sábado, 30 de septiembre de 2017

DE LAS LENGUAS Y SUS INTÉRPRETES ▲ APRENDER IDIOMAS ES ABRIR LA MENTE AL MECANISMO DEL PENSAMIENTO LEJANO || serescritor.com » Blog Archive » El oficio de traductor

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Hoy, 30 de septiembre, se celebra el Día Internacional de la Traducción, una buena ocasión para investigar la labor que hacen los traductores y reconocer su mérito, muy poco valorado en un mundo cultural sometido a la egolatría de los escritores consagrados.
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Manu de Ordoñana
Donostia-San Sebastián
España




El oficio de traductor

Categoría (Consejos para escritores, El libro y la lectura, El oficio de escribir, General) por Manu de Ordoñana, Ana Merino y Ane Mayoz el 30-09-2017

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Hoy, 30 de septiembre, festividad de San Jerónimo, se celebra el Día Internacional de la Traducción, una iniciativa anual que rinde homenaje a los traductores y reconoce su papel esencial en la transmisión del conocimiento. Es una fecha oportuna para investigar su labor y reconocer su mérito, muy poco valorado en un mundo cultural sometido a la egolatría de los escritores consagrados.
Cuando nos disponemos a leer un libro, por lo general, ninguno de nosotros se plantea si está traducido o no. Mientras lo leemos o al finalizarlo, si no nos ha gustado, entonces buscaremos culpables o decidiremos no volver a leer a ese autor. Pero también existe la posibilidad de que no esté bien escrito o de que, quizá, no esté bien traducido. A veces, basta con cambiar de editorial para que esa obra nos entusiasme: el traductor es otro.
Detrás de la creación de una novela no sólo está el escritor, en ocasiones, también el traductor, ese eslabón invisible al que debemos agradecer su esfuerzo para acomodar el contenido de la obra a nuestro idioma. Porque todos sabemos que entender un idioma no es suficiente para trasladar lo literario, es decir, esa forma determinada, única en cada escritor, que nos hace vibrar, recordar y sobre todo deleitarnos con lo que estamos leyendo. Si somos capaces de diseccionar cada paso que conlleva esta transformación o acomodación de un idioma a otro, comprenderemos mejor el trabajo de estas personas. Porque aquí nos incumbe la traducción literaria y esta no es una tarea banal.
«Todo libro traducido es «como un cadáver destrozado por un coche hasta resultar irreconocible» (Thomas Bernhard). 
Resulta incomprensible que un escritor no valore el trabajo de un traductor cuando ambas profesiones están muy unidas e incluso muchos compatibilizan las dos. 
Varía mucho la relación que el escritor y el traductor mantienen. Puede que se conozcan, que se respeten, que se detesten, que no se necesiten: «El diálogo entre el autor y el traductor, en la relación entre el texto que es y el texto que va a ser, no es apenas un diálogo entre dos personalidades particulares que han de completarse, es sobre todo un encuentro entre dos culturas colectivas que deben reconocerse», decía José Saramago.
Donna Leon está muy agradecida a la respuesta de los lectores españoles y es consciente de que esto se lo debe a su traductora Maia Figueroa Evans, quien afirma rotundamente que la figura del traductor debe ser transparente. “Cuanto menos se note, mejor, y eso implica invisibilidad en muchos aspectos”. La escritora norteamericana aboga por una traducción que muestre emoción, que capte el significado del texto, su espíritu y el del lenguaje en el que escriben. Está convencida de que el nuevo texto debe entender su ingenio y astucia; sentir la emoción con la que se ha escrito.
No es raro encontrar las dos profesiones en una misma persona. Ahí está el escritor metido a traductor que fue Julio Cortázar: “Yo le aconsejaría a cualquier escritor joven que tiene dificultades de escritura, si fuese amigo de dar consejos, que deje de escribir un tiempo por su cuenta y que haga traducciones; que traduzca buena literatura, y un día se va a dar cuenta de que puede escribir con una soltura que no tenía antes”. Haruki Murakami considera igualmente la traducción como un excelente ejercicio de escritura.
