sábado, 5 de febrero de 2011

de huellas y sombras

EVANGELIO
Mc 6, 30-34
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos.


Al regresar de su misión, los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Él les dijo: "Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco". Porque era tanta la gente que iba y venía, que no tenían tiempo ni para comer. Entonces se fueron solos en la barca a un lugar desierto. Al verlos partir, muchos los reconocieron, y de todas las ciudades acudieron por tierra a aquel lugar y llegaron antes que ellos. Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato



el dispensador dice: las almas desabrigadas necesitan de miradas, luego de los ojos demandan manos, junto con las manos reclaman comprensión, y ésta última debe estar imbuida de misericordia y compasión... pero para que las miradas se encuentren hace falta que los espíritus encuentren una nota de resonancia, y luego de ello se hagan simétricos efímeros, por un instante. Más tarde cada quién retornará a su camino ya que no es del Señor arrastrar los destinos. Las huellas pueden acompañarse pero nunca superponerse, al igual que las sombras y sus auras. El acontecimiento se anotará en los recuerdos y se llevará junto con los afectos y sus gracias, única carga permitida además de las palabras pronunciadas y las no dichas pero sí nutridas de sentires y sentimientos... Claro está, ello siempre y cuando no hayan coincidido segundas intenciones ocultas, en cuyo caso aquello que se haya dado, rechazará el beneficio de la eternidad. Febrero 05, 2011.-

viernes, 4 de febrero de 2011

DERRAMES

EVANGELIO



Mc 6, 14-29


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos.


El rey Herodes oyó hablar de Jesús, porque su fama se había extendido por todas partes. Algunos decían: "Juan el Bautista ha resucitado, y por eso se manifiestan en él poderes milagrosos". Otros afirmaban: "Es Elías". Y otros: "Es un profeta como los antiguos". Pero Herodes, al oír todo esto, decía: "Este hombre es Juan, a quien yo mandé decapitar y que ha resucitado". Herodes, en efecto, había hecho arrestar y encarcelar a Juan a causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe, con la que se había casado. Porque Juan decía a Herodes: "No te es lícito tener a la mujer de tu hermano". Herodías odiaba a Juan e intentaba matarlo, pero no podía, porque Herodes lo respetaba, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo protegía. Cuando lo oía, quedaba perplejo, pero lo escuchaba con gusto. Un día se presentó la ocasión favorable. Herodes festejaba su cumpleaños, ofreciendo un banquete a sus dignatarios, a sus oficiales y a los notables de Galilea. Su hija, también llamada Herodías, salió a bailar, y agradó tanto a Herodes y a sus convidados, que el rey dijo a la joven: "Pídeme lo que quieras y te lo daré". Y le aseguró bajo juramento: "Te daré cualquier cosa que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino". Ella fue a preguntar a su madre: "¿Qué debo pedirle?". "La cabeza de Juan el Bautista", respondió ésta. La joven volvió rápidamente adonde estaba el rey y le hizo este pedido: "Quiero que me traigas ahora mismo, sobre una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista". El rey se entristeció mucho, pero a causa de su juramento, y por los convidados, no quiso contrariarla. En seguida mandó a un guardia que trajera la cabeza de Juan. El guardia fue a la cárcel y le cortó la cabeza. Después la trajo sobre una bandeja, la entregó a la joven y ésta se la dio a su madre. Cuando los discípulos de Juan lo supieron, fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron.



el dispensador dice: puedes derramar luz, también puedes derramar tinieblas. Puedes derramar misericordia, también puedes derramar desprecios. Puedes derramar compasión, también puedes derramar disimulos. Puedes derramar alegrías, también puedes derramar tristezas. Puedes derramar comprensión, también puedes derramar negación. Puedes derramar educación, también puedes derramar ignorancia. Puedes derramar cimientos, también puedes derramar ciénagas... depende de la calidad que confieres a tu aura. Depende de lo que quieres para tu alma. Depende de cómo cultivas o no tu espíritu. No importa si te han bautizado... ¿te has, acaso, bautizado a ti mismo?... ¿Has hecho culto a la gracia de la vida que te han concedido?... Puedes aligerar los pasos propios o de otros, también puedes imponer e imponerte cargas imposibles de llevar. Puedes burlar a tus semejantes, pero no puedes burlar al que te concedió la gracia, tampoco al ángel custodio que te ha designado para seguir tu huella y preservar tu sombra, mucho menos engañar a tu consciencia... Al bautizarte a ti mismo, haces honor a la vida, por ende haces honor al que te concedió tu tiempo respirable. Si pronuncias dolor, las semillas que caerán de tu boca serán de dolor y tras tuyo crecerán plantas de dolor... y si alguna vez regresas la mirada, estarás rodeado de penas que has fabricado o has contribuido a instalar. Si pronuncias lo que revelan tus dones y talentos, quizás logres encontrar la ventana y los umbrales que dan acceso a las praderas del Señor, lugar destinado a los inocentes de espíritu, aquellos desatados de las cargas de las falsas conveniencias, liberados de los intereses efímeros. Si acudes a la esencia de tu gracia, estarás en condiciones de pedir una más al manto de lino blanco inmaculado... si no lo haces, aquello que reclames se te volverá en contra y cuanto más te empecines, peor te tratará tu propio destino. Y nuevamente, puedes derramar luz, también puedes derramar tinieblas. Puedes... ¿qué puedes?. Febrero 04, 2011.-

"La vida es un evento muy peculiar" - lanacion.com  

Pensamiento / Civilización y cultura
"La vida es un evento muy peculiar"
El antropólogo francés Marc Augé revisa algunos de los conceptos que lo hicieron célebre -como el de "no lugar"- y expone su particular visión del tiempo, la memoria, la escritura y la muerte

Viernes 04 de febrero de 2011 | Publicado en edición impresa.

