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Es innegable el carácter colonial de la filosofía occidental. A lo largo de los siglos, el encumbramiento de la razón en el papel significaba, en la práctica, el encumbramiento de una determinada razón, la suya propia, la europea. En su despliegue constante de la frontera entre lo racional y lo irracional, la filosofía legitimaba el arrase de los pueblos nativos al situarlos fuera de la lógica de sus propias sistemas de pensamiento (nosotros, los racionales; vosotros, lo irracional). En este sentido, es ya sabido por todos, y de sobra argumentado, en qué medida la sombra de los sistemas «racionales» era el acuse de los pueblos vecinos de bárbaros.
Es innegable el carácter colonial de la filosofía occidental. A lo largo de los siglos, el encumbramiento de la razón en el papel significaba, en la práctica, el encumbramiento de una determinada razón, la suya propia, la europea. En su despliegue constante de la frontera entre lo racional y lo irracional, la filosofía legitimaba el arrase de los pueblos nativos al situarlos fuera de la lógica de sus propias sistemas de pensamiento (nosotros, los racionales; vosotros, lo irracional).
En el dosier de este mes del portal FILOSOFÍA&CO queremos poner nuestro granito de arena para torcer esa historia, si es que acaso eso es posible. En él ofrecemos tres extractos de tres libros que abordan precisamente ese pensamiento otro, el pensamiento indígena. Porque, lejos de ser un pensamiento ilógico, irracional o carente de solidez intelectual, el pensamiento de los pueblos dominados es una fuente rica, diversa y estimulante de nuevas formas (antiguas, más bien) de comprender el mundo.
En Relato correcto, relato incorrecto, Tyson Yunkaporta navega por un pensamiento donde lo importante es la conexión que establece el pensamiento, en vez de su contenido en sí. Yunkaporta acudió a la escritura buscando traducir el conocimiento indígena al lenguaje de los ocupantes y encontró que la verdadera sabiduría no está en los contenidos, sino en los patrones de conexión. Lo que para muchos sería una contradicción —un aborigen que escribe en la lengua del colono—, para él se convierte en una oportunidad filosófica: el pensamiento más radical no consiste en poseer conocimiento, sino en aprender a moverse con él. Y nos lo muestra en otro libro, Escrito en la arena.
La pregunta que se plantea Juan Alejandro Chindoy en Pensar desde tierras indígenas es esta: ¿cómo pensar el territorio más allá de lo físico, esto es, como una fuente de sentido existencial y comunitario, sin caer en el exotismo ni en la nostalgia colonial? Chindoy propone devolver al territorio su dimensión metafísica y crítica. Todo ello para orientarnos en un presente acosado por la crisis ecológica y el protagonismo individual.
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