martes, 25 de septiembre de 2012

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Alejandra Pizarnik, poeta que escribió desde el inconsciente - 25.09.2012 - lanacion.com  


Martes 25 de septiembre de 2012 | Publicado en edición impresa
Cultura

Alejandra Pizarnik, poeta que escribió desde el inconsciente

Se cumplen hoy 40 años del suicidio de la escritora argentina, preferida entre jóvenes y adolescentes; homenajes para recordar su figura literaria
Por Silvina Premat  | LA NACION

Persuadida de que "la libertad absoluta de la criatura humana es horrible", hace 40 años se quitaba la vida Alejandra Pizarnik, una de las grandes poetas argentinas.

Atormentada y angustiada por un deseo de vida que no lograba satisfacer y víctima de algún trastorno psicológico, la poeta ingirió una sobredosis de un psicofármaco el 25 de septiembre de 1972. Se suicidó durante una salida de la clínica psiquiátrica en la que estaba internada temporariamente.

Tenía 36 años y era un momento de la historia argentina en el que comenzaba a limitarse la libertad de expresión en todos los ámbitos. Un año antes había recibido una beca Fullbright y en 1969, otra Guggenheim, que le permitió viajar a los Estados Unidos. Había estudiado Filosofía y Letras en la Universidad de Buenos Aires y pintura con Juan Batlle Planas. Había vivido en París entre 1960 y 1964, donde trabajó para algunas editoriales, publicó poemas y críticas en varios diarios y estudió historia de la religión y literatura francesa en la Sorbona.

"Vida, mi vida, ¿qué has hecho de mi vida?", se preguntaba en versos escritos con palabras a las que ella misma reconocía su ineficacia. En uno de sus poemas más conocidos -"En esta noche, en este mundo"- la joven artista advertía que el lenguaje nunca dice lo que uno quiere decir. Escribe: "No, las palabras no hacen el amor/ hacen la ausencia/ si digo agua ¿beberé?/ si digo pan ¿comeré?/en esta noche en este mundo/ extraordinario silencio el de esta noche/ lo que pasa con el alma es que no se ve/ lo que pasa con la mente es que no se ve/ lo que pasa con el espíritu es que no se ve/ ¿de dónde viene esta conspiración de invisibilidades?/ninguna palabra es visible".

Ivonne Bordelois, amiga de la poeta y autora de Correspondencia Pizarnik -con cartas a distintos destinatarios-, afirmó que "su poesía y su existencia atestiguan permanentemente el sentimiento de la inadecuación del lenguaje para expresar al mundo y la inadecuación del mundo con respecto a nuestros deseos más profundos",
Preferida por adolescentes y jóvenes, Pizarnik transmite la angustia de una vida sin significado.
"Siempre pensé que ella tuvo y tiene tanta difusión entre los adolescentes porque puede escribir directamente desde el inconsciente. Escribe desde los huesos", dijo Bordelois en una entrevista radial. Y describió a la poeta como "una persona muy atormentada, muy complicada que se bloqueaba con mucha frecuencia y con mucha angustia".

A los 18 años la poeta había comenzado un tratamiento psicoanalítico que interrumpió al poco tiempo. No obstante mantuvo la amistad con su terapeuta, León Ostrov, con quien intercambió copiosa correspondencia. Alejandra Pizarnik / León Ostrov: Cartas , es la compilación de ese intercambio que hizo la hija del psicoanalista, Andrea Ostrov, publicada en Córdoba por Editorial Universitaria Villa María (Eduvim).

Sus poemarios más destacados son Los trabajos y las noches (1965), Extracción de la piedra de la locura (1968) y El infierno musical (1971). Por su crudeza y realismo dio mucho que hablar también su ensayo La condesa sangrienta (1971).

El aniversario de la muerte de la poeta es recordado por numerosas organizaciones y ámbitos poéticos. Inspiradora de artistas visuales, la obra de Pizarnik será homenajeada el viernes próximo en la Casa de la Cultura del Círculo Médico de Lomas de Zamora con una muestra de obras de Naty Ezequiela.

En mayo último otro homenaje incluyó ilustraciones. Fue la exposición "Deseo y palabra", realizada en el Museo de Arte Español Enrique Larreta, con ilustraciones de Santiago Caruso sobre La condesa sangrienta .

En ese contexto la figura de Pizarnik fue recordada por escritores, editores e intelectuales que la conocieron, como Fernando Noy, Mariana Enríquez, Cristina Piña, Ivonne Bordelois, Ana Becciú y Silvia Hopenhayn, entre otros.

En homenaje a Pizarnik -y a Alfonsina Storni y Kurt Cobain, poetas que también se suicidaron-, la cineasta argentina Jazmín López dedicó su ópera prima Leones, en cuyos diálogos se citan versos de esos creadores.

Mendiga voz, fragmento

"Y aún me atrevo a amar/ el sonido de la luz en una hora muerta,/ el color del tiempo en un muro abandonado.// En mi mirada lo he perdido todo./ Es tan lejos pedir. Tan cerca saber que no hay."Los trabajos y las noches (1965)


el dispensador dice:
puedes mendigar un pan,
pero aunque recibas una moneda,
no la necesitas para respirar...

puedes mendigar un abrigo,
pero aunque recibas una moneda,
no servirá para eso que sientes... se llama frío...

puedes mendigar un trabajo,
pero aún cuando recibas un pago,
no servirá para que te sientas aliviado,
por el contrario,
sentirás que te han esclavizado...

puedes mendigar por un "algo",
pero aunque recibas otra moneda,
comprobarás que de ti nadie se hace cargo...

más allá de lo dicho...

no puedes mendigar amor,
no puedes mendigar afectos,
no puedes mendigar por tu alma,
no puedes mendigar por tu espíritu,
pero tampoco puedes pedir que te concedan un alba,
porque ella viene con la gracia,
esa que recibes con el destino que escribes,
esa que se consigue con el tiempo elegido...

entonces se revela lo justo...

no puedes mendigar por las esencias,
si no bebes de tus propias creencias,
vivirás atrapado entre ausencias,
padeciendo las inclemencias,
de algunos humanos y sus eternas miserias,
dobles mensajes y palabras sin videncias,
de aquellos que reúnen presencias,
para luego robar esfuerzos sometiéndolos a sus imprudencias...

las esencias no admiten mendigos,
porque las fuentes, en sí mismas, son abrigos,
alimentos que nutren a cada testigo,
en su circunstancia y su propio destino,
el karma porta su signo, así como el aura es señal de lo preciso,
y detrás de ello no queda más que lo escrito,
un poema, una idea, tal vez un rito.
Septiembre 25, 2012.- 

LÁPIZ || Secretos de escritorio | Cultura | EL PAÍS

Secretos de escritorio | Cultura | EL PAÍS


EN PORTADA / Entrevista

Secretos de escritorio

Un mueble imaginado, heredado de un joven poeta chileno desaparecido, es el eje de 'La gran casa', la nueva novela de la escritora estadounidense Nicole Krauss, finalista del National Book Award y aclamada por los lectores y la crítica. Desde Nueva York, Londres e Israel, cuatro voces construyen una trama sobre la pérdida, la extrañeza y la nostalgia

 


“La gente habla de la escritura como un medio de expresarte, para mí se trata de una oportunidad de autocreación. Te ofrece la posibilidad de engrandecerte y tener más vidas”, afirma Nicole Krauss. / Foto: Joyce Ravid
Privilegiada es un adjetivo que a menudo le aplican a Nicole Krauss (Nueva York, 1974) en los círculos literarios neoyorquinos. Efectivamente procede de una acaudalada familia y creció en los suburbios de Long Island, en una casa considerada una joya arquitectónica, pero este comentario no resulta del todo pertinente en una ciudad donde se concentra un considerable número de millonarias fortunas. Quizá el término aluda a una veta de recelo o soslayada envidia, ese feo vicio contra el que no está vacunada ni la comunidad literaria, ni la ciudad de Nueva York.

Krauss se formó en las aulas de Stanford y Oxford. A los 27 años publicó su primera novela con una excelente acogida crítica y notable éxito comercial, y con su segunda, La historia del amor, quedó consagrada como una de las voces más dotadas y respetadas de su generación. Si en Llega un hombre y dice, su primera obra de ficción, se adentró en la incertidumbre que rodea la pérdida de memoria, en su siguiente libro hiló una trama en la que se cruzaban las vidas de una adolescente y un anciano exiliado, un manuscrito perdido y un romance truncado por la guerra y el exilio. Ha vendido cientos de miles de ejemplares, cuenta con una legión de admiradores, está traducida a más de treinta idiomas y con su tercer libro, La gran casa (Salamandra y La Magrana), que ahora llega a España, quedó finalista en el prestigioso National Book Award.