Foto LA NACION / AP / ANTONIO CALANNI.
Por Gustavo Santiago
Para LA NACION



A mediados de los años 80, la expresión "no lugar" se convirtió en una suerte de contraseña que de un modo casi mágico se empleaba para referirse a las particularidades de nuevos espacios urbanos como aeropuertos, cajeros automáticos, autopistas, centros comerciales. Si bien su creador provenía de la antropología, el uso del concepto se expandió rápidamente a otras disciplinas, como la sociología o la filosofía, y, casi inmediatamente, al lenguaje cotidiano. Marc Augé admite que esa creación conceptual le permitió obtener un reconocimiento que lo hizo trascender las fronteras de su país y de su disciplina y, por eso, no reniega de ella. Pero se muestra aliviado cuando, en esta entrevista, le proponemos centrarnos en los temas que actualmente le despiertan mayor interés: el tiempo, la memoria, la escritura.

-Para orientarse en una producción tan vasta como la suya, forjada a lo largo de medio siglo de trabajo, es útil establecer una periodización. Podríamos distinguir una primera etapa, entre mediados de la década del 60 y la del 70, en la que su interés principal fue África, particularmente Togo y Costa de Marfil; una segunda, en las décadas del 80 y del 90, en las que se ocupó de las grandes urbes, en especial París. Y, finalmente, su producción de los últimos años, en que los temas recurrentes son el tiempo y la memoria. ¿Comparte esta periodización?

-Siempre es difícil percibir las etapas del propio trabajo. Pero, en líneas generales, creo que podríamos estar de acuerdo. Habría que aclarar que la primera etapa, de África, en realidad no terminó, porque yo sigo yendo allí, siempre que puedo, a realizar algunos trabajos. De mi primer trabajo propiamente de campo en África, el texto central es El genio del paganismo . Luego hay un período durante el cual he viajado mucho por Asia, Europa del Este y América latina. Yo he vivido la mundialización personalmente; he viajado mucho mientras la mundialización tomaba su nueva forma. Durante ese período, escribí textos más breves y con temas más subjetivos. No es que haya querido retornar a casa, a Francia, sino que estaba interesado en realizar una reflexión sobre el trabajo del antropólogo. De allí surgió, entre otros libros, Un etnólogo en el metro . Y, finalmente, es cierto que desde hace varios años estoy reflexionando mucho acerca del tiempo y la memoria. Es el final del recorrido [sonríe]. También me he concentrado en la reflexión sobre las relaciones entre antropología y escritura.

-Indudablemente, la expresión que lo hizo popular fue la de "no lugares". Sin embargo, es cada vez menos frecuente en sus textos. ¿Considera que se trata de un concepto superado?

-El concepto de "no lugar" se me escapó, en cierta medida. Cuando lo empleé por primera vez, no tenía idea de todo lo que iba a provocar. Creo que su amplia difusión se debió a que es el nombre de un síntoma presente en diversas disciplinas. Si bien, en este sentido, el éxito de esta expresión fue en parte ambiguo, no reniego en modo alguno de ella. Fue muy importante para mí, porque me permitió ponerme en contacto con gente de otras disciplinas, como arquitectos, artistas, pintores, escritores.

-Si tomamos algunos de sus últimos trabajos, como Casablanca y Elogio de la bicicleta , vemos que en ellos la atención está colocada especialmente en los espacios que construyen la identidad de los individuos. Es decir, en los "lugares".

-Es que a mí siempre me interesó la pareja "lugar/no lugar", no los "no lugares" solos. En Elogio de la bicicleta yo sostengo que practicar el ciclismo es "practicar el espacio", porque permite descubrir otros itinerarios, distintos de los del autobús o los del subte. Hay una nueva percepción de las distancias: algunos puntos que parecían muy lejanos entre sí, al recorrerlos desde la bicicleta, se muestran como muy próximos. El ciclista puede tener una relación más íntima con el espacio. Y esto en la ciudad es muy destacable. También hay otra relación con el cuerpo; la bicicleta obliga a tomar conciencia del cuerpo propio.

-También afecta la experiencia del tiempo y la memoria.

-Evidentemente. En ese texto, a partir de la bicicleta, yo evoco situaciones de cuando tenía quince años o veinte. Pero, a mi edad, no puedo recorrer las mismas distancias que cuando era joven. Esto no significa que se plantee una relación violenta con el tiempo; al contrario, es sumamente amable. También se hace presente el tiempo histórico, porque aparecen los recuerdos de las grandes competencias ciclísticas del pasado, con sus grandes campeones, con las circunstancias históricas en las que acontecieron.

-De algún modo, también está presente el futuro, porque usted apuesta por una ciudad poblada de bicicletas.

-Sí, es cierto. Aunque yo sé que mi proyecto de un uso masivo de la bicicleta es un poco utópico. Al menos lo es en París, y supongo que también debe de serlo en Buenos Aires. Hay demasiado tránsito como para que la bicicleta se pueda imponer. Hay ciudades más pequeñas en las que esto es más sencillo.

