
CONVERSACIONES ESTÚPIDAS© [17]
By Víctor Norberto Cerasale Morteo®
Mi madrina era hija de una salteña de pura cepa y un porteño de pura cepa, mezcla rara si las hay… mi madrina tenía una hermana que era monja, de las buenas… mi madrina tenía otra hermana que era bibliotecaria, de las buenas… pero mi madrina era enfermera y de alguna forma mágica, me transmitiría un extraño amor a la medicina… ella hablaba poco de sus experiencias, pero como enfermera de la Cruz Roja Internacional había estado en cuanta catástrofe había ocurrido en el globo humano… le sobraba alma para entender a las víctimas… le sobraba espíritu para recuperarse… enseñaba una singular consciencia donde siempre hablaba mediante silencios… mi madrina había sido la mejor amiga de mi madre, y era suficiente razón como para sostener un encuentro, al menos, una vez al año… siempre cerca de Navidad… nunca supe qué significaba para ella, pero cada año me obsequiaba un libro incunable de su colección y cuando podía, mucho más de un libro incunable de su colección… sin saber lo que yo significaba para ella, sí sabía lo que su presencia significaba para mí… era un puente en vida con el espíritu de mi madre, una madre que no estando presente en los tiempos respirables, sí lo hacía en sueños de manera permanente… te digo, soñar a una madre no tiene precio… soñarla por más de veinte años mucho menos… así es que mis puentes con ella tenían mucho de místico, algo de mágico, y un mucho más de no sé qué componente no terrestre… te repito, mi madrina era enfermera y tenía una extraña sensibilidad para reconocer el qué de cada enfermo… había salido ilesa de un accidente aéreo en Brasil, y eso le impedía viajar… no podía subirse a un banquito porque el vértigo la perseguía… y una vez más, no sé cómo hizo para empujarme hacia la medicina… pero supongo que algo tuvo que ver, también, mi propio padrino, que era médico del Hospital Fernández de Buenos Aires… es decir, esa conjunción de madrina y padrino, harían de mí un cultor de la medicina… desde pequeño recorría hospitales de la ciudad de Buenos Aires, también por las amistades de mi padre… un hombre que de la ingeniería aeronáutica había saltado a la electricidad, y junto con la muerte de mi madre se había recluido en un taller de electricidad del automotor y de eso vivía, él y nosotros (él, su nueva esposa, mi hermano menor, y yo)… tenía un humor ácido y con frecuencia se le iba la mano, él provenía de una familia italiana llena de desavenencias y peores conflictos, así es que yo estaba acostumbrado a los golpes y a agresiones de todo tipo… no es una queja, apenas es un comentario dentro del escrito… las esencias se llevan, nunca cambian… solía pelearme con él ya de adolescente… hasta que hicimos las pases y concertamos un pacto de no agresión que se mantuvo hasta su muerte en 1982… a los 62 años se fue mientras yo me trasladaba de Córdoba a Buenos Aires, así es que no pudimos despedirnos como hubiésemos querido… no obstante, me tocó la dolorosa tarea de reconocer su cadáver y su cremación… los muertos producen miedo en los vivos que no terminan de adaptarse a sus destinos… así es que esa triste tarea de trámites mortuorios y reconocimientos era para mí harina de todos los días… más aun, entraba al cementerio de la Chacarita (inmenso) como si fuese una segunda casa… nunca supe qué fue del cuerpo de mi hermano mayor, pero sí tenía conmigo las cenizas de mi madre, y las de mi padre se fueron junto a mi segunda madre, posesiva ella, con quien los desencuentros eran parte de nuestro paisaje… los humanos defienden utopías y cada quien levanta los muros según su altura… yo no tenía muros y estaba acostumbrado a enfrentar batallas de toda índole… para mi las distancias y los silencios eran objetos de culto… no pocos humanos siempre me representaron una molestia, nunca lo pude ocultar…
Ingresé a la Industria Farmacéutica en 1969, estando aún en el último año del Magisterio… tenía que trabajar para mantenerme así es que esa primera etapa me vinculó con la odontología y de allí a los temas de cabeza y cuello, mucho más tarde saltaría a la onco-genética y más tarde aun a las enfermedades raras… con los años la industria me formaría en investigación científica y me darían varias becas para estudiar y desarrollar diversas disciplinas… digamos que la medicina de investigación me eligió a mí, y aunque nunca supe los por qué de semejante circunstancia, me adapté a ella como quien se entrega… de a poco, de menor a mayor, metiendo narices en el laboratorio para luego irme especializando en clínica y desarrollo… disciplinas inexistentes por aquel entonces en Argentina… en 1976 una beca en la Comisión Nacional de Energía Atómica me dio el espaldarazo como para comenzar a despegar el mí mismo del yo… siempre fui mucho espíritu para poco ego… siempre fui mucho alma para escaso ego… me caracterizaba por mi estado de consciencia y la búsqueda imperiosa de las perspectivas que me había enseñado mi segunda madre… por entonces, alguien miraba de cerca mi desempeño y yo ni enterado… la primera beca la subvencionaban los suizos, pero la observaban los alemanes… todo lo que siguió fue sostenido por fondos alemanes… hay mucho celo en los ámbitos de la investigación clínica…
