sábado, 11 de enero de 2014

UMBRAL Y DESPUÉS ▲ El nacimiento de otra cultura | Cultura | EL PAÍS

El nacimiento de otra cultura | Cultura | EL PAÍS

El nacimiento de otra cultura


La crisis está siendo suficientemente trágica como para añadirle un coturno más. No han sido necesarias máscaras horrendas para representar sus amenazas. La crisis como el gran terremoto es lo que es y sus estragos se representan en toneladas de escombros, en miles de muertos, en hectólitros de sangrienta corrupción. Y, con todo, ¿cómo será el porvenir de este infierno? ¿No tendremos la suerte de que sus llamas quemen el mal y sus destellos creen lucidez?
Una de las mejores sentencias del marxismo fue aquélla que aludía al hecho de haber sido víctimas hasta entonces de la arbitraria marcha de la historia. La proclama de Marx consistía en que por fin el ser humano podría tomar en sus manos el curso histórico para hacer un mundo mejor. Y no cualquier versión de lo mejor sino aquella en la que las diferencias de clases se abolieran, los trabajos tuvieran sentido y las relaciones humanas se antepusieran a la explotación.
¿Vencer? ¿Aplastar? ¿Dominar? Ni en la vida de pareja, ni en la pugna política, ni en la Iglesia del Papa Francisco esta realidad reaparece como un designio feliz. Los países no guerrean, firman pactos comerciales y campeonatos mundiales. Todo vestigio de guerra pertenece a un tiempo en que sólo los yihadistas hallan su anacrónico medio natural.
Esta crisis por venenosa que sea o, justamente por su carácter emético, marca un antes y un después cultural. No se trata ni de leer más libros, ni de ir más al cine o de congestionar los museos. Dalí, uno de los acontecimientos más cursis de los últimos tiempos ha ofrecido a Borja Villel, el director del Reina Sofía, matándose por ofrecer innovación, el máximo rédito del año. Rédito de lo más viejuno.
Un gigantesco fardo de la cultura vigente hoy es equivalente a un hediondo vertedero que ojalá las flamas de la crisis contribuyan a carbonizar. En su lugar, un perfume todavía en producción se ofrece como el aire de un mundo donde el mundo laboral será creativo sin necesidad de los Dalí, será feliz sin píldoras antidepresivas y será amable en una convivencia que olerá a cooperación.
De la política actual no cabe esperar nada. ¿Por qué no prenderle fuego? De la justicia institucional, del sistema educativo, de la sanidad privada, sólo cabe esperar injusticia, ignorancia y más enfermedad. ¿Por qué no prenderle fuego? Armar una hoguera desde la nada es imposible y desde los residuos apenas se logra una pobre llamarada. Pero la crisis es la chispa del incendio perfecto. Gracias a ella todas las astillas de las fábricas cerradas, todos los sufrimientos de los desahuciados, todas las torturas de los desempleados, forman una pira tan prieta y alta como el deseo de un mundo mejor. Ni hay líderes políticos, ni escritores estrella, ni intelectuales iluminados por un Dios. Pero ni falta que hacen. Todo lo contrario: esta grey son material lloroso o húmedo contraindicado para prender.
La hoguera que habrá de crear una nueva historia cultural, más consciente de que el trabajo sin creación es un martirio o que el amor sin pasión es una cárcel, nacerá del movimiento del pueblo que si hoy parece no saber nada —anonadado— pronto comenzará a distinguir la felicidad de la fecundidad, la recompensa del dinero y la vida de la idea de morirse con resignación.
Esta cultura es el nacimiento de otra cultura y, en consecuencia, hay que darle de mamar. Pero incluso la crisis nos ha enseñado un extenso muestrario de mamones de cuyos abusos hemos aprendido a no darles, en lo sucesivo, una gota de agua más.


