domingo, 21 de marzo de 2010

ANDANTE DETENIDO


Hojas del caminante quieto
Chile hoy, Neruda mediante
Otro terremoto le quebró el espinazo al mapa de Chile. Hacia atrás y hacia adelante, ¿cómo explicar tanta absurdidad? El Caminante Quieto, aboliendo la muerte, decide ponerse a conversar con don Pablo Neruda. Y, así, el ser humano "fanático de la esperanza" empieza a separar la luz de las tinieblas

Noticias de Revista: Domingo 21 de marzo de 2010 | Publicado en edición impresa

La vieja aquella no era fea, era fiera, de cuajo. Pensándolo bien, era perfecta; en su boca no había un solo diente, pero era como si jamás los hubiera tenido. ¿Edad? 80, o 90, ni ella lo sabía. Pero estaba enérgica y luminosa. La conocí en 1965, en Pichicuy, una caleta de pescadores 170 kilómetros al norte de Santiago de Chile. El sitio tenía un hotelito de madera: ocho cuartos, diez camas y un baño. Estaba sobre un pequeño monte; a veces las olas lo salpicaban. Allí no había modo de gastar, salvo que uno comprase una botella de pisco para entonar las noches de estrellas casi al alcance de la mano. Detrás del hotelito, por una cuesta se llegaba al racimo de casas de los pescadores. En la más alta vivía la vieja; ella decía que se llamaba Lautara y que apellido no precisaba. El reciente terremoto, que otra vez les rompió el espinazo a los cimientos de Chile, y el mar, que se salió de madre y de padre, me llevan hasta esas noches, tan lejanas pero tan vivas, en las que con un par de amigos subíamos para escuchar y estremecernos con los relatos de Lautara. La estoy viendo, tan sabia como analfabeta... Está ahí, en su silla de totora, dentro de una pollera inmensa, negra, por supuesto, con las piernas abiertas de tanto ser madre y abuela y antigua hembra. Nos cuenta de un cercano terremoto de agua, maremoto, del que se salvaron gracias a ciertos avisos.
"Ese mar que ahora mansito nos lame la orilla, un día se alzó más grandote que una montaña grandota y se nos vino todo encima... Al cuento lo cuento porque el mar es un traidor que avisa... Tenemos un tonto bueno en la familia, Ciriaco... Pues, el día anterior despertó llorando a las carcajadas. No había tecito ni paños de vinagre que lo apaciguaran. Se abrazaba como si fuera otro mientras dale que dale con su llanto reído... Algo nos quiere decir Ciriaco, dije yo entremí... A la hora de empezar con el puchero, el fuego se puso raro; era como una lengua que se enroscaba... Algo nos quiere decir el fuego, dije yo entremí... Y salí para el fondo a ver cómo estaban los bichos del corral... Los tres chocos rato hacía que ladraban ronco y la mulita terca pateaba el mismo pedacito de tierra. Hartos nerviosos estaban los animales: el gallo no se subía para ser gallo y las gallinas aleteaban como para volar, el perro más viejo era un puro gemido sin ladrido... Algo nos quieren decir los animalitos de Dios, dije yo entremí... Y volví a la cocina, el agua pronto se desmayaba antes del hervor, como leche cortada... Y en eso vi que los animales se rajaban para lo alto del cerro como si alguien los persiguiera y allí entonces puse el grito en el cielo para juntar chiquillos, familia y vecindario... ¡Vamos detrás de los animales ya mismo!, y a trepar con lo que teníamos puesto... Apenas llegados a la cresta, el sol se puso negro y el mar se volvió más que una montaña, y la montaña se alzó inmensa y aplastó al caserío entero... ni los rezos nos salían... Estamos contando el cuento porque el buen tonto y los animales nos avisaron. No son güevones los animales..."
Un detalle: la vieja sin dientes no tenía biblioteca ni nada de eso, pero como centro de su ruda mesa -no sé para qué- tenía una guía de teléfonos y dos libros de Pablo Neruda. Ella no sabía leer, pero había quien le leyera.
