
CONVERSACIONES ESTÚPIDAS 5© [8]
By Víctor Norberto Cerasale Morteo®
Tempranamente aprendí a desaparecer, irme lejos de la gente necia… tempranamente aprendí a desaparecer, irme lejos de la gente empecinada… tempranamente descubrí que ante la mentira, era prudente desaparecer, evaporarse, esfumarse, diluirse… tempranamente entendí que ante la violencia, era adecuado irse… tempranamente comprendí que ante la incomprensión, era mejor tomar distancia… tempranamente me encontré con que el ser humano puede ser el peor enemigo del propio ser humano… tempranamente descubrí que cuando no quieres entender algo, simplemente no lo entiendes… tempranamente descubrí que cuando no aceptas una realidad, una evidencia, el peligro reside en tu consciencia, la consciencia de aquel que no acepta lo que es evidente… tempranamente me estrellé contra la soberbia de algunos, y me vi obligado a huir según se pudo… tempranamente me choqué con la vanidad de otros, y tuve que escapar de sus laberintos, y hasta a veces, de sus odios… tempranamente aprendí que el odio calcina la propia alma, la propia consciencia, y hasta la propia esperanza, miré a esas personas, y sólo atiné a irme lejos, porque mi esencia no estaba preparada para enfrentar a semejante juego de estocadas… tempranamente me di cuenta que muchos de los que dicen estar unidos, en verdad están separados… tempranamente encontré amigos que en verdad, te venían a buscar para saquearte y dejarte despojado… tempranamente encontré personas que al tiempo que te usaban te iban descartando… tempranamente descubrí que algunos te palmeaban la espalda para robarte la voluntad y despojarte del esfuerzo, para luego señalarte con el dedo… tempranamente descubrí que muchos de los que dicen amarte, sólo se acercan para quitarte lo poco que tienes… tempranamente me encontré con personas que adulan tu huerto para llevarse sus frutos a su propio puerto, aduciendo razones de humanidad y otros desconciertos… tempranamente me encontré con náufragos del sí mismo envalentonado, que roban islas, mientras sus vidas las construyen naufragando… tempranamente me enfrenté a desprecios de gentes inesperadas, que venían despreciando todo lo que la vida les ofrecía, todo lo que les llegaba… tempranamente me encontré con que los perros aman más que el ser humano… tempranamente descubrí que la soledad puede ser fuente del “uno mismo” desconsolado… tempranamente me di cuenta que las palabras llenan vacíos en los hechos de las propias almas, las almas que las utilizan para describir realidades que no existen, las almas que las utilizan para construir pasados que jamás ocurrieron, las almas que las utilizan para exhibir presentes que nunca sucedieron… descubrí que las palabras permanecen sonando aun cuando quien las profirió se haya callado, se haya ido, se haya distanciado… tempranamente descubrí que las imágenes regresan para que no olvides lo que te ha pasado… tempranamente sentí el dolor de sentirme traicionado… guardé silencio y me quedé esperando… pero la reacción no se produjo, y levantando la apuesta, hasta me empujaron, entonces me vi obligado a retirarme, para no tener que pelear lo innecesario… tempranamente atendí extensos discursos a los que me vi expuesto, y tempranamente entendí que los discursos no dicen nada que pueda reflejarse en los hechos, ni presentes, ni pasados… que los hechos van por la escalera, mientras que los discursos suben por ascensor, buscando inválidos, desprevenidos, y desde luego, algún defensor… que los hechos no suceden por las necesidades de las gentes, sino por la justificación política de “egos” mal construidos, peor diseñados, mal definidos… tempranamente comencé a darme cuenta cuándo no era bienvenido… cuando incomodaba a terceros… cuando no era bien recibido… tempranamente aprendí a irme antes de ser consentido, antes de verme atropellado, antes de descubrirme señalado, antes de saberme descuidado, antes de verme en el fondo de ajenos abismos… es peligrosa la sonrisa del que no te soporta… es peligroso el falso reconocimiento de aquel que no quiere verte ni pintado… es peligroso el falso abrazo, el falso beso, la caricia forzada, la mirada que oculta el propio fracaso… de alguna manera, irse es reconocerse a sí mismo, darse espacio, es un ejercicio propio de la dignidad… irse es proteger el “sí mismo” de los otros que se han negado a sus propios “sí mismos”… tempranamente descubrí que había poetas sin prosa, que recitaban poemas ajenos, pero en cuyas almas no había un gramo de poesía, aunque sí exhibían mucha desidia… tempranamente, vi que había gentes que vendían dolores ficticios, sufrimientos raros, padeceres que sacaban a relucir cada vez que alguien se les acercaba, pero que estaban de lujo, cuando los terceros se alejaban… tempranamente me encontré con gentes alegres que atravesaban tormentas, asumiendo naturalmente que estas eran pasajeras, propias, y de ninguna otra naturaleza, no las compartían, tampoco las repartían, las portaban como inherentes a sus destinos, ya te lo dije, con un dejo de “alegría”, y hasta mostrando una sonrisa… tempranamente descubrí “habladores” que eran incapaces de hacer algo por alguien, sin embargo desbordaban en palabras para ocupar el espacio de no hacer nada, fabricando artilugios que vendían como refugios… tempranamente vi gentes comprando y vendiendo almas ajenas, espíritus distintos, y hasta puras consciencias, describiendo la importancia de ser solidarios, mediante el esfuerzo ajeno, mediante la voluntad del estrafalario… tempranamente me encontré con almas sin contención que vivían buscando la propia redención… tempranamente hallé personas apurando sucesos y urgenciando ocurrencias, para liberar sus caminos de peores secuencias… tempranamente me encontré con gentes describiendo impaciencias, apelando a las urgencias, para saquear a los otros, también a los propios, de sus respectivas inconsciencias…
