lunes, 5 de abril de 2021

CONVERSACIONES ESTÚPIDAS 2© [12] By Víctor Norberto Cerasale Morteo®

CONVERSACIONES ESTÚPIDAS 2© [12] By Víctor Norberto Cerasale Morteo® Los pasillos de hospital conservan pensamientos dilatados… pensamientos expandidos… pensamientos distraídos… pensamientos abstractos… pensamientos subjetivos… guardan caminatas con pensamientos íntimos repletos de recuerdos que van y vienen… imágenes que se superponen en la memoria de cada quien… ideas tormentosas donde las nubes no se disipan… ideas en remolinos donde la inquietud domina y la duda acosa… muchos escuchan a los médicos sin descifrar qué es lo que dicen… sin entender de qué hablan… y acuden a la enfermera de turno para traducir o simplemente para acercarse a alguna orilla donde exista algo de tranquilidad, algo de sosiego… “hay que esperar”, suele ser una respuesta… “vamos a ver”, suele ser otra respuesta… las próximas cuarenta y ocho horas, reza algún comentario… siempre flota un “quédese tranquilo” que sólo logra poner más intranquila a la persona, al interlocutor… porque la duda da vueltas y ninguna palabra es suficiente para revertir los hechos de cada paciente… los que recorren los pasillos lo hacen por secuencias, por escalas… de izquierda a derecha o de derecha a izquierda… a veces permanecen parados mirando a través de alguna ventana, si las hay, con miradas perdidas en horizontes inexistentes, con pensamientos extraviados en un limbo carente de tiempos, donde el espacio se vuelve plano, y donde la respuesta no es más que una nueva pregunta que jamás tendrá ni encontrará respuesta alguna… las idas y las venidas son el debate entre la vida y la muerte, se lo respira… los lechos de los pacientes son un recitado inconsciente a la duda… ¿habrá mañana?... ¿habrá un mañana?... ¿hasta dónde alcanza el tiempo propio?... ¿hasta dónde Dios ha concedido el tiempo ajeno?... ¿seré yo el próximo?... y la almohada es testigo de las preguntas que jamás verán una respuesta… y los pasillos se van nutriendo de las preguntas cuya respuesta es apenas un giro del destino… o te vas… o te quedas, y si lo haces, es siempre hasta la próxima vez, porque siempre hay una vez siguiente, y en ella puede estar la caducidad de tu propio tiempo, nunca se sabe, la duda se sostiene y tiene nota musical… y esa misma duda que se sostiene, tiene número… la nota musical es inaudible, pertenece a la música de las esferas de cada individuo… está, pero sólo quien transita su destino puede oírla o ignorarla… del mismo modo, el número es desconocido por cualquiera de los otros, y casi siempre, también por los propios, no es el número de la quiniela, es un espacio en la escala numérica que rige desde el nacimiento… la vida suele ser un continuo estado de inconsciencia… se recitan los estados de consciencia, pero estos son limitados… se describen los estados de consciencia, pero estos son laberintos que tienen entrada pero no tienen salida… el espíritu choca contra muros del “sí mismo” extraviado en aturdimientos… el pasillo contiene huellas que nadie ve, pero están y permanecen… las habitaciones contienen huellas que nadie ve, pero están y permanecen… la eternidad todo lo conserva… todo lo registra… todo lo anota… de todo hay testimonio de al menos un ángel… de todo hay testimonio de al menos dos ángeles… de todo hay testimonio de al menos tres ángeles… nunca más de tres ángeles… ellos están impedidos de intervenir salvo en las excepciones que contiene el destino… pero eso no les impide observar… el ejercicio del allá es tan eterno como el ejercicio del acá… Las paredes de los pasillos se nutren de lamentos… a veces de alegrías… a veces de sentidos de alivio… a veces de descargas… a veces se alimentan de penas y otras tantas de sentidos de liberación… allí las miradas se pierden en el sí mismo ensimismado… juegan raras poesías los silencios… silencios prolongados donde cualquier palabra es sólo una excusa para justificar la presencia… las mochilas se cargan en los pasillos, así como en las habitaciones… Las paredes de las habitaciones se nutren de dudas… los rostros enseñan sonrisas o muecas de dolor… los rostros descansan o miran con ojos perdidos… hay sueños que son leves u