viernes, 21 de enero de 2011

TESTIMONIO DE TIEMPO - ¿Por qué escribimos? - lanacion.com

¿Por qué escribimos?
Para entender. Para amar. Para que nos quieran. Para saber. Por necesidad. Por dinero. Por costumbre. Para vivir otras vidas y revivir la propia. Para dar testimonio. Cincuenta escritores tratan de contestar esta pregunta incómoda
Viernes 21 de enero de 2011 | Publicado en edición impresa
Por Jesús Ruiz Mantilla
EL PAIS - GDA


¿Por qué escribimos?

Algunos llegaron a la literatura por vocación, por el placer de la lectura y para emular a los autores que admiraban. Ahora crean por necesidad vital, o simplemente lo hacen por dinero. Autores de renombre revelan los motivos por los que dedican sus vidas a la escritura.

En el principio fue el verbo... Así lo recoge San Juan en su Evangelio. La palabra que conforma el mundo, el nombre que lo explica todo. Puede que no fuera tal, puede que antes del verbo existieran cielos, mares, noche, día, estrellas, firmamento. Pero si nadie sabía cómo nombrarlos, no eran nada, absolutamente nada. Así que al principio fue el verbo, como bien dejó escrito Juan. Y a ese verbo bíblico lo siguieron la épica de Homero, la intemperie y el poder de los dioses, el amor y la guerra que nos relata la Ilíada y, después, el delirio del Quijote, y luego, la soledad de Macondo.

Puede que después de episodios narrados como aquéllos no hiciera falta nada más. Pero a los clásicos, que montaron todos los cimientos del templo, siguieron más generaciones -"el eslabón en la cadena ininterrumpida de la tradición", de la que alerta Enrique Vila-Matas-, algunas nuevas preguntas para cada era, nuevos problemas y, por lo tanto, conceptos nuevos, palabras nuevas. Detrás de su registro se escondía un escritor. ¿Por qué?

¿Por qué escribir? ¿Para qué nombrar? ¿Para qué contar? Para entender. Para amar y que te amen. Para saber, para conocer. Por miedo, por necesidad, por dinero. Para sobrevivir, porque no todo el mundo sabe bailar el tango, ni jugar bien al fútbol. Por costumbre, para matar la costumbre, por vivir otras vidas y revivir la propia. Por dar testimonio, porque no se sabe escribir bien, confiesa John Banville. Porque leyeron, padecieron y miraron cara a cara a la muerte.

Porque el verbo provoca desasosiego en Nélida Piñón; porque no se elige, como un amor, añade Amélie Nothomb. Por ser el masoquista que uno lleva dentro, aduce Wole Soyinka; por los arroyos y los torrentes de los libros leídos, cuenta Fernando Iwasaki; como forma de existencia, según Elvira Lindo. "Una manera de vivir", dice Vargas Llosa, parafraseando a Flaubert. Para sentirse vivo y muerto, proclama Fernando Royuela. Igual que uno respira, suelta entre interrogaciones Carlos Fuentes. O para sobrevivir a ese fin, "a la necesaria muerte que me nombra cada día", testimonia Jorge Semprún.

La escritura es dolor y placer. Como el cuento, como la retórica aristotélica, se arma, se aprende. Principio y fin. Antes que nada vino el verbo, lo deja claro San Juan. También lo sabía Kafka. Pero el escritor checo pregunta: "¿Y al final?". Quizás silencio, como interpreta sobre su obra George Steiner, con buen tino, oliéndose el apocalipsis de la destrucción europea.

Como testimonio también se mete uno entre papeles. Se escribe por el mismo motivo por el que Ana Frank comenzó a organizar su diario. O por el que la poeta rusa Anna Ajmatova, cuando se pasó 17 meses en las filas de las cárceles de Leningrado para ver a su hijo, respondió a una mujer que la reconoció y le preguntó si podría describir aquello que sí, que lo haría. "Entonces -dice Anna en Réquiem -, una especie de sonrisa se deslizó por lo que alguna vez había sido su rostro." Eso fue suficiente motivo. La emoción de la verdad, la justicia de dejar constancia. Para que otros quizás lo aplicaran a su presente, para que no se repitiera.

Pero Anna Ajmatova confesó, además, que escribía por sentir un vínculo con el tiempo. También se lo hizo por amor, por miedo al amor, por desgarro. En honor a las musas, como Shakespeare, "ese goloso de las palabras", a juicio de Steiner, en sus sonetos: "Mi musa por educación se muerde la lengua y calla mientras se compilan/ elogios que te visten de oropeles/ y frases que las otras musas liman". Una pieza que termina con toda una declaración de intenciones y una respuesta al gran asunto de la escritura: "Si a otros por sus dichos los respetas/ a mí, por lo que pienso, que es mi letra".

Al principio fue el verbo. Pero Cervantes y Shakespeare lo enaltecieron, lo igualaron a la medida de Dios. Porque exploraron todos los delirios y las pasiones de sus criaturas. ¿Por qué escribir? Para emularlos, sin más. Podría ser. "Para parecerme a Espronceda", como suelta Caballero Bonald. Escribir porque se medita, como Descartes, como Chesterton, cuya obra nos envuelve en una paradoja sin fin. Para adentrarse en los laberintos y no necesariamente querer salir de ellos, como Borges. "Porque estamos aquí, pero querríamos estar allí", dice Antonio Tabucchi. Por emular la infancia, cuando la niña Almudena Grandes enmendaba la plana a los finales que no le gustaban. Por volver a inventar historias de indios, vaqueros y pitufos, dice David Safier. Porque a la hora de hacerlo, "disfrutar es una palabra que se queda corta", confiesa Ken Follet.

Para fijar la memoria, una forma de "hacer surgir los recuerdos y las imágenes", cuenta Álvaro Pombo. Para volver a vidas anteriores, a las lecturas y los tumbos que cada uno lleva en la mochila, según Arturo Pérez-Reverte. Como vicio solitario, describe Héctor Abad Faciolince. Porque uno no se encuentra bien, asegura Juan José Millás. Por afición o por aflicción, dice Gonzalo Hidalgo Bayal. O porque le gustaban las redacciones en el colegio, como descubrió Antonio Muñoz Molina. Y hasta hoy.

La palabra es agua y cada historia, el río que las lleva. El escritor es quien domina la corriente, como hicieron Balzac, Dostoyevski, Dickens, Galdós, Clarín, Flaubert, Tolstoi, que siguió la estela épica de Homero como nadie. O el que va contra la corriente, como Marcel Proust, James Joyce, Valle-Inclán. Sin dudas, hay que enfrentarse a ello, como dice Josep Pla en su Diccionario de Literatura , "con temperamento". O con el empeño de conocerse, a la manera de Montaigne y los grandes memorialistas posteriores del siglo XVIII. Entre la verdad y la exageración, pero con talento, como Casanova.

El juego, la tortura de la palabra, también es lícito. Pero eso es más cometido de los poetas, como admitía Jaime Gil de Biedma. Para él, escribir era "erosionar el idioma en la forma en que el idioma lo admite". Es decir, maltratar el verbo, fustigarlo, estrangularlo. Pero para resucitarlo después, como el Evangelio. A lo largo de la historia, el escritor ha visto crecer Babel y ha contribuido a entenderla. Pero hubo también un tiempo, en el siglo XX, que lo aniquiló, que se arrojó al apocalipsis, con la Segunda Guerra Mundial. Disfrutemos en esta nueva era. Todos los motivos, todas las respuestas que se les ocurran a quienes deben contar nuestra historia son válidos.

Héctor Abad Faciolince

Porque mi cerebro se comunica mejor con mis manos que con la lengua. Porque me odio menos escribiendo que hablando. Por un ameno vicio solitario.

John Banville

Escribo porque no sé escribir. Un periodista le preguntó a Gore Vidal por qué había escrito Myra Breckinridge , a lo que contestó: "´Porque no estaba ahí"´. Fue una buena respuesta. Poner algo nuevo en el mundo es un privilegio que no se le concede a mucha gente.

Felipe Benítez Reyes

No sé por qué escribo, ni tampoco tengo demasiado interés en saberlo. En este caso, me preocupa más el cómo que el porqué. La pregunta me parece ociosa, de modo que cualquier respuesta posible no pasaría de ser una pirueta truculenta en el vacío. Aunque -quién sabe- a lo mejor escribe uno para eso: para obtener respuestas sin el requisito de una pregunta previa y, sobre todo, para ensayar piruetas truculentas en el vacío, que es un territorio literario bastante fértil.

John Boyne

Escribo porque las historias entran en mi mente y me niego a irme hasta que no escribo 26 letras en el teclado y las envío a una pantalla ante mis ojos. Escribo por Charles Dickens. Y por George Orwell. Y John Irving. Y Colm Tóibín. Escribo porque me encanta la sensación de tener un libro en mis manos y un libro en mi cabeza. Escribo porque me encantan las palabras. Escribo porque leo. Escribo porque siempre quiero saber qué ocurrirá a continuación.

José Manuel Caballero Bonald

Empecé a escribir porque quería parecerme a Espronceda. Un día encontré en mi casa familiar una biografía del poeta y quedé fascinado por alguien que murió con 33 años y había vivido grandes aventuras: fundó una sociedad secreta, sufrió persecuciones y cárceles, anduvo exiliado en Lisboa y Londres, combatió en las barricadas de París, fue diputado, vivió amores difíciles, luchó heroicamente contra el absolutismo, etcétera. Pues bien: como yo no podía emular a Espronceda en tantas y tan singulares hazañas, elegí lo que me resultaba más factible: ejercer de insumiso y escribir poesía.

Andrea Camilleri

Escribo porque siempre es mejor que descargar cajas en el mercado central. Escribo porque no sé hacer otra cosa. Escribo porque después puedo dedicar los libros a mis nietos. Escribo porque así me acuerdo de todas las personas a las que tanto he querido. Escribo porque me gusta contarme historias. Escribo porque me gusta contar historias. Escribo porque al final puedo tomarme mi cerveza. Escribo para devolver algo de todo lo que he leído.

