https://www.academia.edu/174341896/La_fragmentacion_regional_de_las_clases_dominantes_en_Colombia_una_perspectiva_hist%C3%B3rica?email_work_card=title
El ensayo formula una crítica al economicismo que ha predominado en los análisis tradicionales sobre la relación entre Estado y región en la historia colombiana. Analiza el proceso de Independencia y la post independencia desde la especificidad de lo político y la autonomía de las mentalidades e ideologías en relación con la base material de la sociedad. Se propone que a todo lo largo del siglo XIX, la fragmentación regional del poder político en Colombia no fue un mero accidente geográfico, sino la expresión de la inexistencia de una clase hegemónica (en el sentido gramsciano) capaz de unificar políticamente la nación e integrar, representándolas, a las demás facciones de la clase dominante (terratenientes, comerciantes y letrados). Al romperse el nexo colonial que por definición excluía la categoría de lo nacional, las clases dominantes criollas heredadas de la Colonia se enfrentaron al desafío inédito de convertirse en una clase dirigente nacional, una tarea para la cual carecían de cohesión y consenso. De ahí el arraigado particularismo localista que hunde sus raíces en el orden social colonial y que constituyó el obstáculo más formidable para la centralización política y la unificación estatal. Al finalizar el periodo colonial, las provincias y sus ciudades dominadas constituían unidades relativamente cerradas con identidades muy sólidas. La sociedad que emergió de la Independencia era "arcaica" y fragmentada, una condición que se veía reforzada por la permanencia de formas de producción precapitalistas y la total inexistencia de un mercado interno unificado. Se introduce un matiz crítico al comparar el caso neogranadino con los de Venezuela o México: en la Nueva Granada, la aristocracia criolla no vio seriamente amenazado su dominio de clase por una movilización popular o de castas durante o inmediatamente después de la Independencia. Al no existir una amenaza plebeya unificadora que obligara a las élites a unirse para sobrevivir, las facciones locales pudieron entregarse libremente a sus disputas particularistas y guerras civiles, lo que impidió estructurar un sistema fiscal nacional, una burocracia civil y un ejército profesional centralizado. La fragmentación era tan profunda que las provincias estaban internamente rotas por rivalidades comarcales y municipales. Cada historia provincial (ya fuera en Antioquia, Santander, Tolima o Cundinamarca) atestigua una persistente lucha entre municipios y ciudades secundarias que disputaban encarnizadamente el primado regional. Paradójicamente, esta intensa subdivisión interna impedía que se consolidaran movimientos separatistas definitivos o unificados a nivel de "grandes regiones", preservando a largo plazo la ficción de la unidad nacional dentro de las antiguas demarcaciones administrativas coloniales. Debido a la debilidad del Estado central para imponer el monopolio de la violencia legítima, los partidos políticos (Liberal y Conservador) cumplieron una labor unificadora nacional al enraizarse en todas las provincias y municipios. La polarización bipartidista actuó como el principal punto de referencia de las adhesiones locales con la "nación". A través de una vasta red de notables locales y caciques, los partidos canalizaron y nacionalizaron los conflictos vecinales, logrando que la lealtad e identificación con el partido fuese más fuerte que la identidad con la "patria chica". Finalmente, el colapso del desorden federalista liberal a finales del siglo XIX obligó a las élites a ensayar un proyecto de centralización estatal (La Regeneración de Núñez, 1886) que buscó unificar el país "por arriba" mediante un presidencialismo fuerte, el restablecimiento de los fueros de la Iglesia y una política económica de corte intervencionista. Sin embargo, esta solución autoritaria se construyó sobre bases sumamente endebles, ya que las oligarquías provinciales se negaban a pagar el costo fiscal de un Estado fuerte, demostrando que la verdadera unificación fiscal y política de la nación fue un proceso tardío, accidentado y de carácter sumamente precario.
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