martes, 16 de diciembre de 2014

CONEXIA ► Guillermo Kuitca: «El arte está en aquella experiencia que sucede entre la obra y el espectador» - ABC.es

Guillermo Kuitca: «El arte está en aquella experiencia que sucede entre la obra y el espectador» - ABC.es



Guillermo Kuitca: «El arte está en aquella experiencia que sucede entre la obra el espectador»

Día 14/12/2014 - 16.54h

Pintor precoz, su trabajo está presente en los 

museos más importantes, como el Metropolitan 

y el MoMA





JOSÉ LUIS ÁLVAREZ




La carrera artística de Guillermo Kuitca (Buenos Aires, 1961) empezó a los nueve años, cuando ingresó en el taller de Ahuva Szliowicz apoyada por su madre, psicoanalista, Mary Kuitca, pero especialmente por su padre, contable, Jaime Kuitca. De allí salió a los 18, convertido en un pintor precoz: había hecho su primera exposición individual a los 13 años e impartía clases de pintura. El interés por el cine, la música, la literatura y la arquitectura está presente en su obra. También la pasión por el teatro. Ha sido autor, director y escenógrafo. Su trabajo está presente en las colecciones de los museos más importantes, como elMetropolitan, elMoMA, la Tate Gallery... Pero lo interesante de Kuitca es cómo gracias a él se han formado generaciones futuras deartistas argentinos. En 1991 crea la Beca Kuitca, donde se estudia y trabajan en disciplinas relacionadas con las artes visuales.
–Con una precocidad como la suya, ¿qué recuerdos han permanecido de esos inicios y quién le ha marcado?
–Sin duda, la figura de mi padre ha sido muy importante. Él tenía gran ilusión de que yo fuera artista. Sus intervenciones fueron muy sutiles, pero recuerdo que cuando fui a comprar las primeras telas, el primer caballete y los primeros pinceles, siempre iba con él, y me imagino que en ese aporte también había una impronta notable.
–La cama es un símbolo que le ha acompañado en su obra. ¿Cuál es el significado del eterno retorno de este objeto?
–Vi en la cama como casi un vehículo con el cual moverme a través de las experiencias humanas y de mi obra, como si la cama tuviera alas o rueditas. Tiene potencial de moverse a través del tiempo y el espacio. Hay algo muy básico en la imagen misma que se mantiene como una especie de corazón que está en la obra y que creo que subsiste hasta las últimas horas, creo que hasta 2013, con una obra muy grande que se llama «Doble eclipse». Por supuesto, mi visión sobre este objeto va variando, sacándole un exceso de formas, de adherencias conceptuales que se habían pegado: cosas psicológicas, o políticas, o sentimentales. Como convertir la cama en un rectángulo como si fuera un plano donde sucede la vida en vez de la demarcación de una casa, de la experiencia humana, el nacer, el morir, el sexo, el sueño, la enfermedad, la lectura... ese cúmulo impresionante de intimidades que suceden. De lo más sublime a lo más banal.
El psicoanálisis ha estado presente en su vida desde una edad muy temprana. A ello contribuyó su madre, además de una infancia marcada por este método terapéutico, a cuyas sesiones se sometía sin ningún agrado.
–Lo más íntimo, el producto del pensamiento puro, emerge en sus pinturas. ¿Le proporciona la pintura autoconocimiento? ¿Qué sensación le produce su exposición pública?
–Paradoja interesante... porque si bien me gusta tu versión, para mí, y supongo que para muchos artistas, no descarto que sea un proceso de autoconocimiento. Hay sin duda un interior puesto en juego y por lo tanto accesible. También es cierto que, para mí, la potencia de la obra de arte es lo que sucede en la privacidad que se crea entre la obra y el espectador. Por lo tanto, la obra no es aquello que está entre el espectador y yo, es decir, el acceso para llegar a mí, sino que para mí lo más fuerte de la experiencia estética es la relación creada entre la obra y aquel que mira, por lo tanto yo tiendo a desaparecer en esa escena. Me parece que tratar de indagar en la obra sobre quién es el artista, cuál es su verdad, cuál es su secreto... es perderse probablemente lo más rico de la experiencia artística, que es generar una privacidad muy particular y que en general la pintura produce esta especie de milagro, que es que esto que yo veo, que esto que a mí me pasa; cuando sucede, muchas veces no sucede nada, es como una experiencia casi amorosa, como un secreto entre la obra y yo, y ahí el yo es el individuo que mira. Por supuesto que es totalmente lícito y yo acepto todo tipo de visiones y no creo que algunas sean mas legítimas que otras.
En mi caso, yo nací en una familia donde el psicoanálisis era algo muy convencional, no era nada raro. En una ciudad donde mucha gente se analizaba, el psicoanálisis no aparecía como una situación de excepción. A los chicos aquí, en Buenos Aires, en la modernidad de los años 60, se les mandaba al analista cuando estornudaban en vez de ir al clínico a tomarse una aspirina; todo se suponía que era psicosomático, había una especie de abuso total de la terapia. Y a ningún chico le gusta que le anden revolviendo la cabeza. A veces los accesos que tiene el público, la crítica, muchas veces sorprende porque se cree que la obra esconde a uno y en realidad lo releva de una manera que si uno fuera consciente de ello, probablemente no lo haría.