Luisa Castro

La escritura para mí es una rendición. Escribo para conocer relatos que me cuento a mí misma. No me siento dueña de mis relatos, tienen vida propia, son autónomos y más poderosos que yo. No me identifico con ellos, no comparto sus ideas, ni su visión del mundo. Se producen en mi cabeza sin mi permiso, y cuando los suelto, es porque me han vencido.

Lucía Etxebarria

Para que me quieran más. Porque cada vez que alguien me dice: "Tus libros me han ayudado mucho, por favor sigue escribiendo", me da una razón para hacerlo. Porque al colocar a personajes en situaciones que simbólicamente pueden representar aspectos de mi vida y conseguir que salgan airosos de ellas, de alguna forma me salvo a mí. Porque siempre lo he hecho, porque es natural en mí, y porque es de las cosas que mejor hago, amén de dibujar, cocinar, hacer el amor y organizar fiestas. Escribo por amor, publico por dinero. Por esa razón, no publico ni la mitad de lo que escribo.

Umberto Eco

Porque me gusta.

Ken Follet

Disfruto escribiendo, pero "disfrutar" es una palabra que se queda corta. El acto de escribir me apasiona. Todo forma parte del reto de hechizar a mis lectores. Mi trabajo me absorbe de forma total.

Carlos Fuentes

¿Por qué respiro?

Almudena Grandes

Cuando era pequeña y leía un libro que me gustaba mucho, me inventaba a solas, para mí sola, otro final, la continuación que su autor no había querido escribir. Todavía ahora, cuando no puedo dormir, me cuento historias, las pienso, las repaso, las describo en silencio, con los ojos cerrados, hasta que me quedo dormida.

Mark Haddon

Ficción, poesía, teatro, pintura, dibujo, fotografía... en realidad eso no importa. Un día que no consigo hacer alguna cosa, por pequeña que sea, me parece un día desperdiciado. A veces puede parecer una bendición ser así, saber con tanta certeza lo que quiero hacer, pero a menudo es un sufrimiento, porque saber lo que quieres no es lo mismo que saber cómo hacerlo. ¿Por qué escribo? La única respuesta es "porque no puedo hacer otra cosa".

Gonzalo Hidalgo Bayal

"Por afición, por aflicción", escribí alguna vez. Por afición, porque es inclinación, necesidad, perseverancia y distracción. Por aflicción, porque sólo el dolor y sus numerosas circunstancias proporcionan suficiente materia literaria. En la afición se centra la relación con el lenguaje, que es, cuanto más intensa, más grata y divertida. La aflicción obliga, en cambio, a la búsqueda del sentido, si es que algún sentido tienen las desventuras de los hombres.

Fernando Iwasaki

Escribo porque es el más poderoso acto libertario que conozco. Escribo porque el hechizo de la literatura es fulminante y a mí me hace ilusión ser aprendiz de aquellas magias. Escribo porque mis padres y mis hijos se alegran cada vez que alguien les cuenta que ha leído algo mío. Escribo porque contar historias es el oficio más antiguo del mundo. Escribo porque dedico todos los libros de ficción a mi mujer y así -mientras siga escribiendo- ella sabrá que la sigo queriendo.

Use Lahoz

Escribo para reflexionar y pensar y darle vueltas a la vida de personajes siempre más interesantes que la mía. Y disfrutar del placer de la ficción, que es adictivo y que, como la realidad, no tiene límites. Escribo por supuesto para combatir el aburrimiento y pasarlo en grande. Para un escritor vivir, fundamentalmente, es escribir. Escribo para estar en paz conmigo mismo, por aquello que decía Machado de "yo vivo en paz con los hombres y en guerra con mis entrañas". Escribo porque conmueve y perdura, cada novela es la primera. Además es bastante barato. En fin: escribo porque aprendo, y así, a veces, parece que sigo estudiando.

Donna Leon

Al principio escribía para ver si podía hacerlo. Resultó que escribir un libro era muy divertido. Y por eso ahora, después de 20 años y de 20 libros, lo hago porque es divertido. Los personajes hacen lo que les digo que hagan; la realidad se puede cambiar para adaptarla a mis necesidades; si alguien muere, lo puedo resucitar al día siguiente. Supongo que también hay un elemento de vanidad. En una cena, todos queremos que presten atención a nuestras ideas, ¿no es cierto? Pero los buenos modales mandan que compartamos la conversación con los demás. Pero en un libro, nuestro libro, nosotros los escritores podemos seguir -bla, bla, bla- sin parar, y nunca tenemos que interrumpirnos para dejar hablar a nadie más.

Elvira Lindo

Escribo desde los nueve años. Desde muy joven empezaron a pagarme en la radio por guiones, cuentos y sketches . A los 31 años comencé a escribir libros. Pensé que escribir era mi oficio hasta que me di cuenta de que se trataba de algo más. Es un oficio pero también una forma de vida. No sabría vivir sin escribir. Todo lo que hago al cabo del día, lo que veo y escucho, lo que me provoca asombro, alegría o desdicha es material para ser contado. Y esa actitud vital, la de formar parte de la comedia humana pero la de ser también espectadora de ella, ese estar fuera y dentro a la vez, me ayuda a asimilar la experiencia de una manera enriquecedora. Escribo todos los días. Cuando no escribo, me siento una inútil, así que he llegado a una conclusión radical: nunca podré dejarlo. No sé hacer otra cosa, no sabría vivir de otra manera.

Alberto Manguel

Porque no sé bailar el tango, tocar un instrumento musical como la celesta o el glockenspiel, resolver problemas de matemáticas superiores, correr una maratón en Nueva York, trazar las órbitas de los planetas, escalar montañas, jugar al fútbol, jugar al rugby, excavar ruinas arqueológicas en Guatemala, descifrar códigos secretos, rezar como un monje tibetano, cruzar el Atlántico en solitario, hacer carpintería, construir una cabaña en Algonquin Park, conducir un avión a reacción, hacer surf, jugar a complejos videojuegos, resolver crucigramas, jugar al ajedrez, hacer costura, traducir del árabe y del griego, realizar la ceremonia del té, descuartizar un cerdo, ser corredor de Bolsa en Hong Kong, plantar orquídeas, cosechar cebada, hacer la danza del vientre, patinar, conversar en el lenguaje de los sordomudos, recitar el Corán de memoria, actuar en un teatro, volar en dirigible, ser cineasta y hacer una película en blanco y negro, absolutamente realista, de Alicia en el País de las Maravillas , hacerme pasar por un banquero respetable y estafar a miles de personas, deleitarme con un plato de tripas à la mode de Caën , hacer vino, ser médico y viajar a un lugar devastado por la guerra y tratar con gente que ha perdido un brazo, una pierna, una casa, un hijo, organizar una misión diplomática para resolver el problema del Medio Oriente, salvar náufragos, dedicar treinta años al estudio de la paleografía sánscrita, restaurar cuadros venecianos, ser orfebre, dar saltos mortales con o sin red, silbar, decir por qué escribo.

Javier Marías

Escribo para no tener jefe ni verme obligado a madrugar. También porque no hay muchas más cosas que sepa hacer, y lo prefiero y me divierte más que traducir o dar clases, que al parecer sí sé hacer. O sabía, son actividades del pasado. También escribo para no deberle casi nada a casi nadie ni tener que saludar a quienes no deseo saludar. Porque creo que pienso mejor mientras estoy ante la máquina que en cualquier otro lugar y circunstancia. Escribo novelas porque la ficción tiene la facultad de enseñarnos lo que no conocemos y lo que no se da, como dice un personaje de la novela que acabo de terminar. Y porque lo imaginario ayuda mucho a comprender lo que sí nos ocurre, eso que suele llamarse "lo real". Lo que no hago es escribir por necesidad. Podría pasarme años tan tranquilo, sin escribir una línea. Pero en algo hay que ocupar el tiempo, y algún dinero hay que ganar. También escribo para eso.

Luisgé Martín

Cuando escucho a algún escritor explicar las razones por las que escribe, pienso que yo también comparto esas razones. Todas. Me siento como un compendio, como uno de esos hipocondríacos que encuentran en sí mismos todos los síntomas de los que oyen hablar. Escribo como terapia psíquica, para ordenar el mundo y comprenderlo, para vivir vidas que no he podido vivir. Pero hace poco, leyendo el discurso de Pamuk en la Academia Sueca cuando recibió el Nobel, encontré una razón que nunca había escuchado así formulada y que me parece formidable: "Escribo porque puede que así comprenda la razón por la que estoy tan, tan enfadado con ustedes, con todo el mundo".

Luis Mateo Díez

Escribo para disimular la incapacidad de hacer cualquier otra cosa. Escribir no sólo me entretiene, también me apasiona y me hace sentir dueño de algo que se contrapone en mi existencia a una cierta inclinación de inutilidad. Los días en que me quedo satisfecho con lo que acabo de escribir tengo la convicción de no haber perdido el tiempo.

Eduardo Mendicutti

También a mí, como a Vargas Llosa, me dicen montones de veces que lo único que sé hacer es escribir. A lo mejor por eso acabarán dándome el Nobel. Para todo lo demás, estoy convencido, soy un desastre: para poner ladrillos, para cultivar tomates, para imponer el orden, para correr a pie o en bicicleta, aunque sea dopado, para condenar a delincuentes -con lo que a mí me gustan algunos delincuentes- sin que se me parta el corazón, o para defenderlos sin contagiarme... Cierto que, desde hace 30 años, soy bastante bueno como secretario general de una patronal de empresas consultoras, pero con algo tengo que redimirme. Claro que, según algún crítico y algunos colegas, puede que también para escribir sea una calamidad, pero de eso aún no he llegado a convencerme.

Eduardo Mendoza

Sinceramente, no lo sé. No es una respuesta bonita, pero es la que más se aproxima a la verdad.

Ricardo Menéndez Salmón

Escribo por insatisfacción. Si estuviera satisfecho, me limitaría a "vivir la vida", no a intentar comprenderla mediante la escritura. Claro que al intentar comprenderla, es decir, al escribirla, me doy cuenta de que en realidad la vida resulta incomprensible. Lo cual genera una nueva insatisfacción, la de comprobar que el intento por comprender la vida mediante la literatura lo único que ilumina es la imposibilidad de alcanzar esa comprensión. Pero entonces sucede algo curioso, y es que el hecho de descubrir esa imposibilidad me conmueve, admira e impulsa a escribir más y más.

