domingo, 1 de marzo de 2026

La sangre de las promesas Wajdi Mouawad

https://letrascorsarias.com/tienda/teatro/la-sangre-de-las-promesas/ “Una pena espera pacientemente su hora. Y ya ha llegado”, decía Wahida, la protagonista de la obra teatral Todos pájaros, de Wajdi Mouawad. Esa frase, hecha palabra de forma tan sencilla y tan bella, lleva resonando en nuestros oídos dos milenios y medio: es la base de la tragedia, el disparador que pone en marcha a los personajes y también ese momento de revelación en el que el destino les alcanza de manera implacable, en el que la verdad que con tanto afán han buscado se presenta ante ellos con los ropajes del horror irreparable. Mouawad es un gran maestro de la tragedia contemporánea, alguien que demuestra la inusitada vitalidad del teatro para leer el presente desde el armazón de los clásicos. No sólo es que aquellos textos sigan vigentes por su condición de obras que ya nacieron pulidas como diamantes, sino que sus herramientas dramáticas siguen haciendo aflorar los resortes ocultos del mundo y la condición humana. “Los calificativos no le cuadran, porque su trabajo es sustantivo. Cualquier elogio le quedaría como un lamparón, o un colgajo. Es un poeta del escenario. Sólo eso”, escribía el crítico teatral de El País, Javier Vallejo en 2009. No es frecuente que alguien deje a un crítico sin adjetivos. Nacido en El Líbano en plena guerra, refugiado en Francia cuando tenía ocho años, instalado definitivamente con su familia en Quebec (Canadá), Mouawad ha hecho girar su obra sobre las ideas del horror de la guerra, la búsqueda de la identidad y la herencia como ese conglomerado de valores e historias que se transmiten de generación en generación. Una idea de la reconciliación. Temas que sirvieron para aquellos héroes, reyes y dioses de veleras naves y que siguen hablando hoy, cuando siempre hay una guerra más en ese castillo de naipes en el que se está convirtiendo el mundo. “Si los traumas marcasen algo en los genes que transmitimos a nuestros hijos, ¿crees que nuestro pueblo, hoy, haría padecer a otro la opresión que él mismo padeció?”, le decía a su abuelo el protagonista judío de Todos pájaros. Su escritura es poética y directa, cruda, musical y profunda. “No creo que valga la pena ir al teatro si no es para salir profundamente conmovido. Al menos es lo que yo creo. Al final de El funámbulo, Genet escribe: ‘Se trata de enardecerte, no de enseñarte’. Y es que la emoción sí que tiene algo que ver con la combustión, con la conmoción, con la transformación. Es una necesidad para mí”, le dice a Sylvain Diaz en una amplia entrevista que sirve como prólogo a la edición de la tetralogía La sangre de las promesas, publicada por La Uña Rota con traducción de Coto Adánez. Esos cuatro textos forman el núcleo central de su obra, escritas entre 1997 y 2009: Litoral, Incendios, Bosques y Cielos. Incendios, la más aclamada –a la que llegó a odiar un poco porque se convirtió en lo que todo el mundo esperaba de él–, se estrenó en español en el Teatro de La Abadía con dirección de Mario Gas y un reparto encabezado por Nuria Espert, Ramón Barea, Alberto Iglesias o Laia Marull. Mouawad encontró en esa etapa algo parecido a un método de creación, nacido de un momento donde abundaban el tiempo y el hambre de trabajar: meses de conversaciones en común con los actores y después el proceso de soledad para condensar en palabras ese espacio de vida compartida. El texto como la destilación de una imaginación colectiva, la emanación de ese espacio sagrado del encuentro. “Nunca he dirigido, solo he escrito: el cuerpo del actor, la luz, el sonido, los accesorios son palabras. Y porque todo es escritura –una ‘escritura en tres dimensiones’ podríamos decir– logro llevar el espectáculo hasta el fina, porque no soy un director, solo soy un autor”, dice. Sumergirse en estas obras tiene un efecto transformador sobre cómo apreciamos el arte del teatro, sus inagotables posibilidades: Mouawad nos sigue zarandeando.

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