Puede que sea su timidez, su elegante belleza o un aura de misterio y discreción que rodea su vida privada lo que subyace tras ese recelo. Casada con el novelista Jonathan Safran Foer, es madre de dos niños. La pareja representa el relevo generacional del lado más glamuroso del Brooklyn literario desde que se instalaron en una espectacular casa en las proximidades de Prospect Park, o al menos así es como a la prensa le gusta referirse a la vivienda y al matrimonio. La gigantesca mesa empotrada en la que Krauss trabaja y que heredó del antiguo propietario está extrañamente relacionada con la génesis de La gran casa: hizo un cuento sobre un inmenso escritorio con 19 cajones que una novelista recibe en préstamo de un joven poeta chileno.

Ese mueble imaginado pasó a convertirse en el eje sobre el que gira su nueva novela, la peonza en torno a la que se arremolinan las cuatro voces que construyen La gran casa desde Nueva York, Londres e Israel. Nadia, una escritora de mediana edad, desgrana los pormenores de cómo encontró en su oficio un refugio para escapar de la vida; Arthur, un don de Oxford, intenta reconciliarse con el enigma que durante décadas ha rodeado a su esposa, Lotte, una escritora alemana judía; Aaron, un anciano israelí, habla con desgarro de la distancia que siempre ha sentido hacia su hijo, y una muchacha americana describe su encuentro y enamoramiento con el hijo del temido anticuario Weisz. En torno a estos monólogos sobrevuela un sentimiento de pérdida, de extrañeza y de nostalgia, se habla de una novela nunca terminada sobre un tiburón que absorbe las pesadillas de aquellos que están conectados a él por medio de tubos y cables; de la historia de la destrucción del segundo templo de Israel y de la diáspora; y, también, del perpetuo ansia de reconstrucción de un espacio arrebatado, en busca de un tiempo ya perdido.

Krauss y su esposo guardan con celo su intimidad y la cita para la entrevista tiene lugar en un café. La escritora viste un sencillo traje blanco de algodón con tirantes, sandalias planas y unos discretos pendientes largos de los que cuelga un adorno pequeño de coral. Se expresa con determinación en un tono de voz dulce, y cuando se azora contesta con una pregunta y una sonrisa, como para tomar aire antes de lanzarse a responder.


PREGUNTA. Nadia, una de las voces protagonistas de su novela, habla con nostalgia de un tiempo en el que su ambición como escritora estaba intacta. ¿Cómo ha cambiado la suya en esta década?

“Al principio solo anhelaba escribir. Tras publicar mi primera novela empecé a pensar qué libro era el que solo yo podía hacer”
RESPUESTA. Al principio solo anhelaba una oportunidad para dedicar mi vida a escribir. Tras publicar mi primera novela empecé a pensar qué libro era el que solo yo podía hacer. A la altura de La historia del amor esto se convirtió en la verdadera búsqueda. Ahora tengo sentimientos distintos, me importa cada vez menos la recepción que tendrá el trabajo, el mundo fuera de mi escritorio y de mi ordenador.

P. ¿Era esto lo que más le importaba?
R. Cuando publiqué mi primer libro me sentía atrapada por la pregunta sobre cuántos lectores justifican lo que de otra manera podría parecer autocomplaciente. Porque si escribes y no mucha gente te lee, quizá deberías hacer otra cosa que fuese más útil para el mundo. Esto es algo de lo que habla Nadia y que traté con Leo en mi anterior libro, un personaje que decía literalmente que escribía para sí mismo. La escritura te permite ser querido como no ocurre en la vida real, porque muestras en la página algo que no puedes enseñar en ningún otro espacio de la vida. Con el tiempo, no piensas en los demás, sino en ti misma, en qué debes hacer para sentir que no estás perdiendo el tiempo.

P. ¿Es entonces cuando arranca una conversación con otros autores? En La gran casa, parece que Roberto Bolaño es uno de los convocados.
R. No tengo una conversación con alguien en particular. Pero sí siento un afecto por determinados libros o autores, y la manera en que me han afectado aparece en mi trabajo. Les celebro. Cada vez que escribo pretendo defender la literatura.

Krauss pasa a hablar de su primer encuentro con Nocturno de Chile, de Bolaño, en 2003, de cómo quedó fascinada y no dejaba de recomendar su lectura a todo aquel con quien se cruzaba. La popularidad de la que goza hoy el novelista chileno entre el público estadounidense siente que le ha robado algo de intimidad —su nombre ya no es un secreto—, pero como escritora este es el tipo de encuentros que ansía tener. “En la juventud ocurren con más frecuencia”, reflexiona, “luego pasa menos, pero sigues necesitando esa apertura, pensar que es posible hacer cosas de una manera totalmente distinta. Un sonido, una música o un ritmo que nunca antes habías oído, circula en tu cabeza y te lleva a algún sitio. Es un poco de viento que te empuja en una dirección y luego haces descubrimientos que son tuyos”.

Los escritores y la escritura son un tema recurrente en la obra de Krauss —“mi idea es más de ratón de biblioteca que la que ofrece Bolaño con esos escritores rebeldes, marginales y súper cool”— y sin duda es un asunto sobre el que medita también fuera de la página. Puntúa su conversación con comentarios sobre Philip Roth, cuya manera de escribir sobre su padre la fascina, o Sebald, de quien admira su distancia narrativa. Al hablar del dilema que supuso la introducción de un artículo en el título de su novela hace una broma, eso no es en absoluto, eso no es lo que yo quería decir en absoluto, citando el verso de T.S. Elliot.


“Soy americana, mi madre es inglesa, mi padre israelí y mis abuelos de cuatro países; en la adolescencia me preguntaba, ¿dónde está el lugar del que procedo?”
A los 14 decidió que esta sería su profesión, sintió que en la escritura podría construir su hogar, un concepto que no acababa de ubicar —“soy americana, pero mi madre es inglesa, mi padre israelí y mis abuelos eran de cuatro países distintos; me preguntaba, ¿dónde está el lugar del que procedo?”—. También como introvertida adolescente encontró en los libros un refugio seguro. “La gente habla de la escritura como un medio de expresarte, para mí se trata de una oportunidad de autocreación. Te ofrece la posibilidad de engrandecerte y tener más vidas”, explica. Ella entiende su profesión como un infinito espacio de libertad que permite abrir puertas nuevas, ajenas a las constricciones que la vida impone.

Se refiere a los “escritores como raza o especie” para apuntar el rechazo que muchos sienten a admitir influencias, a diferencia de lo que ocurre con los músicos. Ella está en desacuerdo. “Los escritores cristalizan muy lentamente en una solución de tiempo y experiencia, pero puede ser que eso ocurra a través de la lectura de algo a lo que no habrías llegado por tu cuenta”, afirma. A ella le pasó con Bolaño y más adelante con Bernhard, en cuya prosa encontró una musicalidad exquisita y distinta que apeló a su oído de poeta. Porque Krauss hasta los 25 no quería ni oír hablar de una novela, era poesía lo que ella hacía y compartía, entre otros, con su mentor Joseph Brodsky. “Acababa de empezar la universidad cuando vino a dar clase. El último día le entregué una carta con mis poemas y me llamó a la mañana siguiente. Pasamos ocho horas hablando. Me enseñó mucho sobre escritura. Estuvimos en contacto hasta su muerte cuatro años después”, recuerda.


“La tercera persona me parece artificial, quiero escaparme para llegar a otro nivel de autenticidad”

Al regresar a Nueva York procedente de Oxford fue cuando se lanzó a escribir una novela, y dice que analizaba cada frase buscando la fórmula perfecta. Ahora se siente más libre y apela a su curiosidad creativa para explicar su búsqueda de nuevos retos. Pero tras los cambios de estilo y búsqueda de nuevos andamios y estructuras yuxtapuestas, tras su creciente rechazo a las fórmulas narrativas más clásicas —“la tercera persona me parece artificial, quiero escaparme para llegar a otro nivel de autenticidad”—, Krauss identifica dos temas que recorren sus novelas: la reacción ante una pérdida y el solipsismo.