-En Casablanca pasamos del placer de la bicicleta al placer del cine. Pero el tiempo y la memoria siguen siendo los temas fundamentales.

-Algo que me agrada mucho de París es que hay cines en los que se pueden ver películas antiguas durante todo el año. A mí me gustan las películas antiguas porque, afortunadamente, no tengo buena memoria; olvido los detalles. Esto me brinda una oportunidad de experimentar un placer doble: el de recordar y, a la vez, el de esperar.

-En ese proceso, usted otorga un papel fundamental al olvido.

-El olvido es necesario; tiene un papel muy activo. Porque lo que se olvida va dibujando las formas de lo que no se olvida. Es como un trabajo de escultura. Lo que queda no es un recuerdo, simplemente, sino un recuerdo trabajado por el olvido. Uno de los ejemplos que doy en uno de mis libros es mi visita a una granja en Argelia. Yo estuve en Argelia como militar, en el año 1962, y viví en una granja durante seis meses. Tengo recuerdos muy fuertes de ese tiempo. Veinte años más tarde, regresé a Argelia y alquilé un auto para ir a visitar el lugar. Cuando llegué, me encontré con tres o cuatro granjas y no supe distinguir cuál era aquélla en la que había vivido. Ahora, cuando yo le cuento esto, casi treinta años después, yo "veo" los recuerdos de 1982 en la granja que conocí en 1962. La primera imagen es más fuerte que la de mi segunda visita. Hay un trabajo de recomposición, de eliminación, por parte de la memoria.

-También volver a ver una película clásica es, en cierto modo, regresar a visitarla.

-Precisamente por eso me apasionan las películas viejas. Con las granjas uno puede pensar que el recuerdo no se ajusta porque las casas pudieron haber cambiado durante los veinte años transcurridos hasta la nueva visita. En cambio, en el caso de las películas, sabemos que éstas no han cambiado. Son un testimonio absoluto. Brindan una oportunidad para confrontar la memoria con la realidad que generó el recuerdo. Hay ahí una confluencia de dos tiempos: el tiempo del espectador y el tiempo de la propia película.

-Otro de los textos en los que despliega este tema es El tiempo en ruinas .

-Ahí narro una experiencia que viví en Tikal, Guatemala, que fue muy fuerte para mí. Me había adentrado en la selva, antes del amanecer, porque quería evitar la compañía de los numerosos turistas que recorren la zona. Estaba completamente solo, contemplando las ruinas. Y en ese momento me sucedió algo extraordinario y muy emocionante. Fue el momento en el que descubrí lo que llamo "el tiempo puro".

-¿Cómo fue ese descubrimiento?

-Lo que me llamó la atención fue que, si bien estaba ante ruinas que referían, de algún modo, a la historia, no se trataba de un espectáculo en sí mismo de tipo histórico. Porque las ruinas, tal como las estaba viendo, tal como se las puede ver ahora, nunca antes existieron. Es ahí donde yo descubrí el "tiempo puro". Es la presencia del tiempo que no es una experiencia histórica pero que tiene que ver con el transcurrir del tiempo. En esta experiencia hay algo fascinante, porque se trata de un auténtico "sentir" el tiempo.

-En esa situación, usted estaba solo, pero las ruinas le hablaban de la presencia del hombre. En algunos textos usted ha aludido también a experiencias de un tiempo sin historia. ¿En qué consistirían?

-Puedo citarle una experiencia que tuve en el sur de Bolivia, en la Laguna Colorada, cerca de la frontera con la Argentina y Chile. Allí no hay prácticamente rastros de seres vivos. Todo es mineral. Cuando uno está parado allí, observando las rocas, el agua, las montañas, vive una experiencia muy difícil de transmitir. No se trata de una experiencia del tiempo puro, sino del planeta sin historia, sin vida. Da la idea de que la vida es un evento muy peculiar. Es la Tierra antes de cualquier poesía.

-El tema del tiempo es, quizás, el más abordado por la filosofía. También otras disciplinas, como el psicoanálisis, le otorgan un lugar central. ¿Considera que han construido buenas imágenes del tiempo?

-Creo que han estado demasiado pendientes del pasado. Tenemos sistemas de interpretación personales, como el psicoanálisis, o generales, como el marxismo, en los que el rasgo común es que el pasado determina el presente. Yo estoy cada día menos convencido de eso. Creo que la cuestión interesante es el futuro. Es cierto que posiblemente haya influencias del pasado en mi recorrido. Pero no están dentro de lo que más me interesa.

-En el comienzo de esta entrevista, usted decía que está trabajando en la relación entre antropología y escritura. ¿Qué podría decirnos al respecto?

-Quizás habría que comenzar hablando de "el viaje". Vivimos en un mundo en el que hay una gran cantidad de gente viajando permanentemente. Por un lado, tenemos a los inmigrantes, que viajan con la idea de salir de una situación económica difícil, y por otro, a los turistas, provenientes de las clases medias y altas de la sociedad, que suelen viajar en el sentido opuesto al de los inmigrantes. Y, junto con ellos, viajan los etnólogos. Ambos van en busca de sociedades lejanas. Pero, más allá de las semejanzas en el itinerario, hay una cantidad de importantes diferencias entre el etnólogo y el turista. Entre ellas, una de las fundamentales es la escritura.

-Antes de llegar a la escritura, ¿podría mencionar las otras diferencias?

