MEMORIAS de un sin techo © [9]
By Víctor Norberto Cerasale Morteo®
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Carmen Conde Sedemiuqse Esquimedes
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Mientras sueñas el aire fluctúa alrededor del cuerpo en reposo… nadie se da cuenta, nadie lo detecta, nadie lo percibe, pero eso sucede cada vez que duermes y sueñas… hay una realidad que envuelve al cuerpo, pero que afecta al alma, entidad que sí está sumergida en el tránsito del sueño… esa misma dimensión que desciende en el sueño, toma al espíritu y lo separa del cuerpo ya que el tránsito en cuestión se sitúa en una dimensión que es cósmica, por lo tanto, la consciencia queda separada del cuerpo y se ve sometida a las vicisitudes del tiempo en que dure la experiencia, de hecho sólo instantes… dicha experiencia es atemporal y está por fuera del tiempo terrestre, del tiempo humano, y por lo tanto, mientras tiene lugar, no hay tiempo según lo entienden los humanos, esos instantes no representan ningún tiempo… el aire parece hervir, del mismo modo que sucede cuando se atraviesa un portal, o bien, del mismo modo que ocurre cuando te introduces en un manantial… insisto, nadie lo nota, pero dicho estado modifica la relación entre cuerpo y alma… el cuerpo queda en reposo, pero el alma, el espíritu y la consciencia, están activas en una dimensión que no es la que encuadra la realidad de la vida… alma, espíritu y consciencia se extrapolan y regresan a un estado semejante al de la existencia original… el ser humano evita estudiar todo aquello que lo pone en evidencia… mucho más evita considerar algo que lo exponga al más allá… el más allá es algo peligroso para la mayoría, porque se relaciona con la muerte, y esta representa la sentencia final del viaje que supone la vida… nadie parece entender que soñar es una enseñanza de que la vida es algo pasajero, donde el sueño es un recordatorio de la existencia después de la muerte, pero el ser humano se empecina en no querer darse cuenta, porque sigue pensando que la muerte es el final de todo… mientras nadie aprende, todo sigue sucediendo igual… quien alcanza el sueño, simplemente se sumerge en él…
Llegué a Salta en el año dos mil después de Cristo, terminando un milenio y comenzando el siguiente, en medio de una crisis personal inducida por las miserias humanas de varios terceros involucrados en la gesta de mí destrucción, ya que había sido despojado de absolutamente de todo, y mediando una crisis política argentina que se veía venir, donde perdería mucho más que dineros y cuentas bancarias, previamente saqueadas… alguien dirá que no fue así, pero te aseguro que el quiebre que se arrastraba de 1998, terminó de cristalizar ese año, bajo las circunstancias que te cuento… llegué muy enfermo, con brutales hemorragias gastrointestinales propias del estrés que había marcado el final de una etapa de trampas, mentiras, y traiciones… sin perder de vista que había existido un anticipo en 1995, y otro en el 1999, que fueron algo así como una aproximación a lo que vendría… como sea se lo quiera entender, no fui yo quien eligió Salta, sino que fue Salta quien me eligió a mí… siendo que paralelamente, hubo otras aproximaciones asociadas y simultáneas a Tucumán… a Catamarca… a Santiago del Estero… a Jujuy… que representaron un descenso suave en la superficie de territorios, para mí, muy conocidos debido a mis labores de los años setenta, y un acercamiento que había tenido lugar muchos años antes, en los albores de 1955… por entonces, todo estaba despejado y no había ni indios, ni pueblos originarios, ni nativos ancestrales, ni culto a la Pachamama, ni rutas pavimentadas, ni parajes turísticos, ni hotelería local ni extranjera, ni fines de semana largos para visitas rápidas, ni un montón de cosas que se agregaron mucho después del año dos mil, con el advenimiento de las ideologías falsas, las conveniencias antojadizas, y el mundo ficticio de personajes con vincha y plumas que jamás habían existido por estos lares (nadie ha tomado nota de eso, pero la historia