P. La literatura aísla completamente a Nadia, su personaje, ¿es eso un peligro?
R. Con Nadia trataba de ver un caso extremo. El aislamiento de la escritura es algo que me importa a medida que me hago mayor y mi vida está más estructurada en torno a la familia. Esta disminución de experiencias puede suponer un problema, pero me encanta visitar sitios nuevos y viajar, salir de mi mundo. Soy bastante solitaria por naturaleza, así que intento empujarme a hacer esas otras cosas que también necesito. Con mis personajes, tengo curiosidad, quiero saber qué pasa en ese mundo, en esa vida y algunas de las preguntas que se hacen son mías, otras no, y puede que conozca la respuesta en lo que a mí se refiere, pero me resulta interesante plantearlas bajo otra luz.

P. El personaje también habla sobre la apropiación de historias ajenas.
R. Yo no lo he hecho, pero a medida que pasa el tiempo me doy cuenta de que me interesa más la vida real. A lo mejor esto tiene que ver con estar más presente en el mundo que me rodea debido a mis hijos. El vampirismo de Nadia me resulta extraño, porque para mí la escritura es un gigantesco acto de empatía. Pero todos los escritores en algún momento se plantean esta pregunta sobre cuánto de su vida o de las vidas que les rodean usarán, cuánto pueden empujar o dónde está la línea. Todos tenemos un límite.

P. ¿Hay algún estereotipo de escritor en el que odiaría caer?
R. Uno tiene que ser increíblemente serio y esto a veces es cargante. Cada día tener que sentarte y empujar y cavar para encontrar algo es agotador. Esa es la fuente de una seriedad reconcentrada que no es buena en la vida, porque a todos nos gusta la gente ligera.

En La gran casa, el joven poeta chileno Daniel Varsky se indigna ante la mención a Neruda y clama contra el monopolio que parece tener sobre cualquier verso procedente de ese país. ¿Siente Krauss que hay alguna escritora americana que tenga un monopolio parecido? La novelista se turba, mira inquieta su reloj, dice no comprender la pregunta, ofrece pagar la cuenta del café y en un suspiro desaparece por la puerta, con la misma rapidez con la que lo haría al final de un párrafo un personaje de ficción.

La gran casa / Casa gran. Nicole Krauss. Traducción de Rita da Costa / Maria Llopis. Salamandra / La Magrana. Barcelona, 2012. 352 / 368 páginas. 19 / 21 euros. nicolekrauss.com/
Nicole Krauss intervendrá el próximo miércoles, día 26, en el Hay Festival Segovia: Nicole Krauss en conversación con Pepa Bueno. 19.00 horas. Biblioteca Pública de Segovia.www.hayfestival.com/segovia/


el dispensador dice:
existió un tiempo del cincel y la roca,
existió un tiempo del teñido artesano,
existió un tiempo de la pluma de ganso,
existió un tiempo del lápiz,
existió un tiempo de la máquina de escribir,
rige hoy el tiempo de la tecla...

la piedra tiene vida por sí misma,
sin embargo las habilidades humanas pueden renovarla,
estableciendo un puente de intensidades y vivencias,
relieves, imágenes, óxidos, descripciones,
lo que brota del corazón permanece allí,
atesorado para siempre...
el intérprete se irá, pero la piedra permanecerá...

los colores existen más allá del ojo humano,
lo que se aprecia no es todo lo que existe,
pero la habilidad toma la fuente,
la manipula, la exprime y logra algo,
tinturas...
luego se agregarán cueros y tejidos...
el mentor se irá, pero los teñidos, 
aún destiñéndose, permanecerán...

elegir la pluma,
disponer de las tintas,
pergamino o papel,
escribir, grabar, pintar,
da igual...
todo acompaña a la memoria de la humanidad,
algunos documentos perduran,
otros se esfuman,
lo que nutre las bibliotecas,
más allá del polvo, se conserva...

carbonillas finas o gruesas,
retratos que ni siquiera piensas,
nacen renglones todo se endereza,
el lápiz descubre cómo romper la pereza,
hoja tras hoja la imaginación se reinventa,
se va lejos con lo que se diseña,
el trazo se transforma en una recta,
lo que se dice es mucho más de lo que se expresa...

sigue la máquina con sus teclas,
duras de golpes buscando las letras,
cintas con tintas y fuerzas que acercan,
todo se escribe,
borrar es un problema,
vendrá la copia como idea ajena,
corregir y dar forma al mensaje para que se lea,
nace otra estirpe de manipuladores de letra...

finalmente aparece la tecla,
ahora las pantallas dominan la escena,
desplazas los dedos señalando letras,
escribes pensamientos de lo que se quiera,
se ha perdido la sensación de la mano en la forma,
la tecla imprime lo que guarda norma,
todo es veloz y se transforma,
ya nadie recuerda qué es la memoria...

en cada escritorio siempre hay secretos,
pasiones borradas o corazones desiertos,
miserias humanas se llevan los vientos,
cuando abres el cajón te atrapa el tiempo,
saltando te dejará sin aliento,
¿quién podrá creer lo que se ha descubierto?,
hubo un escrito al modo de documento,
había un destino flameando en lo incierto,
pero ya se fue y se desconoce la trama,
llega el silencio y la imaginación atrapa,
¿qué habrá sucedido con el padecer pasado?,
¿habrá pena en lo que ha quedado?,
la imaginación comenzará su viaje,
alguno dirá que otro el paisaje,
pero el lapso pasó y ya no hay testigos,
deja que se vaya y no atiendas lo que escribo...

sin embargo la semilla ya está en su tierra,
algo hace que la circunstancia vuelva,
y tomando entidad también gana vida,
alguien se ocupa mientras otro grita,
¿qué sucedió en aquel pasado?,
alguien rescató lo que estaba olvidado,
confiere nueva vida a un raro costado,
la vida revive naciendo de una mano,
¿quién salteó la tecla y burló el significado?,
mira, no importa...
cuando te vas... un espacio se habrá ocupado.
Septiembre 25, 2012.-

lunes, 24 de septiembre de 2012

ARROZ & BAMBÚ || Tu corazón es un jardín único | Comunidad Valenciana | EL PAÍS

Tu corazón es un jardín único | Comunidad Valenciana | EL PAÍS

Tu corazón es un jardín único

El artista chino Liang Binbin despliega sus esculturas de papel de arroz y bambú en el IVAM Apelan a Buda y a lo efímero de la vida

 


Liang Binbin, en el IVAM, junto a sus esculturas 'Un universo efímero'

No es habitual que un artista chino se exprese sobre alguna cuestión mínimamente polémica de su país. Al menos, no lo es en los creadores que han visitado Valencia y, más concretamente, el IVAM. El joven Liang Binbin lo ha hecho esta mañana. No ha escurrido el bulto y ha respondido manifestando su inequívoca admiración artística hacia el creador disidente chino Ai Weiwei, una oveja negra para el Gobierno de Hu Jintao por sus críticas al régimen y su reivindicación de la democracia. Tampoco es que haya aprovechado la presentación de su pequeña exposición en el IVAM para sumarse a las reivindicaciones del artista conceptual y coautor del estadio olímpico de Beijing, pero sí ha insistido en que se trata de "uno de los mejores artistas chinos de los últimos 20 o 30 años", aunque sea "un poco rebelde" y no esté "muy permitido por la autoridad". Ai es un ineludible referente artístico que tuvo la posibilidad de desarrollar buena parte de su trayectoria en el extranjero, viajando mucho por Occidente, ha recordado Liang, antes de exhibir sus frágiles construcciones de papel de arroz y bambú reunidas bajo el título Un universo efímero.

En cualquier caso, los tiempos han cambiado mucho en China, según ha incidido este joven creador, que por primera vez expone en Europa. Ha asegurado que a partir de los años ochenta del pasado siglo, el peso político en la actividad creativa del arte contemporáneo, empujado por la influencia del capitalismo, ha dado paso al "desarrollo individual de los artistas dentro de la sociedad". Hay más opciones para elegir y desarrollarse, ha añadido sin que todavía nadie la preguntara, justo antes de explicar su delicado trabajo que se expone en el IVAM hasta el 25 de noviembre.