-Hay claras diferencias en los objetivos: el etnólogo viaja para estudiar, no para consumir; va provisto de un método que le permite realizar observaciones; intenta colocarse en una posición exterior en relación con aquellos a los que va a observar, aun cuando sabe que su presencia afecta su objeto de estudio... En fin, son numerosas las diferencias. Pero lo más importante tiene lugar cuando el etnólogo regresa a su casa.

-Es allí donde tiene lugar la escritura.

-Exactamente. El viaje del etnólogo debe culminar en un hermoso libro en el que dé testimonio de su experiencia. Yo suelo decir que el turista moderno es un consumidor que se cree un viajero, mientras que el etnólogo es un sedentario que está obligado a viajar. Pero el etnólogo viaja para regresar a la soledad de su estudio, para poder escribir su experiencia, para darle un sentido. El momento más importante no es el de la partida, sino el del final del viaje.

-La expresión "final del viaje" suele estar asociada con otro de los temas recurrentes en sus últimos libros: la muerte. ¿Es ése un tema que lo inquieta en lo personal?

-No. Cuando en mis libros hablo de la muerte de seres queridos lo hago a través de la evocación de recuerdos de infancia, pero no porque esté obsesionado con la muerte. Tengo una edad que hace que haya perdido a muchos amigos, pero... es así. No quiero vivir con sus fantasmas...

-¿Puede la antropología ayudarnos a pensar la muerte?

-Yo he vivido muchos años en las sociedades paganas, con ideas más o menos elaboradas del retorno del tiempo, y es interesante lo que tienen en común, por ejemplo, los africanos con los amerindios. Su idea de que finalmente la muerte como tal no existe. Tienen una intuición que yo llamaría "materialista", que tiene que ver con la no realidad de la muerte. Es el fin de una vida, pero hay otras formas de vidas. Y no estoy hablando de metempsicosis o reencarnación. Yo soy profundamente antirreligioso. Pero en las intuiciones de los politeísmos tengo la impresión de que hay algo aproximado a lo que la ciencia dice acerca de que "en la naturaleza nada se pierde, todo se transforma".

-¿Cuál sería la falencia de la religión, en este sentido?

-La mayor parte de los sistemas religiosos necesitan imaginar algo antes y algo después. Es una manera de vivir la vida, como un no lugar... Y la vida es el único lugar.

adn Augé
Poitiers, 1935
El antropólogo francés, que se hizo célebre en la década de los años ochenta por su concepto de "no lugar", ha desarrollado una prolífica obra como investigador y escritor sobre los temas que lo apasionan: las culturas aborígenes, las ciudades, el tiempo y la memoria

"La vida es un evento muy peculiar" - lanacion.com  

jueves, 3 de febrero de 2011

sin sandalias...

EVANGELIO

Mc 6, 7-13

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos.

Jesús llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros. Y les ordenó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni provisiones, ni dinero; que fueran calzados con sandalias y que no tuvieran dos túnicas. Les dijo: "Permanezcan en la casa donde les den alojamiento hasta el momento de partir. Si no los reciben en un lugar y la gente no los escucha, al salir de allí, sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos". Entonces fueron a predicar, exhortando a la conversión; expulsaron a muchos demonios y sanaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con óleo.


el dispensador dice: al tomar el afán de tu camino, no lleves mochila, alcanza con el cuerpo... déjate llevar por tus pies, y si ellos no alcanzan, despliegas tus alas para exaltar la condición de tu alma... ciñe un cordón a tu cintura, sólo para que no te atropellen las locuras... si portas sandalias, calzados livianos, sigue las sendas que te conduzcan mediante riendas, las que por ser invisibles despertarán tus capacidades especiales, enseñándote a sentir, percibir antes que a los espejismos acudir... de camino guarda silencios, usa tus ojos, observa distante, nunca sobre el hombro, siempre adelante, sin hacer ostentación de testimonio, aquello que escuches te alejará de los demonios... estate atento a las brisas y descubrirás los vientos, ellos llevan recuerdos olvidados por cuerdos, pueden servir en la noche para orientar nuevos tiempos... si se cruza un enfermo, le tiendes tu mano, mira sus ojos, tomas sus brazos, si hay sentimientos se llenarán los vasos, pero si otras son las intenciones alcanzará con un abrazo, dejándolo atrás su aura se perderá... no lleves pan ni alimentos, cuando se anda suave alcanza con alimentarse de vientos, justamente ellos no conllevan el sentido de los tiempos, esos que suelen consumir las vidas sin descubrir los talentos... si nadie atiende tus llamados, no te preocupes, sigue la huella, será que ha sido mejor perder aquello que no fue encontrado... y si aún perdiendo entiendes que no has ido ganando, importará que sigas andando ya que es destino del hombre sabio, ir hacia adelante sin regresar a su pasado... si te tratan mal, no respondas, aléjate pronto, toma distancia y sacúdete de los piés los polvos, el aire devolverá gentilezas a aquellos que desprecian lo que rezas. Febrero 03, 2011.-

SIMPLES COSAS - La «piedra solar» que ayudó a los vikingos a cruzar el Atlántico Norte - ABC.es

Ciencia
La «piedra solar» que ayudó a los vikingos a cruzar el Atlántico Norte
Proponen una explicación científica a la antigua leyenda sobre un misterioso instrumento que los antiguos marinos utilizaban para orientarse en días nublados y sin brújula
ABC / madrid
Día 01/02/2011 - 14.50h


Archivo.Restos del barco vikingo Oseberg, descubierto en Sem (Noruega)


Dice una vieja leyenda vikinga que los marinos, para encontrar su camino en el océano, utilizaban una «piedra solar» brillante que, elevada hacia el cielo, revelaba la posición del Sol incluso en un día nublado. Suena a magia, pero los científicos creen haber resuelto el misterio. La mítica piedra solar podría consistir, en realidad, en unos cristales polarizadores. Este instrumento podría haber ayudado a los antiguos marinos a cruzar el Atlántico Norte. El informe se publica en la revista Philosophical Transactions of the Royal Society B1 y que recoge Nature online.