Juan José Millás

Escribo por las mismas razones por las que leo: porque no me encuentro bien.

Rosa Montero

Escribo porque no puedo detener el constante torbellino de imágenes que me cruza la cabeza, y algunas de esas imágenes me emocionan tanto que siento la imperiosa necesidad de compartirlas. Escribo para tener algo en qué pensar cuando, en la soledad tenebrosa de la duermevela, por la noche, en la cama, antes de dormir, me asaltan los miedos y las angustias. Escribo porque mientras lo hago estoy tan llena de vida que mi muerte no existe: mientras escribo, soy intocable y eterna. Y, sobre todo, escribo para intentar otorgar al Mal y al dolor un sentido que en realidad sé que no tienen.

Luis Muñoz

Creo que puedo distinguir razones de tipo general y razones particulares. Entre las particulares: por darle forma a una emoción concreta, por hacerle un hogar de palabras a uno de esos pensamientos que uno cree que pueden ser salvadores, por ser vulnerable al contagio de otro poema que creo admirable y hacerme la ilusión de que puedo responderle, conversar con él o seguir alguno de sus hilos sueltos. Entre las generales, por querer sentir mi tiempo, el rabioso presente, en el lenguaje; por estar enamorado de la capacidad de las palabras para volver a decir la verdad, por el sentimiento de libertad que produce, por darles forma a seres informes: embriones de voces, sentimientos, sensaciones, ideas...

Antonio Muñoz Molina

Creo que nunca he pensado mucho en por qué escribo, salvo cuando me han hecho esa pregunta y he tenido que improvisar una respuesta que sonara convincente. Escribo, sobre todo, porque me gusta mucho hacerlo, y me ha gustado casi desde que tengo recuerdos. Me gustaba inventar cuentos, escribirlos y dibujarlos cuando era niño. Me gustaba escribir redacciones en la escuela. Luego empecé a leer novelas de aventuras y me enteré de que todas ellas tenían un autor, que solía ser Julio Verne, y por primera vez me imaginé practicando ese oficio. Después me aficioné a leer poesía y por imitación me puse a escribir versos, siempre muy malos. Cuando tuve una máquina de escribir, se me iban las tardes improvisando lo que fuera, por el puro gusto de golpear las teclas: diarios, poemas, obras de teatro. Escribo por gusto y porque me gano la vida escribiendo. Algunas veces disfruto mucho y otras preferiría estar haciendo cualquier otra cosa. Pero en ocasiones en que me he puesto a escribir contra mi voluntad y casi a la fuerza he encontrado cosas que de otra manera no se me habrían ocurrido. También escribo por quitarme la mala conciencia de no haber escrito, o para tener el alivio de haberlo hecho. Me puedo imaginar no publicando, al menos durante largos períodos, pero no me imagino no escribiendo. En el fondo es un vicio, un hábito cotidiano, o una manera de estar en el mundo, como tener afición por la lectura o por la música.

Julia Navarro

Para mí, escribir es una oportunidad de vivir otras vidas, pero también de asumir compromisos, aunque a veces vayan envueltos con el papel del entretenimiento.

Andrés Neuman

Escribo porque de niño sentí que la escritura era una forma de curiosidad e ignorancia. Escribo porque la infancia es una actitud. Escribo porque no sé, y no sé por qué escribo. Escribo porque sólo así puedo pensar.

Amélie Nothomb

Me preguntan por qué elegí escribir. Yo no lo elegí. Es igual que enamorarse. Se sabe que no es una buena idea y uno no sabe cómo ha llegado ahí, pero al menos hay que intentarlo. Se le dedica toda la energía, todos los pensamientos, todo el tiempo. Escribir es un acto y al igual que el amor, es algo que se hace. Se desconoce su modo de empleo, así que se inventa porque necesariamente hay que encontrar un medio para hacerlo, un medio para conseguirlo.

Arturo Pérez-Reverte

Escribo porque hace 25 años que soy novelista profesional, y vivo de esto. Es mi trabajo. Igual que otros pasan en la oficina ocho horas diarias, yo las paso en mi biblioteca, rodeado de libros y cuadernos de notas, imaginando historias que expliquen el mundo como yo lo veo, y llevándolas al papel a golpe de tecla. Procuro hacerlo de la manera más disciplinada y eficaz posible. En cuanto a la materia que manejo, cada cual escribe con lo que es, supongo. Con lo que tiene en los ojos y la memoria. Muchas cosas no necesito inventarlas: me limito a recordar. Fui un escritor tardío porque hasta los 35 años estuve ocupado viviendo y leyendo; pateando el mundo, los libros y la vida. Ahora, con lo que eché en la mochila durante aquellos años, narro mis propias historias. Reescribo los libros que amé a la luz de la vida que viví. Nadie me ha contado lo que cuento.

Nélida Piñón

Yo escribo porque el verbo provoca en mí desasosiego, afila los mil instrumentos de la vida. Y porque, para narrar, dependo de mi creencia en la mortalidad. Con la fe en que una historia bien contada me arrebate las lágrimas. Sobre todo cuando, en medio de la exaltación narrativa, menciona amores contrariados, despedidas hirientes, sentimientos ambiguos, despojados de lógica. Escribo, en conclusión, para ganar un salvoconducto con el que deambular por el laberinto humano.

Álvaro Pombo

Pienso en el pequeño cementerio de Londres, a unos diez minutos a pie de Paddington Green, donde robé un perro feo, de cemento, del sepulcro de una dama ahí enterrada. Al venir a Madrid, abandoné ese perro a su suerte. Escribir esto, ¿es escribir, o no? Es, desde luego, un modo de hacer surgir los recuerdos y las imágenes distinto del modo normal: un modo prefabricado, que desea causar un efecto imborrable al menos en mi alma y luego en la de un lector o un millón, si es posible. Y también es un intento de expresar el ser, el Dios, en la claridad del ser-ahí que era yo en aquel entonces, al borde de la nada.

Benjamín Prado

Yo escribo para divertirme, para entretenerlos, para aprender, para enseñarles, para que sea cierto que "escribir es soñar y que otros lo recuerden al despertar", para que no me olviden, para que no nos callen y, en primer lugar, porque no podría no hacerlo.

Soledad Puértolas

Las alegrías de la vida te desbordan. El dolor y la pérdida te superan y hunden. El tedio y la monotonía pueden resultar aniquiladores. Cuando escribo, estoy fuera de esa realidad. He entrado en otra donde sí es posible buscar un sentido, incluso vislumbrarlo. La soledad, que tantas veces se ha hecho insoportable, se hace ligera y deseable. El estado perfecto. Hay metas, humanidad, sentidos. Hasta cabe la risa, el gran regalo.

Santiago Roncagliolo

Debería decir que escribo porque no sé hacer nada más, pero intentaré una respuesta más profunda: creo que la realidad no tiene ningún sentido. Las cosas pasan a tu alrededor de una manera errática, a menudo contradictoria, y un día te mueres. Las cosas en que creías dejan de ser ciertas de un momento a otro. En cambio, las novelas tienen un principio, un medio y un desenlace. Los personajes se dirigen hacia algún lugar, la gloria, la autodestrucción o la nada, y sus acciones tienen consecuencias en ese camino. Escribo historias para inventar algo que tenga sentido.

Fernando Royuela

Escribo para seducir, para subvertir, para sentirme vivo y muerto, para llorar, amar y maldecir. Escribo para no tener que aguantarme, para negar el mundo, para huir. Escribo porque me da la gana y me lo puedo permitir.

David Safier

¿Se acuerda de cuando era niño y jugaba, inventando historias disparatadas con figuritas de indios, vaqueros o pitufos? ¿O simplemente imaginando en la bañera que era el capitán de un barco pirata que buscaba un tesoro en medio de la tormenta? ¿Se acuerda de cómo se sentía cuando jugaba con otros niños en la calle y vivían increíbles aventuras haciendo de exploradores, cazadores o agentes secretos; luchando contra dinosaurios, monstruos o supermalos que querían destruir la tierra con rayos mortales? Pues bien, todo eso es lo que yo hago todavía. Jugar con mi imaginación. Cada día de mi vida. Y lo seguiré haciendo hasta que me muera. O me vuelva loco.

Jorge Semprún

Si lo supiera, tal vez no escribiría. Quiero decir, si lo supiera con certeza, si a cada momento pudiese proclamar taxativamente, sin vacilar, por qué escribo, y para qué, para quién o quiénes; si así fuera, tal vez no escribiría. O sea que escribo, en cierta medida, para encontrar respuestas al porqué. Escribir no es un acto reflejo, ni una función natural. No se escribe como se come o se ama. No se agota en el hecho de escribir el portentoso, o doloroso, o lo uno y lo otro, milagro de la escritura. No se agota, al escribir, el deseo inagotable de la escritura. Tal vez porque sea ésta la mejor forma de sobrevivir. ¿Por qué escribo? Tal vez para sobrevivir a la muerte, la necesaria muerte que me nombra cada día.

Wole Soyinka

Hace varios años, participé en esta misma experiencia con el periódico francés Libération . En aquella ocasión contesté: "Supongo que por el ser masoquista que llevo dentro de mí". Desde entonces, no he tenido ningún motivo para cambiar mi respuesta.

Antonio Tabucchi

Preferiría formular la pregunta así: ¿Por qué se escribe? Hace tiempo, cuando era joven, escuché a Samuel Beckett responder: "No me queda otra". Las respuestas posibles son todas plausibles pero con signo de interrogación. ¿Escribimos porque tememos a la muerte? ¿Porque tenemos miedo de vivir, porque tenemos nostalgia de la infancia, porque el tiempo pasado corrió deprisa o porque queremos detenerlo? ¿Escribimos porque a causa de la añoranza sentimos nostalgia, arrepentimiento? ¿Porque querríamos haber hecho una cosa y no la hicimos o porque no deberíamos haber hecho algo que hicimos? ¿Por qué estamos aquí y queremos estar allá y si estuviéramos allá nos hubiese resultado mejor quedarnos aquí? Como decía Baudelaire, la vida es un hospital donde cada enfermo quiere cambiar de cama. Uno piensa que se curaría más deprisa si estuviera al lado de la ventana y otro cree que estaría mejor junto a la calefacción.