Liang Binbin ha convertido una galería en un "jardín del corazón" formado por esculturas de diverso formato realizadas en papel de arroz y bambú que simbolizan conceptos como la madurez, la muerte y el espíritu. Bajo el título Un universo efímero --que hace referencia a una vieja enseñanza que sostiene que en cada corazón vive un jardín único--, la muestra está concebida como una instalación compuesta por cinco grandes piezas, todas ellas metáforas de inquietudes personales. Como decía Buda, "se puede ver el cielo en una flor silvestre y el paraíso en un árbol", rememorá Liang

Así, una gran torre colocada en plano horizontal significa la espiritualidad; un osito infantil expresa la madurez; un par de huesos, la muerte; un corazón, la pérdida del valor tradicional y, por último, el automóvil representa la velocidad de desarrollo de China, según ha señalado el propio artista.

Todas las obras se presentan en una disposición inusual, ya sea suspendidas, volcadas o con escalas atípicas, lo que pretende provocar en el espectador una sensación de desequilibrio e incertidumbre. Además, los materiales empleados -producen un contraste entre "firmeza y flexibilidad".

El secretario autonómico de Cultura, Rafael Ripoll, y la directora del IVAM, Consuelo Ciscar, han presentado la muestra de Liang, con la que se inaugura la temporada. El primero ha evitado concretar nada a los periodistas sobre si el IVAM dejará de ser autónomo en la futura superestructura de Culturarts que está preparando la Generalitat para ahorrar y reducir plantillas. La segunda ha destacado la reflexión sobre el equilibrio y la incertidumbre de las piezas creadas por Liang para la exposición del IVAM.


el dispensador dice:
¿qué flores hay plantadas en tu jardín?,
¿con qué las nutres?,
¿qué colores tienen?,
¿con qué se expresan?,
¿cómo las cuidas?,
¿qué tierra las anida?,
¿las contemplas o las olvidas?,
¿las cultivas o las denigras?,
¿cuántas plantas con flores hay en tu jardín?,
¿sabes dónde queda?,
¿las conservas tras un cerco o tienes el corazón abierto?,
¿son flores de inocencias o soberbias vestidas de inclemencias?,
¿son pimpollos humildes o simplemente devoran al desprevenido?,
¿seleccionas sus fragancias o las declaras como de estirpe, rancia?,
¿qué clase de flor hay en tu aura?...

hay flores de papel que no respiran,
hay flores de plástico que no tienen vida,
hay flores de ilusiones que atrapan imprudentes,
hay flores de palabras que guardan vacíos en mente,
hay flores de intenciones que devoran las ganas,
otras roban voluntades para luego hacer galas,
hay flores muy bellas que no dicen nada,
hay flores que hablan saltando las rayas,
¿qué dicen tus flores cuando se guardan?,
¿sueñan sus tiempos sembrando esperanzas?,
¿o fabrican infiernos regalando trampas?...

nunca se sabe qué hay tras el alba,
podrá ser el día o quizás la nada,
lo incierto alimenta la voluntad del alma,
si cuidas tu jardín olvidas la espada,
si le colocas papel ganas tu espalda,
si hay bambú se enaltece la gracia,
si colocas arroz asciendes la escala,
aquello que honras ilumina tus plantas.
Septiembre 24, 2012.-


DETRÁS DE AQUELLA FOTO || Un epistolario de obligada lectura | Cultura | EL PAÍS

Un epistolario de obligada lectura | Cultura | EL PAÍS

Un epistolario de obligada lectura

La correspondencia entre Américo Castro y Marcel Bataillon no solo revela el alcance de estas figuras. sino que da pie a profundizar en la lectura del 'Quijote', 'La Celestina' y otras obras

 


Américo Castro (en el centro), durante una visita al frente italiano en 1917 con Santiago Rusiñol, Manuel Azaña, Luis Bello y Miguel de Unamuno.
La publicación del Epistolario (1923-1972) de Américo Castro y Marcel Bataillon, con una excelente introducción de Francisco José Martín, nos depara la inapreciable oportunidad de conocer los acuerdos y desacuerdos, sintonías y divergencias existentes entre dos grandes figuras cuyas obras, La realidad histórica de España y Erasmo y España, ejercieron una influencia decisiva en mi formación cultural y literaria a comienzos de los años sesenta del pasado siglo. Sus cartas trazan dos vidas paralelas, en las que la amistad forjada por la estima recíproca no excluye enfrentamientos metodológicos y conceptuales sobre el ser y el vivir de la historia.

Marcel Bataillon, elevado tras sus magistrales estudios a la cima del hispanismo francés, gozó del consenso de lo que su corresponsal denomina, no sin ironía, ritualidad nacional: “Un universitario francés es como un miembro de las antiguas órdenes religiosas. Hacía falta un especial modo de ser para echarlo todo a rodar. Yo me salí del convento hace años. No creo que usted lo haga”.

La publicación de España en su historia en 1948, más allá de la sonada polémica con Sánchez Albornoz, concitó contra Castro la casi unanimidad hostil de sus colegas del ramo, desde los representantes más conspicuos del rebaño nacional-católico y de los defensores de la milenaria identidad hispánica sin moros ni judíos de Menéndez Pidal y sus discípulos, a las de los hispanistas franceses de enfoques tan diversos como los de Braudel, Révah y Pierre Vilar, con la notable excepción de Baruzi y Sarrailh. Conforme Castro documentaba y añadía nuevos argumentos a su concepción de una España de “occidentalidad matizada” por el mudejarismo de los primeros siglos de las literaturas castellana y catalana y por el papel fundamental de las castas en el vivir y desvivirse de nuestros compatriotas a lo largo de los siglos XV, XVI y XVII (Aspectos del vivir hispánico, Origen, ser y existir de los españoles, De la edad conflictiva), la brecha abierta entre él y quienes, “eruditos a secas”, veían amenazadas las bases de su saber (el de una España ibérica, romana y visigoda), se convirtió en un abismo insalvable.

Don Américo —así lo llamábamos quienes tuvimos la suerte de tratarlo— vivía en una “situación de fortaleza asediada”, “aplastado por los de acá, los de allá y los de acullá” (desde Eugenio Asensio y Leo Spitzer a Otis Green) y, a momentos, sus cartas son casi una llamada de socorro a un amigo cuya honradez y amplitud de miras le convierten en su salvavidas en medio del oleaje encrespado de los profesionales del gremio. Exiliado total, enfrentado a los divulgadores del credo católico o del dogmatismo marxista, recuerda a su amigo que “lo que para usted es fuente de conocimiento, para mí es vida total, mi vida”. Ha tenido la mala suerte, le escribe, de descubrir una verdad que contradice la fundada tan sólo en leyendas o esquemas abstractos, de reflexionar “sobre cosas que esperan ser escritas desde hace mucho”, pero que nadie ha tenido el valor de plasmar en una nueva visión de lo que fuimos y de algún modo somos aún. Aferrado a la validez de sus pensamientos —“los hechos y documentos valen como meros síntomas o indicios de una realidad vital más profunda, la forma de la vida de la historia, de cada historia particular”—, don Américo había asumido con heroísmo —aunque a menudo con enfado o cólera— su condición de oveja negra: “Cuanto más solo me dejen, más densidad y madurez adquirirán las realidades de mi historiografía”. Semejantes a un movimiento sísmico del que es el epicentro o a una piedra arrojada en la lumbre quieta del agua, sus ideas se han ido abriendo paso en el mundo hispánico y en el hispanismo europeo y americano pese a la tenaz resistencia y ninguneo de nuestros programadores culturales, para quienes no corre el tiempo. Como resume con precisión Francisco José Martín en su prólogo, “la publicación de España en su historia fue como las 95 tesis clavadas por Lutero a la puerta de la catedral de Wittenberg. No había vuelta atrás. Los grandes sacerdotes de la historia oficial del nacionalismo español y los principales oficiantes del canon del hispanismo cerraron filas y condenaron sin apelación posible”.

A momentos, las cartas de Américo Castro son casi una llamada de socorro a un amigo cuya honradez y amplitud de miras le convierten en su salvavidas
Las respuestas de Bataillon a Castro —pasado el periodo lejano de su relación de discípulo a maestro, del joven hispanista de los años veinte al autor de El pensamiento de Cervantes— muestran la grandeza y honestidad de un intelectual que, más allá de las diferencias entre sus planteamientos historiográficos, advierte la fuerza innovadora de las ideas de su amigo, “de un autor, como usted, cuyo pensamiento está en constante elaboración” y cuyo ejemplo “es una incitación a sacudir los mortales hábitos de repetición que trae consigo la segunda enseñanza especializada”.

