lunes, 7 de octubre de 2013

LOS AÑOS POR VENIR || Escritores gravemente heridos | Cultura | EL PAÍS

Escritores gravemente heridos | Cultura | EL PAÍS

CORRIENTES Y DESAHOGOS

Escritores gravemente heridos


A lo mejor, no estamos completamente muertos pero sí, desde luego, muy malheridos. Los letraferidos de hace un siglo respiraban por esas aberturas que, como rendijas de buzones, les dejaban los libros que fervientemente engullían. Nosotros hoy, los hijos de aquéllos santos personajes, observamos nuestros pisos tapiados por estanterías cargadas de miles de libros. Libros quietos que ya no nos caben adentro pero que tampoco nos dejan conversar afuera. Son como piezas de una muralla que se ha levantado entre nosotros y el curso corriente del mundo exterior.

No solo los editores se encuentran moribundos, las librerías al borde del desahucio y los distribuidores sin destino. Los escritores hemos pasado de la perplejidad a la desolación y, si se va a ver, al sinsentido. Toda la vida en esta meticulosa labor de elegir palabras, letra a letra, y ahora los ejemplares se venden por kilos o se acuchillan como una maligna excrecencia de la cultura. ¿De la cultura?

Ni siquiera sabemos con claridad, nosotros los viejos escritores, cómo podría existir cultura sin libros pero ¿cómo negar que algo de algo debe de haber? Recuerdo el caso de tantos colegas que trabajábamos como devotos penitentes. El sustantivo, el adjetivo, el verbo, la coma, el punto y seguido, la precisión. Todo ello constituía una labor tan solitaria que, en ocasiones, la acentuábamos pidiendo aislarnos en algún lugar apartado, para hacerlo aún más concentradamente. Aislarnos para escribir mejor y, al cabo, para comunicar más a fondo el fondo.

Este ejercicio era como una destilación o camino de perfección que no dudábamos en sentir como un trabajo duro. Ahora que yo pinto, no pretendiendo ser Kandinsky y menos a la manera en que antes (escribiendo) procuraba ser Kafka (de hecho, prefería ser Kafka muerto que Vicente Verdú vivo), percibo la diferencia. Mientras pintar es el gozo que hoy me premia o no, libremente, escribir solo era un gozo tras haber penado para por lo escrito. Le preguntaban a Gil de Biedma por qué escribía y contestaba: “Escribo para haber escrito”. Así, el sentimiento de culpa disminuía

Ahora lo que cuenta es cómo será el intrigante final de la novela y muy poco la calidad de sus líneas
La escritura se presentaba como una tupida foresta, sagrada y vocacional, que solo los muy elegidos traspasaban silbando. Los demás lo hacíamos sudando. Pero bien, cuándo ya nos parecía a algunos de este sudado pelotón haber alcanzado la dicha de poder decir justamente lo que queríamos decir, ahora va y nos cierran la boca o no se oye el valor de lo escrito.

Años y años buscando decir mejor y ahora apenas importa si la página está peor o mejor escrita. Ahora lo que cuenta, lo que se ve, es cómo será el intrigante final de la novela y muy poco la calidad de sus líneas. Las líneas que algunos de nosotros trazábamos con los cinco sentidos, ahora solo poseen el sentido de raíles para viajar por la trama y a cuanta mayor velocidad mejor. La perfección de la escritura es una antigualla lentificadora que solo compartimos los viejos veteranos. Pero además, si se muestra una evidente perfección en una obra de arte es señal de que no se está al día. Excepto en algunos productos audiovisuales de alta velocidad de paso, lo otro, las ofertas para la contemplación y delectación, ha perdido el tren, por despacioso.

Toda meditación, toda reflexión, todo pensamiento suelen parecer demasiado largos y morosos. Frente a la meditación la intuición, frente a la reflexión la acción, frente al pensamiento el movimiento. Pero no voy a empeorar las cosas lamentando mucho estos cambios. Los cambios cambios son. Y toda evolución, se dice, es para mejor. O sea que estábamos en lo peor y gracias a Dios ya no servimos prácticamente para nada. ¿Acuchillarnos? Paradójicamente la tapia que forman nuestras estanterías cargadas de miles de libros nos salvan de una muerte violenta y aunque solo a cambio de caer más tarde como ácaros. Ácaros del griego acari, “diminuto”, “que no se corta”. Apegados al libro sangrante, pero aún vivo, que mañana será o no será.


el dispensador dice:
a decir verdad,
no sé si estaré en los años por venir,
tampoco sé si participaré de los tiempos por seguir,
porque uno desconoce los artilugios contenidos en el "mañana necesario",
porque éste, el mañana necesario, está imbuido de incertidumbres,
esto no significa que les falte lumbre,
sino que los sentidos humanos son escasos ante el túnel que transita,
los ojos le permiten hacia el delante instantáneo,
pero esos mismos ojos no ven el adelante inmediato...
mucho menos el mediato...

siempre he entendido a la vida como una escalera,
pero también,
siempre he sentido a la vida como un túnel,
ingresas a él cuando eres engendrado,
y luego del baño de madre,
comienzas a recorrerlo paso a paso,
a medida que andas,
el destino se va desenrollando por detrás,
mientras se va desplegando hacia adelante,
y cuando alcanzas el final de túnel,
ese mismo destino se enrolla,
pasando de golpe delante, ya sin tiempo, por delante de tu alma...

sí, los ojos del alma,
guardan capacidades mucho más notables,
porque permiten "ver", lo que los ojos no pueden,
entre aquello que permiten,
se ubican los tiempos por venir,
a veces con mucha claridad,
a veces envueltos en neblinas,
como sea, te permite anticipar,
qué te atará,
qué te desatará,
o bien, qué podrás atar,
y qué deberás desatar,
porque la vida se teje,
sin necesidad de agujas,
dependiendo de hilos y cuerdas,
que no se ven, pero existen...
en un tramado de eternidades,
venires y devenires...

me preguntas si me preocupa el tiempo por venir,
pues te diré que no,
nunca me importó,
porque hablo con mi ángel,
y atiendo a mi consciencia,
así es que siempre me he dejado llevar,
y sus manos no titubean,
por ende tampoco yo lo hago,
y simplemente ando,
y de tanto andar he llegado hasta aquí,
y te diré que cuando me herido,
he seguido andando,
y te diré que cuando me han echado,
he seguido andando,
y te diré que cuando he ganado,
no me lo he creído,
y te diré que al haber perdido,
también he seguido,
como si nada hubiese ocurrido...
porque de eso se trata la vida,
de encontrarse a uno mismo,
siempre en el propio ombligo...

por ello,
simplemente te digo,
aún cuando te sientas herido,
sigue andando,
siempre hay alguien que se apiada,
y termina dándote su abrigo...
pero tú deberás hacer lo mismo,
cuando te hayas recuperado,
ya que siempre puedes cruzarte,
con alguien que necesite,
de tu mano y tu convite.
OCTUBRE 07, 2013.-






































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