sábado, 27 de junio de 2026

Por qué los multimillonarios no pagan impuestos sobre la renta y cómo vamos a ponerle fin Gabriel Zucman Traducción de Juan de Sola

https://www.anagrama-ed.es/libro/nuevos-cuadernos-anagrama/por-que-los-multimillonarios-no-pagan-impuestos-sobre-la-renta-y-como-vamos-a-ponerle-fin/9788433949622/NCA_110 ¿Os habéis preguntado por qué las personas más ricas del mundo pagan proporcionalmente menos impuestos que todas las demás? Gabriel Zucman se adentra en esta cuestión en su libro Por qué los multimillonarios no pagan impuestos sobre la renta y cómo vamos a ponerle fin. La respuesta, según el economista, es tan sencilla como incómoda: los sistemas tributarios modernos fueron diseñados para gravar los ingresos, pero las grandes fortunas ya no viven principalmente de ingresos salariales o dividendos visibles, sino del aumento del valor de sus activos. Un multimillonario normalmente posee acciones de empresas, inmuebles y participaciones financieras que se revalorizan año tras año sin necesidad de ser vendidas. Mientras no son vendidas, esas ganancias permanecen en gran medida fuera del alcance de los impuestos sobre la renta. Y todavía más: los multimillonarios pueden financiar su nivel de vida recurriendo a préstamos respaldados por esos activos, y de esta forma evitan generar ingresos imponibles. El resultado es una paradoja que Zucman documenta con datos: cuanto más rica es una persona, menor suele ser el porcentaje efectivo de impuestos que paga sobre su riqueza real. ¿Cómo afecta esto a la sociedad? Zucman señala que «Mientras no se exija a los ultrarricos que contribuyan todos los años con una cantidad mínima de impuestos, su riqueza seguirá incrementándose más deprisa que la de los demás, al igual que su poder, incluido el de influir en los mercados, en la ideología dominante y en la configuración de las políticas.» ¿Se puede corregir? El economista propone un modelo de gravamen que establece un impuesto mínimo calculado en base al patrimonio total. De esta manera, si una fortuna de miles de millones de euros genera una contribución fiscal inferior a un determinado porcentaje de su riqueza, el Estado podría recaudar la diferencia. El objetivo no es castigar el éxito económico, sostiene Zucman: se trata de garantizar que quienes concentran una mayor parte de la riqueza contribuyan proporcionalmente a sostener los servicios públicos. Esta idea ha dejado de ser, en los últimos años, una abstracción, y ha ocupado un lugar central en los debates internacionales sobre fiscalidad y desigualdad. Francia constituye un escenario especialmente relevante para entender la recepción de estas propuestas, pues cuenta con una larga tradición de debate sobre la tributación de las grandes fortunas. Durante décadas existió allí el llamado impuesto de solidaridad sobre la fortuna, que gravaba el patrimonio de los contribuyentes más ricos. Sin embargo, sus detractores argumentaban que favorecía la deslocalización de capitales y de contribuyentes de altos ingresos. En 2018, el gobierno de Emmanuel Macron reformó el sistema y limitó el impuesto a los activos inmobiliarios, reduciendo así su alcance. Esta reforma, no obstante, intensificó la discusión y el crecimiento de las fortunas de grandes empresarios ha alimentado la percepción de que el sistema fiscal grava con más intensidad el trabajo que el patrimonio. Para España, la cuestión resulta especialmente interesante, y es por eso por lo que Zucman añade un prólogo a la traducción española de su propuesta. Históricamente ha existido el impuesto sobre el patrimonio y, más recientemente, se ha aprobado un gravamen temporal de solidaridad sobre las grandes fortunas. Aun así, y de nuevo, hay posicionamientos críticos que sostienen que una fiscalidad demasiado exigente podría incentivar la salida de patrimonios hacia jurisdicciones más favorables. De hecho, Zucman insiste en la necesidad de acuerdos internacionales, de manera que las reglas comunes reduzcan los incentivos para trasladar fortunas de una jurisdicción a otra. Pero como ocurre también en los otros países, el debate no gira tanto en torno a la viabilidad técnica como a la cuestión política de fondo: ¿cuál debe ser la contribución justa de quienes concentran una parte significativa de la riqueza nacional?

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