Los vikingos, lobos de mar de Escandinavia que viajaron a lo largo y ancho del Norte de Europa, las Islas Británicas y el Atlántico Norte de los años 750 a 1050, eran excelentes navegantes, capaces de cruzar miles de kilómetros de mar abierto entre Noruega, Islandia y Groenlandia. Posiblemente, la luz diurna perpetua durante la estación de verano en el extremo norte habría evitado que usaran las estrellas como guía para posicionarse, y la brújula magnética aún no se había introducido en Europa, aunque habría tenido un uso limitado tan cerca del Polo Norte.

Pero las leyendas vikingas, que incluyen la saga islandesa centrada en el héroe Sigurd, apuntan a que estos marinos tenían otra ayuda de navegación a su disposición: una «sólarsteinn». Una piedra solar. La saga describe cómo, durante los días nublados o cuando azotaba la nieve, el Rey Olafconsultaba a Sigurd sobre la posición del Sol. Para comprobar la respuesta, Olaf «sostenía una piedra solar, miraba al cielo y observaba de dónde procedía la luz, a partir de lo cual adivinaba la posición del invisible Sol». En 1967, Thorkild Ramskou, un arqueólogo danés, sugirió que esta piedra podría haber sido un cristal polarizador como el espato de Islandia, una forma transparente de calcita, que es común en Escandinavia.

¿Cómo funciona?

La luz contiene ondas electromagnéticas que oscilan de forma perpendicular a la dirección en la que viaja. Cuando las oscilaciones apuntan todas en la misma dirección, la luz está polarizada. Un cristal polarizador permite que pase a través de ella sólo la luz polarizada procedente de ciertas direcciones. Por esto, Ramskou defendía que, sosteniendo un cristal de calcita ante el cielo y rotándolo para comprobar la dirección de la polarización de la luz que pasa a través de él, los vikingos podrían haber deducido la posición del Sol, incluso cuando estaba oculto tras las nubes o la niebla, o estaba justo bajo el horizonte.

Los historiadores han debatido la hipótesis desde entonces. Algunos han defendido que esta técnica habría sido inútil, ya que sólo funcionaría si el cristal apuntara a ciertas zonas de cielo claro, y en tales condiciones sería posible estimar la posición del Sol a simple vista.

Gábor Horváth, investigador óptico de la Universidad de Eötvös en Budapest, y Susanne Åkesson, ecóloga de migraciones de la Universidad de Lund en Suecia, han puesto a prueba estas suposiciones desde 2005. En un estudio, los investigadores tomaron fotografías de cielos parcialmente nubosos o en ocaso en el norte de Finlandia a través de una lente de ojo de pez de 180º, y pidieron a sujetos de prueba que estimasen la posición de Sol. Los errores de hasta 99º llevaron a los investigadores a concluir que los vikingos no podían haber dependido de la simple vista para evaluar la posición del Sol.

Con cielos cubiertos

Después, los científicos comprobaron si las «piedras solares» funcionaban mejor. Para ello, midieron los patrones de polarización de todo el cielo bajo un rango de condiciones atmosféricas durante una travesía del Océano Ártico a bordo del rompehielos sueco Oden5,6. Quedaron sorprendidos al descubrir que, en días nublados o condiciones totalmente cubiertas, el patrón de luz polarizada era similar al de cielos despejados. Ahora, los investigadores planifican más experimentos para determinar si los voluntarios pueden medir con precisión la posición del Sol usando cristales en distintas condiciones atmosféricas.

Sean McGrail, que estudia la navegación antigua en la Universidad de Oxford, en el Reino Unido, dice que el estudio es interesante, pero que no es una prueba real para indicar si realmente los vikingos utilizaron dichos cristales. “La gente ya navegaba mucho antes sin estos instrumentos”, señala.

Los registros escritos supervivientes indican que los vikingos y los primeros navegantes medievales cruzaban el Atlántico Norte usando la posición del Sol en días claros como guía, en combinación con la posición de las líneas de costa, patrones de vuelo de las aves, rutas de migración de las ballenas y nubes lejanas sobre islas, dice Christian Keller, especialista en arqueología del Atlántico Norte en la Universidad de Oslo.

