domingo, 5 de julio de 2026

MALINA BACHMANN, INGEBORG

https://letrascorsarias.com/libro/malina_140706 El verano saca a la luz o intensifica, al menos, dos maneras de leer: una donde mandas tú y otra donde manda el libro. En la primera, lo tomas y lo dejas, tienes con él esos ratitos que tanto te gustan, pero de alguna manera te permite llevar una vida al margen de su márgenes. La segunda es una goma tensa que tira de ti y te abre la necesidad de renunciar a octavos de final, largas sobremesas y horas de sueño. Y luego está una novela como la que nos ha abducido esta semana, del que la escritora María Negroni ha escrito: “El único modo de leer este libro es la completa sumisión a su propuesta”. Y así estamos. Malina, de Ingeborg Bachmann salió de una caja y hemos sucumbido de lunes a viernes a esa intensidad enfebrecida y arrebatada de la autora austriaca. La semana que viene prometemos una pequeña lista picadita con un poco de todo, de lo más reciente y lo de más atrás, lecturas disfrutonas con su picante, su indudable interés, libros para la primera y la segunda manera de leer, pero hoy toca esto. Nos ha tragado ese agujero negro y no podemos pensar en otra cosa. Ni queremos. “Con mi mano abrasada escribo sobre la naturaleza del fuego”, escribe citando a Flaubert. “Hemos de hallar frases verdaderas”, dijo en una entrevista. “Fue un asesinato”, la frase que pone punto final a Malina(1971), su primera novela después de una fulgurante trayectoria poética, la primera, publicada en vida, obertura de un ciclo titulado Formas de muerte. Ella lo concebía como un libro extenso del que formarían parte también la inacabada El caso Franza y Réquiem por Fanny Goldmann, de la que sólo se han conservado fragmentos. Su narrativa se arma en torno a las ideas que recogen las citas del párrafo anterior. Una de sus obsesiones es encontrar un lenguaje capaz de superar la herencia de los recientes crímenes nazis, esa mancha atroz que no considera algo aislado, un brote de enajenación, sino el afloramiento de una violencia latente en la sociedad, soterrada y especialmente insidiosa en la relación de los hombres y las mujeres, algo como un fascismo perpetuo que se enquista en el lenguaje y las estructuras sociales patriarcales. La temprana filiación de su padre al partido nacionalsocialista austriaco actúan como un quiebre en su conciencia que le produce un desdoblamiento: la persona que debe adaptarse para seguir viviendo y la que se conmueve hasta la enfermedad cuando detecta la intrusión y el dominio. La seguridad y la fiebre. Busca quitarle la máscara al dolor, ponerlo en primer plano, hacer que caigan los simulacros urdidos para ocultarlo. La gran historia y la pequeña filtrándose, alterando las vidas, componer esa trama que muestre cómo el poder colectivo condiciona al individuo. “La historia enseña, pero no tiene alumnos”, le dice la narradora de Malina, escritora, a un periodista que ha venido a casa a entrevistarla. La protagonista es esa escritora que nos conduce en primera persona por los vericuetos de su vida. Vive en Viena, fuma, escribe cartas, espera llamadas telefónicas. Mantiene una extraña relación a tres con Malina, un funcionario con el que convive y que ejerce un papel de soporte, e Ivan, un búlgaro del que se enamora perdidamente y que apenas puede responder a tanto deseo. Arrastra una herida, algo no dicho, una mancha de dolor. No es una historia lineal, se diría que avanza a fuerza de epifanías donde la propia escritura es tan importante como lo que se cuenta, como si fuera una ópera escrita, un teatro del gesto hecho palabra, con una mezcla de espacio cotidiano y alcance universal de sus emociones. El director de cine alemán Werner Schroeter llevó el libro al cine a principios de los noventa con guion de Elfriede Jelinek y una de esas interpretaciones subyugantes de Isabelle Huppert, que más tarde volvería a dar cuerpo a otra mujer torturada cuyo cuerpo es el depositario de todas las violencias en La pianista, adaptación de Michael Haneke de una novela de la propia Jelinek. Schroeter busca acercar las palabras de Bachmann a un sentido cinematográfico de la epifanía: el fuego, lo operístico, el juego de espejos, el rostro de Huppert demacrado por las pastillas y la falta de sueño. Bachmann es uno de esos casos donde vida y obra se tejen alrededor del mito. Ganadora desde su juventud de los más importantes premios poéticos en lengua alemana, amante y cómplice de escritores como Max Frisch, Paul Celan o Hans Magnus Enzensberger. “Se repite en (estas relaciones) una y otra vez el esquema de la lucha por el poder entre hombre y mujer, en la que la mujer, si no se somete, se (auto)destruye”, escribe Cecilia Dreymüller, traductora de su poesía y sus obras teatrales para la radio. Quiso ser una mujer libre y dedicarse plenamente a la literatura, leer y escribir. Leemos en Malina –que está llena de referencias a otros autores–: “Leer es un vicio que puede sustituir a todos los demás vicios o, de vez en cuando, en su lugar, ayudar a todos a vivir con mayor intensidad, es un exceso, un vicio devorador. No, no tomo drogas, tomo libros”. Nørdica acaba de editar Malina con traducción de Isabel Hernández, que escribe además un magnífico epílogo con contexto y un aparato de notas al pie que documentan las conexiones su escritura con la de los otros y nos sitúan en la época. Hace una semana se cumplió el centenario de su nacimiento en Klangenfurt. Murió a los 47 años como consecuencia de quemaduras tras incendiarse su habitación de hotel en Roma. Sus obras están bastante disponibles en nuestro idioma, pero su nombre no circula al nivel que ocupa entre lo más grande de la literatura germánica del siglo XX. Quienes os habéis iniciado en la literatura del trauma con Annie Ernaux, o acercado a esa figura de una mujer asfixiada con Carmen Martín Gaite o la más reciente Ottessa Moshfegh, os recomendamos da este paso, un paso de gigante. “Su nombre (como los mitos) genera si acaso suspiros de admiración entre algunos iniciados”, escribía hace poco José Aníbal Campos. Puede que sea cuestión de (más) tiempo, puede que ahora sea el momento. Iníciate. Malina es nuestro libro de la semana y ya le hace compañía al resto de libros de Bachmann que están en nuestro fondo. Bueno, tienes lectura intensa para un tiempo aquí. Si te animas a pillarlo por nuestra nueva tienda online, hemos mantenido el descuento hasta el domingo, un poco por resarcirte de las molestias causadas en esta primera semana de funcionamiento. No está al cien por cien como nos gustaría todo lo relativo a la disponibilidad, pero seguimos poniendo la poquita alma ingenieril que tenemos al servicio de esa mejora. Pero aún así, funciona bastante mejor que la semana pasada. El próximo viernes nos leemos de nuevo y te mandamos un abrazo hasta entonces.

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