otros que son pesados… las distancias entre el afuera y el adentro pueden marcarse en el aire… habiendo compañía hay soledad… habiendo soledad la compañía es sólo una anomalía atemporal, cada uno está solo a merced de sus propias circunstancias… nadie sabe cuándo se produce, nadie sabe cuándo se inicia, nadie sabe cuándo caduca… el tiempo humano no pasa, no se escurre y las horas se vuelven siglos… a veces se oyen gritos y muchos esquivan sus miradas… a veces hay espíritus que se hablan a sí mismos, pero lo que dicen es ininteligible… hay conversaciones sostenidas con alguien que no está, que no se manifiesta, que está ahí pero que nadie puede ver… y la historia se repite una y otra vez, todo el tiempo, todos los días, todas las noches… los acompañantes aguardan por aquello que desconocen y las camas no pasan de ser un número en una planilla… un inventario despersonalizado de una suerte que se desvanece, o de una suerte que crece, nunca se sabe… a veces la vida regresa y otras veces se transforma en estampida, todo eso queda registrado en el más allá desconocido… las planillas son sólo eso, documentos estadísticos donde la persona es una cosa más, pasajera de otras tantas… las gentes están densas y sus pies pesan tanto como una tonelada… sus ojos ven, pero no ven… sus oídos oyen, pero no escuchan… los sentidos parecen envolver, pero no descifran… es como si una niebla envolviese las circunstancias de cada uno transformándolas en algo impenetrable… el de la cama de al lado está resguardado en su sí mismo e intenta no saber del otro… el otro es un pasajero de mares turbulentos donde no hay puerto ni amarradero, ni siquiera una boya para orientarse… la navegación es espesa y de tanto, tediosa… es como si la realidad evolucionara detenida… corre, pero está quieta… transcurre, pero está paralizada… está en la habitación tal, se escucha por allí… la esperanza reside en cruzar las miradas… hacer saber que estuviste… hacer saber que te preocupaste… quizás una flor… tal vez un cristo… tal vez una estrella… todo depende de los tiempos de estadía… hay gentes desahuciadas que residen en algún rincón compasivo, se ven cosas muy locas en un hospital, se escuchan cosas muy locas en un hospital… algunos las registran y hacen de ello memoria, otros las aprietan y las escurren intentando evitar que se les pegue la realidad… Todo es un concierto desconcertante… la vida se mezcla con la muerte y conviven en la simultaneidad… la muerte se mezcla con la vida y producen un remolino de visibles invisibles guardados en sus respectivos sí mismos, al tiempo que un ejército de ángeles recorren los pasillos aguardando por las almas que se han venido a llevar… todo ocurre al mismo tiempo… hasta ayer estuvo, hoy le dieron el alta, alguien dice… estuvo hasta hace unos minutos, pero partió y ya no es, alguien dice… luces mortecinas en pasillos que parecen interminables… el aire está viciado pero los que navegan las aguas de la medicina están acostumbrados a que falte el aire, a que el aire parezca una sopa espesa, mientras tanto hay olores extraños, como a caldo recocinado… alguien toma mate y comparte bizcochos de grasa… otro quiebra galletas de agua y se las lleva por migajas a la boca, todo sea por pasar el rato y que las horas se acorten… ¿cuántas baldosas hay en el pasillo?... alguien las cuenta… traduce a metros… ¿qué importancia tiene?... allí quedarán las huellas, para siempre… La habitación 236 también contiene a la cama 237… la habitación 238 también contiene a la cama 239, hay dos camas por habitación, pero alguien ha rehuido a los números impares… el paciente de la 236 tiene algo que se le complicó con algo, y ese último algo trajo nuevas complicaciones que se superponen con las anteriores… el médico hace su recorrida y pregunta… preguntas cortas… que merecen respuestas cortas… muecas, gestos, de uno y otro lados… en el pasillo miran pero no ven… el pronóstico es reservado y huele a salida… nadie dice nada y nadie agrega una palabra demás… las paredes anotan y registran, lo que venga será determinación del destino… no hay nada para reclamar… no hay nada para cuestionar… es lo que es…

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