En el momento en que arrecian las descalificaciones y ataques a don Américo, ya por parte de historiadores más o menos relacionados con Bataillon, ya por meros plumíferos del servicio del franquismo como Gonzalo Fernández de la Mora, el autor de Erasmo y España y de tantos aguijadores ensayos sobre El Lazarillo y El viaje de Turquía, o Las Casas, le aconseja ahorrar energías en vez de replicar a quienes no lo merecen pues, como dijo Manuel Azaña, “a partir de cierta edad se aprende a dejar en paz a los necios”.
Ello origina un intercambio de cartas que es para mí el momento culminante del Epistolario. Al argumento pro domo de Castro:

“En cuanto mi necesidad de enfrentarme con tanta mala gente, es probable que nuestro diferente modo de ver provenga de no partir del mismo punto de vista. Ud., perteneciente a un país con una historia hecha, quizá no comprenda lo que es formar parte de una comunidad humana sin noción de quién es. Se trata de ver si es posible que un pueblo se despierte, se trata de poner historia en un lugar de mentira y mitología”.
Bataillon responde con una comprensión admirable, a la altura de su persona y saber:
“A fin de cuentas sufro con ud. cuando le reprochan que demuestra mal, con textos que no son tan españoles como ud. piensa, o con hechos no tan específicamente españoles como ud. cree, sus grandes teorías de la España de las tres castas. Estas ideas para mí no son tan sólo las de un viejo amigo que las defiende heroicamente sino que son verdaderas de una verdad profunda que todavía es necesario aclarar, pero que no se podía difundir sin un talento y un genio como el suyo”.

Para el creciente número de seguidores de don Américo o sensibles a sus ideas fecundas —de Ferrater Mora a Gaos, de un arrepentido Laín Entralgo a Paulino Garagorri, pasando por el núcleo de historiadores o amantes de nuestra literatura, sin las anteojeras de la grey agrupada en torno al canon, como Márquez Villanueva, Sicroff, Gilman, Jiménez Lozano, Rodríguez Puértolas y otros que no cabe citar aquí—, la resistencia a aquellas de los medios universitarios de la Península son el mejor ejemplo de “los mortales hábitos de repetición” antes citados y del hecho de que en nuestras aulas las ideas se heredan sin ponerlas en tela de juicio. El “lejos de nosotros la peligrosa novedad de discurrir” planea todavía sobre el alma mater.
No obstante, el goteo incesante de actas y documentos que muestran la justeza del planteamiento castriano, cuando sus denostadas “intuiciones” acerca del origen converso de Vives y Teresa de Ávila se ven corroboradas por pruebas documentales fehacientes, el negacionismo no cede o se reduce, Le Pen dixit, a mero “detalle”. Pero quienes pensamos por nuestra cuenta y no ocultamos lo que contradice la norma inmutable del gremio, gracias a don Américo podemos leer hoy La Celestina “fuera de la dehesa de las moralizaciones sin belleza” y el Quijote, como la obra desestabilizadora de todas las creencias y géneros de un cristiano nuevo cuyo héroe come “duelos y quebrantos” los sábados y cuyo supuesto cronista es un morisco. Han dejado de ser la papilla insulsa que nos hicieron ingerir y se han convertido en obras vivas que nos esclarecen en medio del “caos y mucha canallería (que) rigen este mundillo de hoy”: el de la supuesta Creación divina tildada por Celestina, la Vieja, de Feria y Mercado —¡el dios Mercado que nos gobierna!— y a la que el asno del que nos habla Mateo Alemán rocía desdeñosamente “con lo suyo”. ¿No fueron ellos acaso los precursores de nuestros actuales indignados? Quien sepa leer con provecho nuestras mejores obras responderá que sí.
Epistolario. Américo Castro y Marcel Bataillon (1923-1972). Edición de Simona Munari. Introducción de Francisco José Martín. Biblioteca Nueva. Madrid, 2012. 448 páginas. 22 euros.


Gracias a don Américo podemos leer hoy La Celestina “fuera de la dehesa de las moralizaciones sin belleza”


el dispensador dice:
se congeló un instante,
miradas que sin tiempo quedan pendientes,
rostros esperando el día siguiente,
silencios cadentes,
palabras inertes...

detras de aquella foto, hay pensamientos,
conflictos quiebran los sentimientos,
letras escondidas esperan momentos,
al salir de la foto soplarán los vientos...

se detiene el tiempo,
sonrisas mediante,
alguna palabra se escurre incesante,
algo se gatilló y detuvo el instante,
¿qué seguira luego del quebrarse?,
¿aparecerá una nueva vida de mayor esperanza?,
¿todo regresará a la huella sin calma?,
¿renacerá el conflicto escondido en un arma?,
nadie puede recordar lecturas sin trama...

puedo asegurarte que duele en el alma,
percibir el instante donde todo está calma,
a plena sabiendas que allí no hay nada,
que las sonrisas son falsas,
que no hay sentimientos más allá de las ramas...

blanco y negro o colores, nitrato de plata,
las gentes posan como aves sin alas,
alguien espera que se abra una ventana,
pero el portal está allí sin dejar entrar a las almas...

pasa el tiempo se destiñe la imagen,
los recuerdos se extinguen,
las fotografías se apagan,
los momentos se pasan,
ángulos sin tiempo construyen la nada...

se escribirá lo que fue un instante,
relatos que embargan,
puedo asegurarte que la descripción...
de verdad... no hay nada.
Septiembre 24, 2012.-

Y las fotografías se extinguen con sus actores... algunos las conservarán durante algún tiempo, escondidas en un cajón para evitar el tiempo... más tarde llegará alguien despojado de sentimientos, tomará las fotos y las arrojará al basurero, o simplemente las arderá en su propio infierno... ¿quién era ése que estaba enfermo?, y ¿quién era el otro al que le endilgaban los cuernos?, ¿quién el del uniforme que no respetaba?, ¿quién era aquel que de cantar no sabía  nada?... todo está raro y la letra está abierta, el relato es incierto tanto como un punto muerto... te cuentan y te cuentan, aseguran que es cierto... todo es mentira no comprendieron el valor del momento... ¿qué quedó entonces si todos han muerto?... todo quedó según los testigos del tiempo, debes saber que nada se evapora, todo permanece flotando más allá de su tiempo... sentidos de ciclos, herencias y verbos, los calificativos dependen sólo de las miradas de expertos, ¿habrá sustantivos en algún desierto?... no tiene importancia, ya pasó el momento. Septiembre 24, 2012.-


domingo, 23 de septiembre de 2012

LAS CARGAS DEL DESTINO || Lo pasado, pasado no estaba | Cultura | EL PAÍS

Lo pasado, pasado no estaba | Cultura | EL PAÍS

LIBROS / Reportaje

Lo pasado, pasado no estaba

Los investigadores Antony Beevor y Max Hastings publican historias globales de la Segunda Guerra Mundial, que narran el conflicto desde los que sufrieron

 


Soldados soviéticos en el Frente del Este. Finales de 1943. (Del libro 'La Segunda Guerra Mundial. Imágenes para la historia'. Paco Elvira. Prólogo de Jorge M. Reverte. Lunwerg, 2012) / Foto: Viktor Temin / Slava Katamidze Collection / Hulton Archive / Getty Images

George Orwell, uno de los intelectuales que mejor entendieron y explicaron el siglo XX, resumió la Segunda Guerra Mundial en una frase: “Según escribo estas líneas, seres humanos sumamente civilizados me sobrevuelan intentando matarme. No sienten ninguna enemistad personal hacia mí, ni yo hacia ellos”. El conflicto es infinito, no solo por la dimensión de la catástrofe —la mayor en términos absolutos, con cerca de 70 millones de muertos—, sino por la profunda incomprensión que sigue generando. ¿Cómo pudo ocurrir algo así? ¿Qué hizo del hombre una alimaña en tantos lugares diferentes? Más allá de Auschwitz o Treblinka, el horror máximo, existen tantos ejemplos de barbarie que resulta difícil centrarse en uno. Durante el primer invierno del sitio de Leningrado murieron de hambre y frío unas 620.000 personas. En la ciudad asediada por los nazis, se comieron hasta los perros de Pavlov. Como afirmó Hans Frank, gobernador de Polonia y uno de los peores asesinos nazis: “Humanidad es una palabra que nadie se atreve a emplear. Tener poder para utilizar la fuerza sin ninguna resistencia es el veneno más dulce y nocivo que cualquier gobierno pueda utilizar”.