la escriben los que dominan el paisaje de turno, que siempre escriben estupideces sobre aquello que conviene a sus miserias)… curiosamente, mi arribo a Salta tuvo el agregado de que allí, residía desde hacía algún tiempo, mi amor genuino, aquel que había aparecido en 1978, con quien habíamos compartido una parte de la vida hasta el fatídico 1982… digamos que una causalidad me condujo a Salta, y en dicho punto entendí que debía permanecer en dicho lugar hasta morir… digamos que otra causalidad me atrajo a recalar en Salta, donde establecería mis tiempos respirables, partiendo de la premisa de que nada me ataba a nada, y que, habiendo sido despojado, el pasado me había liberado de la falsedad de los papeles, de la falsedad de las palabras, de la virtualidad de las culpas endilgadas, de los ataques arteros que había recibido por la espalda, de las mentiras a las que me había visto sometido, y un maremágnum de atropellos que se me irían aclarando con el paso de los años, memoria mediante, recuerdos mediante, y reflexiones que me irían conduciendo a darme cuenta de la envergadura de los hechos por los que había atravesado con un dejo brutal de inocencia… de alguna forma, una mano protectora me había puesto a salvo, así es que podía continuar con mi sueño donde se entremezclaban ficciones y entelequias, tan propias de mi persona… la locura siempre te pone a salvo de la gente normal que busca quitarte de encima de la peor manera… nadie ve tus heridas, pero las tienes, y vaya que duelen… nadie percibe los daños infringidos, pero estos se guardan en el alma… como sea, los manipuladores que se victimizan, siempre salen indemnes, rasgándose las vestiduras y repartiendo culpas a troche y moche…
Llegar con las manos vacías me habilitó a descubrir que no hacían falta escaleras… no necesitaba subir peldaños… y así de repente, el pasado se había escurrido entre la desidia de los otros, y el desierto de las soledades y los silencios propios, ya venía muy acostumbrado a estar siempre solo… todo me parecía lejos, mi vida en Alemania, mi paso por Asia, mis visitas al África, mi paso por Oceanía… todo eso se sentía como parte de un tiempo que no me pertenecía, del que había sido parte, pero que ya no lo era, sin embargo, tenía la clara percepción de estar todavía en Alemania, sólo allí, notaba una disociación que abarcaba al alma, al espíritu, y a la consciencia, vagando por ciertos recovecos amados… el año dos mil marcó la ruptura con la persona que había sido hasta ese momento… era yo, pero al mismo tiempo, no lo era… conservaba la historia del karma, pero al mismo tiempo, había dejado de pertenecer a los daños recibidos por la perversidad de los otros… así es que, poco a poco me fui sumergiendo en una realidad extraña que, simultáneamente, me resultaba familiar… el amor pendiente no se hizo esperar, y fuimos compartiendo los momentos hasta fundirnos en eso extraño que nos unía desde siempre, caíamos en la cuenta que todo nos unía y que nada nos separaba, que la sintonía era algo que vinculaba a nuestros karmas, y asimismo, a nuestras esencias… nos reconocíamos cuando estábamos juntos, y nos sentíamos a merced de los vientos cuando no lo hacíamos… éramos piezas de un mismo rompecabezas… éramos notas de una misma música… conjugábamos con el espacio, pero nos sintetizábamos en el cosmos que nos cobijaba… no teníamos nada, pero nos teníamos a nosotros mismos… nos faltaba de todo, pero lo poco era suficiente… barrio de casas bajas… sin edificios a la vista… muchas plazas cercanas… campo abierto a escasas cuadras… panaderías cercanas… algo nos impulsaba a ir hacia adelante… ambos arrastrábamos heridas varias, daños cuantificables y daños conservados en silencio, numerosos fracasos, siendo observados por testigos que no entendían lo que veían… había habido una lucha denodada, y en la práctica, nunca había habido un triunfo tal lo describen los humanos… nos fuimos acostumbrando el uno al otro… fuimos conviviendo nuestros esfuerzos y la voluntad de permanecer unidos de cara a cualquier cosa que pudiese venir… ambos