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1. Insectos y Vida
Escribo Insectos para comprender qué significa la Vida —desde lo diminuto a lo más grande— y, de alguna manera, tratar de comprenderme a mí misma. Muchos de estos poemas plantean cómo vivimos esperando un acontecimiento extraordinario que dé sentido a nuestra existencia, sin darnos cuenta de que ese «algo» ya está ocurriendo: es la propia vida, o «el tiempo que se nos escurre como arena fina de las manos».
Esta idea se refleja también en el relato La bestia en la jungla de Henry James, o en la novela Los restos del día de Kazuo Ishiguro, que sin duda me sirvieron de inspiración. En ambos, los protagonistas viven obsesionados con un destino singular que nunca llega. Acompañados por mujeres especiales, dejan pasar su vida sin amar ni comprometerse, y solo al final comprenden que su «bestia» era su incapacidad de vivir plenamente.
Del mismo modo, en la magnífica novela El desierto de los tártaros de Dino Buzzati, Giovanni Drogo espera durante años un acontecimiento heroico en una fortaleza remota. Atrapado por la rutina y la esperanza, ve cómo su vida se consume en la espera, hasta entender demasiado tarde que ha desperdiciado su existencia.
2. La espera
«Hay, en la espera,
un rumor a lila rompiéndose»
Esto nos dice Alejandra Pizarnik en los versos que encabezan Vida insecta. Y es que la espera nunca es neutra: mientras se aguarda ese acontecimiento extraordinario, algo esencial y frágil se va rompiendo dentro de uno —los vínculos, la posibilidad de vivir plenamente, el presente mismo—. La vida no se detiene, sino que se consume en ese «rumor», en esa fractura silenciosa que solo se reconoce cuando ya es tarde.
En este quehacer a la espera de algo grande, nuestra vida no es tan distinta de la de los insectos. Está hecha de repeticiones, ciclos, rutinas y aburridas tareas.
La diferencia, tal vez, —y no me sirve de consuelo— es que nosotros vivimos en un espacio limitado por la perspectiva del pasado y por la presencia de la muerte como futuro (Rilke, «Octava elegía»). Los insectos o los animales en general habitan el instante y no se preocupan más que de ese momento. Para ellos no existe el tiempo. Por el contrario, el ser humano vive en un mundo efímero con la conciencia de la muerte y el dolor, sabedor de su pasado y del futuro que lo espera.
3. Metamorfosis
Con las repeticiones y las rutinas —es decir, con el discurrir del tiempo—, llega la vejez, que es la más cruel de las metamorfosis. En los insectos, la metamorfosis es mucho más elegante. Se trata de un reconstruir desde la ruina: alas nuevas, ojos, extremidades. Cuando una larva rompe su prisión, lo hace con un cuerpo que no ha usado. La criatura que salió no recuerda la que entró.
4. La repetición
Me interesa el concepto de «repetición»:
«la repetición de siempre: repetición incluso de
la repetición,
de la repetición que nos acompaña,
repetición que nos reconforta
y que nos aplasta.»
En filosofía, el término se ha abordado de formas muy distintas dependiendo del autor, pero en general se entiende como algo más que la simple reiteración mecánica de lo mismo. Por ejemplo, Søren Kierkegaard plantea que no podemos repetir el pasado tal cual, pero sí podemos encontrar una forma de «repetición» más profunda: darle un nuevo significado a la vida en el presente, incluso después de la pérdida o el fracaso. Más adelante, Gilles Deleuze reinterpretó la repetición no como copia, sino como producción de diferencia, es decir, cada repetición introduce algo nuevo. Así, lejos de ser mera redundancia, la repetición en filosofía suele pensarse como una clave para entender el tiempo, la identidad y el cambio.
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