viernes, 10 de abril de 2026

La Antártica empieza aquí Benjamín Labatut Una impactante colección de historias y personajes que se mueven en los límites del mundo y de la cordura.

https://www.anagrama-ed.es/libro/narrativas-hispanicas/la-antartica-empieza-aqui/9788433950185/NH_785 Hay escritores que construyen mundos. Y hay otros que, en cambio, abren grietas en el nuestro. Benjamín Labatut pertenece a estos últimos, a aquellos que, más que inventar, revelan. En su caso, hace visible las fisuras entre la razón y el delirio, el progreso y la catástrofe, la ciencia y la fe. En su primer libro, La Antártica empieza aquí, publicado en 2010 y que acabamos de recuperar en Anagrama en una nueva edición revisada, se puede apreciar el germen de su escritura fragmentaria y obsesiva, que parte de la anécdota para llegar a la especulación intelectual, salvando el espacio que separa lo concreto de lo abismal. Un ejemplo de ello es el cuento «Países Bajos», en el que Constantino, un exjugador de fútbol chileno afincado en Ámsterdam que se dedica a la prostitución, revive la dictadura de su país a través del discurso casi poseído de un cliente que aparece por sorpresa una noche. En sus palabras, Constantino vuelve a sentir el riesgo, la falla y el dolor. El pasado se hace presente. La memoria se aviva. El recuerdo quema. El tiempo se desbarata. El presente parece inhabitable. La existencia, después, se transforma. Es ese el territorio de Labatut: el que entiende la existencia no como un conjunto de certezas, sino como un territorio de riesgo. El cliente de Constantino recuerda un poco a ese Philip K. Dick que, en una charla que ofreció en Metz en el año 1977, empezó a desvariar afirmando que el mundo que vivimos no es real, sino un simulacro, una simulación. Labatut ya hizo referencia a este episodio del famosísimo autor de ciencia ficción en La piedra de la locura, ensayo en el que, partiendo de teorías científicas, expresiones literarias y experiencias personales, reflexionaba sobre el caos y la locura. Lo que la obra de Labatut comparte con esta anécdota de Dick es la declaración de que «a veces volverse loco es una respuesta adecuada a la realidad, que la verdad y la locura pueden ser síntomas de la misma enfermedad y que el precio que pagamos por el conocimiento es la pérdida de la comprensión». Esto mismo es lo que le pasa a Constantino, el exjugador retirado, con su cliente en «Países Bajos»: este pierde la comprensión, pero, simultáneamente, algo conoce, algo descubre, algo se le revela. Hay, en las palabras del cliente extraño, una verdad que se hace patente, pero que no se puede atisbar. Es como el vértigo que siente Werner Heisenberg en Un verdor terrible ante su propio descubrimiento, «tanto vértigo que tuvo que frenar el impulso de lanzar su cuaderno al vacío» al ver los fenómenos atómicos de una manera nueva, desconocida, con una belleza inexplicable. O como el que queda contenido en las palabras que Albert Einstein dedicó a Karl Schwarzschild, el físico alemán que aportó la primera solución a las ecuaciones de campo de Einstein de la relatividad general, y que Labatut también recoge en Un verdor terrible: «el placer que siente un artista, el vértigo del visionario capaz de discernir los hilos con que se tejen los caminos del futuro». La obra de Labatut trata precisamente de eso, y su primer libro de cuentos lo confirma: el vértigo es esa sensación inexplicable que une al artista con el científico, al escritor con el descubridor, al creador con el físico. El vértigo al sentir que la realidad es otra, completamente distinta, y que la verdad no es, la mayoría de las veces, aquello que creíamos que era.

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