nos sabíamos pasajeros de una eternidad compartida… ambos nos reconocíamos viajeros de un camino que necesitábamos transitar juntos… las luchas nos habían dejado profundas marcas, así es que teníamos cicatrices para exhibir en la soledad de miradas cómplices… en el principio estábamos separados por ambientes distintos, ella en una casa, yo en otra, a una distancia prudencial que hacía que nos sintiéramos lejos, estando relativamente cerca, separados por unos diez kilómetros… ella vivía en un barrio de casas bajas, en la zona sur de la ciudad y yo lo hacía en la quebrada de San Lorenzo… por entonces, llegar de un lado al otro, tenía sus complicaciones… no había transporte público y eso exigía moverse en autos de alquiler… había que conocer a los choferes… había que conocer sus horarios… había que conocer su disposición a llevar de un lado al otro y viceversa… nada quedaba librado al azar… teníamos la necesidad de estar juntos, respetando los quehaceres de cada quien… ella ya estaba amoldada a la ciudad y sus lapsos, y por mi parte, estaba atendiendo los tiempos y las formas de una sociedad detenida en el siglo XVII, con aires señoriales, con apellidos de abolengo, con una significativa ascendencia española proveniente de la conquista, con un resto económico singular, y numerosos grises que había que deshilvanar… ser extranjero tiene sus ventajas, pero guarda muchas desventajas que nadie considera… pero, sin sorpresas, siempre me había sentido un extranjero en la Tierra, y simultáneamente, me percibía como un inmigrante eterno, sin suelo, sin tierra…
En los primeros momentos del encuentro, se produjo un viaje corto… pero el mismo pareció largo… había caminos, pero no había rutas pavimentadas… los caminos tenían sus dificultades… mucha piedra suelta… mucho polvo… sin banquinas… mucha soledad… nadie a quien recurrir en caso que te pase algo… la cordillera tiene cosas que nadie sabe hasta que está en el medio de la nada… no hay señal de telefonía… no hay telefonía de línea… por entonces, no había antenas satelitales ni de las otras… la gente que vive en dichos parajes está aislada del mundo… en muchos casos sólo hay senderos destinados a una persona más una mula, o bien, algunas personas y más de una mula… no hay acceso de vehículos porque el tiempo se mide en días de camino, en horas caminando hacia alguna parte… nadie se arrogaba derechos de falsos pueblos originarios… nadie vestía con vinchas ni plumas… y la soledad marcaba cualquier paisaje mirando para el lado que fuese… había dificultad para atravesar los ríos por las mal llamadas piedras bola, piedras de un respetable volumen con forma de pelota, diseminadas por todas partes, capaces de destruir un tren delantero, un amortiguador o varios, y de producir daños al motor… eso demandaba ir con cuidado, a una velocidad reducida, ya que las piedras sueltas de la ruta, desplazaban el auto hacia sus laterales… todo era nuevo, así es que los ojos no alcanzaban a dimensionar la inmensidad que se mostraba… habíamos transitado unos ciento diez kilómetros por la olvidada ruta 51, que curiosamente conectaba con Chile, y con las mineras de la zona de San Antonio de los Cobres en la provincia de Salta… mucha parte del camino era en ascenso y muchas montañas se veían por debajo, así es que quedaba el cielo intenso, de un azul eléctrico, y nosotros, sin nadie a la vista, habíamos pasado algunos caseríos de poca gente, nos habíamos detenido a la orilla de un río, el Tastil, en plena subida… aguas correntosas de deshielo… aguas heladas al tacto… mucha vegetación a su alrededor, y nada cuando tomabas unos metros de distancia… lugar paradisíaco si los hay… muchas piedras llamando, y hablando, al punto que se percibía un murmullo de fondo, que nadie podía explicar… estábamos orillando los tres mil metros sobre el nivel del mar, y subiendo… valía la pena el SOL… por momentos se sentía calor y por momentos se sentía frío, mucho, esos son los juegos de la altura… no había nubes a la vista y no tengo ni idea del mes que corría… allí no llegan las radios… no