martes, 13 de agosto de 2013

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México para principiantes

Por: | 08 de agosto de 2013
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En México, el país hispanohablante más grande del mundo, se lee muy poco. Muy, muy poco. De un listado entre 108 países –elaborado por la Unesco–, ocupa el penúltimo lugar en lectura. Y de los inagotables debates, sesudos ensayos y kilométricas reflexiones que inspira su historia, ni hablar. Quizá de ahí se puede explicar el abrumador éxito de Historia Mínima de México (Colegio de México, 1973), editada por el historiador mexicano Daniel Cosío Villegas, que desde hace 40 años no ha parado de reeditarse. 
 
La idea es simple: se trata de un puñado de ensayos que buscan contar de la manera más concisa y clara posible los rincones y vericuetos de la milenaria historia de México. En la introducción del libro, Cosío Villegas apuntaba que "los textos que aquí se presentan fueron redactados primitivamente para que, acompañados de abundantes y llamativas imágenes, se trasmitieran por televisión". El grueso del pueblo mexicano, cabe apuntar, tal vez no es un gran consumidor de libros, pero sí un gran espectador del aparatito electrónico. Adaptaciones televisivas aparte, su innegable éxito consiguió que la obra fuera traducida a 15 idiomas, entre ellas el braile.

La Nueva Historia Mínima de México, editada originalmente por el Colegio de México en 2004 y que se publica este año en España en alianza con Turner, no se propone de inicio terminar como una serie televisiva, pero su trabajo permitió que fuera así. En 2010, el año en que México celebraba el bicentenario del inicio de la Guerra de Independencia de España, una adaptación visual de los siete ensayos del nuevo proyecto llegó a las televisiones convertida en una serie de siete documentales de media hora.

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Miembros de las 'tropas alzadas' durante la Revolución mexicana.

Lo que sí aclara la nueva compilación es que el mexicano (o el curioso por México) del siglo XXI requiere la mayor cantidad de información como sea posible contada de la manera más clara. No es fácil resumir dos milenios de historia en los que ocurren batallas entre tribus prehispánicas, la compleja estructura del imperio azteca, la amalgama de culturas tras la Conquista y un devenir de sangrientas guerras internas. La última más grande de ellas, la Revolución, se llevó a cerca de un 7% de la población del país y es uno de los conflictos más mortíferos en la historia de la humanidad. 

Y los nuevos historiadores –Pablo Escalante, Bernardo García, Luis Jáuregui, Josefina Zoraida, Elisa Speckman, Javier Garcíadiego y Luis Aboites– parten de una enorme ventaja: una sana lejanía.

Es sumamente interesante hallar las diferencias entre la Nueva Historia Mínima y su exitosa antecesora. Mientras que en la edición de Cosío Villegas, la época colonial en México ocupa unas 30 páginas, la versión moderna dedica el doble. También se revisa la figura del "opresor español", el de la Inquisición y que masacra indígenas, figura obligada en la historia del México priista del siglo XX. La Nueva Historia sitúa a España en un contexto internacional: la nación española, recién instituida cuando había descubierto América, está envuelta en un mundo en que las otras grandes potencias europeas también querían su parte del pastel.

No hay tampoco pudor alguno en relatar algunas de las más sangrientas tradiciones indígenas. Una de las fiestas anuales del México prehispánico incluía una ceremonia en la que se decapitaba una anciana: "Un guerrero corría por la ciudad, sujetando por el pelo la cabeza cercenada y agitándola en todas direcciones".

De los procesos sociales que siguieron, bastan unas palabras para detallar el paso de un país del intento de instituir una monarquía a la europea (que culminó con el fusilamiento de Maximiliano de Habsburgo en 1867) hasta una radical república anticlerical, que durante los años posteriores del final de la Revolución, se enfrascó en la Guerra Cristera, uno de los conflictos menos revisados del país.