Una imagen me lleva a la otra. Y Lautara me empuja hoy a mi biblioteca real: voy por Neruda. Con la impunidad de la imaginación decido conversar con el sumo Poeta, ahora, en el 2010, a propósito de la desmesura de la naturaleza, de tanta muerte y absurdidad en el sufrido Chile. Será sencilla la conversa: yo le contaré, le preguntaré y Neruda hablará con hebras textuales, entresacadas de su poesía.
-Don Pablo, ¿está?
-He "devenido en polvo como un cristal irremediablemente herido".
-Pero su voz se escucha entera.
-Será que "yo no puedo estar muerto".
-¿Sabe lo que su Chile acaba de padecer?
-"Se fugaron los dioses"...
-Y ante la fuga, ¿usted qué hizo?
-"Yo me deslizaba por la calle con la estrella robada en el bolsillo... Negra estaba la noche... se iba la tierra, nada la defendía... los pájaros cantores previnieron, ellos en su canto vaticinaron la agonía... Se iba la tierra, nada nada la defendía... bruscos socavones, heridas que ya nadie podrá borrar del suelo... asesinada fue la tierra mía"... Ay, qué "día alimentado con nuestra triste sangre... ay, tantos muertos y tantas manos que han encerrado besos"... Amigo, "no hay nada más que llanto".
-Ya veo, don Pablo, usted vio demasiado. Desahogue su corazón colmado de dolor.
-Sí, vi todo, "los dientes solapados, los muñones de un amor leproso"... Vi los niños "más allá de esos muros, lejos"... "el temporal de aullidos y lamentos y fiebres, la sed que aúlla, la noche absorta, los astros pálidos llenos de enigma"... Hice "girar mis brazos como dos aspas locas", vi "relámpagos, cabezas de mirada terribles, como la de ciertos ahogados"...
-El espanto en la mitad de la noche.
-No se divisaban "la luna ni el jacinto"... Pasaban "un buey, un difunto, una mujer llamada Rosalía y no quedaba en la boca sino un sabor de pelo"... "las palabras cavaban tremendos pozos"...
-Y, encima, la mar rompiendo bolsa.
-"Agua de las resacas, furiosa rosa, agua implacable como los vengadores, agua que avanzaba sobre las playas como una mano atrevida debajo de una pollera"... "el corazón del mar en una irradiación monstruosa"...
-No se agite, no hay noche que dure cien años.
-"Caen, mueren los pájaros. Caen, mueren, las vidas. Cansado, estoy cansado"... Amigo, "líbrame de esta noche que acosa y aniquila"... Ay, "que me crucen la frente los látigos del hielo... Mi alma debe estar sola., debe crucificarse, hacerse astillas"...
-¿Podrá cicatrizar la poesía estas despiadadas rajaduras del mapa?
-La poesía, con "el hombre, seguirá construyendo la rosa colectiva, reunirá en la tierra el material huraño de la dicha, y con razón y acero irá creciendo el edificio de todos los hombres".
-Edificio... hoy en Chile esa palabra produce escalofríos.
-"Chile atrae acontecimientos insólitos, tiene fosforescencias magnéticas. Aquí vinieron los profesionales de terremotos a trazar un mapa -siempre superficial- de nuestros secretos terrestres. La patria conoció, antes que nadie, las sacudidas atómicas. Estamos resguardados y amenazados por un cinturón de volcanes cuyo interior es tan desconocido como el fuego de los lejanos planetas."
-A más volcanes, más poetas.
-"La cuestión es que nuestra contextura ferruginosa atrae sucesos de tipo inaudito. Me pregunté muchas veces por qué Robinson Crusoe llegó a nuestra isla del Pacífico."
-¿A qué habrá venido?
-"A especializarse en soledades."
-De soledades y de terremotos sabe por chileno y por poeta. El derrumbe de Valparaíso, de 1906, usted lo transfiguró.