hay conexión entre los caseríos… y ni siquiera la había en el puesto de gendarmería del kilómetro no sé cuánto, en Ingeniero Maury… cuando baja el SOL, el frío se vuelve infernal… pero nosotros estábamos enamorados, y necesitábamos seguir subiendo… algunas gentes dicen conocer la altura de esos lugares, pero eso es falso, todo ronda los cuatro mil metros y las últimas aglomeraciones de personas, habían tenido lugar un siglo antes cuando se hizo el trazado de la vías del paso ferroviario del Socompa… quienes viven por allí, reconocen las brutales diferencias de temperatura entre el día y la noche… si algo sucede con tu salud, no hay cómo sacarte de allí, así es que lo más probable es que te mueras y nadie repare en ello… asimismo, no hay nada cerca, por lo tanto, o te haces el pan, o no comes… o tienes tu propia plantación, o no comes… o tienes tus propios animales de cría, o no comes… y encima debes cuidarte de la época de lluvias, así como de los pumas, ni qué hablar de los rayos horizontales… casas de adobe, con techos de cardón acondicionados para el frío… despojos humanos sin derechos porque allí la patria no llega… nadie sabe dónde quedan las fronteras… y hay mucha colaboración entre vecinos, que siempre están a varios kilómetros de distancia uno de otro… allí no llegan políticos ni jueces… allí no llegan funcionarios públicos ni turistas… los que andan por esas regiones son conscientes que no hay a quien acudir… tampoco hay combustible ni estaciones de servicio, y muchas estaciones ferroviarias, están abandonadas, porque la desidia política así lo determinó… como puedes ver, nada es fácil a esas alturas… mucho menos lo era en aquellos años…
Luego de varias horas de andar, llegamos a un paraje conocido como Santa Rosa de Tastil, habiendo pasado antes por Puerta Tastil… en Santa Rosa había un caserío y recordando tiempos idos, fuimos en busca de las ruinas incaicas, tan olvidadas como la gente del lugar… soplaba un fuerte viento de altura que anunciaba un descenso abrupto de la temperatura, apenas cayese el SOL… no había nadie… allí estás a más de tres mil metros de altura, casi orillando los cuatro mil metros, según dónde estés parado… por aquellos años nadie custodiaba a las ruinas omitidas, que ya habían sido suficientemente saqueadas, y la historia posible había sido tan deformada que a nadie le importaba cuál había sido la verdad de aquellas gentes… llegas a un cementerio de altura, y comienzas a trepar por un camino de mucha dificultad, creado para una sola mano, por consiguiente con escasos espacios para un eventual doble paso… cuando superas los cuatro mil metros, encuentras un playón donde no hay nada más que viento… desde allí se asciende caminando, único tránsito posible hacia la cima, pero se demora en llegar porque el corazón parece salirse del pecho, el aire es escaso y cuesta respirar, y por momentos, puedes sentir mareos como efecto residual de los metros sobre el nivel del mar, y como efecto colateral a lo extraño del lugar… desde allí, todo queda por debajo… mayores alturas están a tanta distancia que no logras diferenciar qué es qué… al alcanzar la cima, la visión es fantasmagórica… hacia cualquier lado que mires, se ve todo apreciándose quién viene y desde dónde lo hace… pudiendo incluso medirlo en días de camino… muchos metros por debajo sale el camino sendero a las capillas, un cementerio distante unos veinte kilómetros, en un paraje perdido que apabulla el alma por su extrema majestuosidad… muchos metros por debajo, corre un río de alta montaña, cuyo origen está en fuentes ocultas en plena cordillera… muchos animales salvajes, que no lo son, ni representan ningún peligro para nadie, circulan por el lugar, acostumbrados a no ver humanos, ni tampoco ser víctimas de ellos… incluyendo en ello víboras venenosas, escorpiones, y lagartijas por cientos de miles… cardones con espinas como punzones se reparten por doquier, pero rodeados de todo tipo de cactus cuyas púas son de temer para cualquiera que se golpee o caiga sobre ellos, algo muy común en estas alturas… crees levantar el pie para dar un paso, pero el pie no se mueve, tropiezas y caes, y si el lugar es inconveniente, te raspas, te pinchas, o las espinas te atraviesan, lo he padecido en carne propia, y me he reído de mí mismo… siempre hay que andar con mucha precaución… por momentos, a esa altura, el aire se disipa y no eres consciente de lo que haces, esto es que deseas hacer algo que en los hechos no puedes, y se producen situaciones realmente risueñas…