La gente cree que título universitario es sinónimo de ciencia… nada más alejado de cualquier realidad… el título te habilita para que te llamen doctor, pero en la facultad nadie te cuenta jamás las barbaridades a las que te vas a enfrentar, apenas salido, apenas egresado, apenas despegado… afuera había un régimen casi militar sino militar soviético que sostenía el “Sí Doctor”, “No Doctor”… para recibir como devolución un “Usted no sabe nada”… por suerte no pasé por residencias de hospital y fui a parar directamente a “estudios e investigaciones”, siempre dentro de la industria… una vez más, de menor a mayor, casi como con la mano, casi acompañado, casi comprendido… en 1984, rodeado por alemanes que me querían como a un hijo, como a un hermano, o bien como a un amigo del alma… nunca supe por qué tanto amor, pero una vez soñé que había sido piloto de la luftwaffe y que me habían derribado… así es que vínculos no me faltaban, por el contrario sobraban razones propias de karmas y vidas anteriores… curiosamente, algo parecido había vivido mi padre en su juventud… y algo parecido había vivido mi madrina en la suya… en Alemania me sentía como en mi casa, mejor que en mi casa, bah!, era mi casa… todo me resultaba familiar, algunas lugares más, algunos lugares menos, pero allí me sentí persona y recolecté amistades impensadas… francamente, me sentía un “elegido”… y aunque mi vida allá no era nada fácil, la llevaba comprendiendo que nos unía mucho más que un pasado, mucho más que un karma, mucho más que una guerra… ah!, mi padrino era judío alemán… y muchos de los que me empujaron a recalar en Alemania, también… inexplicablemente… era algo semejante a un aquelarre… todos me reconocían como si nos hubiésemos conocido de siempre, no en esta vida sino en otras, muchas…
Como te dije, la ciencia o mejor dicho, la investigación es un laberinto frente al que te paras, miras sin ver nada, y simplemente te introduces por algún empujón oportunista que manda adentro de una… de allí en más caminas a ciegas hasta que llegas a la primera pared… frente a ella te preguntas qué estás haciendo ahí… y vuelves sobre tus pasos intentando buscar una salida que ya no existe, así es que te metes en los corredores para estrellarte contra nuevas paredes, a veces te salvan los amigos y otras tantas desconocidos que pasaban por allí… nunca te dicen cuál es la salida, simplemente te cambian de pasillo… te dicen: “siga por allí”… no más que eso… allí la conocí a Rosa, una bioquímica y bióloga molecular de tamaño descomunal, morocha, alta, robusta, mirada intensa, sapiencia para llegar al cielo y volver caminando… nos hicimos hermanos… ambos sabíamos que estábamos unidos por el más allá y que no se debía preguntar ni motivos ni razones… así es que ella iba por un pasadizo y yo por el contiguo hasta enfrentarnos a la siguiente pared… nos separábamos con frecuencia, pero algo nos volvía a unir siempre en el mismo laberinto… nuestro trabajo era silencioso, estábamos bajo un “secrecy agreement”, así es que nos mirábamos y ya era suficiente…
Alguna vez descubres que ese laberinto no tiene salida… sólo pasillos que conducen a paredes… a cada pared su significado… a cada pasillo su contenido… en investigación clínica los pacientes son números y letras, o quizás, letras y números, no hay nombres ni apellidos, todo es anónimo… las preguntas son redundantes y se reiteran dramáticamente, hasta que encuentras el filón de las soledades superpuestas y conversas sobre lo que siente, lo que le pasa, lo que revela, lo que nadie dice y otro nadie anota… todo se documenta y aprendes de las enfermedades cosas que nadie imagina… nadie… esos pacientes no pasan jamás por un hospital y si lo hacen, acuden por otros motivos… en investigación y desarrollo estás obligado a no obviar detalles… más aun, los detalles guardan el conocimiento que jamás llegará a la calle, mucho menos lo hará a los medios, nunca al conocimiento público… a veces, si algo se filtra, se diluye rápidamente porque nadie entiende de qué se habla… te cuento, dicho conocimiento no forma parte de ningún libro de medicina… así es como un mundo paralelo donde ocurren cosas de las que no se habla por fuera del laberinto…
El laberinto se compone de todo y de nada… a veces encuentras todo como servido en bandeja… a veces te empecinas y no encuentras nada de lo supuesto… las preguntas surgen por millones y gracias si recibes una sola respuesta… aprendes a vivir con ello, como te dije, es un mundo paralelo… está en la Tierra pero no pertenece a ella… una vez que ingresaste a laberinto estás condenado a no salir jamás…
Rosa salió cuando falleció hace escasos años, el 24 de febrero de 2014… su muerte me revoleó por el aire… y yo salí mucho antes, pero por otras razones del mismo tenor y motivo, en noviembre de 2011, agotado de tanto combate y agobiado por la lucha sin cuartel… pero esos son cuentos que me los llevaré a la tumba porque así ha sido concertado… Rosa, la judío-polaca no fue la única que me dejó en soledad… antes de ella se habían ido otros incomprendidos… y después de ella, también… todo se fue desarrollando como si hubiésemos terminado un trabajo del plan cósmico y ya no hubiese razones para permanecer aquí… es más, no sé qué hago aquí, todavía… seguramente tengo que escribirte esto… me autoconvenzo para no pensar…
Pasé muchos años recorriendo el laberinto… los derechos de piso los pagué en la década de los años setenta… me basurearon unas cuantas veces… me humillaron tantas otras… pero pasé la prueba a costa de muchas heridas y peores dolores… algunos jefes eran mierda de personas… pero estaban allí… luego, la década del ochenta tuvo un comienzo catastrófico para luego disiparse la tormenta, así, de repente, y de golpe aparecí en Alemania, trabajando y estudiando… los noventa fueron años de despegues y conflictos… en 1991 y 1992 se me repitieron las becas en la Comisión Nacional de Energía Atómica y en el Organismo Internacional de Energía Atómica… los dos mil me encontraron trabajando en enfermedades raras para Estados Unidos de Norteamérica, espacio que conservaría hasta 2011…
Todavía conservo vínculos mundiales… todos mis compañeros de trabajo han muerto, soy el último de los Mohicanos, así es que debo dejar testimonio de los pasos… a esta altura de mi vida soy sólo memoria…
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