domingo, 5 de julio de 2026

Unamuno, una filosofía para sacudir el alma - Miguel de Unamuno - Por Irene Gómez-Olano

Unamuno, una filosofía para sacudir el alma Miguel de Unamuno, uno de los grandes escritores de la Generación del 98, fue parte de un punto de inflexión en la filosofía española. En una época dividida entre las antiguas tradiciones escolásticas y las nuevas tendencias europeas, su pensamiento se constituye como un hito que abraza una nueva manera de hacer filosofía, de forma original, sin plegarse al afán cientificista que permea el pensamiento en Europa. Por Irene Gómez-Olano https://filco.es/miguel-de-unamuno-10-claves/?utm_medium=email&utm_source_platform=ePigeon&utm_source=Newsletter%20-%20Filco Uno de los grandes escritores de la Generación del 98, Miguel de Unamuno fue parte de un punto de inflexión en la filosofía española. En una época dividida entre las antiguas tradiciones escolásticas y las nuevas tendencias europeas, su pensamiento supuso una nueva manera de hacer filosofía, de forma original, sin plegarse al afán cientificista que permeaba el pensamiento en Europa. 1 Un filósofo contra la erudición Las preocupaciones de Unamuno no cabían en los límites escolásticos de la universidad decimonónica española. Apostó por un pensamiento que pudiera pasar el filtro de la propia conciencia y que resultara de utilidad para la vida real de la gente, por lo que se trató de dirigir al gran público y no solo a quienes ya eran expertos en filosofía. Se consideraba a sí mismo un «intelectual», una nueva figura que estaba surgiendo en toda Europa que acercaba los debates universitarios y políticos a los medios de comunicación de masas y la opinión pública. Para él, a la filosofía española le tocaba ya dedicarse a lo que conmueve y afecta a las personas: los problemas sociales, la relación con la religión y la fe y los problemas del espíritu. 2 Defensa de la libertad y la democracia Su rechazo a la escolástica forma parte de un rechazo más general hacia todo tipo de dogmatismo, intelectual y político. En su libro de 1897 En torno al casticismo, se introduce en un debate muy típico del siglo XIX español en torno a la tradición heredada. En un momento cultural y político tan convulso como el que atravesaba el país, Unamuno se pregunta sobre el origen de tal decadencia. La conclusión a la que llega es que esta decadencia se basa en un dogmatismo donde la unidad de la fe es incontestable. El futuro no se halla contenido en la tradición pasada. Apuesta por abrirse al futuro, a la modernidad y a las influencias extranjeras, analizándolas críticamente y extrayendo de ellas lo más útil para pensar los problemas nacionales. 3 Defensa de la subjetividad y la contradicción El positivismo lógico o neopositivismo es la doctrina filosófica de moda en la Europa del momento. Esta escuela apuesta por aplicar los métodos propios de la ciencia a todas las ramas de conocimiento y privilegiar la lógica como forma de razonamiento y conocimiento. Unamuno señala que sus obras probablemente horroricen a quien espere de su filosofía una adhesión a esta corriente de pensamiento e indica que los positivistas. Gran parte de esta obra es un pensamiento en primera persona, donde el profesor deja una parte de sí en la reflexión: de sus angustias, sus anhelos y sus inquietudes. Y también de sus contradicciones. La subjetividad es el único modo de acceso válido al conocimiento para Unamuno. 4 Del decir al hacer Los textos de Unamuno tratan de conmover al lector, sacudir sus hombros. El decir, para él, solo tiene sentido si la escritura también contiene un hacer. Se opone así a la tendencia en filosofía de considerar que las abstracciones filosóficas deben elevarse por encima de la acción. Este es, para Unamuno, uno de los grandes defectos de la filosofía escolástica tradicional. Su filosofía no teme inmiscuirse en el terreno de otras disciplinas, como la literatura o la poesía, porque considera que las desviaciones son normales cuando el pensamiento se pone en marcha. 