Hay otros que combinan las dos facetas. Javier Marías reconoce lo mucho que aprendió al traducir Tristram Shandy, de Laurence Sterne, y confiesa que esa traducción es probablemente el mejor texto que ha escrito. El portugués, al sufrir la censura y la persecución como escritor, tuvo que recurrir a la traducción para ganar dinero. “Los escritores hacen la literatura nacional y los traductores hacen la literatura universal”. De la misma opinión son Milan Kundera y Gunter Grass, escritores conocidos por cuidar y ayudar en lo posible a sus traductores.
Existen muchas maneras de traducir un texto, quizá tantas como traductores hay. Pero ¿es imprescindible ser fiel a la obra o es preferible mejorar lo que está escrito? Hay opiniones para todos los gustos. La editora de Alfaguara, Lola Martínez de Albornoz, califica las traducciones españolas de mediocres, de ser demasiado literales, mientras que Jorge Fondebrider, director del Club de Traductores Literarios de Buenos Aires, manifiesta que “cada texto reclama para sí un determinado modo de escritura, a veces se reescribe, a veces se transcribe, a veces se interpreta. No existe un único modo de encarar el trabajo“. Borges se atrevió incluso a modificar ─según él, a mejorar─ la poesía de Walt Whitman y muchos opinan que la traducción es mejor que la obra original.
En este sentido, hay traductores que se han permitido licencias mayores relacionadas con la trama (reduciéndola), con el narrador (modificándolo), con los personajes (haciéndoles desaparecer)… Para evitarlo, hay autores que prefieren autotraducirse. Es el caso de Samuel Beckett (Dublin 1906-1988) que, siendo el inglés su lengua materna, tradujo al francés su obra Esperando a Godot, gracias a que conocía a la perfección los dos idiomas.
Lierni Otamendi Arrieta define acertadamente en qué consiste una buena traducción: “Debe transmitir el mismo contenido del texto de origen a la lengua de destino, y evidentemente, no debe añadir ideas ni tampoco suprimirlas. El registro del texto de origen, las expresiones, los giros, la terminología deben trasladarse correctamente. Y como el texto se creó para un objetivo y un público concretos, es preciso respetar el espíritu y el objetivo del texto original, para que la traducción provoque su mismo efecto”.
Lutero ya expresaba en el siglo XVI las dificultades en su traducción de la Biblia: “Me ha costado mucho esfuerzo traducir para poder ofrecer un alemán puro y claro. Con frecuencia se ha dado el caso de buscar y preguntarnos durante quince días, o durante tres o cuatro semanas, acerca de una sola palabra, sin encontrar, a pesar de ello, respuesta inmediata”.
Para quien quiera ahondar en este complejo oficio, hacemos referencia a varias publicaciones. La más reciente es: El fantasma del libro (Seix Barral, 2016) del escritor y traductor Javier Calvo. Además de recoger todas las particularidades del oficio, opina que nadie tiene una teoría convincente de cómo se tiene que traducir. Él es partidario de no mantener ningún contacto con el escritor, puesto que «distorsiona el resultado final (…) y supedita los criterios del traductor a los del propio autor, que no siempre son necesariamente los mejores». Considera el hecho de traducir como algo más que dar con las palabras que expresan el significado de lo que se dice; “es evocar, trasladar ambigüedades y metáforas, atinar con la concepción del mundo que encierra cada lengua”.
Al final, hay que reconocer que nosotros, los lectores, leemos la prosa que han escritor los traductores, por lo que deberíamos reconocer su labor y así elevar su prestigio. Tengamos presente que se trata de una tarea larga, compleja, a la que es preciso dedicarle muchas horas y mucha pasión. Si el traductor no ama su profesión, sale lo que el escritor, traductor y crítico literario Eduardo Lago afirma: “Lo que se traga el lector medio, incluso en buenas editoriales, son traducciones mediocres que no suenan a español. Suenan a traducciones”.