-¡Ah! "Valparaíso, qué disparate eres; nunca acabas de peinarte, nunca tuviste tiempo de vestirte, siempre (...) te despertó la muerte en largos calzoncillos"; Valparaíso, "te agarró el terremoto, corriste enloquecido, te quebraste las uñas. Tú dormías cansado de tus navegaciones y la tierra furiosa levantó su oleaje más tempestuoso, el polvo te cubría los ojos, las llamas quemaban tus zapatos, las sólidas casas de los banqueros trepidaban como heridas ballenas, las casas de los pobres saltaban al vacío como aves prisioneras que probando las alas se desplomaban..."
-Pero aquel Valparaíso se las arregló para resucitar.
-"Se olvidó de las lágrimas, volvió a pintar puertas verdes, ventanas amarillas; todo lo transformó en nave, porque en su pecho austral están tatuadas como anclas la lucha, la esperanza, la solidaridad y la alegría."
-Hace un rato el corazón le estranguló la garganta. ¿Acaso recordó el terremoto de Valdivia en el 60? ¿O presintió la pesadilla real de este 27 de febrero... Concepción, Constitución, Chillán, la isla de Crusoe, Curicó, Iroca...?
-Sabes, "de niño me dijeron: «Escucha tú. Hay un ángel que va contigo y te defiende: un ángel de la guarda». Anoche, ¿en dónde estabas, ángel de la guarda?"
-El ángel estaría tapándose los ojos.
-Para no mirar, amigo, a "la luna asomada que goteaba gruesas uvas de sangre", al "perro flaco y agachadizo que atravesaba meando lentamente por las orillas de las casas"...
-Siga, ¿qué más ve, don Pablo?
-"Carretones pasan tambaleando, cigarros encendidos entre las sombras, un pobre ahuyenta la soledad a golpes de badajo, las estrellas en fuga, los objetos que caen"... Ay, "puedo escribir los versos más tristes"... "quiero morirme, tenderme en la noche para que me arrastre la rabia del viento"...
-Tal vez todo sea un sueño.
-"Nada de esto es sueño... las estrellas se fugan, los objetos caen, los niños han huido por los corredores, los perros lamen las heridas de los olvidados, pero la mata rozada de las azaleas no se ha movido del rincón del patio."
-Empezó la resistencia. Pero, fíjese, de pronto el Apocalipsis muta en silencio... Don Pablo, ¿usted lo escucha?
-La "grave inmovilidad del silencio". Y de pronto "el cacareo de un gallo"... Sabes, "una mano distraída sobre mi pecho ha sentido el latido de mi corazón".
-Una mano, todas las manos... Espere, otra vez un ronquido descomunal.
-"Es el mar que se sale de sí mismo... Oh mar, no te sacudas tanto, ayúdanos, somos los pequeñitos hombres de la orilla, tenemos frío y hambre, no golpees, no grites de ese modo."
-¿Usted cree que el mar le hará caso?
-"Todo lo arreglaremos poco a poco: obligaremos al mar, obligaremos a la tierra, a hacer milagros, porque en nosotros mismos, en la lucha, está el pez, está el pan, está el milagro."
-Ante tanta muerte, ¿qué hacer?
-"Traed la lámpara, ved el huesito negro comido por las llamas, ved los ramos de palomas rotos en la noche, entre las flores muertas."
-¿No será mejor huir a otras patrias sin volcanes?
-No, "sonámbulos de sangre buscaremos el alba". No huyo, "yo me detengo y sufro, tengo el corazón cortado por un vidrio, hebras de hombres vienen como agujas, trozos de familias, la bicicleta inmóvil, el esqueleto frío"... ay, "puedo escribir los versos más tristes esta noche?"
-Tras esto, ¿qué presiente usted, poeta?
-"Se restablecerá el silencio y un largo escalofrío quedará durando, duradero"... "Yo sé que hay otras y otras cosas rondando alrededor de la noche, o debajo de los muebles, o adentro del corazón perdido"... Sé que "entre labios y labios hay ciudades de gran ceniza; yo no ceso, de ropa en ropa vengo durmiendo lejos, de noche y agua está mi boca llena... ¡vivo de pronto! ¡toco un rostro!"