Keller dice que está “totalmente abierto” a la idea de que los vikingos también usaran «piedras solares», pero está esperando pruebas arqueológicas. «Si encontramos un naufragio con un cristal a bordo, entones sería feliz», señala.
La «piedra solar» que ayudó a los vikingos a cruzar el Atlántico Norte - ABC.es



el dispensador dice: las culturas de los pasados humanos, tiempos de atlantes y lemures, anteriores y posteriores, concentraban sus saberes en las cosas simples, aquellas que revelan la esencia de los conocimientos prescindentes de tecnologías dañinas, pesadas y costosas... Muchas son las muestras y muchos más los ejemplos de los conocimientos ancestrales en el lejano oriente y en las culturas de las arenas... todo demuestra que la historia que se cuenta no coincide con aquella otra, genuina, que transcurría por entonces donde las comunicaciones eran tan mundiales como lo son ahora, aunque sin celulares y sin electrónica desperdiciada. Los libros, además de conservar los conocimientos promovían la lectura y la curiosidad por el saber... impulsaban a escribir y a mejorar la expresión, debido ello a la importancia que tenía la palabra "dicha" y la otra "escrita". Modales y modos se traducían en educación para el desarrollo de dones y talentos... y así fue hasta los griegos, que fueron conduciendo los saberes hacia fines prácticos y cada vez más intrincados, aplicando el sentido último de la madeja, esa que evita que otros sepan, que otros puedan, que otros... Atlantes y lemures recorrían los mares a discreción, haciendo culto de las capacidades del hombre, para lo cual se concentraban en el espíritu de la piedra... y muchos son los rastros que han dejado al respecto, huellas que el hombre de hoy, imbuido de soberbias y tecnicismos académicos, no logra descifrar, ni siquiera intuir. Las simples cosas enseñan. Las cosas que tornan complejo el sentido de comunidad y la convivencia, conducen al fracaso y la frustración. No era una piedra solar aquello que elevaban los vikingos, extraordinarios navegantes, antes bien empleaban el sentido de las esferas, un sentido geométrico que bien aplicado evita cualquier pérdida de rumbo... nada distinto a los contenidos del arca de la alianza, a las capacidades de los magnetos que utilizaban los egipcios para proveerse de luz... Cuanto más se ha tecnificado la civilización humana, más ha perdido su horizonte, y ya ni siquiera sabe cómo acceder a las fuentes. Febrero 03, 2011.-

miércoles, 2 de febrero de 2011

INVISIBLES - Crean la primera capa de invisibilidad que hace desaparecer grandes objetos - ABC.es

Ciencia
Crean la primera capa de invisibilidad que hace desaparecer grandes objetos
Consigue ocultar al ojo humano objetos de centímetros de diámetro, algo jamás realizado, gracias a un cristal de calcita
J. de jorge / madrid

Día 02/02/2011 - 13.24h

Zhang/G. Barbastathis/SMART Centre.Un trozo de papel rosa desaparece bajo la capa de invisibilidad creada por el MIT

La carrera por lograr una auténtica capa de invisibilidad ha dado un paso más, y parece una gran zancada. Dos equipos internacionales de investigadores independientes han demostrado un método para esconder al ojo humano un objeto tridimensional, de centímetros de diámetro, cientos de veces más grande que las ondas de luz y algo mucho mayor de lo que otros equipos habían logrado jamás. Y lo han conseguido utilizando calcita, un cristal natural, barato y asequible. La investigación, que ofrece un enfoque sencillo e innovador para hacer realidad la famosa capa de Harry Potter, aparece publicada en la revista Physical Review Letters y en Nature Communications.

Las capas de invisibilidad dejaron hace mucho tiempo de formar parte de la fantasía y de la ciencia ficción para convertirse en algo en lo que los científicos trabajaban cada vez con más éxito. El principal obstáculo era encontrar un material capaz de distorsionar el camino de la luz fácilmente, de forma que un objeto desapareciera de la vista como por arte de magia. Surgieron entonces los metamateriales artificiales, capaces de conseguirlo. Pero son caros y difíciles de fabricar. Además, solo podían utilizarse en pequeñas escalas, a un nivel microscópico mucho más fino que el grosor de un cabello humano, y no bajo luz visible, sino en infrarrojo. Lógicamente, un observador no podía comprobar la desaparición de un objeto a simple vista. Hacía falta algún tipo de instrumento.

Un método casi «casero»

Ahora, físicos de la Universidad de Birmingham, del Imperial College de Londres, de la Universidad Técnica de Dinamarca y del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) han demostrado, por separado, que son capaces de esconder un objeto mucho más grande y bajo luz visible gracias al uso de un cristal natural transparente llamado calcita, en vez de un metamaterial. La humilde calcita tiene una propiedad especial, y es que la luz entra en ella y se rompe en dos rayos de polarizaciones diferentes que viajan a distintas velocidades y direcciones.

Para sus experimentos, los investigadores utilizaron dos piezas triangulares de calcita pegadas juntas, colocadas en un espejo. De esta forma, el tamaño de la zona de invisibilidad no se limita por la tecnología disponible, sino solo por el tamaño del cristal de calcita. «Es un paso importante - explica Shuang Zhang, responsable del estudio y profesor de la Escuela de Física y Astronomía en la Universidad de Birmingham-, por primera vez, el área de la capa de invisibilidad ha aumentado a un tamaño suficientemente grande como para que el observador pueda "ver" el objeto invisible a simple vista». Los científicos han anunciado que proseguirán sus investigaciones.
Crean la primera capa de invisibilidad que hace desaparecer grandes objetos - ABC.es