DIVERGENCIAS DE LOS VIÑEDOS || Vendimia a garrotazos | Cultura | EL PAÍS

Vendimia a garrotazos | Cultura | EL PAÍS

DESDE EL PUENTE

Vendimia a garrotazos

Una visita a la sala de las pinturas negras de Goya inaugura una serie del escritor, que ve en el célebre cuadro del duelo a palos ecos de la riña política ante el desafío independentista



Un visitante contempla la obra 'Duelo a garrotazos', de Goya, en la sala de las pinturas negras del Museo del Prado.

Un visitante contempla la obra 'Duelo a garrotazos', de Goya, en la sala de las pinturas negras del Museo del Prado.  EL PAÍS





Recuerdo aquella mañana de un otoño ya muy lejano en que entré totalmente fumado en la sala de las pinturas negras de Goya en el Museo del Prado y la sensación que me produjo el cuadro Duelo a garrotazos bajo los efectos de la marihuana. Eran tiempos de batallas urbanas contra la policía en los estertores de la dictadura. Por Atocha y la Ciudad Universitaria madrileña había manifestaciones cada día con pancartas y gritos de libertad, amnistía y estatutos de autonomía, con nubes de gases lacrimógenos, balas de goma y algunas de plomo que habían acarreado varios muertos.
En Ámsterdam, había adquirido una hierba de excelente calidad en los tenderetes de la discoteca Paradiso, una antigua iglesia convertida por los hippies en su tabernáculo, y en aquel Madrid descoyuntado por los dolores de parto de una democracia extraída con fórceps, dentro del coche aparcado a la sombra de la Academia Española de la Lengua, liaba un canuto en forma de trompeta, lo apuraba con lentas caladas, me paseaba primero sobre las hojas caídas, rojas, amarillas, moradas del Jardín Botánico y luego, fumado hasta muy abajo entraba en el Museo del Prado con la esperanza de que la hierba me abriera las puertas de la percepción hasta las entrañas invisibles que había debajo de la belleza. En cierto modo este placer era también una forma de resistencia al franquismo.
En aquel tiempo, el Museo del Prado estaba prácticamente deshabitado. En un ángulo de cada sala vacía dormitaba un bedel y mientras avanzaba en soledad entre óleos de reyes, santos, caballeros y batallas me acogía la sensación alucinada de que aquellas figuras de las paredes solo eran la creación del sueño de sus vigilantes dormidos. La hierba dividía los cuadros en dos: los que te subían y los que te bajaban. La hierba exaltaba hasta un grado indecible El Jardín de las delicias de El Bosco y a todo el Greco, a Tiziano y Velázquez. Sus personajes abandonaban los marcos y ocupaban todo el aire por donde veía volar a las meninas, a las vírgenes de Murillo, al adusto caballero de la mano en el pecho junto con alguna venus muy carnal. Era una sensación placentera. En cambio, al entrar en la sala donde se exhibían las pinturas negras de Goya notaba que no había forma de que aquellas figuras diabólicas las diluyera la morbidez del cannabis. Esta paranoia se acrecentó al contemplar de cerca el cuadro de Duelo a garrotazos. Tal vez este rechazo se debía a que esta pintura solo expresaba el odio profundo entre las dos Españas, que había aflorado de nuevo en la calle. De hecho, desde allí se oía en ese momento un helicóptero de la policía sobrevolando una asonada.
Según su doble fuente de inspiración, Goya pintaba juegos de columpio y fiestas felices en la pradera, una duquesa desnuda con carne de nácar y aguafuertes llenos de brujas y ajusticiados, cartones para tapices con escenas galantes y ahorcados, capirotes de la Inquisición, el garrote vil, un asno con levita y un macho cabrío presidiendo un aquelarre. La España atroz y la de la Ilustración convivían en sus lienzos. Cuando Goya se fue a vivir a la Quinta del Sordo, hacia 1819, era un viejo lleno de cólera y sabiduría. Durante los cuatro años de misantropía que estuvo allí enclaustrado luchando contra sus demonios se dedicó a cubrir 32 metros cuadrados de pared con visiones corrosivas y pesadillas esquizofrénicas. En la cartela que acompaña al cuadro Duelo a garrotazos se explica que esa clase de pelea a muerte solo se permitía en Cataluña y en Aragón. En el resto de España estaba prohibida. En la pintura original esa pareja de españoles raciales tiene los pies sobre la hierba, pero al pasar la pintura al lienzo desde las paredes encoladas, la restauración deplorable hizo que aparecieran con las piernas enterradas y ese error ha convertido la escena en un símbolo del violento inmovilismo español como un destino aciago.
Algunos expertos opinan que Goya en los días felices había pintado bocetos de dulces vendimias con colores pastel debajo de esas pinturas negras y uno en aquel lejano otoño trataba de adivinarlas inútilmente ayudado por el cannabisdentro de las nubes azules y rosas que presiden la pelea de los dos villanos. Hoy, la sala de las pinturas negras de Goya está siempre abarrotada de espectadores que solo buscan la belleza, pero la incompetencia de los líderes políticos ha hecho que el desafío independentista contra el Estado reproduzca la escena de una España ciega con las piernas enterradas. Hubo un tiempo en que un sueño de ética y libertad unió a los catalanes y el resto de los españoles. Ignoro si todavía es posible imaginar que un delicado racimo de uvas invisible se halla en medio de esos dos bellacos que se están matando a garrotazos.