-Su esperanza no amaina.
-Sí, "aquí estoy con aquellos que pierden estrellas".
-Otra vez el ciego ronquido. Cuesta estar de pie.
-Otra vez "la noche nos tapa los ojos".
-Hasta el sol huyó.
-"El sol es negro, produce sombras, cicatrices y heridas en los grandes arenales de mi Chile"... "Trato en vano de atajar el río del tiempo. Pero el agua que logro recoger queda aprisionada en los ocultos estanques de mi corazón."
-Habrá que bajar los brazos.
-"Mientras tanto celebremos."
-¿Celebrar?
-"Celebremos la irrealidad y el milagro: el hombre prueba su existencia entrando y saliendo de las puertas oscuras."
-Don Pablo, sin ánimo de discutir, ¿para qué sirve ahora el poeta?
-"El poeta no es una piedra perdida. Tiene dos obligaciones: partir y regresar."
-Pero... ¿quiénes, quiénes zurcirán la herida absurda de la vida, la cicatriz reabierta de tanto mapa desgarrado?
-Nosotros, "los hijos naturales de la vida".
-Si ella, la tierra, fuera una persona, ¿qué le diría?
-Le diría, "tierra, ¿quién te midió y te puso muros, alambre, cierros? Naciste dividida"... Tierra, "yo te acuso, tuviste temblores de catástrofe, hiciste polvo las ciudades, las pobres casas ciegas, fuiste cólera de iracunda potra contra los apacibles habitantes de mi patria... Tierra, escucha y medita estas palabras, las doy al viento, caerán en tu vientre a germinar. No más batallas, basta, no queremos pagar tierra con sangre..."
-Espere, espere, otro sacudón en Talca, en Haulqui... un inmenso hongo de polvo...
-"Patria, mi patria, vuelvo hacia tu sangre. Pero te pido, como pide a la madre el niño lleno de llanto. Acoge esta guitarra ciega y esta frente perdida..."
-Los alaridos se han desatado.
-"Como en los corazones de tantas madres, hay en mi corazón tanto luto y tanta muerte..."
-Vamos, alce su ánimo.
-"¿Quién puede enseñarme a no ser, a vivir sin seguir viviendo?... Quiero..."
-¿Qué, don Pablo?
-"Quiero escribir los versos más tristes esta noche..."
-Ya los escribió.
-"Quiero no saber ni soñar."
-Sin esperanza, usted no es usted.
-Amigo, es que "volví a mi tierra verde y ya no está la tierra, se ha ido... mi corazón toca cicatrices, ha sido robada la capa germinal del territorio, una guadaña ha escrito en su materno rostro las iniciales del infierno"... "Tierra, ¿qué darás a tus hijos, madre mía, mañana, así arrasada, así deshecha tu matriz materna?"
-Usted, justamente, no va a arriar su esperanza. Nos dijo que "nuestros muertos sonríen desde la tierra". Chile tiene sed de su voz.
-"Oh Chile, largo pétalo de mar y vino y nieve, ay cuándo, ay cuándo y cuándo, ay cuándo me encontraré contigo, enrollaré tu cinta de espuma blanca y negra en mi cintura, desencadenaré mi poesía sobre tu territorio."
-Con su poesía vendrá la porfiada primavera. No nos puede fallar.
-"Oh primavera, ¡devuélveme a mi pueblo! Ay patria sin harapos, ay patria mía, ay cuándo y cuándo despertaré en tus brazos... ay, cuando yo esté cerca de ti, te tomaré de la cintura, nadie podrá tocarte, nadie."
-Pronuncia "patria" y se le alumbra el semblante.
-"Patria surcada, juro que en tus cenizas nacerás como flor de agua perpetua, juro que de tu boca de sed saldrán al aire los pétalos del pan, la derramada espiga inaugurada."