5 El problema de España España es en ese momento una potencia imperial venida a menos que atraviesa una profunda crisis política, económica y cultural. Si bien la Generación del 98 se estaba dedicando a denunciar los elementos de decadencia del país, había todo un movimiento filosófico en dirección contraria. El problema de si existía o no una filosofía propiamente española pasó a ser un asunto de primer orden. Unamuno forma parte de los muchos filósofos que se posicionaron en este debate. En Vida de Don Quijote y Sancho se pregunta por esta cuestión y dice que la filosofía española sí existe, pero que no puede encontrarse en las universidades ni en las cátedras. Y mucho menos en abigarrados tomos de escolástica. La filosofía española, dice, es una filosofía viva, la de Don Quijote; una filosofía crítica con la razón de la ciencia y que se ha expresado a través de la literatura y el arte. Toda filosofía debe responder, para Unamuno, a las necesidades más íntimas del ser humano. 6 Crítica a la sociedad de masas La relación entre el yo y los otros es también un tema filosófico de primer orden en la filosofía europea del siglo XX. Unamuno se pregunta qué papel juega la sociedad en el individuo. Considera que lo social pasa por una sociedad de masas que es la imposición de uniformar al ser humano. La extrema racionalidad de la filosofía europea tiene un correlato social y político: los seres humanos pasan a ser peones intercambiables en el ajedrez que son las sociedades capitalistas, ocultando la verdadera naturaleza humana. Su defensa de la individualidad y la subjetividad es también un posicionamiento político contra una uniformidad impuesta. 7 La relación con Dios La obra más conocida de Unamuno es El sentimiento trágico de la vida, un libro en el que trata el tema de la inmortalidad del alma y el sentido de la vida. En él, reivindica la dimensión espiritual del hombre y su relación con la religión. Pero no esa religión dogmática que ha gobernado durante siglos el país, sino una religiosidad casi herética basada en una fe personal. El libro es una invitación a dudar de las certezas espirituales de las que se jacta la intelectualidad académica de principios de siglo sin regalarle la dimensión espiritual del hombre a la religión cristiana. Para Unamuno, la invitación a la fe es, además, una invitación a la filosofía como reflexión en torno al sentido de la vida. 8 Sed de eternidad La religiosidad y espiritualidad humanas surgen, para el filósofo, de una irrefrenable sed de eternidad y un rechazo absoluto a la muerte. Estos son los elementos que nos hacen humanos. Para Unamuno, uno de los grandes problemas del cristianismo es que, frente a esta sed de vida, ha planteado un amor al prójimo que está por encima del amor propio. Lo que propone es que, para que la relación con los otros pueda tener lugar, el punto de partida debe ser el amor a uno mismo, de forma que el otro viva en mí, que sea como yo. 9 El «yo» como una ficción El género literario de moda a finales del siglo XIX es la novela realista. La propuesta narrativa de Unamuno rompe con esta tendencia e introduce un nuevo género literario con un trasfondo profundamente filosófico. Sus novelas serán «nivolas»: una vuelta de tuerca al género tradicional donde pretende alejarse de la narración objetiva y en tercera persona. En su obra Niebla aparece por primera vez el término y en ella explora uno de los temas más interesantes de su pensamiento: la posibilidad de ficcionar al yo. 10 Un antes y un después en la filosofía española La actualidad de la obra de Miguel de Unamuno va mucho más allá de su corpus filosófico estrictamente hablando. Fue un renovador educativo y filosófico, y el inaugurador de una nueva forma de entender la literatura en relación con el pensamiento filosófico. Sus debates públicos fueron enormemente influyentes. La creación de un género literario (la nivola) que murió con él dejó, no obstante, un impulso renovador cuyas consecuencias no terminarían de verse hasta muchos años más tarde. Hoy podemos ver la influencia de Unamuno en la emergencia de géneros como la autoficción, que recuerdan a ese Unamuno de Niebla obsesionado con la posibilidad de ser el personaje escrito de otro novelista.

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