viernes, 30 de octubre de 2026

¿Qué soy, un ciervo? Polly Barton Traducción de Rita Da Costa El debut de Polly Barton. Una disección hipnótica y feroz del deseo, la identidad y la obsesión.

https://www.anagrama-ed.es/libro/panorama-de-narrativas/-que-soy-un-ciervo-/9788433951144/PN_1189 ¿Quién soy cuando nadie me está mirando? Todos nos hemos hecho esta pregunta alguna vez u otra. Y se trata de una pregunta que forma parte de la personalidad curiosísima de la protagonista de la primera novela de Polly Barton, ¿Qué soy, un ciervo?. No es casualidad que el título sea este, pues proviene de las piezas audiovisuales de Isabella Rossellini Seduce Me y Green Porno, con las que la protagonista queda fascinada. Unas representaciones estrambóticas y originales, que son una pregunta directa por la identidad de uno mismo en el mundo. La protagonista, cuyo nombre desconocemos, es una joven británica que se instala en Fráncfort para trabajar como traductora en una empresa de videojuegos, convencida de que cambiar de país, trabajo y lengua quizá le permita convertirse en otra persona. Resulta que reinventarse no es una cosa tan simple. Al llegar a su nueva vida, siendo protagonista de su resurgimiento, se observa a sí misma, calibra sus gestos, recuerda cómo era de niña, se cuestiona la imagen que proyecta. Así anda por las calles de Fráncfort, obsesionada consigo misma, hasta que un desconocido le devuelve un paraguas en el tranvía: basta con un encuentro muy breve para que ella lo empiece a observar y dirija su obsesión hacia él, de manera enfermiza. Barton y su protagonista sin nombre nos sitúan delante de una pregunta incómoda: ¿qué ocurre cuando intentamos averiguar quiénes somos observando a los demás? La percepción nunca es un acto inocente: mientras miramos a los otros, nos estamos construyendo a nosotros mismos. De hecho, la protagonista no conoce al hombre que le fascina, sino la versión de él que ella ha querido proyectar: dice más de su deseo, esa construcción, que de la misma realidad. Una pantalla sobre la que proyectar inseguridades y también posibilidades. Cuanto menos sabe de él, más espacio tiene para poderlo imaginar. De hecho, Jia Tolentino, en su ensayo Falso espejo, analiza las formas contemporáneas de autoobservación y cómo el hecho de vivir expuestos constantemente a imágenes de otras personas hace que convirtamos nuestra propia vida en una imagen susceptible de ser contemplada. Lo que los otros son para nosotros, nosotros mismos lo somos para ellos: como un espejo que mira y se deja mirar al mismo tiempo. El sociólogo Erving Goffman ya describió la vida social como una sucesión de representaciones a través de las cuales aprendemos a presentarnos, interpretar papeles, controlar lo que la sociedad ve de nosotros. La obsesión tiene un papel fundamental en ¿Qué soy, un ciervo?, si entendemos por obsesión la concesión de poder que otorgamos al otro para que reorganice nuestra percepción de la realidad, cuando el objeto de deseo deja de ser una persona concreta y se convierte en la posibilidad de ser diferente junto a él, de ser reconocida por él, de entrar en otra versión de uno mismo. Eso es obsesionarse. Desde el amor idealizado de Marcel Proust a la lógica del deseo mimético de René Girard, la literatura ha narrado múltiples veces esta clase de fascinación, pero Barton lo hace de manera distinta, introduciendo una sensibilidad radicalmente contemporánea. Quizá no deseamos tanto a una persona como la versión de nosotros mismos que imaginamos cuando estamos cerca de ella.

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