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Podría decirse que es el acontecimiento filosófico de nuestra época. Podría decirse, incluso, que es el comienzo de la filosofía contemporánea. La sentencia de la muerte de Dios, hecha por Nietzsche, diagnostica (y dilapida) el marco cultural de Occidente al señalar que los fundamentos de su civilización se yerguen sobre pies de barro. Todo lo que ha venido después (deconstrucción, posmodernismo, estructuralismo, antihumanismo, nuevos materialismos…) bebe de la crisis que abrió la filosofía de Nietzsche.
Pero los cambios tampoco son tan abruptos, ni los filósofos tan geniales como para cambiar ellos solos el curso de la historia. Si echamos la vista atrás, podemos leer críticas a la religión y a sus fundamentos que hacen que Nietzsche pudiera decir lo que dijo. El dosier de este mes del portal FILOSOFÍA&CO es esta vista atrás. La filósofa Paulina Rivero hace un recorrido a lo largo de la historia por las críticas a lo trascendente, a lo religioso, a los dioses. Porque, si es verdad que Dios murió, también es cierto que estuvo mucho tiempo enfermo.
Y finalmente llegó Nietzsche, sí, y proclamó oficialmente su muerte. La frase «Dios ha muerto» suele entenderse como una simple provocación, pero en el filósofo alemán significa algo más incómodo: el derrumbe de los valores que habían organizado durante siglos la vida europea. La muerte de Dios no deja automáticamente un mundo libre; al revés, deja un vacío. ¿Qué ocurre cuando desaparece el fundamento que daba sentido al bien, al mal o a la verdad? Entre el vértigo del sinsentido y la posibilidad de una vida afirmativa, Nietzsche convierte la muerte de Dios en el gran problema de la modernidad.
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