Andrés Trapiello

Lo natural es hablar, incluso cantar, pero no escribir. Poner las palabras por escrito en un libro es, decía Unamuno, una "tragedia del alma", y acaso se escriba por miedo a quedarse uno a solas con su dolor, como si escribir fuese un remedio, y no un veneno. Así lo siento yo también.

Kirmen Uribe

En noviembre de 2007 tuve la suerte de asistir como escritor invitado a la clase de escritura creativa de Anthony MacCann, en el CalArts de Los Ángeles. Anthony me contó que los mejores de cada promoción son fichados por las grandes productoras para trabajar como guionistas de series de televisión. Se hacen ricos. Los "peores", por el contrario, se dedican a la poesía. A mí me encanta quedarme solo y escribir. "Un solitario impulso de delicia" me lleva a escribir, como decía Yeats en su poema "Un aviador irlandés prevé su muerte". Disfruto casi tanto como los "peores" de CalArts, que, tumbados en el césped del campus con un libro en las manos, levantaban la mirada para ver pasar las nubes. Yo, en la clase de Anthony, sería, sin duda, del grupo de los poetas.

Mario Vargas Llosa

Escribo porque aprendí a leer de niño y la lectura me produjo tanto placer, me hizo vivir experiencias tan ricas, transformó mi vida de una manera tan maravillosa que supongo que mi vocación literaria fue como una transpiración, un desprendimiento de esa enorme felicidad que me daba la lectura. En cierta forma la escritura ha sido como el reverso o el complemento indispensable de esa lectura, que para mí sigue siendo la experiencia máxima, la más enriquecedora, la que más me ayuda a enfrentar cualquier tipo de adversidad o frustración. Por otra parte, escribir, que al principio es una actividad que incorporas a tu vida con otros, con el ejercicio se va convirtiendo en tu manera de vivir, en la actividad central, la que organiza absolutamente tu vida. La famosa frase de Flaubert que siempre cito: "Escribir es una manera de vivir". En mi caso ha sido exactamente eso. Se ha convertido en el centro de todo lo que yo hago, de tal manera que no concebiría una vida sin la escritura y, por supuesto, sin su complemento indispensable, la lectura.

Juan Gabriel Vásquez

Escribo porque me irrita y me entristece el desorden del mundo, y descubrí hace mucho tiempo que en la buena ficción el mundo tiene un orden o su desorden tiene un sentido. Escribo porque mi inteligencia es limitada y sólo soy capaz de entender lo que viene en palabras. Escribo, por lo tanto, porque no entiendo o porque ignoro: "escribe sobre lo que conoces" me parece el consejo más idiota del mundo, porque se escribe, precisamente, para conocer.

Manuel Vicent

Si esta pregunta se me hubiera formulado hace muchos años, cuando empecé a escribir, mi respuesta habría sido más romántica, más literaria, más estúpida. Probablemente habría contestado que escribía para crear un mundo a mi imagen, para poder leer el libro que no encontraba en mi biblioteca, para no suicidarme, para enamorar a una niña, para influir en la sociedad o tal vez cínicamente porque no servía para nada más, ni siquiera para arreglar un enchufe. Sin olvidar lo que este oficio tiene de vanidad y de narcisismo, a estas alturas de la profesión creo que escribo porque es un trabajo que me gusta, que unas veces me sale bien y otras mal, pero en cualquier caso la literatura ya forma parte de un mismo impulso vital que me sirve para sentirme a gusto todavía en este mundo, sin que espere gran cosa de su resultado.

Enrique Vila-Matas

Ah, ya veo, vuelve la vieja y pérfida pregunta. Pero también podrían ustedes preguntarme por qué acabo de hacer un moño en mis zapatos, y por qué no me he contentado con un nudo que, para el caso, me habría servido igual. En algún tiempo remoto, un antepasado hizo el primer moño. Nosotros no somos más que sus imitadores, un eslabón en la cadena ininterrumpida de la tradición. De modo que a quien habría que preguntarle por qué escribo es a ese antepasado, preguntarle por qué quiso ir más allá del nudo.

Juan Eduardo Zúñiga

El jardincillo parece envejecido con los fríos de noviembre y el suelo está cubierto de las hojas caídas de una acacia. Dejo de mirarlo desde la ventana, estoy solo en el cuarto vacío donde tengo los juguetes y los cuentos, en las paredes sujetas con chinchetas hay dos láminas referentes a un país extranjero y extranjero es el autor de un libro que cojo, y me aprendo su nombre: Michel Zevaco. Leo el final del segundo capítulo: un hombre busca sin parar en un cofre lleno de joyas y no encuentra lo más importante para él. Me extraña esto ¿más valioso que joyas? Tengo al lado un cuaderno y lápiz, sin pensar escribo: "Él buscaba algo entre las joyas..." y sigo escribiendo, sigo así hasta hoy.
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Una pregunta muy complicada
Por Hugo Caligaris

hcaligaris@lanacion.com.ar
Viernes 21 de enero de 2011 | Publicado en edición impresa


Cada vez se lee menos y se escribe más. Se escribe tanto y tan rápido que el escritor, como diría Macedonio Fernández, no alcanza a leer lo que va escribiendo. La aparición de un nuevo libro ya no es un acontecimiento prodigioso, sino algo habitual, porque también se publica buena parte -no, afortunadamente, todo, porque todo sería imposible- de lo escrito. ¿Por qué escribimos? ¿Escribiríamos aun si supiéramos de antemano que no vamos a tener ningún lector? ¿Escribiríamos incluso en el caso de que el presidente de la Real Academia nos pidiera que en beneficio de la lengua común no lo hiciéramos? ¿Escribiríamos aunque nos dijeran que ya no hay sitio para nuestras palabras en ninguna biblioteca del mundo ni tampoco en el sólo aparentemente infinito espacio de la Red? ¿Escribiríamos aunque supiéramos que es cierto que el año que viene se acaba el mundo? En nuestra nota de tapa, cincuenta escritores de los que importan cuentan por qué, en todo caso, escriben ellos. Es una manera de comenzar a responder una pregunta, como se ve, demasiado compleja.
Una pregunta muy complicada - lanacion.com


el dispensador dice: así como el hombre se mira por las mañanas en el espejo a efectos de corroborar la continuidad de su rostro y saberse incluido en su propio cuerpo, del mismo modo necesita dejar testimonio de su paso por los tiempos respirables, sea en forma de huella, sea en forma de letra, sea en forma de palabra y sonido, sea en forma de música y tejiendo notas en un pentagrama... hubo un tiempo donde las huellas eran plantas o palmas y el hombre se preocupó por buscar los mecanismos para conferirle color y es así que existen notables creaciones en grutas antiquísimas donde existen claros vestigios de la presencia humana... las letras pueden ser objeto de culto tanto como de persecusión y exterminio, pero aquel que crea mediante la letra muda transformada desde el mundo de las ideas en pensamiento testimonial, supera el valor de su escrito y se ubica por sobre y por fuera de él, asegurando que rara vez regresará al mismo, nunca volverá a leer aquello que supo escribir, porque debe ir por la letra que sigue, prosa o verso, cuento o narrativa, novela o relato, no importa... lo que sí importa es el hecho de "crear". Si esa creación se convierte en dinero o no, será pauta de otra historia. Son muchos más los humanos que escriben y no son atendidos por editorial alguna, que aquellos que sí lo hacen brindando suculentas ganancias a personas que pocas veces entienden algo de cultura y sólo piensan en cómo cultivar una cuenta bancaria. Pero este mundo es paradójico. Los anónimos producen más letra y sentimiento que aquellos que son reconocidos y tienen prensa favorable y crítica de conveniencias... y allí reside el exacto valor del "¿por qué escribimos?". El reconocer que cuando ya no estemos, luego de partir, alguien se sentará frente a esa pila de notas a recorrer las frases y sus otras oraciones, reflexionando sobre los contenidos, muriendo o naciendo en cada párrafo, vibrando u opacándose en cada acento, en cada giro. El legado de la letra se está apagando junto con el hombre... cada vez se escribe más, y cada vez se lee menos. Los libros son testigos mudos del polvo sobre las bibliotecas... el hombre ha consumido su tiempo y ya no le alcanza para leer, lo cual implica no atenderse a sí mismo, no descubrirse, no sincerarse, no mirarse al espejo. El hombre nace como consecuencia de una idea y muere como testimonio de un tiempo... aquello que ha plasmado en la piedra, como ideograma, jeroglífico o legado de eternidades, aún permanece... las letras impresas suelen ser consumidas por locuras y desidias de otros que temen verse atrapados por el mundo de las ideas ajenas, y aquellas circunstancias que proponen a través de los silencios pensados. Imáginese el lector qué será del mundo de la electrónica que ha generado en escasos años cientos de miles de toneladas de expresiones creativas, anónimas, desconocidas a ultranza, que sucumbirán indefectiblemente a la conversión de los polos magnéticos del planeta, en breve, muy breve... por ello, querido desconocido y lector, seguidor de utopías muertas, imprima aquello que quiera atesorar. Mañana puede ser tarde... Enero 21, 2011.-