EQUIVALENCIA ES APENAS LA PUERTA || Suecia, el paraíso de las mujeres cineastas | Cultura | EL PAÍS

Suecia, el paraíso de las mujeres cineastas | Cultura | EL PAÍS

Suecia, el paraíso de las mujeres cineastas

El país nórdico ha aumentado la cuota de directoras, que ha pasado en solo tres años de un 26% a un 50%

Desde la izquierda, las directoras de cine Carla Simón, Roser Aguilar y Elena Martín el pasado junio en Barcelona.

Desde la izquierda, las directoras de cine Carla Simón, Roser Aguilar y Elena Martín el pasado junio en Barcelona. 





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Las palabras ya no sirven. Lo único es la acción. La igualdad de género es cuestión de decisiones políticas y sociales. Así de claro lo vio Anna Serner cuando se hizo responsable del Instituto del Cine de Suecia. En solo tres años, el número de mujeres directoras suecas ha aumentado del 26% en 2012 al 50% en 2015. Está claro que este modelo es la envidia de todas las mujeres cineastas iberoamericanas, que se han reunido estos días en el marco del Festival de Cine de San Sebastián para debatir una situación que califican de “dolorosa y clamorosa”.
El modelo implantado comienza por la contabilización real de la presencia de mujeres en el cine y en los proyectos que se presentan para las ayudas y, una vez priorizado el nivel de calidad, se pone el acento en aquellos trabajos firmados por cineastas femeninas para que no sufran discriminación. Se intensifica de esta manera la mirada en las realizadoras que presentan proyectos de calidad. Otro punto en el que ha trabajado el instituto de cine sueco es el de formar grupos de trabajo de directoras que acogen a jóvenes cineastas y las enseñan y muestran todos los recovecos de la industria y cómo superarlos. También existe un programa especial dedicado a las escuelas y universidades, dirigido a fomentar el deseo evidente de muchas adolescentes que muestran sus ganas de ser directoras pero que luego, por diversas causas, se desvanecen.
Con el ejemplo sueco y la lucha titánica de Serner, una mujer con agallas y mucha decisión, se ha celebrado el I Foro FIACINE de Cineastas Iberoamericanas que ha reunido en la ciudad donostiarra a representantes de nueve Academias de Cine (Argentina, México, Brasil, España, Ecuador, Colombia, Paraguay, Portugal y Venezuela) y al Instituto de Cine de Chile, con el objetivo de estudiar medidas que ayuden a conseguir la igualdad de género en el sector. De momento, las cifras son más que desalentadoras. Según un estudio realizado por FIACINE (Federación Iberoamericana de Academias de Cine), de los 3.700 miembros de las academias de los seis países citados, solo el 31% son mujeres, cifra que desciende al 27% en el ámbito de la producción y al 18% en el de dirección. En todos los oficios de la industria cinematográfica (montaje, sonido, guion, fotografía o dirección de arte) la presencia de las mujeres es muy inferior a la de los hombres. Solo hay una excepción y es el caso de la interpretación, en las que las actrices superan con un 51% a los actores.
Azucena Rodríguez, cineasta que representa a la Academia de Cine de España, ha asegurado en un encuentro con la prensa, que ha contado con la presencia de Anna Serner, que el primer objetivo de esta primera edición del Foro de Mujeres Cineastas Iberoamericanas es realizar un estudio exacto sobre el número de mujeres en la industria para así poder darles visibilidad. De los 798 largometrajes iberoamericanos estrenados en 2016, solo el 10% ha sido dirigido por mujeres en el género de la ficción, mientras que en el documental la cifra asciende a un 21%. “El camino será largo” ha augurado Rodríguez. Largo y difícil, le ha asegurado Anna Serner, pero posible.
La directora del Instituto de Cine de Suecia ha defendido con ardor un plan de acciones sencillo pero contundente y ha puesto de ejemplo su país de origen. Lo primero que ha explicado Serner es que hay que atajar de una vez por todas los distintos argumentos que rodean el tema del acceso de las mujeres a la dirección. Y citó la presunta peor calidad de las realizadoras, la insuficiente experiencia –“de los hombres se habla de potencialidad, pero de las mujeres se señala la falta de experiencia”– o la falta de voluntad por parte de algunas de asumir responsabilidades. “No hay que pensar en cuotas, sino centrarnos en la calidad de los proyectos y está demostrado que las mujeres son iguales a los hombres en este campo”, explicó Serner, para quien es fundamental la realización de foros y encuentros, para que las cineastas sepan defender ante distribuidores y comités de selección sus trabajos.
Anna Serner reconoció que el apoyo político y económico por parte de los distintos Gobiernos suecos ha sido “decisivo” para acometer esta lucha, aunque el IVA en el cine ha aumentado desde enero pasado desde el 6% al 25%, medida con la que se ha mostrado muy crítica. El presupuesto dedicado al cine en Suecia ronda los 34 millones de euros, pero Serner ha asegurado que las ayudas a los largometrajes pueden alcanzar unos 140 millones de euros al año. El modelo sueco ha sido ya copiado por países como Australia, Canadá e Irlanda. Ahora, le toca el turno a Iberoamérica. “Resistencia y paciencia”, fue el consejo que dio Serner a sus colegas de España y Latinoamérica.