Una vez que alcanzas la cima, se despliega un panorama que subyuga el alma… quieres ver, pero no te alcanzan los ojos, todo resulta apabullante… el viento zumba en los oídos, porque arriba sólo queda el cielo, y alrededor todo está por debajo, en una muestra de paisajes espeluznantes… cientos de paredes de roca se distribuyen por más de cien hectáreas indicando que allí hubo viviendas, corrales, enterratorios, terrazas de cultivos y plazas de recreación… cientos de miles de piezas de cerámica se encuentran desparramadas por el suelo, indicando que allí hubo mucha actividad humana en tiempos precolombinos, enseñando que hubo una cultura expansiva que trascendía el lugar y formaba parte de un paisaje que excede la capacidad de aquellos que pretendieron estudiarla utilizando criterios que no encajan con los de la época en que sucedieron… Tastil significa “piedra sonora”, y todavía esas mismas piedras suenan en la inmensidad de lugar, sea por la vibración de los vientos, o bien porque uno mismo toma la iniciativa de hacerlas sonar, creando una extraña música que parece emerger de xilofones de roca, que se escuchan a lo lejos, creando un medio de comunicación que los nativos de la zona utilizaban para ordenar los quehaceres de sus rutinas agrícolas y ganaderas… dicha música es tan singular y su sonido es tan sostenido que sorprende al visitante… y la poca gente que se llega hasta allí, queda sorprendida y maravillada de la presencia de algo que usualmente se desconoce, porque no figura en los libros de historia, porque hay escasos documentos arqueológicos sobre la región, porque mucho de lo escrito representa una disrupción sobre la realidad de los pueblos que la habitaron, siendo que hubo muchos supuestos, y ninguna respuesta lógica de lo que realmente allí pasó… por suerte, el turismo no llega, así es que nadie sabe que dichas ruinas fueron y son las de mayor tamaño de toda la Argentina, semejándose en su estilo a las ruinas peruanas de Machu Pichu, ubicadas en un enclave muy similar, en un lugar casi inaccesible al que no llegó la trágica conquista española… algunos especialistas dicen que este era territorio de los indios atacamas, pero hay evidencias ciertas que allí había una sugestiva presencia del imperio incaico y sus modelos organizativos… como sea, el lugar está abandonado y hoy mismo sólo hay un custodio ubicado al pie de los cerros, así como hay, a veces, gente que oficia de guía, sin que nadie sepa de qué habla, ya que nadie sabe qué sucedió allí, ni cuándo, ni cómo, ni dónde… la única certeza es que todo tuvo lugar mucho antes de la conquista española, y ésta jamás supo que allí había gente ejerciendo tareas de labranza y cuidado de ganado… una vez más, queda claro que nadie sabe nada, pero se recitan historias inventadas a la medida de las conveniencias de las soberbias académicas… más aún, cuando se hizo del trazado de vías y puentes para el ferrocarril, cien años atrás, nadie se enteró de la existencia de estas ruinas que, vistas a la distancia, parece un raro ordenamiento de piedras de distinto tipo… si alguien tuvo la oportunidad de verlo, habrá pensado que se trataba de pircas olvidadas, pero hay suficiente evidencia de que la presencia humana cesó hace muchos siglos, y que, desde entonces, reina el más cruel de los abandonos… allí estuvimos, en la mayor de la soledades, quebrando el silencio de los tiempos, y nos impregnamos de la eternidad que se expande por el lugar… con los años regresaríamos muchas veces al lugar, a veces solos, algunas pocas veces, acompañados…