jueves, 20 de enero de 2011

QUIEN QUIERA OIR QUE OIGA


el dispensador dice: recorriendo páginas de libros afines, empáticos, que emiten vibraciones atrayentes y generan magnetismos corrientes mediante palabras impresas, silenciosas, que uno transforma en ecos, mente mediante, se va asistiendo a las diferentes visiones que el hombre fue evolucionando en su paso por la Tierra. Cómo eran las utopías del mundo humano mucho antes del Egipto al que se le endilgan las pirámides... Cómo era el mundo de los indos hace más de diez mil años, para luego transformarse en un recuerdo de luces extraviadas... Qué fue de los atlantes y los lemures, continentes con culturas devoradas por el magma que guardan tantos defensores como detractores... ¿Qué había en la Biblioteca de Pérgamo que convenía trasladar a Alejandría para luego quemarla?... ¿Qué había en la Biblioteca de Honduras, tan importante y angular sobre el pasado humano, para que la iglesia católica haya luchado tanto para quemarla y asegurarse que todo había sido resumido a cenizas?... ¿Qué se hizo de la desaparecida biblioteca de los ancestros de los Incas, cuyas menciones fueron desapareciendo al paso de la conquista y sus miserias?... Cuál es la verdadera estirpe de los nativos americanos, perdidos en los túneles de los tiempos, aplastados por acciones militares tan pobres como sus líderes que mataban indefensos para apropiarse de sus tierras a cambio de nada... Cómo se manipuló el paso y los legados de nahuas y quichés, exponiéndolos como carentes de capacidades para luego descubrirse las mentiras de relatos inventados, y así enfrentarse que aquel mundo con su tiempo eran más profusos en contenidos que aquellos que se exponen hoy... Dónde fueron a parar los karaives, dónde los eskeras, dónde los celtas, dónde... Por qué se consumieron intencionalmente los evangelios apócrifos siendo reemplazados por otros que fueron escritos en el 1.300 creando una biblia de conveniencias... y porqué se ocultaron los himnos del qumran y sus relatos sobre la guerra de los hijos de la luz versus las huestes de las tinieblas... y por qué se consumieron las verdaderas escrituras del viejo testamento propiciándose una guerra santa defensora de intereses propios de las angurrias humanas. Nada de ello encontrará respuesta, salvo la sensación íntima de reconocer la mentira transformada en historia impuesta... Al apreciar que existe una historia de "oficio" y "oficial", rápidamente se descubre que hay "otra" distinta y bien diferente... una que al correrle el velo de Isis enseña una huella humana que vale la pena hurgar. Pareciera que el hombre no aprende las consecuencias de sus propias circunstancias y recurre a recetas fallidas que lo alejan de sí mismo, pero esencialmente destruyen el puente entre su vida y su espíritu, fabricando atajos que justifican sus falacias, errores que se consumen junto las propias vidas. Así como hay otra historia, otras son las visiones de la Tierra y del todo que nos propone, en medio de un universo que está sin que esta estirpe (la de hoy) dimensione el espacio en su justa medida, confiriéndole el valor intrínseco de las distancias. Todo lo que nos rodea tiene vida propia, prescindente de la concepción humana, y seguirá estando cuando ya no lo hagamos... el sentido de perdurabilidad, de eternidad, de infinitud, está lejos de la visión humana porque ésta niega sus sueños, atándose a las mochilas de las densidades de los preconceptos. Así como pasaron generaciones en armonía con su suelo, con su aire, con su tiempo, con sus huellas... hoy tiene lugar todo lo contrario, generaciones que se niegan a sí mismas, rechazando su suelo, su aire, su tiempo y hasta sus propias huellas. Sin embargo, las esencias seguirán presentes cuando los humanos ya no estén... y el sentido superior perdurará intacto más allá de las miserias. Ello habilita a pensar en un mundo de armonías ciertas, donde la finalidad sea apenas la armonía de la comunidad pasante, sin correr tras cosas efímeras que sirven para quebrar los afectos y sin andar tras las quimeras que proponen las segundas intenciones, empobrecidas como suelos gastados. La vida enseña al hombre un potencial paso "creador" y "ofrendador" sustentados en la oración y en las empatías genuinas... cuando pasa la vida, cuando el tiempo respirable se consume, cuando las palabras ya fueron dichas, cuando los pensamientos ya fueron olvidados, cuando las acciones tuvieron sus lugares, justo allí aparece la verdadera vida, donde ya no hay cuerpo y donde el alma puede o no encontrarse con su espíritu... entonces se terminan las justificaciones y comienzan las visiones de aquello que aún siendo, fue negado... sin regreso posible. Enero 20, 2011.-

miércoles, 19 de enero de 2011

CUANDO SE INVIERTAN LOS POLOS... Descubren dos nuevos agujeros en el centro del Sol - ABC.es


Ciencia
Descubren dos nuevos agujeros en el centro del Sol
Las imágenes, capturadas hace tan solo unos días, muestran los cambios en la corona solar que provocan las terribles tormentas cósmicas
ABC / madrid
Día 18/01/2011 - 12.48h

NASA.Imagen de la sonda SDO que muestra los dos peligrosos agujeros en el Sol

La sonda de la NASA denominada Observatorio de Dinámica Solar (SDO, por sus siglas en inglés) ha descubierto dos nuevos agujeros en el centro de la corona solar. Estos agujeros son las «fuentes energéticas» que pueden originar uno de los fenómenos cósmicos más espectaculares y temidos por su violencia, una tormenta solar. Si se producen con la suficiente fuerza, las erupciones cósmicas son capaces dañar nuestras redes de energía y desbaratar los sistemas de comunicación por satélite. De momento, los dos nuevos agujeros detectados no parecen suponer una amenaza tan grave, pero muy pronto tendrán consecuencias en la Tierra en forma de auroras boreales.

Las imágenes de la pareja de agujeros solares fueron obtenidas del 9 al 12 de enero por un instrumento de la nave de la NASA que trabaja en el extremo ultravioleta. Nuevas imágenes del fenómeno, que también puede verse en un vídeo en dos y tres dimensiones -para el segundo hacen falta gafas especiales-, se repitieron el 10 de enero. Uno de los agujeros se encuentra bajo el ecuador de nuestra estrella, y el otro se sitúa por encima.

Sin previo aviso

Los agujeros de la coronal solar son vastas regiones menos densas y más frías que las áreas que las rodean. En ellos, el campo magnético se abre y permite que el viento solar cargado de partículas escape a gran velocidad hacia el espacio, a alrededor de 800 kilómetros por segundo. Después de viajar por el espacio durante días y recorrer 150 millones de kilómetros de distancia, las partículas del viento solar impactan contra la Tierra y producen magníficas auroras boreales, un espectáculo que pocos privilegiados pueden observar.

La comprensión de cómo se forman estos agujeros solares es muy importante para los científicos, ya que estos campos son los causantes de las tormentas solares. Nuevas investigaciones sugieren que, de momento, no somos capaces de prevenir todos y cada uno de estos arranques solares. Una de cada tres erupciones surge sin previo aviso, lo que prácticamente nos impediría protegernos a tiempo. Además, los tsunamis solares pueden ser tan gigantescos que envuelvan casi por completo toda la superficie del Sol.
Descubren dos nuevos agujeros en el centro del Sol - ABC.es


el dispensador dice:
cuando se inviertan los polos,
sentirás la diferencia de estar solo,
asistiendo que la estancia,
es mucho más que simple gracia,
habiendo llegado desnudo,
serás testigo mudo,
tiempo de un estornudo,
que la vida pasó entre apuros,
sin atender los anuncios,
que reclamaban tus renuncios,
los que ahogados en disimulos,
te guardaban sin futuro...

paradojas de este mundo,
almas en vagabundos,
desfiladeros de abismos profundos,
andan fabricando huellas,
creyendo engañar a las estrellas,
que te siguen a cada paso,
entre destellos y ocasos,
observando lo que se esconde,
en espíritus inmundos,
que se venden con sonrisas,
no alcanzan los ojos,
cuando te vende la prisa...

el universo guarda sus ciclos,
entre silencios y periplos,
no están hechos para humanos,
ni se cambian con las manos,
aquello que son signos,
no se deforman por vinos,
todo lo que está establecido,
desde el verbo y su origen,
ningún hombre lo corrige,
ni aún pintando el destino,
lo que suceda en el cielo,
consumirá los desatinos...

cuando los polos se inviertan,
verás que algunos no escarmientan,
haciéndose los soberbios,
pero aún cuando muestren nervios,
histerias y hasta gritos,
crecerán los desesperos,
de no poder robar traperos,
en desiertos ligeros,
plenos de arenas, sin esmeros,
comunes a las almas en pena,
que arrastran desprecios,
repartiéndolos en vidas,
sin detenerse a pensar,
que es tarde para pintar,
telas con mentiras,
aquello que fue enunciado,
salivado por carroñas,
habrá quedado estampado,
en tiempos sin estrofas...

con los polos cambiados,
lo que existió es pasado,
aún cuando lo busques denodado,
aún cuando creas haberlo visto,
el destello lo habrá cambiado,
y todo lo que fue recuerdo,
será alimento de locos,
aseveran haber estado,
en un mundo sin legado,
donde las piedras han pasado,
anunciando lo que ha sucedido,
sin que nadie haya escuchado...

ya es tiempo de inversiones,
el que ha tenido dineros,
habrá herido corazones,
es tiempo de nuevas canciones,
de comenzar todo de nuevo,
quién no sepa de espíritus,
quién no reflexione las razones,
lógicas sin estertores,
se habrá llevado las almas,
que negaron sus propios dones,
todo ciclo que culmina,
tendrá un Sol que lo ilumina,
ya que ése es el sentido,
que guarda este camino,
quien se ha tomado el vino,
amanecerá tarde ése mismo día...
el dispensador: tiempo de conversiones. Enero 18, 2011.-
DEDICADO A: los que ven venir las carrozas de fuego.

martes, 18 de enero de 2011

HEREDARÁS EL CIELO - IntraMed - Arte y Cultura - El juicio del mono: ochenta y cinco años y contando

17 ENE 11 | Otra vuelta al mono
El juicio del mono: ochenta y cinco años y contando
En 1925, un profesor de secundaria del estado norteamericano de Tennessee fue denunciado por enseñar la teoría de evolución de Darwin.

Página 12



En ese momento regía en el estado una ley que prohibía la enseñanza de cualquier teoría contraria a la Biblia y que dijera que el hombre descendía de formas inferiores. Nunca está fuera de moda revisitar el caso.

Por Claudio H. Sanchez


El hecho es conocido como “el juicio del mono” y entró en la cultura popular a través de la obra teatral Heredarás el viento y de sus muchas versiones cinematográficas. La más conocida es la de 1960, dirigida por Stanley Kramer, y con Spencer Tracy en el papel de abogado defensor. También tuvo su parodia en Los Simpson (“El traje del mono”, décimo séptima temporada).

John Scopes, el profesor en cuestión, enjuiciado por enseñar la teoría de la evolución, recibió una multa de 100 dólares, que era lo que preveía la ley (llamada Butler Act en nombre del legislador que la presentó). La condena fue apelada y, aunque la corte mantuvo su criterio, Scopes fue eximido de la multa debido a un tecnicismo: de acuerdo con la constitución del estado, los jueces no podían fijar multas de más de 50 dólares.