MEMORIA ES ESO QUE SE DESPARRAMA EN EL SILENCIO DE CADA SUEÑO ▲ La memoria de Juan Goytisolo se asienta en Marrakech | Cultura | EL PAÍS

La memoria de Juan Goytisolo se asienta en Marrakech | Cultura | EL PAÍS

La memoria de Juan Goytisolo se asienta en Marrakech

España y Marruecos homenajean al escritor enemigo de los nacionalismos que hizo de puente entre dos culturas





La memoria de Juan Goytisolo se asienta en Marrakech



Marruecos y España rindieron este viernes homenaje al escritor Juan Goytisolo, muerto hace cuatro meses en Marrakech a los 86 años. El Instituto Cervantes organizó varias charlas en la llamada Ciudad Ocre y promovió en su honor un acto en la plaza de la Yemáa el Fna, que gracias a la iniciativa del escritor fue declarada por la UNESCO hace 16 años Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. En medio de ese trasiego sobre la vida y obra de quien se consideraba un exiliado irrumpió en Marrakech la cuestión del referéndum sobre la independencia de Cataluña.
El director general del Instituto Cervantes, Juan Manuel Bonet, señaló: “Juan era un escritor barcelonés, un catalán que escribía en castellano, cosa que conviene recordar porque estos días estamos oyendo alguna barbaridad contra Juan Marsé. También son escritores catalanes Manuel Vázquez Montalbán, Eduardo Mendoza o Enrique Vila-Matas. Pocos escritores han marcado tanto el español en el siglo XX. Y pocos han bajado tanto a la arena. EL PAÍS fue su tribuna, como lo había sido Le Monde para Sartre o Camus”.
La escritora catalana Nuria Amat, quien recordó también la figura de escritoras catalanas en español, como Carmen Laforet, señaló: “Hoy en día, Juan Goytisolo estaría firmando manifiestos contra el referéndum, escribiendo artículos en contra de esos políticos catalanes que por razones interesadas han movilizado una cierta base en Cataluña que jamás fue independentista y ya forman casi el 40%. Él decía que no quería fronteras de ningún tipo, imaginaros cómo estaría ahora”.
La crítica literaria Mercedes Monmany refrendó las palabras de Amat al recordar que Goytisolo odiaba los “nacionalismos racistas excluyentes”. Monmany citó las declaraciones del escritor al diario Le Monde en 2005: “Cuando se empieza a decir ‘nosotros los españoles’, ‘nosotros los catalanes’, ‘nosotros los católicos’, ‘nosotros los comunistas’, es inaceptable. El problema es que no se han recuperado las tradiciones democráticas republicanas que existieron desde el siglo XIX hasta la Segunda República”.
Hoy en día, Juan Goytisolo estaría firmando manifiestos contra el referéndum
NURIA AMAT, ESCRITORA CATALANA
Casi todos los participantes de las tres mesas redondas que se celebraron en Marrakech, tanto españoles como marroquíes, recordaron la labor de puente entre las dos orillas del Mediterráneo que ejerció Goytisolo. El ministro de Cultura de Marruecos, Mohamed Laraj, señaló: “Goytisolo desempeñó un papel esencial para salvar la plaza de la Yemáa el Fna de los especuladores del ladrillo. El hecho de haber escogido establecerse en la cultura del otro, en la historia del otro, es muy importante. Se convirtió en un símbolo, un nexo entre Occidente y Oriente. Por tanto, tenemos que leer continuamente su obra. Ese es el mejor homenaje que podemos hacerle”.