el dispensador dice: sí, ya te has dado cuenta que me siento parte de la cultura... que no sé a ciencia cierta si lo soy, pero el hecho de haber estado unido a ella mediante la vida me da el derecho de creerlo, de ser suficiente razón como para entenderlo... entiendo que la cultura es la traducción del ser humano, hombre o mujer, hombre y mujer, en un algo que explica el por qué de las circunstancias y sus tiempos, el por qué de los hechos y sus variables, el por qué de los momentos... la sociedad humana viene transitando premisas erradas desde hace muchos milenios... asumiendo que la edad de piedra estaba buena porque el garrote definía las significancias del poder, así como los dinosaurios se comían unos a otros asumiendo que eso era bueno para perfeccionar a las especies a pesar de la naturaleza... y varias instituciones corporativas aprendieron del modelo darwinista y se comieron a cuanta cosa se les cruzó... así la Iglesia Católica y sus fundamentalismos convirtió la vida en culpa y tragedia, para luego subsistir gracias a genocidios medievales que exterminaron las ciencias genuinas así como establecieron su vigencia gracias al holocausto nativo de las américas, lo que le permitió crear una historia a su medida, prolijamente mentida sobre falsas sagradas escrituras. Detrás, siguieron las culturas a medida de los intereses de pocos y de las conveniencias de los oportunistas del poder, esos que se apropian de honores robados, para luego portar apellidos vacíos durante siglos, vendiéndose como seres supremos de cualquier creación barata, barata porque nunca crean nada genuino y lo que crean otros, lo usufructan mediante patentes y propiedades intelectuales que llevan el sello de lo financiero y de la ventaja sobre el indefenso... algo así como la falsa caridad de la Iglesia cuando "da poco" de los botines obtenidos asaltando las historias ajenas y sacrificando el destino de los inocentes... allí no está Dios, ni tampoco cultura alguna... antes bien mora la perversidad y el cinismo de los hipócritas en uso y abuso del poder. 
Sucede, amigo del alma, que casi sin darse cuenta, se han agotado los tiempos... la Tierra está enferma de humanos desenfrenados... y la cultura es el reflejo de una crisis inventada por mentes nazis que queman libros para que la ignorancia cunda de la mano de las soberbias mesiánicas que hacen del blanco un negro de alma, del amarillo un cínico aberrante, y del negro un esclavo eterno... ello, junto a la siembra de pobrezas, miserias e indigencias, ha desbordado el mundo humano de impaciencias y frustraciones implacables, que dominan cualquier paisaje donde los inocentes y los humildes son víctimas propiciatorias de unos pocos oportunistas que no entienden de equilibrios ni tampoco de armonías, porque su única razón de existir es el amarrocar y poseer, envidiar y despreciar. 
Sí, está naciendo otra cultura...
Una cultura donde no hay mujeres ni hombres... hay seres humanos semejantes que viven en un planeta único, único lugar donde pueden nacer, único lugar donde pueden respirar, único lugar donde pueden beber, único lugar donde pueden crecer, único lugar donde pueden reproducirse para descender hacia un mañana necesario donde el ciclo se repita, hasta volver... los seres humanos no se diferencian por penes o vaginas, vaginas o penes, tampoco lo hacen por polleras o pantalones, sí lo hacen por su calidad y condición de personas, y sólo por eso... el idioma que hablan no los enaltece ni los denigra... la religión que profesan no los enaltece ni los denigra... el lugar donde viven no los enaltece ni los denigra... con quién se acuestan o quien conviven no los enaltece ni los denigra... simplemente son por lo que hacen por ellos mismos y por los demás, quitándose de encima ese falso sentido de la competencia y el conflicto eterno que tiene enferma a la humanidad de soberbias y desprecios.
Nadie es más que su prójimo...
y la cultura humana, refleja a la humanidad entera... no a los políticos y sus mentidas crisis... no a las corporaciones y sus falsos oportunismos... no a los poderes y sus antojos... 
Insisto... la humanidad es una sola... y su cultura es el fiel reflejo de lo que esa humanidad expresa... incluyendo en ello las tolerancias y las intolerancias... las sapiencias y las conveniencias... 
y dado que nadie es más que su prójimo...
ha llegado la hora de ocupar de manera fidedigna los lugares que la cultura ofrece a la humanidad... para reflejarse en el universo.
ENERO 11, 2014.-

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