En el lugar hay una energía que no se puede explicar con palabras, si eres sensible, puedes percibirla en el ambiente, ya que algo emana de esas piedras, y algo más surge de los espíritus ancestrales que todavía circulan por toda la comarca… además, hay una rara energía eléctrica que se siente en la piel, y por lo tanto, llega al espíritu inquieto… una vez más, por suerte no hay nadie, y los que se llegan hasta ahí, se van rápido, podría decirse que huyen…
Santa Rosa de Tastil se convirtió en el signo de nuestra unión… puede decirse que allí se inició el camino, o casi… por aquellos años atravesamos varias veces los caminos polvorientos y llenos de piedras sueltas… por aquellos años cruzamos muchas veces los numerosos ríos que atraviesan el camino poniendo obstáculos a quien no es de la zona… mucho más tarde aparecería el pavimento y algunos puentes para conectarlos… mucho más tarde aparecerían los cuentos de los pueblos originarios… mucho más tarde tomaría cuerpo la mentira de indios con vinchas y plumas que jamás existieron por estos lados…
Hoy la zona está copada por empresas mineras extranjeras… se llevan los recursos porque eso es parte del negocio político de la depredación…
Algunos utilizan el Paso de Sico para cruzar a Chile, en lugares por donde todavía no hay ruta pavimentada…
Por allí se encuentra el fabuloso Nevado de Acay, con sus cinco mil seiscientos metros de altura, lleno de hielos eternos, rodeados por cimas de cinco mil trescientos metros que convocan a escaladores profesionales a ponerse a prueba…
Por allí hay estaciones ferroviarias abandonadas como Muñano, a cuatro mil metros de altura, perteneciente al ramal C14 del Ferrocarril de cargas conocido como General Belgrano, que muestran la imbecilidad política de quienes gobiernan, no importando el color político que tengan…
Por allí hay decenas de escuelas de alta montaña que nadie sabe que existen… a las que asisten cientos de niños no considerados por los derechos humanos, ni por los derechos de los niños… pequeños humanos que caminan horas para llegar a su escuela, y que permanecen allí porque se hace imposible regresar cada día… atravesando parajes que nadie imagina, en la mayor de las soledades, a sabiendas que allí, no hay ayuda posible… caminos por donde no pueden circular bicicletas, ni caballos, ni mulas, muchos menos motos y cuatriciclos… sólo la voluntad y los pies que te llevan… entendiendo que el entorno es salvaje y propone enseñanzas a quien pertenece al suelo en cuestión, mucho más para quien no lo es, y se le anima…
El turismo se concentra en el tren a las nubes… algo que circula sólo para visitantes con afanes de aventura, pero todo está organizado para gente que aparece y desaparece, gente que toma fotografías de la inmensidad, de los viaductos con alturas que imponen miedos, de los precipicios que parecen no tener fin, donde la profundidad no logra descubrirse ni aun agudizando la vista… para luego tomarse selfies de rostros sonrientes dentro y fuera de los vagones, dentro y fuera de las estaciones, señalando que sí estuvieron allí por una única vez… algo que le mostrarán a familiares y amigos a modo de símbolos de integración a una gracia concedida que jamás será reconocida como tal… mientras tanto, habrán sido atravesados por energías extrañas que ni siquiera habrán tenido en cuenta, ya que allí reina mucho más que la radiación solar de un día intenso… la experiencia siempre es breve y se corta cuando comienza a gustarte, pero todavía no entiendes qué estás haciendo allí… cuando te cae la ficha, ya eres memoria…
Eso lo aprendimos, porque eso lo soñamos… soñar es un privilegio, pero no es necesario preocuparse por ello, ya que nadie entiende el contenido de los sueños… mucho menos para qué sirven…
No tengo techo, pero sí conservo la esencia de mis sueños… en realidad, aquello que te quitan, es donde los victimarios quedan atrapados, para siempre… la maldad siempre atiende a las consecuencias, pero jamás se detiene a analizar las causas…
MEMORIAS de un sin techo © [9]
By Víctor Norberto Cerasale Morteo®
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