El embajador de España en Marruecos, Ricardo Díez-Hochleitner, recalcó que la admiración de Goytisolo hacia el pueblo marroquí estaba exenta de exotismo y asentada sobre una base de igualdad. “Sus amigos”, dijo, “eran camareros, mendigos, vecinos de la Medina”. El alcalde de Marrakech, Mohamed Larbi Belcaïd, indicó: “Goytisolo consiguió transmitir los rasgos de la cultura oral de Marrakech. Dedicó el premio Cervantes a Marrakech y especialmente al casco viejo, donde convivía el mito con la historia. Ahí se mezclan los valores de la tolerancia y la convivencia. Vamos a organizar un gran evento para celebrar el XVI aniversario de la declaración de la Yemáa el Fna como patrimonio inmaterial de la humanidad. Y ese será otro gran homenaje que le rendiremos a Goytisolo”.
La directora del Instituto Cervantes en Tetuán, Lola López Enamorado, quien compartió con Goytisolo muchas tardes en esa plaza, comentó cómo el escritor solía reírse cuando recordaba el abrazo que le dio una señora emocionada hasta las lágrimas mientras le decía: “¡Oh, es usted Camilo José Cela!”. López recordó que Goytisolo le dijo: "Cuando me muera di a todos que Telón de boca (editorial El Aleph, 2003) es mi testamento literario y vital”. Para su amiga y traductora Malika Embalek López ése es también su mejor libro.
La escritora Nuria Amat concluyó su intervención con las palabras de Goytisolo escritas en un artículo titulado El sueño de una Gran Andorra, publicado en EL PAÍS el 23 de septiembre de 2014: “El salto al vacío del secesionismo —la probabilidad de quedar fuera de la Unión Europea y del euro— pone en entredicho el sueño de los políticos nacionalistas del entorno del president: convertir a Cataluña en una Gran Andorra en donde circularían libremente capitales y bienes, los magnates del casino global invertirían sus millonarias cuentas y los recién estrenados ciudadanos, investidos de su flamante identidad, serían felices y comerían perdices. (…) Digámoslo bien claro: los nacionalismos exclusivos manipulan los sentimientos en detrimento de la razón y se encierran en el falso dilema entre lo bueno nuestro y lo malo ajeno”.
Más tarde, como cada noche, la plaza de la Yemáa el Fna seguía rindiendo su discreto homenaje al escritor. Ninguna estatua reina en ese cruce de caminos africanos, ninguna pantalla de teléfono ni de tableta o televisión ha desbancado a los músicos, los cuentacuentos, los buscavidas. La plaza sigue siendo el reino de la palabra.

"J'ai marché jusqu'à vous" HK (Kaddour Hadadi) - Clip de Rachid Oujdi

Bande-annonce "J'ai marché jusqu'à vous - récits d'une jeunesse exilée" ...

J’ai marché jusq’a vous (He caminado hasta ustedes) || Al final del camino, niños refugiados sin refugio | Blog Africa no es un pais | EL PAÍS

Al final del camino, niños refugiados sin refugio | Blog Africa no es un pais | EL PAÍS

Al final del camino, niños refugiados sin refugio

El ciclo Cinema Refugi de Barcelona muestra la realidad de los menores migrantes que vagan solos por las calles



Ilustración para el documental 'J’ai marché jusq’a vous'.

Ilustración para el documental 'J’ai marché jusq’a vous'.





