https://www.filosofia.org/enc/ros/belin.htm
Gran educador, demócrata revolucionario y socialista, crítico literario y publicista ruso; uno de los hombres de Rusia, cuyo pensamiento «en el curso de casi medio siglo, aproximadamente desde la década del 40 hasta la del 80, del siglo pasado... bajo el yugo del zarismo salvaje y reaccionario, buscaba ávidamente la teoría revolucionaria justa, siguiendo con celo y diligencia sorprendentes detrás de todas y de cada una de las “últimas palabras” de Europa y de América en este terreno» (Lenin). En su desarrollo filosófico, Belinski salvó la distancia desde Schelling y Fichte hasta el idealismo de Hegel y, más adelante, hasta el materialismo de Feuerbach. En 1837-1839, Belinski es miembro del círculo de los partidarios de Hegel (el círculo de Stankevich) y colaborador principal del órgano de los hegelianos rusos, El Observador Moscovita. Pero el lado conservador de la teoría de Hegel, que proclamó las conclusiones de su filosofía como la verdad absoluta, obligó a Belinski a romper con el sistema idealista de Hegel. “Es mejor morir antes que hacer la paz con el carácter absoluto de sus resultados”, escribe. Se convirtió en materialista-feuerbachiano. En sus artículos publicados en los Anales de la Patria en 1841-1846 y en el Contemporáneo en 1846-1848, formula los principios fundamentales de la concepción materialista y revolucionaria del mundo de los plebeyos, que se levantan en lucha contra la autocracia y el régimen de servidumbre. Partiendo de la tesis materialista de que la realidad precede a la conciencia, ridiculiza a los “espiritualistas” que inventan “causas imaginarias en la Naturaleza”. La teoría filosófica justa es necesaria para mirar perspicaz y correctamente los fenómenos de la realidad. “El valor de los problemas teóricos depende de su relación con la realidad”. Belinski da una definición materialista del arte: “El arte es la reproducción de la realidad, el mundo repetido como nuevamente creado”. Pero el arte no puede ni debe reflejar todos los momentos parciales, casuales de la realidad. “El poeta no debe expresar lo particular y lo casual, sino lo general y lo necesario que da el colorido y el sentido de toda su época”. El valor más grande de la literatura estriba en que ayuda al pueblo a realizar la “noble y legítima aspiración de adquirir conciencia de sí mismo”, conocer su situación, sus objetivos. Belinski es un socialista utópico, un enemigo irreconciliable del oscurantismo, del zarismo y de la servidumbre. “Hasta su misma muerte, este hombre marchó hacia adelante, expresando sus pensamientos cada vez con mayor plenitud y precisión”, escribía sobre él Chernichevski. En 1847, estando ya mortalmente enfermo, Belinski escribió la famosa Carta a Gogol llena de pasión revolucionaria y de odio al régimen autocrático de servidumbre y a la iglesia ortodoxa. Esta carta que, “hizo el resumen de la actividad literaria de Belinski, fue una de las mejores producciones de la prensa democrática no censurada, que conserva su inmenso y vivo valor hasta hoy”, escribía Lenin en 1914. Las palabras escritas por Belinski hace más de cien años suenan hoy como una profecía: “Envidiamos a nuestros nietos y bisnietos, que están destinados a ver a Rusia en 1940 al frente de un mundo culto, dando leyes tanto a la ciencia como al arte y recibiendo el tributo devoto del respeto de toda la humanidad ilustrada”. Las principales obras de Belinski son: Las obras de Alejandro Pushkin, 1843-1845; Una mirada sobre la literatura rusa de 1846, 1847; Carta a Gogol, 1847; Una mirada sobre la literatura rusa de 1847, 1848, y otras.
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