Quizá lo más poderoso es el inicio del libro. "México es muchos Méxicos", escribe Pablo Escalante en el comienzo del capítulo dedicado al México antiguo. Eran muchos Méxicos en el siglo XIV, en la fundación de Tenochtitlán, y lo siguen siendo ahora. Y de esa variedad de razas, culturas e ideas nace la riqueza de su cultura y sus muchísimas contradicciones (una de las últimas: en México viven 51 millones de pobres y es el país con mayor índice de obesidad del mundo).

Y así, en unas cuantas páginas, unas horas de lectura, la Nueva Historia Mínima de México cumple con el objetivo de saciar la curiosidad del interesado por México y despejar las dudas del mexicano inquieto. Es verdad que en ocasiones sabe a poco y se echa en falta un análisis más amplio de los acontecimientos decisivos en la historia del país. Pero el esfuerzo es muy acertado en los tiempos en los que –dicen– para contar una historia bastan 140 caracteres.
Nueva Historia Mínima de México ha sido publicado por Turner.

Historia[S]

Dado que el presente se levanta sobre lo que ya pasó, no es mala idea echar un vistazo atrás para entender lo que está pasando. Cicerón lo dijo antes y mejor: “No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es como ser eternamente niños”.

Sobre los autores

Tereixa ConstenlaCoordinadora: Tereixa Constenla. Periodista de EL PAÍS. Descubrió la Historia en 2008, cuando aterrizó en la sección de Cultura, y comprobó que el pasado era un filón para el presente.
Isabel Burdiel recibió el Premio Nacional de Historia en 2011 por su biografía sobre Isabel II. Es especialista en liberalismo europeo del siglo XIX y catedrática de la Universidad de Valencia. "Para que sirva para algo, la Historia no tiene que quedarse en el círculo de especialistas", sostiene.
Julián Casanova, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza, defiende, como Eric J. Hobsbawm, que los historiadores son "los 'recordadores' profesionales de lo que los ciudadanos desean olvidar". Es autor de una veintena de libros sobre anarquismo, Guerra Civil y siglo XX.
Manuel Morales es periodista de EL PAÍS y profesor de Periodismo Digital en la Escuela de EL PAÍS/UAM. Para liberarse de tanta actualidad busca refugio en historias del pasado, sobre todo las que han dejado huella en la fotografía.
María José Turrión fue la primera directora del Centro Documental de la Memoria Histórica, creado sobre el esqueleto del Archivo de la Guerra Civil de Salamanca. Cree firmemente que los archivos contribuyen "a la salvaguarda de los derechos humanos y al desarrollo pleno de las democracias".



el dispensador anota al margen: México-Tenochtitlan (en náhuatl, Mēxíhco-Tenochtítlan) fue la capital del imperio Mexica.[1] La fundación de la ciudad es un hecho cuya historia se mezcla con la leyenda. La mayoría de las fuentes cita como fecha de fundación de la ciudad el 26 de julio de 1325, de acuerdo con la información proporcionada por los mexicas y que se encuentra registrada en varios documentos. La leyenda de la fundación señala que México-Tenochtitlan fue poblada por un grupo de tribus nahuas migrantes desde Aztlán, lugar cuya ubicación precisa se desconoce. Tras merodear por las inmediaciones del lago de Texcoco, los futuros mexicas se asentaron en diversos puntos de la cuenca de México que estaban sujetos al señorío de Azcapotzalco. La migración concluyó cuando fundaron su ciudad en un islote cercano a la ribera occidental del lago. Las excavaciones arqueológicas apuntan a que el islote de México estuvo habitado desde antes del siglo XIV y que la fundación de Tenochtitlan pudo ser posterior a la de México-Tlatelolco, su "gemela" del norte. México-Tenochtitlan se convirtió en un altépetl independiente tras el establecimiento de una alianza con Texcoco y Tlacopan que derrotó a Azcapotzalco.

