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¿Qué significa hoy pertenecer a un mundo en crisis? Parece que esta es la pregunta que Ece Temelkuran ha intentado responder en las entrevistas que ha concedido a la prensa española estas últimas semanas con motivo de la presentación de La nación de los extraños en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, el libro con el que cierra una maravillosa trilogía ensayística. En Cómo perder un país, Temelkuran estudiaba los siete pasos que llevan a las democracias a convertirse en dictaduras; en Juntos, elaboraba diez propuestas para superar la crisis ecológica, económica y democrática; y, ahora, en La nación de los extraños, ahonda en el concepto de hogar, sobre todo en un mundo marcado por el exilio.
Tras el intento de golpe de Estado en Turquía en 2016, Temelkuran abandonó su país para escribir en libertad y pasó a formar parte de la «nación de los extraños», la de aquellos que han tenido que abandonar su patria o que ya no se sienten en casa cuando están en su propio país. Después de haber escrito sus dos libros anteriores, decidió, desde Hamburgo, leer todo lo que pudiera encontrar sobre el hogar, la falta de este y el exilio, para «localizar a mi manada en las llanuras sin límites de la historia de los desterrados, de quienes se quedaron sin hogar».
En una de estas entrevistas recientes (en elDiario.es, con Maria d’Oultremont), Temelkuran afirmaba que, con el libro, quería transmitir la idea de cómo se vive sin tener un lugar base al que regresar y, a la vez, corroborar que estamos juntos en esto, puesto que hoy la mayoría de la gente siente una dislocación, una pérdida, en relación con la idea de hogar. El concepto de la «nación de los extraños» surge, entonces, como un espacio en el que todo aquel que crea en el amor humano, la dignidad, la igualdad, la calidad y la libertad sea bienvenido.
Aunque parezca paradójico, el libro no es un canto a la esperanza, porque según la ensayista, esta es demasiado efímera: «No creo en la esperanza, pero sí en la determinación, en tener fe y en hacer todo lo que esté en tu mano para sobrevivir cuando ya no queda esperanza. (...) A veces es mala. La gente espera demasiado a que aparezca. Emplean la palabra para quedarse de brazos cruzados, cuando podrían hacer mucho para sobrevivir y para que la humanidad sobreviva».
Es a favor de la acción y la fe de quien se moviliza como se construye la nación de los extraños, que, más que un lugar, corresponde a un tiempo: a aquel momento en que solo nos tendremos los unos a los otros para confirmar que somos reales y que todavía conservamos nuestra capacidad de acción.
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