La Convención sobre los Derechos del Niño es el tratado más ratificado de la Historia y, sin embargo, en nuestras ciudades, muchos menores migrantes vagan solos por las calles. El ciclo Cinema Refugi de Barcelona muestra los ojos de esa infancia no acompañada.
“No hay elementos objetivos para establecer la edad real de una persona”, dice un médico
“¿Cuántos países has atravesado?”, dice la letra de la canción que compuso Kaddour Hadadi para el documental J’ai marché jusq’a vous (He caminado hasta ustedes) de Rachid Oujdi. “No he pedido cita”, continúa la canción, antes de dar paso a la voz quebrada de Omo, una huérfana nigeriana de 17 años: “cuando no me quedaba nadie vivo, me fui a Níger, de Níger a Marruecos, de Marruecos a España y de allí a esta ciudad que no recuerdo cómo se llama”. Es Marsella, 2016, en los confines franceses de los chicos sin rumbo, pero podría ser cualquier otra localidad europea o africana.
“Caminé hasta ustedes”, podrían repetir miles de voces de menores no acompañados (MENAS) que buscan un techo y que se acaben los golpes. En este caso, la frase es el título del registro documental de un realizador marsellés, hijo de argelinos, que hace tiempo parece sentirse llamado a dar testimonio de época y lugar. Antes, Oujdi construyó una película sobre los viejos (chibanis) magrebíesque quedaron varados, parias y pobres, en el país al que fueron convocados como mano de obra barata, en los 60. Ahora deja estas notas fílmicas sobre el transcurrir sin rumbo de los menores extranjeros no acompañados en nuestra Europa.
En Barcelona, el ciclo Cinema Refugi (hasta el 6 de octubre) ofrece el cine como refugio y acoge este reportaje documental J’ai marché jusq’a vous (se proyectaráeste viernes 29, a las 21.00, en Gràcia, Plaza de la Virreina). El film francés ha obtenido ya reconocimiento en forma de galardones, un premio de Amnistía Internacional y el Prix Média 2017 Enfance Majuscule, pero –sobre todo– se parece a un abrigo para los niños y adolescentes que duermen cada noche en las calles de los países a los que llegan huyendo de lo invivible, al Sur o el Este.
“Están cansados, no duermen una noche completa, caminan”, relata la trabajadora social de los servicios sociales de Marsella. El hecho es que –tal como queda patente en el reportaje– la Administración demora meses en albergar a los inmigrantes y refugiados menores de edad, que son los que tienen el derecho de contar con un alojamiento. La obligación irrenunciable del Estado de proteger a todos los menores de edad parece cumplirse a rajatabla en el caso de los nacionales y, por el contrario, suena bastante laxo su cumplimiento con los extranjeros, sobre los que siempre pende la duda de la edad real.
Ser o no ser extranjero. Ser o no ser menor… o mayor de edad: he aquí la cuestión en la que se levanta la angustiosa frontera de los 18 años, real o impuesta por la Administración tras exámenes médicos poco fiables (los médicos aseguran que el margen de error en estas pruebas anatómicas es amplísimo).
“No hay elementos objetivos para establecer la edad real de una persona”, sostiene un médico a cargo de este tipo de exámenes médicos. “Radiografiando los huesos de un adolescente de cierta edad solo podemos estimar que esa persona puede tener entre 15 y 19 años”, añade el médico, que se lamenta también de lo humillantes que resultan otras exploraciones, como las púbicas y genitales.
El resto corre por cuenta de la Administración, sus protocolos, sus tiempos, sus decisiones. A los 18, el destino es la calle, de nuevo, y el riesgo permanente de la deportación (a los menores de edad no se los puede expulsar del país).
La obligación irrenunciable del Estado de proteger a los menores suena bastante laxa con los extranjeros
Sobre los chicos sobrevuelan todas las sospechas y las innumerables tentaciones de vivir en la calle sin dinero, con los comedores sociales en días alternos y la promesa de una cama y una ducha, con todas las necesidades básicas desatendidas. Seis meses pueden llegar a vagar, con 13, 14 o 17 años y medio, una vez identificados y registrados; esto es, con conocimiento cabal de las autoridades, según el relato de educadores y médicos en el filme de Oujdi. “El hecho de que un menor sea extranjero pesa más que el hecho de ser menor”, confirma una asistente social.
Cuesta sostener la mirada –incluso cuando está mediada por una pantalla– a esos ojos jóvenes y muy desesperanzados de tanto interrogatorio y tanta respuesta administrativa de rigor. Dolor y hastío que sigue la cámara que testimonia, discreta. Tampoco es fácil ponerse en la piel de los trabajadores sociales que ven el amasijo de colchas húmedas y cartones viejos sobre los que duermen estos niños, al raso, e intuir la impotencia: ellos saben que están allí con la misión de ayudar y topan con obstáculos burocráticos más altos e infranqueables que las cordilleras y los desiertos que han cruzado los chicos. Vienen a salvar pero no les alcanzan las propias manos.
Mientras tanto, UNICEF informa que la Convención sobre los Derechos del Niñoes el tratado más ratificado de la Historia. Pactos valiosos que hay que poner a pie de calle.