Aunque pasaron ochenta y cinco años del juicio del mono, la teoría de la evolución de Darwin sigue siendo rechazada por muchos norteamericanos y la cuestión de si las escuelas deben enseñar también teorías basadas en la creación divina revive periódicamente en ese país.


LO QUE DARWIN DIJO Y LO QUE NO DIJO


En su versión popular, la teoría de Darwin dice que “el hombre desciende del mono”. Pero Darwin no sólo no dijo eso (en todo caso, que el hombre y el mono descienden de un antepasado común), sino que la idea de que las especies evolucionan a partir de formas previas es muy anterior. Muchos filósofos, desde la antigüedad clásica hasta el Renacimiento, habían propuesto distintas teorías evolutivas. Lo que hace especial a Darwin es que propuso un mecanismo para la evolución que resultó acertado: la selección natural.

En general, los padres se parecen a los hijos: los perros tienen perritos, las tortugas ponen huevos de los que nacen tortuguitas y dentro de una manzana hay semillas de manzano.

Esto es consecuencia de los mecanismos de la herencia. Cada organismo le transmite a su descendencia el ADN que contiene la información necesaria para construir los nuevos organismos. Sin embargo, a veces se producen errores en la transmisión de esta información. Así podría ser que un perro y una perra, ambos perfectamente normales, con cuatro patas, dos ojos y una cola, engendren perritos con ADN diferente. En un caso extremo este ADN podría contener la información para construir un organismo con seis patas, alas o visión de rayos X. Esos cambios, estas características que aparecen en un organismo sin estar presentes en sus progenitores, se llaman mutaciones.

Las mutaciones pueden ser resultado del azar: al generar el ADN que se transferirá al nuevo organismo puede resultar una copia imperfecta, más o menos diferente del original. Otras veces la mutación puede ser producida artificialmente con técnicas de ingeniería genética. Ciertas radiaciones, como los rayos X o los rayos gamma, también pueden alterar el ADN y producir mutaciones.

Planteado este escenario, imaginemos unos insectos de color negro. Por las leyes de la herencia, su descendencia también será de color negro. Pero, como resultado de mutaciones al azar, cada tanto podrán aparecer camadas de insectos de otro color: blancos, marrones, amarillos o verdes. Una vez que se produce la mutación, el nuevo color es estable, hasta la próxima mutación: el ADN de los insectos blancos lleva la información correspondiente a ese color y la transmite a su descendencia, salvo que una nueva mutación vuelva a cambiar el color.

Supongamos entonces que liberamos una población de estos insectos en un campo verde. Los insectos negros destacarán sobre el fondo verde y serán presa fácil de sus predadores, los pájaros que se alimentan de ellos. Los insectos negros solamente sobrevivirán si tienen suerte, si logran esconderse o si se reproducen más rápidamente que lo que los pájaros los cazan.

Lo mismo les pasará a los ejemplares blancos que puedan surgir como resultado de mutaciones. Y a los marrones y a los amarillos. Pero los verdes se confundirán sobre el fondo de ese color y tendrán más posibilidades de escapar de sus predadores y reproducirse. A igualdad de condiciones, la población de insectos verdes se desarrollará más fácilmente que las de otros colores. Con el tiempo, la mayoría de los insectos en ese campo serán verdes. Si, como resultado de nuevas mutaciones, reaparecen insectos de otro color, tendrán pocas posibilidades de escapar a sus predadores y sobrevivir. Solamente los verdes prevalecerán.

Ahora supongamos que una sequía hace que el campo verde se convierta en un terreno marrón. Los insectos, mayoritariamente verdes, serán entonces fácilmente localizables por sus predadores y su población comenzará a disminuir. Pero los ejemplares marrones que pudieran surgir de mutaciones serán ahora los que tengan las máximas posibilidades de sobrevivir. Luego de algún tiempo, los insectos en este campo serán mayoritariamente marrones.


MARIPOSAS MUTANTES


Así opera la selección natural. Se necesitan tres elementos: la herencia, por la cual los padres les transmiten sus características a los hijos; las mutaciones, por la cual los hijos pueden tener características no presentes en sus padres, y el hecho de que algunas características favorecen la supervivencia y otras no.

Es interesante el papel que juega el medio en la evolución. En el ejemplo de los insectos podría pensarse que el cambio de color fue resultado del cambio en las condiciones ambientales (el campo verde que se volvió marrón). En realidad, el color cambió como resultado de una mutación casual. Lo que hizo el ambiente fue ayudar a que el nuevo color prevaleciera.

Esta historia de insectos mutantes no es totalmente imaginaria. Hasta fines del siglo XVIII existía en los bosques de Inglaterra una polilla con cuerpo y alas de color gris claro. Estas mariposas, al posarse en árboles de corteza clara, se volvían prácticamente invisibles para sus predadores. Con la revolución industrial, el humo de hornos y calderas hizo que los árboles de esa zona comenzaran a teñirse de negro. Las mariposas blancas se hicieron fácilmente localizables por los predadores y su población comenzó a disminuir. Pero una mutación hizo surgir una variedad moteada que se ocultaba mejor, que sobrevivió, y pronto todas las mariposas del lugar eran moteadas.

Cuando, en el siglo XX, las políticas ambientales y los cambios en los medios de producción redujeron la contaminación atmosférica, los árboles de la región recuperaron su corteza clara. El cambio perjudicó a las mariposas moteadas, que ahora se destacaban sobre los árboles claros, y favoreció a la variedad gris original que reapareció. Fueron dos confirmaciones de la selección natural en menos de dos siglos.


EVOLUCION, SELECCION Y ECONOMIA


Los que aún se resisten a aceptar la evolución seguramente no son conscientes de la importancia que tiene la teoría de Darwin para la producción de alimentos: los mecanismos de selección se aplican rutinariamente en agricultura y ganadería. Por ejemplo, cuando se quiere desarrollar una variedad de cereal que sea más resistente, más nutritivo o más rendidor, se estudian las distintas mutaciones que aparecen, se seleccionan las más adecuadas según el objetivo buscado y se descartan las demás, logrando en pocos años lo que a la naturaleza le llevaría siglos.

Cuando estos mecanismos se ignoran, la producción de alimentos (y con ella, la economía) se resiente. En la década de 1920 surgió en la Unión Soviética un biólogo llamado Trofim Lysenko que desarrolló su propia teoría de la evolución, no basada en mutaciones y selección sino en la idea de que es posible hacer que una especie adquiera ciertas características, forzando la aparición de una determinada mutación. Por ejemplo, si una especie vegetal se cultiva en un invernadero con condiciones especiales de humedad, la especie terminaría por “acostumbrarse” y las nuevas generaciones estarían naturalmente adaptadas a ellas.

Su teoría era una variación de la propuesta más de un siglo antes por el francés Lamarck: las modificaciones practicadas en forma forzada a un organismo se trasmitirían a sus descendientes. Por ejemplo, si depilamos a una familia de ratones y a sus descendientes, tarde o temprano los ratoncitos nacerían naturalmente sin pelo. Esta teoría ya estaba desprestigiada en tiempos de Lysenko. Habían fracasado los intentos de comprobarla experimentalmente y chocaba con la evidencia: si las hembras perdían su virginidad cada vez que procreaban, ¿por qué seguían naciendo vírgenes?

En cualquier caso, la teoría de Lamarck y su variante de Lysenko resultaban atractivas para el marxismo porque suponían que una especie podía mejorar si se esforzaba lo suficiente. Lysenko fue tratado como un héroe y un genio en la Unión Soviética, mientras se perseguía al darwinismo. El prestigio de Lysenko comenzó a decaer tras la muerte de Stalin, cuando sus colegas empezaron a publicar artículos que revelaban las falacias de sus métodos. En 1964, poco después de la caída de Kruschev, Lysenko fue destituido y el país volvió a aplicar técnicas basadas en la selección. Sin embargo, la agricultura soviética y la producción de alimentos tardaron muchos años en recuperarse. Mientras tanto, los científicos y técnicos de Estados Unidos siguieron aplicando las teorías de Darwin, en contra, muchas veces, de los deseos de su propio pueblo.


Escena de la película "Heredarás el viento"

IntraMed - Arte y Cultura - El juicio del mono: ochenta y cinco años y contando


el dispensador dice: si te animas a heredar el viento, inmediatamente te convertirás en heredero del cielo... no el que ves, otro distinto, inconmensurable, armonioso, contenedor de eternidades y de espíritus en ellas. Parecen palabras, no lo son... Muchas (quizás no pocas) son las personas que hacen todo por desencontrarse, no sólo con el prójimo, el próximo, el otro... pero también consigo mismo. Muchas (quizás no pocas) son las personas que dan todo de sí (lo mejor) aceptándose humildes, sencillas, pero esencialmente encontradas con sus convicciones, defendiendo aquello que entienden y/o sienten como "racional"... prudente, adecuado, real y coincidente con lo que observan. Mejor aún cuando trasladan dichas a visiones a los otros, brindándoles la oportunidad de ascender un escalón. Los ejemplos son muchos. La mayoría de ellos anónimos, desapercibidos y hasta intrascendentes... sin embargo, pasan estampo huella cierta en otros almas que también podrán o no, pretender heredar el viento y consecuentemente el cielo que no vemos. Heredas el viento cuando eres fiel a tu esencia. Heredas el cielo cuando eres digno de haber nacido, aceptando la gracia de Dios y transformándola en motor de espíritus, empleando en ello los dones y los talentos recibidos. Heredar el viento implica recibir un pedacito de eternidad y haber sido digno de ella... Heredar el cielo implica ganar el estado de ángel. Las circunstancias de la vida nos imponen distintos "juicios del mono", propios de la inquisición y sus miserias de ignorancia y soberbia... y en ellos, los juicios, lo más importante es no relegar espacio para ceder dignidad a cambio de consumirse en las hogueras de las mezquindades... pagando en ello el precio que se demande. Así como no se ama "vendiendo" el alma, ni tampoco comprándola... los afectos que se siembran deben ser auténticos, genuinos, cristalinos ya que ellos serán lo único que se cosechará de tu paso por la Tierra de los tiempos respirables. Heredas el viento cuando te heredas a tí mismo. Heredas el cielo cuando haces honor a la gracia que recibiste para transitar por tu tiempo... y esto, por lo simple, no figura en los libros, se lo lleva en la esencia del alma. Nadie te lo enseña... Enero 18, 2011.-

lunes, 17 de enero de 2011

EL UNIVERSO IMPAR: Ophiuchus, el espacio olvidado - La Gaceta - Ophiuchus, el signo que podría llegar a revolucionar el zodíaco

REVOLUCIÓN EN EL HORÓSCOPO | POLÉMICA
Ophiuchus, el signo que podría llegar a revolucionar el zodíaco


Sábado 15 de Enero de 2011 | Un investigador estadounidense sostiene que los signos astrales deberían pasar a ser 13. La teoría ya provocó numerosas consultas. Otros astrólogos no la consideran ya que advierten que es errónea.
| PORTADOR DE LA SERPIENTE. El signo comenzaría el 29 de noviembre.
DAVIDALDIA.BLOGSPOT.COM

LOS ANGELES/NUEVA YORK.- Un investigador estadounidense podría poner el mundo de la astrología patas arriba, ya que no sólo afirma que los signos astrológicos fueron atribuidos desde hace siglos a datos erróneos, sino que incluso encontró un decimotercer signo.

