miércoles, 23 de enero de 2019

PARA QUE TE QUEDE CLARO (IX)

La imagen puede contener: árbol, cielo y exterior
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el dispensador dice: las piedras hablan, claro que hablan... no lo hacen del modo en que tu entiendes deberían comunicarse, pero sí hablan... hace aproximadamente sesenta años hubo una remoción de tierras en un campo de Villa Celina... en un tiempo donde la tierra se confundía con el cielo y éste (cielo) con ella (tierra), comprendiendo a los humanos en el medio... aparecieron entonces piedras de lava cristalizada, por miles, por cientos de miles... llamaron mi atención por sus colores... eran maravillosas... recorriendo el descubrimiento, siendo niño aproximado a la adolescencia, creí escuchar: "no me dejes aquí, llévame contigo"... diseminadas en al menos diez hectáreas de suelos revueltos, me dediqué a juntar las que pude, encontré, me llamaron, me gustaron, me tocaron el alma... y luego, comenzaron un largo camino de compañía donde las mismas cambiaban de lugar junto a mi persona... las tuve por décadas hasta que la miseria humana me despojó de ellas... 
a decir verdad, me sentía perdido sin ellas...
podría decirse que ellas me sostuvieron cada vez que mi espíritu lo necesitó... y vaya que las necesité!... así es que creamos una especie de simbiosis de entendimientos... ellas hablaban y yo escuchaba... o bien, algo decía (yo) y ellas me replicaban o me consentían... siempre entendí que la lava, aún fría, está viva... 
en esa misma zona, algunos años después, sobre fines de los años cincuenta del siglo pasado, supe hallar tres piedras meteóricas de puro hierro, no muy chicas, no muy grandes, que pesaban una tonelada, fueron entonces compañía de las piedras de lava cristalizada... y se llevaron de maravillas... podría decirse, asimismo, que se creó una comunión entre lo emergido de las entrañas terrestres y lo descendido del espacio sideral...
cabe acotar que Villa Celina es una zona de llanura pampeana donde no hay una sola lomada... donde todo está a la misma altura del suelo... donde nada sobresale... donde nada se destaca más allá de casuarinas o eucaliptos centenarios... por entonces la pampa era pampa... y la gente no estaba atrapada por la desidia que hoy la envuelve... era tiempo de trabajadores y de trabajos donde la dignidad era cosa seria... y donde el respeto se traducía en el buenos días, buenas tardes, buenas noches, en el por favor, en el muchas gracias... y habiendo aún mezquinos y miserables, no los había tanto y tampoco eran tan explícitos como en estos días  (de hoy)...
los años pasaron... y vaya que pasaron...
hace una veintena de años, recorriendo un paraje desolado de la cordillera de los Andes, en algún lugar que me reservo, entre La Rioja y Jujuy, se volvió a repetir la experiencia... "por favor, no me dejes aquí, llévame contigo"... tomé la piedra y la traje conmigo al jardín de la casa que habito... sucedió una vez, dos veces, tres veces, cientos de veces, miles de veces, al punto que la casa se llenó de rocas de distintas regiones que se fueron uniendo generando corrientes de energías cósmicas... energías que dicho sea de paso me salvaron de un peligroso estado de zozobra, ya que me venía recuperando de un saqueo de mis trabajos de toda la vida... donde me había quedado con lo puesto, mientras que los "vivos" se habían apropiado de mis esfuerzos aduciendo razones divinas y otras tan miserables como aquellas...
como te digo, las piedras se juntaron por cientos... rodeando árboles... formando pircas... formando cercos... y una vez, oh! causalidad... en Santa Rosa de Tastil, aparecieron tres meteoritos de puro hierro, comunes en la cordillera de adentro... que también pidieron acompañarme y que aún lo hacen justo al costado de la ventana de mi estudio... 
¿que si suelo hablar con las piedras del jardín?... por supuesto, si no... ¿para qué sirve la locura?...
tengo unas doscientas piedras embebidas en arena celestial justo arriba de mi escritorio desde donde te estoy escribiendo esta pavada... pero no sólo allí, hay piedras de todo tipo y tamaño por toda la casa, y no pocas gentes se ríen cuando vienen y ven semejante desatino... allí tomo consciencia de a quien se le ilumina el aura y de a quien se le opaca el aura... dicho de otra forma, quien se enciende, quien se apaga... 
desde luego, ahora nuestras conversaciones exceden el plano del destino... a sabiendas que ellas permanecerán cuando yo ya no esté aquí para contarlo... pero ellas sí estarán para seguir conversando con otros elegidos... ya que estoy seguro que lo han hecho antes de mi muchas veces... y lo harán después de mi muchas otras... porque así debe ser...
¿qué de qué hablo con ellas?...
del karma... del espíritu... del alma... de la consciencia... pero en verdad, ese tema, no es para estas líneas... ENERO 23, 2019.-
DESDE que aprendí a hablar con las piedras... hablo poco y nada con los humanos... y entiendo mucho a los animales (mal llamados)... que tienen más alma que los propios humanos.
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Carmen Conde Sedemiuqse Esquimedes

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