-De sólo escucharlo, don Pablo, su patria tiene pulso en el pulso. No deje de hablarle.
-Patria, "salí a encontrarte hijos por la tierra, salí a cuidar caídos, salí a hacer una casa con madera pura... Patria mía: quiero cambiar de rosa. Quiero poner mi brazo en tu cintura exigua, detener el trigo y mirarlo por dentro... Guarda tu luz, oh patria, mantén tu dura espiga de esperanza en medio del ciego aire temible".
-Su patria ya le está haciendo caso.
-"¡Vamos a contener la muerte! ¡Chilenos de hoy, araucas de la lejanía, ahora mismo, ahora a detener el hambre de mañana, a renovar la selva prometida, el pan futuro de la patria angosta! Ahora, chilenos, ¡a establecer raíces, a plantar la esperanza, a sujetar la rama del territorio! ¡Regresará a la boca de tus hijos el pan que ahora huye con la tierra!"
-Codo con codo, manos a la obra.
-"Y que el que reniegue hoy sea escupido."
-¿Y los indiferentes?
-"Miserables... que tengan su castigo en la hora de las horas."... Estamos en "una batalla a muerte. Mataremos el gusano del pasado".
-¿Quién ese gusano?
-"Ese gusano se llama ignorancia, atraso."
-¿Cómo entiende usted la lucha?
-"No entendí nunca la lucha sino para que ésta termine... He tomado un camino porque creo que ese camino nos lleva a todos a esa amabilidad duradera."
-¿No teme que lo traten de candoroso?
-Qué importa, "me queda una fe absoluta en el destino humano".
-Lamento informarle: el hambre se multiplica, los misiles siembran el aire, al analfabetismo se le suma la analfabetización.
-"Pues bien, esto no altera mi esperanza. En este parpadeo de agonía, sabemos que entrará la luz definitiva por los ojos entreabiertos. Progresaremos juntos. Y esta esperanza es irrevocable."
-La pesadilla parece disiparse. Don Pablo, además, sucede la democracia. Dejemos la noche atrás con el mandato de su esperanza irrevocable.
-"Ahí tenéis al día mejor, como a un buen compañero, plantado en medio del camino"... "Buen amigo, hoy recibes la carta que te trae la alegría, las noticias. Gerardo se mejora; el borracho Tomás tiene una habitación; Federico, Juanita, todos están contentos..."
-Que viva la Pepa, don Pablo, y que viva el Pepe. También sucede el amor a rajacincha.
-"Voy por el mundo cada vez más alegre. ¡El mundo está naciendo!"
-A nacer se ha dicho: el que no nace es un güevón. Don, su semblante no amaina.
-"Si pones sobre la tierra tus oídos escucharás que corro sumergido, cantando." Amigo, fíjate, "aun detrás de los párpados, aun detrás de los trajes, en las calles donde la gente orina, adivinas los cuerpos, en las agrias iglesias a medio destruir acechan labios sin embargo floridos..."
-Su "sin embargo" es un "pero" contagioso a tanta calamidad circundante. Señal de que la pulseada continúa.
-"Tanto sueño roto", pero "la sombra deja caer besos, tenemos que apartar las sílabas del miedo". Así "vendrá la avena y el relámpago y vendrá el pétalo desarrollado en furia y vendrá el corazón labial del cerezo" y tendremos "una ventana donde esperar espumas"... "Así, pues, en tus manos deposito este atado de flores y herraduras, y adiós".
-Aguarde, no se nos vaya.
-"Compañeros míos, el retorno se cumplió, ahora andaré de casa en casa... Adiós, hasta más tarde: hasta más pronto."
-¿Hasta cuándo?
-"Hasta que todo sea y sea canto." Pero "me dan deseos de no irme nunca, de quedarme".
-Seguro que se quedará. Armaremos el más postergado de los casorios, el del señor Ajo y la señorita Cebolla. Habrá fiesta con empanaditas y vino, y pitos y tambores.