Ninguna otra guerra ha generado tanta y tan buena investigación como esta, casi desde que terminó. El primer clásico sobre el conflicto se publicó en 1947, Los últimos días de Hitler, de Hugh Trevor-Roper. Y siguen publicándose obras importantes y produciéndose revelaciones, como ocurre con el último libro del historiador británico Antony Beevor, que relató minuciosamente las batallas de Creta, Stalingrado, Berlín y Normandía, y que acaba de publicar una monumental historia global del conflicto, La Segunda Guerra Mundial (Pasado y Presente). Unos meses antes, Max Hastings, otro gran investigador, había publicado Se desataron todos los infiernos. Historia de la Segunda Guerra Mundial, que Crítica acaba de reeditar. Beevor utiliza la técnica que le ha llevado a convertirse en un best seller y a la vez en un respetado investigador, una mezcla de relato histórico clásico, con mucho trabajo en los archivos, y testimonios de aquellos que lo vivieron. Hastings aplica la historia de las mentalidades a la Segunda Guerra Mundial y quiere alejarse de los grandes nombres y del desarrollo de las batallas para explicar cómo este Armagedón afectó a seres humanos concretos.

Como en sus obras anteriores, Beevor demuestra un gran talento para el relato, pero también para encontrar nuevas vías de investigación. La Segunda Guerra Mundial ofrece detalles insólitos —a causa de la falta de vitaminas e higiene la mayoría de la población alemana sufría halitosis, con lo que el hedor en los refugios era insoportable—, novedades atroces —ha descubierto en los archivos australianos y estadounidenses que los soldados japoneses practicaron el canibalismo organizado, con prisioneros como “ganado humano”, que eran asesinados de uno en uno para ser devorados, aunque este hecho se ocultó para ahorrar sufrimientos a las familias de las víctimas—, incluso establece un nuevo principio para el conflicto —en Manchuria, en agosto de 1939, con una batalla entre japoneses y soviéticos, no en Polonia, en septiembre, con la invasión nazi—. Pero, sobre todo, traza un panorama global de una guerra que afectó a casi todo el planeta y que, con el exterminio del pueblo judío, llevó las fronteras de la barbarie hasta límites incomprensibles. Todo esto, por encima de cualquier otro factor, se debió a un solo hombre: un cabo de la Primera Primera Guerra Mundial, pintor mediocre, desquiciadamente antisemita, charlatán de cervecería, llamado Adolf Hitler, un hombre que no quiso ver ningún muerto, ni ninguna batalla, pero que fue capaz de destruir el mundo.

“Seguramente se hubiese producido algún tipo de conflicto como resultado de la Primera Guerra Mundial y del Tratado de Versalles”, explica en un largo correo electrónico Antony Beevor, que la semana que viene estará en España para presentar su libro y asistir al Hay Festival de Segovia. “La ruptura de cuatro imperios —ruso, germano, austrohúngaro y otomano— combinada con el nacionalismo militar de la época estaba destinada a crear problemas. Las nuevas naciones que surgieron de esos imperios estaban llenas de minorías. Y la crisis económica de 1930 produjo a su vez una crisis de la democracia liberal, que llevó a muchos a creer en regímenes autoritarios, ya sean de izquierdas o de derechas. Es muy importante recordar aquí que las democracias no luchan las unas contras las otras, no es la Unión Europea lo que ha evitado un nuevo conflicto, es la democracia. Pero sin Hitler el conflicto hubiese sido diferente. Hitler fue la fuerza motriz de la guerra y por encima de todo el arquitecto de la aniquilación que se produjo”, prosigue Beevor.

A pesar de sus numerosas diferencias a la hora de relatar el conflicto, el factor humano es lo que une a Beevor y Hastings. Ambos relatan la guerra a través de los seres humanos que la provocaron, lucharon en ella y, sobre todo, la sufrieron. Quizás, porque como escribió William Styron en el prólogo de La decisión de Sophie, “la negra noche del alma humana cuando millones de personas morían y sufrían bajo la dominación total de los nazis es el tema más formidable, trágico y desafiante de nuestro tiempo”. Los de Hastings y Beevor no son los primeros libros globales sobre el conflicto, pero la diferencia con otros está en la capacidad que ambos tienen para sumergirse en las profundidades de la IIGM, para describir el hedor en un refugio antiaéreo o encontrar el testimonio de una joven rusa, Irina Dunaevskaya, cuando vio los cadáveres bajo el Neva helado, “como si estuviesen en un sarcófago de cristal”.


Antony Beevor cree que los archivos todavía pueden reservarnos algunas sorpresas

“No soy historiador militar, no quiero saber nada más de lo que hacían los generales sino la gente normal”, explica Max Hastings en una conversación telefónica desde Londres. “Lo que es casi imposible de entender para las generaciones que no hemos vivido aquella guerra es el sometimiento permanente a hombres con armas. Es horroroso, especialmente para las mujeres, puesto que las violaciones fueron masivas. O el problema de la comida, el hambre, las carencias constantes. Todo eso me interesa mucho más que la diferencia entre un carro de combate Panzer y un Tiger”.

Beevor se pronuncia en un sentido muy parecido. “La Segunda Guerra Mundial fue tan descomunal, tan grande, que afectó a la vida de casi todo el mundo, y la envergadura de la experiencia humana es casi infinita”, señala. “Vivimos en una sociedad posmilitar, en un ambiente seguro, y por eso no es sorprendente que aquellos que no puedan imaginar lo que significa el totalitarismo bélico se muestren intrigados. Muchos se preguntan si hubiesen sido capaces de sobrevivir a un sufrimiento de esas dimensiones, físico y psicológico. También pueden preguntarse si hubiesen tenido el valor de rechazar matar a prisioneros o a civiles. La clave está en que vivimos en una sociedad en la que no se toman ese tipo de decisiones trascendentales y la esencia del drama es la elección”.

La IIGM es inabarcable, desde el punto de vista militar, económico, histórico y, sobre todo, humano. No se puede entender sin los investigadores que en Benchley Park lograron descifrar los códigos alemanes, ni sin la batalla de Stalingrado, ni sin la decisión de Franco de no invadir Gibraltar, ni sin la astucia del general Zhúkov, que derrotó a los japoneses en el río Khalkin-Gol y disuadió a Tokio de abrir un nuevo frente en la retaguardia de la URSS, ni sin la Shoah, la exterminación de los judíos que nunca hubiese podido producirse sin la guerra. Casi cada página de estos dos libros podría ser a su vez otro libro. La División Azul, por ejemplo, solo ocupa dos párrafos en el invierno decisivo de 1942 a 1943, el momento crucial en el que los nazis perdieron la guerra. ¿Qué sabemos de la hambruna de Tonkin, provocada por los japoneses, que entre 1944 y 1945 mató a dos millones de vietnamitas, mucha más gente de la que murió en toda la Guerra Civil española?


'Patada a los alemanes'. Toulon, Francia, septiembre de 1944. (Del libro 'La Segunda Guerra Mundial. Imágenes para la historia'. Paco Elvira. Prólogo de Jorge M. Reverte. Lunwerg, 2012) / Foto: US Navy / FPG / Hulton Archive / Getty Images


Beevor cree que los archivos todavía pueden reservarnos algunas sorpresas y actualmente está trabajando en un libro sobre el frente occidental en 1944, que apenas ocupa un capítulo de su historia global. Hastings mantiene que donde hay que seguir excavando es en la experiencia humana. “Quizás haya cosas en los archivos soviéticos”, señala. “Para mí, el último secreto realmente importante se reveló en los años setenta, cuando se hizo público todo lo relacionado con la ruptura de los códigos. El gran misterio tal vez nunca tenga explicación: ¿cómo fue posible que un pueblo civilizado y culto como el alemán siguiese a Hitler y a su banda de gánsteres?”.