Parke Kunkle, docente del Minneapolis Community and Technical College, afirma que quien nació entre el 29 de noviembre y el 17 de diciembre no es sagitario, sino Ophiuchus, el portador de la serpiente.

Kunkle descubrió al parecer este nuevo ordenamiento de los signos del zodíaco a través de un nuevo cálculo de la órbita. "Defino los signos según las estrellas que se encuentran al fondo del sol y la luna", dijo el científico. "Ophiuchus aparece desde hace tiempo en el cielo y el sol pasa hace miles de años por el portador de la serpiente", agregó. El experto argumenta que en el zodíaco que conocemos no se consideran los cambios en el eje terrestre provocados por la fuerza de gravedad de la Luna, que hace "correr" un mes en la alineación de las estrellas. Esto significa que, cuando los astrólogos dicen que el sol está en Piscis, en realidad está en Acuario, por ejemplo. Por eso mismo, según Kunkle, el periodo entre el 29 de noviembre y el 17 de diciembre estaría ’controlado’ por el decimotercer signo.

Una larga discusión

La astronomía discute desde hace tiempo los signos zodiacales. Los datos fueron establecidos hace 2.500 años y las constelaciones y signos del zodíaco ya no coinciden. Mediante reformas del calendario, las personas que ahora son aries podrían pasar a ser piscis o tauro.

Los babilonios, fundadores de la Astrología, habían fijado las fechas -por ejemplo, Géminis del 21 de mayo al 20 de junio- en función de la constelación con la cual el sol estaba alienado en el momento del nacimiento. El problema es que, con el transcurrir de los años, "la fuerza gravitacional de la Luna ha hecho oscilar a la Tierra alrededor de su eje, creando un corrimiento de un mes en la alineación de las estrellas", según informa el diario local The Star Tribune y reproduce el portal Infobae.com.

Sin embargo, el psíquico y astrólogo Walter Mercado confirmó que las fechas tradicionales del zodíaco "se quedan iguales’’ y aclaró que hay una confusión entre las fechas utilizadas para los signos zodiacales en la cultura occidental y las que usa la astrología hindú, que son los que han estado circulando como "los nuevos signos’’, le explicó el experto el diario El Nuevo Herald, de Miami.

El revuelo por el nuevo posicionamiento que podría tener el zodíaco generó cientos de respuestas en medios sociales y hasta en los sitios de medios tradicionales como The Washington Post. Shelley Ackerman, vocera de la Federación Estadounidense de Astrólogos, dijo que recibió muchos correos electrónicos de clientes preocupados, pero les aseguró que "esto no cambia su carta astrológica para nada".

Como explicó la astróloga Susan Miller a ABC News, en la astrología son los planetas, y no las constelaciones, las que ayudan a predecir el futuro, siendo las últimas solamente una herramienta de medición. En la evolución de la astrología, la cantidad de constelaciones que se tomaban en cuenta bajó de 50 a 18 y luego a 12, explicó la experta.

Ayer, hubo pánico, pareciera que se iba a acabar el mundo en Facebook luego de que se informó que los signos zodiacales habían cambiado. Pero, tal como relataron diarios de todo el mundo, usted puede mantener los tatuajes de escorpio que se mandó a hacer porque el descubrimiento de un nuevo signo del zodiaco no aplica, por ahora, a la astrología occidental, y casi seguro que no se aplica a usted. (DPA-Especial)




Para ir teniendo en cuenta, por las dudas

Capricornio: del 20 de enero hasta el 16 de febrero.

Acuario: del 16 de febrero hasta el 11 de marzo.

Piscis: del 11 de marzo hasta el 18 de abril.

Aries: del 18 de abril hasta el 13 de mayo.

Tauro: del 13 de mayo hasta el 21 de junio.

Géminis: del 21 de junio hasta el 20 de julio.

Cáncer: del 20 de julio hasta el 10 de agosto.

Leo: del 10 de agosto hasta el 16 de septiembre.

Virgo: del 16 de septiembre hasta el 30 de octubre.

Libra: del 30 de octubre hasta el 23 de noviembre.

Escorpio: del 23 de noviembre hasta el 29 de noviembre.

Ophiuchus: del 29 de noviembre hasta el 17 de diciembre.

Sagitario: del 17 de diciembre hasta el 20 de enero.
La Gaceta - Ophiuchus, el signo que podría llegar a revolucionar el zodíaco



dice Wikipedia:
Ofiuco u Ophiuchus (el portador de la serpiente o Serpentario) es una de las 88 constelaciones modernas, y era una de las 48 listadas por Ptolomeo. Puede verse en ambos hemisferios entre los meses de abril a octubre por estar situada sobre el ecuador celeste.

Al norte de Ofiuco se halla Hércules, al suroeste Sagitario (Sagittarius) y al sureste Escorpio (Scorpius); al este se encuentran la Cabeza de la Serpiente (Serpens Caput) y Libra, mientras que al oeste quedan Águila (Aquila), Escudo de Sobieski (Scutum) y Cola de la Serpiente (Serpens Cauda). La constelación queda flanqueada por la Cabeza y la Cola de la Serpiente, que puede ser considerada como una única constelación: Serpiente (Serpens), que la atraviesa. El conjunto resultante es un hombre rodeado por una serpiente.


los ARGONAUTAS
Ophiuchus fue hijo ilegítimo de Apolo con una ninfa llamada Coronis, Asclepios, aprendió medicina del Centauro Caronte. Después fue el cirujano de los Argonautas, navegando con ellos en la nave Argos tratando de devolver la vida a la gente, incluidos el hijo del rey Minos de Creta.

Fue después de que Asclepios tratara de revivir a Orión, picado por el Escorpión cuando Plutón se quejó a Zeus que si Asclepios actuaba a de esta forma haciendo inmortal a la gente, el robaría todo el pueblo de Hades. Y así fue, Zeus no permitió más inmortalidades y envió un rallo para matar a Asclepios.

Zeus puso a Asclepios en un lugar del cielo cercano a la Serpiente (Serpens Cauda y Serpens Caput) porque esta representaba la vida renovada.

Mientras que el culto a Asclepios comenzó en Tesalia, se construyeron templos a través de toda Grecia, llegando a Roma alrededor del año 300 a. C.

Las antiguas esculturas lo muestran con el pecho descubierto y portando una larga capa y asiendo un bastón con una serpiente enrollada (quizá el precursor del moderno símbolo de la medicina). Por eso, Ofiuco está situado en medio de la constelación de Serpens (la Serpiente) sumergiéndose su zona sur en la Vía Láctea, por lo que se pueden disfrutar muchos objetos de cielo profundo.
http://www.mallorcaweb.net/masm/Oph.htm


el dispensador dice: así como el sistema solar que recorremos a diario contiene el doble de astros planetarios conocidos y reconocidos, del mismo modo existe un defasaje sodiacal diseñado en la edad media a efectos de confundir las predicciones, colocando un vacío, un espacio que altera los órdenes originales. Hay trece signos sodiacales y hay catorce espejos que giran en la dimensión contigua... lo sabían los antiguos y sobre ello se basan las pirámides en todo el mundo, desde Egipto a Tiawanaku... los sabían los mayas, los aztecas, los atlantes, los lemures, los celtas, los indos, los incas y los urus, todos sin excepciones... sin embargo el eje de los sabios se extravió y ya nada fue igual. Cuando las ciencias convergían en los hados y los destinos en las capacidades traducidas en dones y talentos, otros eran los designios, otras las visiones, otros los sentidos de los sueños, otras las premoniciones, muy distintas las interpretaciones de los sabios. El espacio perdido en el zodíaco fue el que dio lugar a que la serpiente ocupara un lugar destacado en las sagradas escrituras de la mentira medieval, incorporándose a una Biblia dibujada a medida de conveniencias más paganas que aquellas que decían combatir... confiriéndole a la mujer la mochila de un pecado inexistente, y relegándola a un culposo segundo plano, desmereciendo sus capacidades y su inteligencia [no hay sexos en el paraíso, ni tampoco los ángeles lo tienen]. Curiosa manipulación donde las sabidurías se tornan en condena. Pero, cuando se abren los portales aparecen las verdades que habían sido ocultadas, y ahora, hoy, aquí, esta toma entidad para modificar todo lo dicho y demostrar que nada es como te lo cuentan. Los argonautas, viajeros del espacio cercano y lejano, bien conocían de cuerdas y toboganes, de las luces y sus propias sombras... donde nadie que no tuviese cierta condición podría subir a la nave de las eternidades. Pero ello, detalle no menor, es patrimonio de otra historia. Enero 17, 2011.-

domingo, 16 de enero de 2011

EL PODER DE LA LUZ... Un poderoso agujero negro «palpita» cerca de nuestra galaxia - ABC.es

Ciencia
Un poderoso agujero negro, cerca de nuestra galaxia
Con una asombrosa masa de 6.600 millones de soles, podría convertirse en la primera «boca cósmica» en ser vista directamente por el ojo humano, algo que no se ha logrado hasta ahora
j. de jorge / madrid

Día 13/01/2011 - 15.14h




Gemini Observatory/Lynette Cook
Recreación artística del agujero negro en el corazón de la galaxia M87

Es algo inconmensurable. Se trata de un agujero negro poderosísimo, con una masa 6.600 millones de veces mayor que la de nuestro Sol, y está situado relativamente cerca, en nuestra vecindad cósmica, en la galaxia elíptica gigante de M87, fácil de ver con un telescopio de aficionado. Por primera vez, astrónomos de la Universidad de Texas en Austin (EE.UU.) han conseguido tomar medidas de este gigante. Desde luego, no han quedado defraudados. Su enorme masa es la mayor jamás medida para un agujero negro utilizando una técnica directa. Dadas sus dimensiones, se ha convertido en el mejor candidato para convertirse en el agujero negro que pueda ser visto por primera vez por el ojo humano en lugar de depender de pruebas indirectas, como han hecho los científicos durante décadas. El trabajo ha sido presentado en la reunión de la Sociedad Astronómica Americana en Seattle, que se celebra estos días, y se publicará en la revista The Astrophysical Journal.