Con el tiempo, fui descubriendo los vacíos en las almas repletas de ausencias… prometían todo, pero estaban faltos de esencia… pedían todo, pero no hacían nada, ni siquiera por un dejo de clemencia… se la pasaban reclamando por todo aquello que ya tenían, que ya disponían, pero cuyo espacio ocupaban aunque no entendían… se la pasaban quejándose por todo aquello que nunca llegaba, y ni siquiera venía, pero no movían un dedo para contribuir a la causa que ellos mismos esgrimían… te decían qué hacer, pero ellos ni se movían…
Con el tiempo, fui descubriendo que hay gentes que hacen promesas, para luego olvidarlas, haciendo que rezan, reclamando por las tuyas, aduciendo ausencias, para inmediatamente echar culpas, creando rejas que aparecen donde tu te encuentras, diciendo que “no las dejas”… para recrear promesas jamás hechas… para crear olvidos donde los espíritus se añejan… usando la palabra “amor” para sacarte a empellones, de los murallones que ellos crean… viendo cómo te desgarras, en la confusión, mientras ellos toman distancia, señalándote con el dedo mientras dicen que eres tú quien se aleja…
Con el tiempo, comprobé que la gente que habla mucho, que te apabulla con sus palabras, raramente escribe, es más, si puede lo evita… no sólo porque les falla la ortografía, sino porque no quieren dejar testimonio escrito que los evidencie o los describa… suelen hablar mucho para generar torbellinos que nublen sus propias tropelías… suelen decir mucho para ahuyentar las verdades que puedan lesionar las versiones que dan de sus propias vidas… suelen hablar tanto que cansan a los que vienen agobiados por sus propias vidas… empujándolos a huir para que no los distingan…
Con el tiempo, entendí que hay personas que se hacen las ofendidas, para inmediatamente decir que eres el culpable de sus noches y sus días, de sus desgracias y de sus soserías… entendí que se hacen las enojadas, las molestas, y hasta las confundidas, señalando tus deficiencias, como causa de sus desdichas… entendí que dicen que tú eres la fuente de su infelicidad, de sus desventuras, y que representas el castigo de su realidad… para luego irse de aventuras, no por casualidad, ya sea con algún amante, o justificando alguna enaltecida amistad, donde los revuelcos en la cama, se explican mediante alguna nimiedad… donde vuelves a ser culpable, ya no por casualidad…
Con el tiempo descubrí que las ausencias no tenían nada que ver con las presencias… que hay personas que no están aun estando… que hay personas que huyen apenas te descubren llegando… que ponen el rostro pero residen en otro lado… que aun estando contigo, viven con el de al lado… que aun haciendo que lloran, se ríen para sus adentros en tu propia cara, mientras piensan con quien han estado, gastando su tiempo, mientras se andaban revolcando… elucubrando historias extrañas que a otros andan contando, para confundir los tiempos y también los escenarios… los demás les proporcionan crédito por adelantado, porque viven haciendo lo mismo, sea con el marido, con el amante, o con cualquiera que se acerque para sentirse reflejado…
Con el tiempo, entendí que los silencios te salvan del naufragio… que pueden ser una isla desierta, u otra, donde te estabas esperando… que representan una playa de arenas blancas, donde tu alma aguardaba mientras tus circunstancias te andaban desquiciando… que representan un arroyo de aguas claras, donde todo aparece tranquilo, mientras corres para tratar de entender qué es lo que te está pasando… que son el camino de montaña donde circulabas, buscando cima, mientras veías cómo los de abajo se estaban matando… con el tiempo, entendí que esos silencios íntimos, son el salvavidas que nadie te ha tirado.. donde te encuentras ti mismo, reflejado y reflejando…
Con el tiempo, entendí que la soledad te enseña a respetarte, a andarte cuidando… porque eres único, y si no te amas a ti mismo, a casi nadie le importas, mucho más cuando andas lejos, libre de manos, libre de brazos… en la soledad te encuentras y de repente, nace el abrazo, el abrazo consigo mismo, ese que dura una eternidad, porque descubres que finalmente, era a vos mismo al que andabas buscando… que los demás eran actores de sus propios escenarios, donde actuaban en sus roles, de sus respectivos teatros… no hay nada que agregar, ningún amanecer puede ser confundido con un ocaso…
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