Macroscopic invisibility cloaking of visible light : Nature Communications : Nature Publishing Group
Macroscopic invisibility cloaking of visible light : Nature Communications : Nature Publishing Group



el dispensador dice: los sentidos humanos, atados a las densidades, se han vuelto extremadamente limitados. Los ojos apenas si logran "ver" dentro un espectro pequeño entre rojos y violetas... La piel apenas si logra sentir las cercanías... al tiempo que el hombre está casi sordo, aturdido por los ruidos que emanan de los huecos de sus almas y sus abismos respecto de las otras almas... y así como lo esencial es invisible a los ojos, lo substancial es más invisible aún a las soberbias y sus segundas intenciones. Sin embargo, en otros tiempos, con una distinta alimentación de los cuerpos y de los espíritus, otras eran las realidades. Se conocían los umbrales y sus fuerzas, sus huecos y sus recovecos, y el hombre tenía la capacidad de desprenderse de sí mismo y ver más allá de sus ojos, sentir más allá de su piel, liberándose de las ataduras de los tiempos respirables. Bien lo conocían los nubios que utilizaban fuerzas magnéticas para sostener pesadas estatuas en los techos de los santuarios y sus oráculos. Pero poca importancia encuentra ello ahora. Los legados de Petri, Álvarez López y otros se van extinguiendo a manos de pseudo descubridores oportunistas que traducen copias como logros propios... más allá, aún cuando los sentimientos son ciertamente invisibles, pueden ser fácilmente detectados por personas con capacidades especiales, finuras que les permiten exceder los límites de su vista, de su audición o de su piel. Invisibles son las segundas intenciones que se escudan tras las desidias y sus otras mentiras, sin embargo las mismas pueden ser claramente percibidas mediante habilidades especiales de personas con "ciertos" dones singulares que las diferencian del resto. Lo esencial es invisible a los ojos, pero no a los espíritus decididos a hacer culto de sus dones y talentos en el tiempo de gracia de la vida. Ninguna tecnología, por sofisticada que sea, supera las capacidades que contiene el ser humano, dormidas o atornilladas a sus mochilas. Cuando las tecnologías conllevan intenciones ocultas con fines militares, se tornan tan densas como las almas de sus creadores y aún siendo útiles pasan a componer las substancias del lado oscuro, por lo que serán consumidas por las tinieblas... mientras tanto, lo esencial de la gracia permanece oculta y a resguardo de las intenciones humanas, aún cuando éste no lo crea, no lo acepte y hasta reniegue de ello. Lo invisible suele ser alimento de los espíritus sensibles que no necesitan ni tocar ni palpar para reconocer... son parte de Dios, en el viento o en la luz, en el aire o en el agua, en la resignacíón o en el silencio, y no es necesario más que eso. Febrero 02, 2011.-

martes, 1 de febrero de 2011

SINTONÍAS EN VERDE - Los árboles hablan - lanacion.com  

OM / Por Luis Aubele
Los árboles hablan
Alamos, robles, eucaliptos, arrayanes... todos tienen mucho que enseñar si se les presta atención
Martes 01 de febrero de 2011 | Publicado en edición impresa.



Escritora e investigadora, Katja Löhner estudia lo que muy pocos estudian. / GRUPO44.

Katja Löhner estaba en un vivero en la costa buscando un arbusto para su jardín cuando de pronto divisó un árbol chico que la impresionó profundamente. "Estas cosas me habían pasado con personas, pero nunca con plantas. Era un olmo. Después de trasplantarlo en mi jardín estudié su significado simbólico y descubrí que era la comunicación", recuerda la escritora e investigadora, autora de La sabiduría de los árboles, claves para el crecimiento personal .

Arboles chamanes. "A través de esa experiencia empecé a afinar mi percepción con las distintas especies, pude comenzar a percibir los diferentes campos vibratorios de los árboles y sentir que con algunos resonaba más que con otros. Sus propiedades curativas son bien conocidas para los chamanes y sanadores de distintas culturas. La homeopatía, la medicina antroposófica, las flores de Bach y de Raff, la medicina china y muchas otras disciplinas usan el potencial sanador de flores y frutos", sigue.

En todas partes. Löhner indica que el árbol es un símbolo que acompañó al hombre desde su origen, aparece en las pinturas rupestres y está presente en las religiones del mundo: el Buda se ilumina debajo de un árbol Bodhi; la historia de la cristiandad está ligada al árbol del conocimiento del bien y del mal; la escuela iniciática de los sufíes porta el nombre tarika ( palmera ), y la menora, el candelabro de siete brazos de la religión judía, no es otra cosa que un árbol estilizado.

Sabiduría de la lentitud. "Entre las cualidades que nos regalan los árboles longevos está el sosiego, el volvernos más lentos, restablecer el equilibrio y a percibir la calma regeneradora. Nos enseñan que la quietud y el silencio son el mejor abono para un desarrollo pleno. También nos recuerdan que se crece desde el propio centro, lo que implica vivir atentos a nuestros pensamientos, nuestras acciones, y verificar que sean congruentes con nuestro ser más íntimo." El árbol es un arquetipo de generosidad, explica; da frutos, flores, sombra, leña... Vale decir que nutre, abriga y sana. No se jacta de su capacidad de dar ni se queja, da de un modo natural.

Pies en la tierra. "Un árbol nos recuerda que para crecer hacia lo alto, hacia lo espiritual, lo abstracto, es necesario estar bien arraigado en la tierra, en lo concreto, en la materia. Es, al igual que el ser humano, un ser que une cielo y tierra. Es el portador del fruto acabado, y al mismo tiempo esta en pleno proceso de desarrollo. Nosotros, como seres humanos, somos la máxima expresión de la creación y al mismo tiempo estamos aún en proceso de crecimiento." Por otra parte, el árbol es un gran ejemplo del paso del tiempo y del sentido cíclico de la existencia: hay etapas en que brotan fuerzas nuevas; otras en que se expanden y manifiestan, luego dan su fruto, para finalmente soltar todo lo que ya no se necesita y disponerse desnudo a comenzar de nuevo.

