jueves, 14 de marzo de 2013

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Al volver la última página | Cultura | EL PAÍS

Al volver la última página

El editor Will Schwalbe revive el ocaso de su madre enferma

Repasa la estrecha relación que ambos mantuvieron a través de literatura que compartían



T. S. Eliot, uno de los escritores que aparecen en el libro, en Bahamas en 1957. / Slim aarons (GETTY)

“Cuando mi madre murió no pudo leerse su obituario en ningún periódico ya que no era una persona célebre o famosa. Lo que si era es una persona extraordinaria, y esto es cierto para la mayoría de las madres. Este libro es mi pequeño homenaje a nuestras conversaciones y a ella, pero también a todas esas madres ordinarias que son extraordinarias”. Will Schwalbe se cita con EL PAÍS en un bar del Upper East Side neoyorquino quizás porque algunos temas son más llevables con la compañía de un buen vino. Su libro, El club de lectura del final de tu vida (RBA) se acaba de editar en España.

Schwalbe es un hombre afable, sonriente y extremadamente amable que en 2007 estaba al frente de la poderosa Hyperion books y dedicaba la mayor parte de su tiempo a la lectura. Su madre, Mary Anne, era un relámpago, colaborando en toda clase de actividades benéficas incluyendo la construcción de una biblioteca en Afganistán, visitas periódicas a Birmania o escapadas a Bosnia, proyectos que la llevaban lejos de Estados Unidos varias veces al año. Todo cambió cuando a Mary Anne le detectaron un cáncer de páncreas de diagnóstico incierto (este tipo de cáncer es uno de los más severos) y de repente la familia se vio obligada a tomar algunas decisiones. Schwalbe decidió que necesitaba pasar mucho más tiempo con ella. “Siempre habíamos hablado mucho y nuestra relación era muy cercana pero, obviamente, la enfermedad nos unió aún más”.

El punto de unión definitivo llegó a través de los libros. Tolkien, Wallace Stegner, T.S. Elliot, John O'Hara, Roberto Bolaño, Stieg Larsson, Marylinne Robinson o Karen Connelly aparecen en El club de lectura del final de tu vida (RBA) de un modo distinto, no tanto en su condición de clásicos (de todos tipos y tamaños) sino como poderosos instrumentos de comunicación capaces de saltar las dichosas barreras generacionales. Una pasión que madre e hijo compartían desde siempre: “Mi madre y yo siempre nos recomendábamos libros y nos los intercambiábamos. Hablábamos de ellos todo el tiempo y podíamos pasar horas discutiendo sobre un capítulo en concreto. En cierto modo el cáncer amplificó esa necesidad de hablar y los libros se convirtieron en nuestra excusa. Fue muy divertido porque era un toma y daca continuo que acabó convirtiéndose en un ejercicio de memoria. En cierto modo El club de lectura del final de tu vida trata de cómo nos relacionamos con los libros, cómo nos ayudaron, qué nos enseñaron. No pretendí hacer una biografía, mi intención nunca fue esa”.

Schwalbe se ajusta las gafas constantemente y nunca pierde la sonrisa, y en ese sentido su personalidad, inquieta, se refleja en cada una de las páginas de El club de lectura del final de tu vida, un libro con un delicado equilibrio emocional que nunca cae en el sentimentalismo barato y que utiliza el humor como rompehielos sin callarse nunca nada: “Me costó escribir sobre la muerte, esa fue la parte más dura del libro. Intenté que los hechos hablaran por si solos, sin edulcorarlos. A veces, esos momentos en el hospital, viendo a mi madre morirse, eran profundamente tediosos. El tiempo pasa de forma lenta, muy lenta, y no es fácil convivir con eso. Creo que a la gente no le gusta hablar de ello pero es cierto, no quería esconder esos detalles, quería tratar de ser honesto”.


Will Schwalbe, en Coral Gables, Florida, en octubre pasado. / SIPA PRESS

Sin embargo, el gran protagonista de este volumen son los libros, toneladas de papel que el escritor y su madre devoraron hasta el final. “Una de las cosas favoritas de mi madre era cuidar de sus nietos y mientras escribía este libro pensé que quizás sería un buen modo para que ellos conociesen a su abuela. Es una de las cosas más bonitas que tiene la literatura: no sólo puedes conocer a alguien leyendo sobre él sino leyendo los libros que le gustaban”, dice Schwalbe.

De momento, como si quisieran darle la razón, el libro ha arrasado en Estados Unidos, no sólo en los clubes de lectura (un fenómeno muy popular en el universo anglosajón) sino en plataformas tan dispares como Amazon o los rankings del New York Times o las librerías Barnes & Nobles. “Lo que más feliz me hace es la reacción de muchas personas que me han escrito para decirme que han pasado por algo semejante y que han disfrutado del libro. No podría aspirar a algo mejor”.


el dispensador dice:
tomas un libro,
recorres sus páginas,
te detienes en algo que te llama,
precisas textos, sintonizas palabras,
siempre se encuentra algo que refleja la propia alma...
tal vez tomas un lápiz,
anotas una reflexión en algún margen,
se irá destiñiendo mientras tu tiempo pase,
alguna vez lo re-descubrirás,
reviviendo el instante,
reconocerás... que en "alguna vez"...
tu espíritu estuvo por delante...

debes saber que lo místico no tiene rankings,
no hay estadísticas que lo identifiquen,
ni tampoco que lo salven,
es mágico lo que se conecta,
mientras lees, recorres renglones,
conectas, sí... conectas sentidos,
sensaciones, y "cosas" de las que nadie sabe,
sucede lo que "sucede" mientras el mundo de las ideas se abre,
cada palabra a la que acudes,
hace que el surco se nutra,
más tarde que el surco se lave,
finalmente que la semilla prenda,
que algo quede... luego de la lluvia sobre tu calle...

existe un impacto preciso,
un hecho que se registra al asir el libro,
un segundo hecho que consiste en la conexión,
un tercer momento donde se produce el vínculo,
un cuarto instante donde lees el primer párrafo,
donde se establece el puente...
entre lo que se lee... tu espíritu... y tu mente...

más tarde,
existe un segundo nexo determinante,
cuando llegas a la última oración,
a la última letra de la última palabra,
donde el libro concluye...
en dicha última página,
antes de cerrar el libro,
de guardar la última reflexión,
se definirá una situación...
permanecerá el punto que sostiene la conexión,
o se omitirá lo recorrido,
como fuente de una decepción...

no obstante ello,
como en todo huerto,
como en todo surco,
siempre hay una semilla que brota,
porque lo que no sabes,
porque lo que no recuerdas,
es que lo que llega a tu vida,
ya estaba escrito,
conteniendo un prólogo,
una introducción,
capítulos...
y hasta un epílogo,
donde también eres autor,
donde tienes una última letra,
de una última palabra,
en tu propio camino...

o lo que es lo mismo,
has sido autor... de tu propio libro.
Marzo 14, 2013.-

Mensaje: honra tus páginas.



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