
CONVERSACIONES ESTÚPIDAS© [18]
By Víctor Norberto Cerasale Morteo®
En los años ochenta la gente todavía tenía códigos… en esos mismos años el laberinto de las investigaciones y los desarrollos todavía conservaba los valores de la ética… llegué a Alemania cuando todavía estaba dividida… el lado soviético, los lados occidentales, gente sufrida por los remanentes de la guerra, silencios prolongados, soledades contenidas, mucho resignación, algunas expresiones sacadas de contexto, pocos comentarios de los momentos trágicos… la Segunda Guerra Mundial había quebrado todos los códigos de ética con la experimentación humana… curiosamente, no sólo los alemanes los habían roto, también los americanos que siempre taparon con el cine las atrocidades cursadas en cada política expansionista… ¿dónde está Dios cuando el hombre comete atrocidades?... no hay respuesta… los victimarios se regocijan y las víctimas padecen, siempre los victimarios son pocos, escasos, mientras que las víctimas son muchas, todos los demás, directa o indirectamente… algunos amigos que habían atravesado la guerra contaban pocas cosas, cada una más espantosa que la otra… habían sobrevivido pero en sus respectivas almas se podían percibir las huellas… cualquier cosa que uno pudiese sentir no era siquiera el uno por ciento de lo que cada uno de ellos había vivido… los había alemanes, los había polacos, los había rusos, los había austríacos, los había húngaros, los había checos, los había… los relatos, como te digo, eran pocos, pero suficientes como para revolearte por los aires… en general, todos ellos esquivaban hablar de sus experiencias durante la guerra, así es que eras agraciado si te elegían para contarte algo… muchas veces el dolor te sobrecogía… nadie puede imaginar lo que significa estar debajo de la bombas indiscriminadas… nadie puede imaginar lo que se siente guardado en un refugio… nadie puede permitirse interpretar semejante estado de zozobra… escuchar sirenas, salir corriendo, abandonar todo… sabiendo que después de eso venía la nada misma… guardo en mi espíritu las imágenes de desolación posterior a los bombardeos aliados y esas figuras me persiguen… y se repiten una y otra vez… forman parte de una memoria que trasciende los años, el tiempo y los momentos… una vez caminaba por la avenida Corrientes con un excombatiente del frente ruso… cerca del bajo… mucho antes de la 9 de Julio… éramos compañeros de trabajo, luego el hombre se recogía en sus silencios y jamás hablaba de sus experiencias en la guerra… la había pasado muy mal y hasta había perdido una pierna… íbamos a almorzar juntos sin que mediase motivo alguno… de repente se paraliza, se inmoviliza y permanece escuchando una música que provenía de una casa de discos viejos, esos de 78 revoluciones… permanece en silencio prestando atención… después de un tiempo que parecía un siglo me dice: la última vez que escuché este disco iba en el tren camino a Rusia… lloró… lloré… no hizo falta agregar nada más… ese día ninguno de los dos pudo comer… simplemente nos acompañamos…
Siempre me pregunté cómo gente con estudios había atropellado la humanidad de seres indefensos… jamás tuve respuesta… siempre me pregunté qué había sido de esos cientos de miles de dignidades mancilladas gratuitamente… nunca pude hallar una respuesta convincente… siempre me pregunté que había sido de esos karmas y de esas consciencias humilladas hasta el hartazgo… nunca encontré algo que satisficiera mi mejor saber y entender… ¿qué había sucedido con la ética?... ¿qué había sucedido con la ciencia?... siempre supuse que en el holocausto la filosofía se separó de las ciencias y las dejó libradas a las suertes de un potencial negocio que se veía venir… desde entonces las ciencias son meros recitados, descripciones de falsas realidades que sólo conducen a la compra – venta de humanos desperdiciados… pero estas ciencias de conveniencias sólo le sirven a un puñado de oportunistas que toman ventaja del estado de indefensión del prójimo, de la mayoría de prójimos… luego, la ciencia de conveniencia sólo interpreta la importancia del negocio y su premura en desplegar nuevas velas para mejores vientos… ya no hay filosofía en las ciencias y al no haberla, esta ciencia carece de ideas sustentables y peor aún, carece de motivos válidos que propongan un humanismo enaltecido…
