encerraba el retrato que se hizo viral y la impulsó a escribir: un documento histórico, sí, pero también una historia íntima y personal, imposible de ser contenida en un archivo, que exigía de la imaginación para ser narrada. En esa tensión reside, de hecho, la grandeza de Indignidad.
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