Nacer, crecer. "También aprendemos que cualquier espacio es habitable, que naturalmente, aunque uno no sea consciente, se crece hacia la luz, que toda existencia siempre da algún fruto. La sabiduría de los árboles es el producto de esta larga búsqueda y el intento de acercar una herramienta de autoconocimiento simple y clara, mediante un símbolo universal accesible, el árbol. La propia existencia humana se refleja en este símbolo: nacer, crecer, dar frutos, atravesar las distintas estaciones, brindar belleza, verdad e iluminación", apunta.

Nietzsche. "Existe una sabiduría inherente en el árbol que enseña a vivir, a abrir la percepción hacia lo otro y hacia uno mismo. Nietzsche decía: "El hombre que no se asombra cuando ve un árbol está muerto". Vamos muchas veces ciegos por la vida, tanto para ver la belleza que nos rodea como para ver y reconocer nuestro propio ser. Observé que cuanto más profunda era la vida espiritual de una persona, más felicidad y libertad transmitía".

La cárcel. "Muchas veces somos nuestros peores carceleros. Armamos una personalidad que nos permite circular por nuestra existencia, pero a veces esta misma estructura defensiva, que construimos inconscientemente, es la que no nos deja desplegar todo nuestro ser. En mis talleres intento ayudar a tomar conciencia de estos sistemas de creencias restrictivos. Vamos quitando velos que opacan nuestro ser luminoso. Claro que este trabajo debe ser acompañado con la práctica del silencio, la atención, meditación y visualizaciones. No basta el conocimiento conceptual."

El lago de la mente. "Cuanto más atención y presencia se pueda experimentar mientras se está frente a un árbol, y cuanto más sereno esté el lago de la mente, más clara y nítida se volverán la percepción, el amor y el profundo respeto por el propio ser y por el de los demás."


LICENCIAS

Katja Löhner es licenciada en Letras (UCA) y se especializó en Metodología y Pedagogía en universidades de Munich y Göttingen. Tiene una maestría en Antropología Vincular y Pensamiento Jungiano y coordina talleres de autoconocimiento y grupos de visualización, de práctica del silencio y de atención. Es miembro de la International Enneagram Association. Otra de sus tareas es acompañar al monje benedictino Anselm Grün como intérprete en sus visitas a la Argentina.

Más datos, www.katjalohner.com.ar .

UNA PRUEBA
Lo primero es caminar por el bosque con los cinco sentidos abiertos. Son interesantes los sonidos que el viento produce en los árboles; el movimiento de las agujas de las casuarinas se parece al del mar; el golpeteo de las hojas del álamo producirá un sonido casi metálico.

Acariciar las cortezas puede revelar aspectos inesperados: hay unas lisas y luminosas, como la del eucalipto, y otras que parecen un finísimo terciopelo canela, como la del arrayán. Es útil reconocer la forma total del árbol: si su copa es globosa será un árbol más yin, nutritivo, femenino, como el roble; si sus ramas son ascendentes tendrá más características yang, del espíritu, como la tuya o el tejo.

LECTURAS
- La magia de los árboles (Ignacio Abella) .

- Las energías curativas de los árboles (Patrice Bouchardon) .

- La diosa blanca (Robert Graves) .

- Arboles y arbustos nativos de la Patagonia andina (Fund. Península Raulí) .

DIXIT

NIETZSCHE DECIA: "EL HOMBRE QUE NO SE ASOMBRA CUANDO VE UN ARBOL ESTA MUERTO "
Los árboles hablan - lanacion.com  


el dispensador dice: siguiendo el sentido de los impares, cuando de verdes se trata, ciertas personas sensibles contienen el don de poder conversar con las plantas, grandes o pequeñas, robustas o enclenques, sintonizando la canción de las savias y sus fibras, convergiendo hacia el mundo de las giberelinas y sus inconmensurables capacidades de comunicación. Las charlas pueden ser profundas o apenas comunicativas, pero siempre dejarán un residuo de "amplitudes". Luego, las plantas sienten, sienten las intenciones tanto como los latires, pero además perciben los contenidos de las auras humanas u otras... y tienen la propiedad de consubstanciarse con aquello que captan e introyectan. El mundo humano de hoy, atrapado en las densidades de rutinas intrascendentes, no logra alcanzar el verde, debatiéndose entre rojos e infrarrojos propios del inframundo. El no poder pasar por la sintonía del verde, inhabilita a alcanzar los azules y luego los violáceos, de allí que esté retenido en sus propios desiertos, donde los árboles sólo pertenecen a las entelequias dimensionales. Cuando el hombre desprecia al árbol, se desprecia a sí mismo, enseñando el síntoma de la soberbia... Cuando el hombre lastima al árbol, se lastima a sí mismo, enseñando su avaricia... Pero mucho más allá, sin el árbol... el hombre no existe, debiendo regresar al ideario para dar lugar a la necesidad de un nuevo verbo... y el verbo, por caso, no es patrimonio de ningún hombre. Febrero 01, 2011.-