Solíamos reunirnos en el bar Victoria… teníamos extensas conversaciones donde él me hablaba en alemán y yo le respondía en español… tenía las ideas muy claras… tenía (yo) las ideas muy claras… de alguna forma nos unían cosas de los tránsitos de la guerra… supuestamente ninguno de los dos la había transitado, lo cual era falso… él lo sabía y yo también… ambos éramos un producto del cataclismo humano y seguramente nos habían enviado a revivir encuentros y desencuentros… él había nacido en la Alemania del último año de la década de los cuarenta y yo había llegado en el primer año de los cincuenta… rara coincidencia… los dos nos reconocíamos la pertenencia y sus significancias… él soñaba con bombardeos que lo sobresaltaban noche tras noche… yo soñaba una y otra vez que me derribaban… veía caer el avión… y cuando estaba por llegar al suelo, me despertaba traspirando… a veces comentábamos nuestras experiencias nocturnas y en lo íntimo sabíamos que habíamos participado de las mismas batallas… no hacía falta agregar nada… cuando el estado de consciencia te abre los portales del pasado inmediato sólo queda reconocerlo y saberse integrado a él… todo lo demás son discursos de las falsas ciencias donde el ser humano es un objeto de uso y descarte…
Hay gente que aporta soluciones, usualmente es poca… hay gente que fabrica problemas donde no los hay, comúnmente suele ser mucha… es decir, llenan de problemas inexistentes cientos de escenarios donde antes se vestía la sencillez… con el paso de los años el tema se ha agravado y son demasiados los que aportan problemas para ninguna solución, evitando que la misma se produzca… sucede que los problemas ficticios mantienen a las gentes ocupadas, justificando su presencia y su rol… de allí que los pocos que aportan soluciones son mal vistos y mucho menos soportados… despreciados, podría decirse… ¿para qué resolver aquello que puede ser el motivo de cobrar un salario in memoriam?... eso sucede en estos tiempos aciagos de ciencias de conveniencias… no se va tras la solución sino que se busca la forma de sostener el problema, mucho más cuando de enfermedades se trata… se habla de avance cuando en verdad se repiten las fórmulas y se reiteran las ecuaciones, mientras se le cambia de nombre al vehículo para asegurar que todo permanezca igual… facturando el futuro inmediato… el ser humano se ha ido degradando a medida que el pensamiento muro ha ido adquiriendo fuerza y envergadura… hoy los humanismos están depreciados y la esclavitud enaltecida… la obsecuencia es culto y la lealtad es un conjunto de falsos rostros donde siempre pierde el desprevenido… el pensamiento muro no es un eufemismo, es algo real que viene tomando cuerpo desde la década de los años noventa, cuando a alguien imbécil se le ocurrió la globalización… una globalización repleta de fronteras que no son otra cosa que muros mentales que esconden temibles máquinas de impedir… mientras el individuo cree estar a salvo es cuando más condenado está… mientras el hombre se cree comunicado es cuando más incomunicado está… se lo aísla… se los despoja de la misericordia, de la solidaridad y de la compasión para transformarlo en un ente autómata cuyo único rol es llenar tiempo y ocupar espacio para justificar la presencia de jefes sin escrúpulos que siempre responden a un orden superior que nunca se sabe dónde comienza ni dónde concluye… siempre hay alguien más arriba… siempre hay alguien por sobre alguien… siempre hay un poder oculto que todo lo desacomoda para favorecer intereses del poder supremo, ése que nadie sabe dónde está pero que existe…
Los laberintos de las ciencias se han ido ocupando con oportunistas sin un rol específico… están allí sin cumplir ninguna función… atraviesan pasillos de ida y de vuelta… forman aglomeraciones sembrando conflictos propios de competencias que no conducen a ninguna parte, luego el resto del mecanismo toma esas tinieblas y les da forma de espectaculares zanahorias que son, en sí mismas, inalcanzables… se construye un mundo de ilusiones de inmortalidad innecesaria, donde todos mueren, algunos antes y otros después… incluyendo en ello a los que se creen y se venden como inmortales… la gente está aturdida… y de tanto, frustrada… muy pocos llegan a encontrar el sí mismo extraviado… casi nadie llega a enfrentarse con su “uno mismo”… de esa manera la mediocridad está asegurada… y creciendo… y diseminándose…
El mal ha envuelto la Tierra… y el hombre dentro de ella no es más que una excusa…
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