-"En una ceremonia con pitos y tambores me parece haberme casado con mi patria. Y no pienses que éste pueda ser un casamiento por conveniencia. Se trata sólo del gran amor de mi vida. Salud, chilenos y chilenas... Gracias porque ustedes son el pueblo, lo mejor de la tierra, la sal del mundo."
-Entonces, sumo Poeta, está muy de acuerdo con el casorio del Ajo y la Cebolla.
-"Soy el buen poeta casamentero. Quiero que las vidas se integren encendiendo los besos hasta ahora apagados. Tengo novias para todos los hombres."
-Y algo más: para ahuyentar el sordo encono de los volcanes dicen que es bueno soltar la puteada. Y hace bien para el colesterol del alma. Rompámosles la cresta a los presagios...
-Eso es, afuera "los pájaros del demonio", basta de "relámpagos embalsamados", "el hombre separará la luz de las tinieblas".
-Entonces habrá día de mañana.
-Mañana habrá día, amigo. "Creo, como Rimbaud, el más atroz de los desesperados, en la ardiente paciencia."
-Hay que rendirse ante la prepotencia de su entusiasmo.
-"Tengo una conciencia tranquila y una inteligencia intranquila. No se trata de nombrar el vacío, sino de llamar a la esperanza. Esta esperanza no es desaforada, ni es amenazadora..."
-Ante un fanático de la esperanza, me rindo. Lo veo radiante.
-"Yo no puedo estar muerto, para nacer he nacido, no se destiñe el aire respirado"... "Humildemente altivos tenemos mucho que hacer", alcemos "las guitarras harapientas contra el infortunio". Tenemos que "nacer de la ceniza terrestre. En un río de espigas llega el sol".
-Ahí asoma... ¿Si quiere preguntarle algo?
-"Dime, sol, si sobre el árbol todavía está el cielo... Dime, sol, si el hombre está en su sitio."
-El cielo todavía está y el hombre también. Gracias a la vida esta noche no escribirá usted los versos más tristes.
-No, "porque llevo en mi mano la paloma".
-¿De qué paloma me habla?
-De "la paloma que duerme en la semilla".
-Se viene, irrevocable, el canto de los gallos y sus consecuentes auroras... ¿Qué se quedó mirando, don Pablo?
-Eso, "la aurora".

Por Rodolfo Braceli
rbraceli@arnet.com.ar
www.rodolfobraceli.com.ar

El autor es poeta, dramaturgo, cuentista, periodista, autor, entre otros libros de "El último padre", "De fútbol somos", "Don Borges, saque su cuchillo porque...", "La misa humana", "Vincent, te espero desnuda al final del libro" y la biografía Mercedes Sosa, la Negra. Para el cine escribió y dirigió el mediometraje "Nicolino Intocable Locche". Su libro más reciente es "Perfume de gol"

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Otro terremoto le quebró el espinazo al mapa de Chile. Hacia atrás y hacia adelante, ¿cómo explicar tanta absurdidad? El Caminante Quieto, aboliendo la muerte, decide ponerse a conversar con don Pablo Neruda. Y, así, el ser humano "fanático de la esperanza" empieza a separar la luz de las tinieblas

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el dispensador dice:
te detienes, reflexionas,
miras, percibes, descubres nuevamente,
que ayer fue sólo ayer,
que mañana es posible,
dejas lágrimas bañando tu rostro,
¿qué hacer con las imágenes del horror?,
¿qué hacer con los recuerdos?,
¿por qué se fueron los que se fueron?,
¿por qué se quedaron los que se quedaron?,
¿por qué nosotros cuando hay otros?,
y ante tanta respuesta sin preguntas,
y otras tantas preguntas sin respuestas,
simplemente miras la roca,
te fundes con la cordillera amada,
y andas, hacia tu propia eternidad...
el dispensador: esencias de la montaña, efluvios invisibles de mañanas en ciernes.
DEDICADO A: los que están, los que son, los que fueron, lo que quisieron y no pudieron y aquellos otros que quisieron y les fue permitido... por Chile. Marzo 21, 2010.-

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