Quizás por eso haya que buscar respuestas no solo en la historia, sino también en la literatura. Para Beevor la primera elección de lectura sobre la Segunda Guerra Mundial sería el periodista soviético Vasili Grossman, del que editó junto a Luba Vinogradova sus crónicas del conflicto (Un escritor en guerra. Vassili Grossman en el Ejército Rojo, 1941- 1945. Crítica) y autor de la monumental Vida y destino (Galaxia Gutenberg / La Butxaca). “Grossman fue el observador más perspicaz y honesto”, explica. Su libro está lleno de referencias a sus crónicas y sobre todo a su forma de narrar “la brutal verdad de la guerra sin olvidar el valor moral y físico”. “Para Grossman, el deber de los supervivientes es intentar identificar a los millones de fantasmas enterrados en fosas comunes como individuos, no como gente sin nombre en categorías caricaturizadas, porque eso es precisamente lo que quisieron los perpetradores”, escribe sobre su obra en una frase que bien podría aplicarse también a la Memoria Histórica en España. Otras dos obras fundamentales para Beevor son la trilogía Espada de honor, publicada por Cátedra, del novelista británico Evelyn Waugh, y Una mujer en Berlín (Anagrama), el testimonio anónimo de una mujer en la capital alemana conquistada por los soviéticos, un relato a la vez espeluznante y cercano sobre la capacidad de supervivencia de los seres humanos. Hastings también escoge esta obra entre sus libros fundamentales, al igual que los diarios del escritor judío rumano Mihail Sebastian —Diario (1935-1944), Destino—, que nunca vio un campo de batalla, pero que construyó una obra maestra que trata de explicar algo incomprensible, el antisemitismo, uno de los motores del nazismo y de la guerra. Sebastian murió atropellado tras haber sobrevivido a la IIGM. Pero, para Hastings, el gran libro sobre el conflicto es Suite francesa (Salamandra / Quinteto), de Irène Némirovsky, una escritora asesinada en Auschwitz en 1942, que relata la caída de Francia en 1940. “El manuscrito fue escrito con una letra minúscula, testimonio de la escasez de papel y tinta”, señala Hastings, quien asegura que Némirovsky aúna “un análisis frío e irónico con una cálida compasión”. La novela no fue publicada hasta 2004, rescatada por sus hijas, y se convirtió en un fenómeno mundial, un testimonio más de la historia sin fin de la IIGM.

Hastings recupera una frase sobre el conflicto en Yugoslavia de Milovan Djilas, segundo de a bordo de Tito que acabó convertido en disidente: “Fue una guerra en la que lo pasado pasado no estaba”. Parte de nuestra fascinación por la IIGM viene por su inmensidad y parte porque queremos pensar que eso lo hicieron y lo sufrieron otros seres humanos, porque el pasado forma parte del pasado. Libros como los de Beevor y Hastings nos enseñan muchas cosas sobre aquella guerra, pero sobre todo una: por muy incomprensible que nos resulte, pudimos ser nosotros, las víctimas. O los perpetradores.

La Segunda Guerra Mundial. Antony Beevor. Traducción de Joan Rabasseda y Teófilo Lozoya. Pasado y Presente. Barcelona, 2012. 1.200 páginas. 39 euros.
Se desataron todos los infiernos. Historia de la Segunda Guerra Mundial. Max Hastings. Traducción de David León, Gonzalo García, Cecilia Belza Crítica. Barcelona, 2012 / 2011. 880 / 896 páginas. 23,90 / 32 euros.


Antony Beevor
Militar convertido en historiador, Antony Beevor, de 66 años, había publicado unos cuantos ensayos cuando saltó a la fama en 1998 con Stalingrado, su narración de la batalla decisiva de la Segunda Guerra Mundial, traducida a casi 30 idiomas. Aparte de las novedades que encontró en los archivos soviéticos, inauguró una forma de narrar la guerra que mezclaba la microhistoria con la gran historia. Desde entonces, ha editado obras tan importantes como Berlín. La caída, 1945 o El día D. El desembarco de Normandía. Está investigando su último libro sobre la IIGM antes de lanzarse a una biografía de Napoleón.


Max Hastings
Cuando escribe sobre la guerra, Max Hastings, de 76 años, sabe de lo que habla: como periodista de la BBC y del Evening Standard cubrió 11 conflictos bélicos y fue el primer reportero que entró en Port Stanley durante la guerra de las Malvinas en 1982. Es autor de ensayos sobre los bombardeos británicos durante la IIGM, la batalla de Inglaterra y sobre la Operación Overlord, el desembarco de Normandía, pero, sobre todo, de libros fundamentales sobre el fin de la guerra en Oriente, Némesis. La derrota del Japón (1994-1945), y en Occidente, Armagedón. La derrota de Alemania (1944-1945).


el dispensador dice:
siempre hay una historia detrás de cada historia,
siempre hay una vivencia detrás del relato,
siempre hay un sentimiento escondido en el retrato,
siempre hay un pasado en el que no se ha reparado,
siempre hay un "algo" que queda olvidado...

el dolor no se escribe, tan sólo se siente,
suena tan intenso que se vive caliente,
adrenalina le dicen a la circunstancia inclemente,
cuando llueve el drama duele la mente,
cuando el trauma quiebra el sentimiento,
queda un vacío creciente...

alguien describe lo que sucede,
miradas globales pierden detalles,
nadie ayuda a las víctimas de la calle,
ellas apenas huyen buscando sus valles,
el que relata sólo ve lo que suman sus ojos,
no hay oídos para los destinos que tienen cerrojo...

finalmente, qué deja la guerra?,
cuál es el valor que el conflicto agrega?,
de qué sirve ser prisionero sin celda,
de qué sirve ser víctima de la ausencia,
el hombre no retrocede ante sus inconsciencias,
cuando llega a Dios pide clemencia,
pero en los cielos no hay paciencias,
las obras condenan a los genios sin ciencia...

cuando el destino se trunca la paradoja se anuda,
clama el alma pidiendo la ayuda,
lo que está escrito apena y abunda,
lo que queda detrás es un ciclo pendiente que no se reanuda,
pero nadie atiende al otro en sus brumas,
cuando las tinieblas suman no hay nadie que acuda...

cuando el pasado "pasa",
los dolores perduran,
son como ecos en una espesura,
nadie retuvo los ángulos de la locura,
apenas relatan cuan alta es la "altura"...

sabe, acaso, el hombre qué significa romper el futuro,
sabe, acaso, el hombre qué significa bordear las ranuras,
cada vida que se consume se suma a la "nada",
dejando el destino ante una "ventana",
que al no poder seguir para ser cerrada,
permanece pendiente hasta regresar la estocada...

dónde queda el perdón cuando ya no hay nada?,
mirar hacia adelante no resta la espalda,
cuando el futuro se diseña sin un mañana,
lo que sigue es el infierno de la soberbia sembrada...

creerás que son palabras que no dicen nada,
que el sufrimiento es del otro y que ello te salva,
pero estás errado en la irracionalidad que te capta,
de la barbarie, aún vivo, nadie se sana...

en este juego de víctimas y victimarios,
de brujos, alquimistas y otros otarios,
todos pierden según sus horarios,
extravían sus tiempos en extraños embargos...

los libros escritos sobre los conflictos humanos son algo semejante a una suma de instantes congelados... se describe el conjunto pero se pierde el detalle, apenas si se refiere a pocos casos, lo demás dolores son olvidados, nadie supo qué sintió cada alma en su tremendo paso, y la memoria se viste de frustración y fracaso, permaneciendo activa ante lo que la irracionalidad le trajo. No es lo mismo imaginar el silbido de las balas que padecerlo en el momento que acontece... No es lo mismo imaginar las bombas cayendo que estar debajo de ellas... por lo tanto, no es lo mismo hacer revisionismo de lo que no se ha vivido, ya que cada quien tiene sus ojos, sus oídos, y sus sentimientos, y aquello que a otro pueda sonar pequeño, a quien lo vivido lo deja maltrecho. La historia humana abunda en hechos aberrantes, pero nadie aprende porque los desprecios son grandes... se habla de compasión pero ella es falsa... se habla de solidaridad pero la mentira la agranda... se habla de misericordia pero el olvido la mata... nada queda cuando la violencia se planta, pierden todos aún los que la vida salvan, todos regresan a pedir por sus gracias... el verbo no perdona a aquel que dice que gana... Dios no perdona al que la vanidad lo destaca, porque cuando el destino se transforma en carga, lo que sigue es el tormento de haber roto la gracia... y ello, aunque no lo parezca y no se crea nada, agrega vacíos al abismo del alma. Septiembre 23, 2012.- 

Recuerda, el pasado, aunque quede atrás, nunca pasa... lo comprenderás cuando cruces el portal hacia el verbo.

sábado, 22 de septiembre de 2012

EL REINO DE LOS CIELOS ▲ ¿La mujer de Jesús? | Cultura | elmundo.es

¿La mujer de Jesús? | Cultura | elmundo.es

TEOLOGÍA | Historia

¿La mujer de Jesús?