Hasta ahora, «no hay una prueba directa de la existencia de los agujeros negros, cero, ninguna prueba observacional», explica Karl Gebhardt, responsable de la investigación. Para deducir actualmente la presencia de una de estas insaciables bocas cósmicas, los científicos eligen la opción de «nada mejor», es decir, descartan explicaciones alternativas. Sin embargo, el agujero negro de M87 es tan masivo que los astrónomos creen que podrán detectar algún día su «horizonte de eventos», el borde del agujero, más allá del cual nada escapa a su atracción.

Se tragaría el Sistema Solar

Para hacernos una idea de su grandiosidad, solo hace falta decir que el horizonte de eventos de M87 es unas tres veces más grande que la órbita de Plutón, lo bastante para tragarse todo nuestro Sistema Solar. Quizás los futuros telescopios puedan captarla. Gebhart cree que dentro de unos años podrán utilizarse telescopios submilimétricos en una red mundial para buscar la sombra del horizonte de eventos en un disco de gas que rodea el agujero negro.

Para descubrir las dimensiones de este gigante, el equipo utilizó el telescopio Géminis Norte de ocho metros en Hawai y el telescopio Harlan J. Smith del Observatorio McDonald en la Universidad de Texas. De esta forma, obtuvieron los datos relacionados con la velocidad de las estrellas cuando orbitan el agujero negro, la cantidad de materia oscura -uno de los componentes más misteriosos del Universo-, y otros factores importantes para llegar a una conclusión final: nada menos que una masa de 6.000 millones de soles.

Medir un agujero negro tan masivo arroja luz sobre la formación de la galaxias y quizás permitirá, en un futuro, ver con nuestros propios ojos el aspecto real de algo que ya ha conseguido ocupar nuestra imaginación.
Un poderoso agujero negro «palpita» cerca de nuestra galaxia - ABC.es
Un poderoso agujero negro «palpita» cerca de nuestra galaxia - ABC.es


el dispensador dice: nada está vacío en el universo, ni siquiera aquello que parece estarlo... todo guarda un prolijo y minucioso sentido, esencialmente atemporal, prudentemente equilibrado, profundamente expresado mediante un término que excede el sentido de la palabra, esto es el "verbo", un sentido creador que se corresponde con la luz y sus sabidurías eternas. No es una expresión, es un hecho desconocido por el hombre. La luz es un tobogán que funciona al modo de las madejas de tejer... y esa misma luz genera intersticios donde impera una energía que aún siendo luz, contiene sombras de ella misma, lugar donde se acunan las fuerzas que dan sentido a aquello que es visible, pero mucho más aún, sosteniendo aquello que el ser humano ni sabe que existe porque ha sido incapaz de pensarlo en esta era. El universo es parte de una idea suprema, visible para el tiempo respirable pero que más allá, es justamente sólo eso: "una simple idea", esfera que contiene el potencial de existir pero no lo hace porque está nutrida de esencias infinitas. El esfuerzo descomunal que el hombre hace para escapar de su suelo, de su casa, enseña la incapacidad para entender aquello que se le ofrece delante de sus ojos, exhibido a su comprensión... no se pueden emplear inteligencias que vayan en contra de la idea original, más aún cuando esa misma idea original se muestra simple, nutrida de sencillez, invitando a participar de la creación a escala. La soberbia del hombre es un verdadero agujero negro que consume la reflexión y extermina el sentimiento... y aquello que define, apenas es un reflejo de oportunismos y conveniencias que no encuentran lugar en la creación ni tampoco en su verbo. La "fuerza" (la de Yoda) no es otra cosa que la "armonía" eterna con el todo del cual provenimos, y a la cual pertenecemos, regresando. Si haces culto del verbo que te concedió la vida respirable (la virtual), por nada deberás temer, nada te quitará el sueño y más allá, serás un destello del creador en la eternidad... Enero 16, 2011.-

VACÍOS - La Gaceta - María Elena, ¿dónde vas?

María Elena, ¿dónde vas?
| HASTA SIEMPRE. La autora que embelesó a varias generaciones con sus poemas y sus canciones fue colaboradora fundacional de estas páginas.




María Elena Walsh fue una de las colaboradoras fundacionales de este suplemento. Publicó sus primeros poemas a principio de los 50. Había editado ya, con 17 años, Otoño imperdonable, su primer libro, con elogios de Pablo Neruda y de Juan Ramón Jiménez. Mandaba sus textos para estas columnas desde París, donde -junto a Leda Valladares- había conformado el dúo folclórico Leda y María. En ese entonces escribía sus primeros poemas para chicos. Sólo en 1960 aparecería su primer libro infantil, Tutú Marambá, anticipando la repercusión de El reino del revés, Juguemos en el mundo y Manuelita, ¿dónde vas?, entre muchas otras obras. Y canciones suyas como La reina Batata, El twist del Mono Liso o Zamba para Pepe, que están grabadas en la memoria de millones de argentinos.
En este número rescatamos una nota publicada en estas páginas en 1956. Es una mirada conmovedora y reveladora de ese mundo infantil que conoció como pocos. Un texto que muestra un enfoque original y melancólico que, quizás, explica el denodado esfuerzo de su autora por llevar alegría a ese universo al que alguna vez vio poblado de tristeza. Agregamos también un fragmento de Fantasmas en el parque, su último libro.

LA DIRECCION

La seriedad de los niños
Por María Elena Walsh


La primera y la última imagen que recuerdo de Europa es la seriedad de los niños. Una tristeza honda, acusadora, que nos golpea por las calles en largas miradas responsables de criaturas que parecen contener todo el sufrimiento.
Los niños de París despiertan a un mundo de perfecciones intelectuales y lo asumen con pasmosa serenidad. Contestan con frases rotundas, con gestos exactos; respiran el arte y lo intuyen. Conmueve oír los comentarios espontáneos de un grupo de chiquilines frente a un cuadro del Louvre. Oírlos cantar una canción rebosante de literatura, discutir a Picasso.
La otra mañana, tuve la impresión cabal de la diferencia que existe entre nuestros niños y los franceses. En un homenaje de pueblo, un grupo de escolares cantaba el himno a Sarmiento, a todo pulmón. La voces, chillonas, impetuosas, brotaban con vitalidad de pájaro salvaje, rectas, desordenadas, inarmónicas. Los niños franceses cantan domesticadamente, con una afinada dulzura, con responsabilidad, todos son o pueden ser pequeños cantores.
En un país donde el privilegio malcría y desresponsabiliza, desde la primera edad somos melancólicos, de preferencia en un jardín, y esa es la mentira y el drenaje de nuestra vitalidad. Los niños de Europa son trágicos, esclavos de negros corredores de ciudad, conscientes de la amenaza y el desastre, frágiles y sinceros. Es imposible no sentirse culpable ante sus ojos acusadores. Aun desde los cochecitos, bajo el económico sol de los jardines de Luxemburgo, nos vigilan chupetes incrustados en enigmáticas esfinges con gorro tejido.
Quizás ignoramos que todos los niños son serios. Unos trágicos, otros melancólicos, otros disimulados, siempre están más allá de la cárcel de tonteras en que pretendemos encerrarlos y distraerlos de la verdad. Este secreto lo saben sólo compañeros imaginarios, hojitas de jardín arrugadas en una mano sucia, zoológicos minúsculos en cajas de zapatos; en fin, todo ese universo que puebla y desampara la soledad de un niño.
© LA GACETA

(LA GACETA Literaria, 14 de octubre de 1956)
La Gaceta - María Elena, ¿dónde vas?


el dispensador dice: se producen vacíos que corroen el alma y éste es uno de ellos. Más allá de entender y asumir el "regreso" expresado en la "muerte", a los que respiramos nos cuesta digerir algunas circunstancias. Para el mundo hay personas que son paradigmas de la inocencia, del afecto, de la comprensión, de la misericordia, de la compasión cierta, y si encima de ello guardan talentos suficientes como para convocar a otras almas a un oasis de sentimientos, esas referencias suben los escalones que conducen a la eternidad del ideario. Podrán pasar siglos, pero algo los mantendrá presentes a través de sus legados. María Elena Walsh es uno de esos casos. En ella confluyeron las letras y esas vibraciones que generan un singular magnetismo que atrae. Palabras suaves. Sonrisas oportunas. Reflexiones permanentes. Se transforman en inmortales porque trascienden sus momentos y se proyectan al infinito, hablando en los silencios de las mentes de sus seguidores, de sus buscadores, de sus descubridores. En la vida no importa cuánto vendes, cuánto recibes o cuánto compras, importa cuánto es lo que has motivado a despertar en el otro, qué potencialidades, qué capacidades, qué virtudes... y cuando ello sucede, "algo" hace comunión y se une indisolublemente, estableciendo un puente indestructible donde las fibras la componen lo mejor de cada uno. Gracias María Elena Walsh. Indudablemente has sido una elegida, elegida de las simples cosas, esas que se atesoran por el siempre jamás. El vacío que dejas al partir, está lleno de algo indescriptible, imposible de ser traducido a palabras, puro sentimientos. Enero 16, 2011.-