–Los motivos centrales de su obra varían: figuras distorsionadas, camas acolchadas cubiertas de mapas, planos arquitectónicos y de ciudades, diarios... ¿Qué relación hay entre la elección de esos motivos y sus obsesiones? ¿Hasta qué punto el arte es una canalización de ellas?
–Yo creo que debe haber una línea muy directa. Por supuesto, el trabajo en sí es ya muy obsesivo, pero probablemente la reflexión sobre eso está descifrada en el tiempo. Probablemente en el momento de hacerla, a lo que acudo no es necesariamente a mis obsesiones, porque el acto pictórico en sí es muy demandante y absorbente y quizás es todo lo que se necesita para hacer una obra, pues yo mismo estoy en diálogo con la pintura en una especie de batalla.
–¿Qué es el arte? ¿Cree que el arte debe tener también un fin utilitario? ¿O está más cerca de aquello que Schopenhauer decía al hablar del arte como fármaco para calmar momentáneamente el sufrimiento que produce la cadena continua de las necesidades y deseos a la que nuestra voluntad no puede sustraerse?
–Obviamente los tiempos de Schopenhauer no son los nuestros, pero si el arte fuera como un fármaco o bálsamo, porque Derrida dijo que fármaco era tanto una cura como un veneno, eso lo convertiría ya en su propia utilidad. En un mundo fragmentado como el que vivimos aún, el arte en sus expresiones más sublimes tampoco produce experiencias tan completas que puedan calmar, resolver todas nuestras frustraciones,sentimientos posibles. En este sentido no creo que haya una situación de efectividad cien por cien sobre el alma humana y tampoco pienso que la utilidad sea la barrera que hace que esto no sea posible. Cuando hablamos de arte no sé cómo lo hacemos, si como valor de intercambio, como decoración, como pensamiento, como vehículo de ideas de todo tipo, de información, lo cual tampoco sería tan negativo. El arte nos ha ayudado a vivir a todos los que estamos cerca del arte, nos ha ampliado el horizonte, nos ha hecho en algún punto mejores personas, o no, pero nos ha ayudado a vivir cuando hemos padecido y sufrido, y hemos pasado por todas las cosas que ha pasado todo el mundo. Es muy difícil dar una respuesta. Pienso que el arte sigue estando en aquella experiencia que sucede entre la obra y el espectador y pienso que mantiene algo de significado encerrado.
–¿Cuál es hoy su ilusión? ¿Cuáles sus desesperanzas?
–Respecto a ilusiones, nunca he hecho tantos proyectos como este año, algo que me ha alejado de mi estudio. Supongo que mi ilusión es volverme a encerrar en mi taller. La desesperanza tiene que ver, al menos en los últimos años, con sentir que hay cosas que no se resuelven nunca, como las decepciones de los que nos gobiernan o con las acumulaciones de poder; a mí me da más miedo la acumulación de poder que la de dinero. Cuando hablamos de ilusión nos reducimos a la escala más pequeña, personal, y cuando hablamos de desesperanzas hablamos del mundo, el hambre. En momentos de crisis, los artistas van a tener que cumplir un rol que es el de conectar una desilusión con una ilusión.
–He descubierto que esta preparando un libro de artista con el MoMA. ¿Podría adelantarnos algo?
–Estoy muy sorprendido de que sepas esto. Cuando estaba esperándote, estaba trabajando en ello. Estoy elaborando algunas ideas, hay algo muy bonito de ese proyecto que es la libertad de material de formato, imágenes, tamaño, la libertad es absoluta. Con la editora de este proyecto empezamos a conversar y a trabajar ideas. Siempre me fascinaron los libros de artista. Mi obra es, en general, horizontal, y a mí no me gustan los libros horizontales, me gustan los libros verticales, me peleo con el formato del libro en los catálogos. Buscando que de la estructura del libro salgan las imágenes, es un poco como pintando, últimamente estoy pintando unos murales y trabajando en las esquinas de los cuartos que me fascinan. Es un poco ese juego entre las esquinas y estas separaciones en lo que estoy pensando en este momento.

el dispensador dice:
en el universo visible todo está interconectado,
por hilos invisibles,
donde convergen los destinos,
las afinidades, 
las discrepancias,
y hasta los desatinos,
química de polos distintos,
convergiendo hacia algo que está escrito...
puente que conectan,
un alma con otro espíritu,
por un instante,
por un momento,
por un lapso sostenido,
especie de bemol sin sonido,
donde se unen lo creado con lo visto,
atracción que perdura mientras se esté unido,
el sentimiento con el sentido,
siendo como un llamado,
que despierta aquello por lo que te sientes atraído...
y luego lo conservas,
aún echándolo al olvido,
imágenes recurrentes,
acudiendo al recuerdo de un puente vívido...
y así lo llevas en el alma,
portándolo en la mente,
de aquello que llamó a tu puerta,
justo en el momento elegido,
para nutrirte de una fuente,
que se unió a tí,
para impulsarte hacia tu mañana...
ése que ni siquiera sabes,
por qué has venido.
DICIEMBRE 16, 2014.-

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