[foto de la noticia]
  • Un documento copto del siglo IV en el que Cristo se referiría a su esposa
¿Estuvo casado Jesús de Nazaret? Un clásico de la investigación exegética, que resucita cada cierto tiempo. Una pregunta a la que los investigadores del Nuevo Testamento llevan siglos tratando de responder. El último conato es el de la profesora Karen King. Avalada por el prestigio de la Universidad de Harvard y "por el hallazgo de un papiro copto del siglo IV, en el que puede leerse: 'Jesús les dijo: mi esposa...'".

La profesora Karen King de la Harvard Divinity School, en Massachusetts, presentó su hallazgo en el Congreso Internacional de Estudios Coptos en Roma: Una lámina, escrita por ambas caras, aunque sólo una de ellas contiene líneas claramente legibles. Las ocho líneas visibles del fragmento de cuatro por ocho centímetros escritas con tinta negra en copto aportan, según la profesora de Harvard, "la primera prueba de que algunos de los primeros cristianos creían que Jesús había estado casado".

La lámina es propiedad de un coleccionista anónimo que contactó con King en 2010, para que investigase lo que consideraba una prueba de que Jesús estuvo casado. Tras hacerlo, la profesora concluye que lo más probable es que las ocho líneas formasen parte de un evangelio perdido, el llamado 'Evangelio de la esposa de Jesús', posiblemente escrito en griego en la segunda mitad del siglo II y traducido posteriormente al copto.

La opinión de Xabier Pikaza, el mejor biblista español

¿Se puede deducir de ahí que Jesús estuvo casado? La tradición cristiana sostiene que Jesús no contrajo matrimonio y se mantuvo siempre célibe "por el reino de los cielos". El exegeta español Xabier Pikaza acaba de publicar 'Evangelio de Marcos. La Buena Noticia de Jesús' (Editorial Verbo Divino), una investigación de 1.200 páginas. Profundo conocedor del tema, asegura que la profesora King es "una autoridad en la materia" y que, además, la autenticidad del papiro viene avalada por un gran experto, Roger Bagnell, director del Instituto para los Estudios del Mundo Antiguo.

"Todo parece indicar, pues, que el papiro es auténtico, pero el hallazgo sólo demuestra eso: que, entre los gnósticos, se creía que Jesús había estado casado". Ahora bien, cuando esta corriente habla de matrimonio, se refiere a un "matrimonio místico", explica el exegeta español. Al estilo de la Carta a los Efesios de Pablo, que "presenta a la Iglesia como esposa de Cristo". O al estilo de San Juan de la Cruz o Santa Teresa de Ávila, que hablan de Cristo como de su esposa u esposo.

Según Pikaza, "lo más probable es que, como sostiene la doctrina de la Iglesia, Jesús haya sido célibe por el 'reino de los cielos', una opción escandalosa en su tiempo". Y añade: "El matrimonio era un hecho público en aquella época y, por lo tanto, si Jesús hubiese estado casado, hubiese sido algo imposible de ocultar. Y los Evangelios nunca hablan de una posible esposa de Jesús".


el dispensador dice:
no hay escrituras en el cielo,
los destinos son gracias de un verbo,
el hombre no lee sus suelos,
pero no hay padres ni hijos en el cielo...

las herencias son linajes de la Tierra,
pero ése mismo hombre no lee las piedras,
los destinos escritos van por sus huellas,
pero donde regresan quedan estelas...

sucedió en la creación que se pronunció el verbo,
lo hizo a sí mismo y generó el concierto,
ocupó el caos produciéndole desconcierto,
separó el tiempo de los vivos con el espacio de los muertos...

sucedió entonces que al quebrarse los ciclos,
el mañana necesario contemplaba los ríos,
pero cuando los espíritus se volvían distintos,
guiaban las gracias de los recién nacidos...

con cada paso el hombre ha hecho historia,
algunos son desechos y otras son glorias,
no se honra la vida cultivando la roña,
apenas si se logra borrar lo que sobra...

han pasado los hombres gestuando argumentos,
la verdad es una sola a pesar de los vientos,
ella permanece como testigo eterno,
nadie escapa a su destino, tampoco a lo hecho...

desde el triste medioevo y sus inquisiciones,
los hábitos esconden mentiras entre cordones,
hubo ángeles etéreos entre los esenios,
criaron a un Jesús para elevar los senderos...

asumir el destino no es cuestión de escudos,
ser resignado despeja el futuro,
aunque no se crea la gracia se teje,
el don es talento si el alma lo quiere...

hubo al menos doce evangelios,
escritos por apóstoles según sus tiempos,
que seguían la palabra por los desiertos,
extendiendo sus manos y regresando muertos...

Jesús educado por espíritus esenios,
sabía de conciertos y también de silencios,
ascendió a los cielos como se entra en los huertos,
trajo semillas para despertar a  los reinos...

sucedió entonces que nacieron envidias,
trampas, traiciones y otras familias,
los humanos reniegan de lo que concilia,
atraviesan sus tiempos robándose sillas...

el ángulo de la piedra es el valor del mensaje,
tuvo una esposa de Magdala su linaje,
se llamaba María como su madre,
le dio gemelos por designio de su padre...

la herencia se extendió por todo el planeta,
ya nadie sabe dónde comienza,
hoy el hombre se cree dueño de la Tierra,
pero nace y muere según la leyenda...

las sagradas escrituras son la consciencia,
nadie escapa a la propia regencia,
el ángel llega a despejar las vigencias,
por ende obliga a aceptar las renuencias...

ahora nada es como lo cuentan,
ahora nada es como parece,
sonríe el rostro y se opaca el espíritu,
segundas intenciones trae este río...

altares de iglesia ya no sirven,
sólo el alma enaltece el tiempo que se vive,
Dios está en el hombre cuya sombra lo sigue,
siempre hay un ángel que lo preside...

evangelios ocultos esperan su momento,
ni siquiera quemados negaron sus tiempos,
ellos permanecen sosteniendo el culto,
no se ridiculiza la paz del mundo...

debes saber querido hermano,
que todos venimos a la Tierra desde la misma mano,
debemos atender el signo del legado,
porque no lo que se niega resta el pasado...

debes saber querido hermano,
llegado este punto del verso del aldeano,
que no hay religiones en los cielos creados,
sólo hay un verbo que fue pronunciado,
y sólo hay un Dios para cumplir su mandato,
no hay padres ni hijos, sólo el Espíritu es Santo,
cuando veas a María... tu libro se habrá cerrado.
Septiembre 22, 2012.-

el dispensador agrega ► 
las escrituras son la memoria de la raza,
también lo son de la estirpe,
del linaje, sus ciclos y herencias,
constando en ellas las visiones de la tribu,
aquello que sirvió para abrir los ojos,
para doblar el tiempo,
o bien, para descubrir el valor de los sentimientos,
pero no todos los sentidos están en concierto,
a veces las trompetas suenan en silencio,
no hay pentagramas que traduzcan el viento,
por ello hay conveniencias que tergiversan sentidos,
por ello hay miserias que abusan de los prójimos heridos,
el hombre no ha aprendido las lecciones recibidas,
de allí que esté perdido en sus días,
buscando culpables de destinos en riñas,
quemando brujas y genios de alquimias,
el hombre no sabe que lo que se compra y se vende,
termina deformando la luz del que va, también del que viene,
pero se empecina en sostener el modo en que sostiene,
lo que lo enseña incapaz de medir el devenir de lo que siente,
por ello la Tierra está toda que hierve,
no hay razón alguna en lo que transitan las gentes,
se habla de Dios pero se niegan las sienes,
se habla de Dios como quien se entretiene,
no es así la cosa en el designio que viene,
el verbo ordena el mundo según los genes,
y justo allí se quiebra el concierto,
sonidos de esferas y gemelos están viniendo,
las cosas del Señor se precian por lo eterno,
allá anda Jesús dejando atrás el invierno,
ahora hay esenios que andan conviviendo,
no hay comunidad porque son otros tiempos,
todos observan el ir del hombre en la Tierra,
saben que mañana el suelo fundirá la piedra,
se cimentará en un nuevo orden de espíritu y letra,
reflexiona en tu tiempo qué viene y qué esperas,
hazlo hoy porque el mañana se acerca,
no intentes mañana huir saltando tu cerca,
tu huella coincide con lo que dejas,
si tu palabra no es digna luego te niega.
Septiembre 22, 2012.-