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«Escribir bajo la influencia es una experiencia devastadora. Una vez terminado aquello que por ti mismo serías incapaz de componer, quedas triturado en una playa sucia y abandonada. Todo huele a tu futura putrefacción y nadie te quiere. Por más que grites no te escuchan. Y cuanto mayor es tu sufrimiento y mejor lo deseas expresar, con más bastones te apalean. Como decía el santo Bolaño, lo mejor es leer. Escribir no. Escribir me salvó, pero eso qué cojones importa. Lo mejor es leer a Yukio Mishima.»
Angélica Liddell
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«Envejecer lentamente es una auténtica agonía, esto me ha llevado a pensar que como artista debo tomar una decisión»
Mishima declaraba esto en una famosa entrevista con Furubayashi realizada a finales de 1970, que resultaría ser la última que daría. Unos días más tarde, el 25 de noviembre de 1970, el escritor se quitaba la vida, practicando el seppuku o suicidio por desentrañamiento. Liddell ve en ello el acto artístico: «Las personas se suicidan para afirmarse como tales, para afirmar su naturaleza mediante un acto definitivo, irreversible, pero Mishima, además, toma esa decisión como artista, COMPLETA LA OBRA DE ARTE CON EL FIN DE SU PROPIA VIDA».
«En una época en la que hay grandes personas es muy difícil sobresalir, / en cambio es fácil sobresalir en los tiempos en los que hay tanta gente inútil»
Esta cita, recogida en Pido el fin de la vida, proviene del Hagakure, traducido como «a la sombra de las hojas». Se trata de una guía para guerreros escrita en el siglo XVIII en la que el samurái Tashiro Tsuramoto compiló los comentarios de Yamamoto Tsunetomo, un guerrero al que se le prohibió cometer seppuku y se convirtió en monje, sobre el bushido o código ético de los guerreros. El Hagakure se convirtió siglos más tarde en el libro de cabecera de Mishima, quien escribiría, basándose en él, La ética del samurái en el Japón moderno.
Pido el fin de la vida.
Pido el fin de la vida en tiempos de paz.
Pido el fin de la vida
contra todos y a favor de los ángeles.
¿Qué razones tengo yo para ser igual que los
demás?
¿Por qué debería quedarme en vuestra compañía?
¿No puedo escaparme cuando empieza la fiesta?
¿No puedo defender mi soledad
con los talones clavados en las nalgas,
los pies deslizantes
y mi espalda doblada como un cartabón?
¿No puedo tragarme mi partida de nacimiento?
¿No puedo devorarme devorada?
¿No puedo bailar con agujas en las rodillas?
¿No puedo amar yo el fin de la vida?
Angélica Liddell
Pido el fin de la vida
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