el dispensador, por segunda vez, anota al margen: Tenōch (1299-1363, en náhuatl el nombre significa 'Tuna de piedra'), caudillo azteca con él da inicio la etapa de Huey tlatoanis (normalmente llamados "emperadores") mexicas.[1]
Nació en Cuauhmixtitlan en 1299,[2] tal vez después de la derrota en Chapultepec. El historiador Chimalpain menciona también que apareció en 1285 pero debe ser un error, ya que Tlamacazqui padre de Tenoch es mencionado por Tezozomoc[3] junto a Cuauhtlequetzqui, Axolohua y Acocoltzin en 1286, debió tener entonces 17 años por lo tanto tuvo a Tenoch a los 30 años.
Su juventud paso en calma, hasta los 19 años en que participa en la guerra contra Azcapotzalco. Al ser derrotados se incrementa el tributo a pagar; además tiene que colaborar activamente en las guerras tepanecas a partir de 1318 para consolidarlos como un Hueyi Tlahtocayotl. El reino de Colhuacan se encontraba debilitado política y militarmente, en este momento Acolnahuacatl de Azcapotzalco motiva y apoya a los mexicas para que los sometan; de esta manera política controlaría dos sedes de la triple alianza existente en ese momento y podría extenderse hacía el sur, para controlar la ruta del algodón. Así en 1344 Colhuacan se vuelve el primer pueblo tributario de los mexicas y a partir de entonces perderá paulatinamente importancia hasta ser relegado por Itztapalapa.
Tenoch se desempeña valerosamente durante esta guerra y alcanza el máximo grado militar para un sacerdote, el de Huitznahuatl. Así pasa de ser un simple sacerdote a todo un visionario, a la muerte de Ilancueitl en 1347 es elegido como Teyacanqui, aunque prácticamente se vuelve el último Cuāuhtlahto, aunque en cuestión de régimen hay que recordar que ya habían tenido a un tlatoani y tuvieron un gobierno impuesto. Sustituye en Colhuacan a Achitomecatl II por Nauhyotl teuctli que era más fiel a los mexicas. Realiza la primera ceremonia del Fuego Nuevo en el cerro de la Estrella en 1351.
Reorganiza la ciudad y comienza la creación del recinto Mayor en el centro de la isla. Promueve aún más la toltequización. Durante su regencia la clase dominante se fortalece creándose privilegios para los nobles, sentando las bases para que se establezca un linaje real sólido. Sus normas y leyes trascenderán después de su muerte en 1363, en la memoria quedará presente su fortaleza por sacar adelante a la nación. Para 1376 al conquistar Chalco, Acamapichtli homenajea a su antecesor cambiándole el nombre a su capital de Cuauhmixtitlan a Tenochtitlan.


el dispensador dice:
México no es lo que se dice,
contiene más valores de los que la historia recita,
cuestiones de estirpes antiguas,
cuestiones de linajes que no se explican,
nadie escucha las piedras que vibran y se agitan...

había máscaras,
espíritus vibran,
mucho más que toltecas cursaban sus días,
cada comarca signaba sabidurías,
conocían de ángulos, distintas geometrías,
sobre las pirámides oricalcos relucían,
mientras otros humanos ignoraban que esto existía...

no puedes ir a México,
siguiendo las guías,
si tienes sentidos,
cambiarán tus días,
allí anidan viejas energías,
humanos distintos,
capacidades distintivas,
cuentas largas regulaban sus eras,
cuentas cortas umbrales abrían,
todo está enlazado cuando se alcanza la cima...

se borró la historia,
se construyó la mentira,
prosas perdidas,
versos sin rimas,
códices atrapados,
por miserias humanas y también avaricias,
mientras las piedras esperan,
que suene la brisa,
una máscara vive,
y aguarda sin prisa...
el tiempo se acerca,
brumas se arriman,
hay cosas que nadie ve,
aún andándoles encima.

el espíritu del Tenoch,
habla y se agita,
el regreso está cerca,
el SOL medita...
estarse atento será la medida,
todo sucederá antes de que suene un mediodía,
el número 76 será su consigna,
nada se adelanta,
ni siquiera la víspera.
AGOSTO 13, 2013.-


 

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