sábado, 27 de abril de 2013

MI OTRO YO ► El sonido de la naturaleza | elmundo.es

El sonido de la naturaleza | elmundo.es

NOCHE DE ANFIBIOS


Carlos de Hita

Una tolla, un tremedal, es un terreno anegadizo, una pradera en un claro de un bosque donde el suelo recibe más agua de la que es capaz de evacuar; en el centro de la tolla se  suele formar una charca, pero toda la pradera es una esponja empapada. Las hozaduras de los jabalíes, el pisoteo del ganado y los corzos rompen la hierba y forman un barrizal, un mosaico de charcos y huellas inundadas. Una tolla es el límite donde coinciden varios mundos, agua y bosque en unos pocos metros.

Esta tolla, una isla de aguas someras y barro rodeada por un mar de pinos, se encuentra en el valle de Valsaín, en el alto Eresma.  Las noches de luna creciente de abril están siendo templadas. Es el momento álgido para los conciertos de los anfibios. A intervalos regulares, en las aguas más profundas un muro de sonido se alza y oculta el horizonte. Aunque parezcan multitud, se trata de sólo dos o tres voces, unas diminutas ranitas de San Antón que croan con ganas, compiten por ver cual de ellas tiene la voz más rota; de vez en cuando las llamadas se sincronizan y la voz de una y otra, como sincopadas, armonizan en un coro palpitante. El episodio dura poco y cuando callan dejan espacio para oír el fondo de la noche. Que dista de estar silenciosa.

Muy cerca, a flor de agua, roncan dos sapos de espuelas. Una llamada tenue en comparación con la de sus vecinos. Pero la sorpresa está un poco más allá, a no más de diez metros, donde un corzo que se había acercado con sigilo a comer hierba fresca se percata de algo y lanza una serie de broncos  ladridos de alarma.

El corzo se pierde bosque adentro y el muro de sonido vuelve a levantarse desde el agua. Cuando cesa, pocos segundos después, se abre espacio para el ronroneo de los sapos corredores. Al tiempo, al borde del claro, se ha acercado un cárabo, una rapaz nocturna que lanza su lúgubre ululato desde las copas altas de un pino.


Foto
La tolla del valle de Valsaín donde se hizo la grabación. | Carlos de Hita.

Tras una tercera fase de ranitas de San Antón  escuchamos, por fin, una noche serena. Ahora , contra el vacío del bosque destacan sólo algunos insectos, los chillidos agudos de los murciélagos rabudos que sobrevuelan el claro, el ronroneo monótono de un chotacabras gris. Hasta que un nuevo intruso invade el espacio sonoro y tapa a todos los demás. No es un anfibio, ni está en el agua: el estridente chirrido de un alacrán cebollero, un grillotopo semienterrado en un pedazo de suelo seco.


el dispensador dice:
me fui acostumbrando,
apabullado por los desprecios,
harto de las mentiras,
de las soberbias y las heridas,
me interné en la oscuridad del bosque,
no estaba revestido de temores,
algo me impulsaba a ir,
algo dentro y fuera del "mí mismo",
hacía frío pero éste no entraba en mí,
silencios extensos,
ecos y vibranciones de momentos eternos,
veía sombras caminando a mis costados,
sentía que por alguien era observado,
no eran ni ranas, ni tampoco sapos,
alguien pisaba sin pasos,
alguien volaba por sobre las copas de los árboles,
¿duendes?, ¿gnomos?, ¿hadas o hados?,
importaba el saberme llevado de la mano...
andando y andando,
alguien me fue alcanzando,
se hizo realidad, allí parado,
- "no puedo darte un abrazo",
- "eres tu mismo reflejado",
- "procedo de otro espacio, de otro tiempo no razonado",
- "hay cosas que el humano no comprende",
- "de allí las diferencias entre los humanos y ciertas gentes",
- "gracias por sentirte acompañado, siempre",
- "gracias por saberme presente",
- "sabes que lo invisible es tangente",
- "sabes que lo eterno es peremne",
- "reconoces que todo este tránsito es un sueño",
- "caminar el destino es apenas un reflejo",
algo se quebró por el eco...
la soledad se hizo un hueco,
seguí andando solo en el bosque,
sabiéndome protegido por las ausencias vigentes,
esas de dónde proceden nuestros genes,
ángeles pacientes,
que preceden el sentimiento de ser parte,
agua de la fuente,
mañana necesario como afluente,
cuando me vaya, 
latiré presente.
ABRIL 27, 2013.-
 


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